An-8 Los caminos secretos del consuelo

De WikiLina
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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento DOLOR

No hay forma de conseguir que el dolor no duela, pero sí hay algunos caminos que lo alivian y lo vuelven tolerable, así como hay otros que lo agudizan o lo eternizan. En este libro sapiencial del Antiguo Testamento, se nos habla de las estrategias y argumentos que diversos personajes, con Job como primer interlocutor, oponen a la aparición de la pérdida, del sufrimiento inesperado, de la imposibilidad de comprender la justicia divina, abriendo en su punto álgido el debate sobre el principio de retribución, principio y final de nuestra forma de estar en el mundo. ¿Creemos en lo más profundo de nuestro ser que la vida nos devuelve bien por bien y mal por mal? Retribución: justa compensación a nuestras obras. Y otra cuestión: ¿a pesar de lo que dicta la experiencia, seguimos actuando implícitamente como si existiera tal retribución?

William Blake
Job y sus hijas, grabado de Wlliam Blake


Lectura

El libro de Job - Biblia de Jerusalén

Resumen

Se discute sobre la primera aparición de Satán como el que duda de la bondad de la Creación. El mal como estructura del mundo. El sentimiento religioso como ley, y el diálogo interior entre el mal y lo que llamamos el bien y que tenemos que construir. El dolor, la culpa y el perdón a uno mismo. El elemento central del libro de Job: la existencia o no de retribución en el mundo. La búsqueda de consuelo que nos lleva a la aceptación, no a la resignación, del mal en la estructura del mundo.   

EVA. –¿Cuál es la apuesta de Dios y Satán? Al principio el libro se centra en la figura de Job, en lo que le pasa, lo que siente, lo que ve. Por el contrario, Satán ocupa muy poco espacio en el texto. Os leo:   

Job 1

Había una vez en el país de Uz un hombre llamado Job: hombre cabal, recto, que temía a Dios y se apartaba del mal. Le habían nacido siete hijos y tres hijas. Tenía también 7.000 ovejas, 3.000 camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 asnas y una servidumbre muy numerosa. Este hombre era, pues, el más grande de todos los hijos de Oriente. Solían sus hijos celebrar banquetes en casa de cada uno de ellos, por turno, e invitaban también a sus tres hermanas a comer y beber con ellos. Al terminar los días de estos convites, Job les mandaba a llamar para purificarlos; luego se levantaba de madrugada y ofrecía holocaustos por cada uno de ellos. Porque se decía: «Acaso mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón». Así hacía Job siempre.

El día que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán. Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la tierra y pasearme por ella».

Y Yahveh dijo al Satán: «¿No te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la Tierra!; es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal». Respondió el Satán a Yahveh: «¿Es que Job teme a Dios de balde? ¿No has levantado tú una valla en torno a él, a su casa y a todas sus posesiones? Has bendecido la obra de sus manos y sus rebaños hormiguean por el país. Pero extiende tu mano y toca todos sus bienes; ¡verás si no te maldice a la cara!» Dijo Yahveh al Satán: «Ahí tienes todos sus bienes en tus manos. Cuida solo de no poner tu mano en él». Y el Satán salió de la presencia de Yahveh. El día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa del hermano mayor, vino un mensajero donde Job y le dijo: «Tus bueyes estaban arando y las asnas pastando cerca de ellos; de pronto irrumpieron los sabeos y se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Solo yo pude escapar para traerte la noticia». Todavía estaba este hablando, cuando llegó otro que dijo: «Cayó del cielo el fuego de Dios, que quemó las ovejas y pastores hasta consumirlos. Solo yo pude escapar para traerte la noticia». Aún estaba hablando este, cuando llegó otro que dijo: «Los caldeos, divididos en tres cuadrillas, se lanzaron sobre los camellos, se los llevaron, y a los criados los pasaron a cuchillo. Solo yo pude escapar para traerte la noticia». Todavía estaba este hablando, cuando llegó otro que dijo: «Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo en casa del hermano mayor. De pronto sopló un fuerte viento del lado del desierto y sacudió las cuatro esquinas de la casa; y esta se desplomó sobre los jóvenes, que perecieron. Solo yo pude escapar para traerte la noticia». Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rapó la cabeza, y postrado en tierra, dijo: «Desnudo salí del seno de mi madre, desnudo allá retornaré. Yahveh dio, Yahveh quitó: ¡Sea bendito el nombre de Yahveh!» En todo esto no pecó Job, ni profirió la menor insensatez contra Dios.

Job 2

El día en que los Hijos de Dios venían a presentarse ante Yahveh, vino también entre ellos el Satán. Yahveh dijo al Satán: «¿De dónde vienes?» El Satán respondió a Yahveh: «De recorrer la Tierra y pasearme por ella». Y Yahveh dijo al Satán: «¿Te has fijado en mi siervo Job? ¡No hay nadie como él en la tierra: es un hombre cabal, recto, que teme a Dios y se aparta del mal! Aún persevera en su entereza, y bien sin razón me has incitado contra él para perderle». Respondió el Satán a Yahveh: «¡Piel por piel! ¡Todo lo que el hombre posee lo da por su vida! Pero extiende tu mano y toca sus huesos y su carne; ¡verás si no te maldice a la cara!» Y Yahveh dijo al Satán: «Ahí le tienes en tus manos; pero respeta su vida». El Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. Entonces su mujer le dijo: «¿Todavía perseveras en tu entereza? ¡Maldice a Dios y muérete!» Pero él le dijo: «Hablas como una estúpida cualquiera. Si aceptamos de Dios el bien, ¿no aceptaremos el mal?» En todo esto no pecó Job con sus labios.

DAMIÁN. –¿De verdad crees que deja mucho a la imaginación? Alguien está poniendo en duda la Creación. ¿Cuál es la apuesta? Hay una Creación de Dios muy bien definida, una visión de cómo deben ser las cosas, y enfrente hay otro que siembra la duda e incluso niega esa realidad. Tiene que ver con el mal, con el hecho de que es posible negar a Dios, discutir su visión, e incluso ganar la apuesta. La cuestión es cómo lo entendemos, Satán es el elemento central del relato.

EVA. –En lo que yo he leído no aparece esa duda tan evidente que describes.

DAMIÁN. –Dios es el creador del universo y tiene a su lado a alguien que le dice que todo lo que ha hecho fracasará: esto es sembrar la duda. Pero Satán es una creación de Dios ¿qué sentido tiene pues la duda? ¿Qué clase de Creación es esta que se permite poner todo en cuestión?

LIS. –Llama la atención que Dios acepte la posibilidad de esa duda y entre a discutir sobre ella.

DAMIÁN. –Así incrementa la credibilidad de Satán para dudar. El mero hecho de aceptar la apuesta, aboca a una situación delirante que nunca más aparecerá en los textos bíblicos.

EVA. –Dios es un ser contemplativo que recibe el homenaje de sus criaturas…

DAMIÁN. –No son sus criaturas, son sus hijos, los ángeles. Y aquí surge otra pregunta ¿qué son los ángeles y de dónde salen? Tal vez surjan a partir de los titanes griegos que, al fin y al cabo, nos hablan de fuerzas de difícil control: esto justificaría la existencia de ángeles buenos y malos con una tendencia irreprimible hacia el caos que iría contra el orden divino, una cuestión que aparece reiteradamente en el libro de Job.   

EVA. –Pasea por la tierra al acecho esperando cualquier ocasión propicia para corromperla. Dios contempla y Satán actúa.

DAMIÁN. –¿Qué opinas de la Creación tal como la vemos nosotros: está bien o mal hecha?

LIS. –Dios crea y está satisfecho, pero a mí me parece estática y necesitada de vida.

DAMIÁN. –¿Por qué recorre Satán la Tierra? Tal vez el adversario no lo sea por el hecho de estar contra Dios, sino porque dude de la Creación, de que tenga sentido, de que haya sido bien creada y terminada. Esa duda no es solo de Satán, sino de todos nosotros, así que en este sentido también somos el adversario. No somos el adversario porque tengamos la capacidad de discernir si la Creación está bien o mal hecha, sino por el hecho de que la duda parece consustancial a ella.

LIS. –Tal vez Satán se cansó de ser un instrumento de Dios, decidió dar una lección de astucia a Dios y con ello conseguir cambiar su relación con los hombres. Aunque en el texto parezca que solo se refiere a Job, la posibilidad de una decepción de Dios con las reacciones de Job ante las dificultades, nos afecta a todos. Me ha impresionado el acoso de Satán a Job, arrebatándole sus bienes, experimentado con sus límites, con el umbral del sufrimiento…

DAMIÁN. –¿Simpatizas con la figura de Job al inicio del relato?

EVA. –Un hombre rico con una vida cómoda y plácida… no sé si me gusta.

DAMIÁN. –Y a los demás, ¿os gusta Job?

ORLANDO. –A medida que avanza el relato, me gusta cada vez más.

DAMIÁN. –¿Por qué creéis que os gusta u os disgusta el principio del relato? Los comienzos tienen un sentido. Aquí no se dice que sea un hombre justo, ¿no? ¿Qué dice exactamente?

JESÚS. –Que es desconfiado…

DAMIÁN. –Así es, pero muchas más cosas. Es consciente de que está obrando mal, pero cree que tiene tiempo de arreglarlo en el futuro, es decir es un miserable porque sabe qué es el pecado, sabe lo que está mal, pero lo hace y cree que puede arreglarlo con ofrendas y holocaustos, que con esto Dios se dará por satisfecho. Y ¿en qué cree Job cuando ofrenda los sacrificios?

EVA. –En que, con una simple transacción, que no le supone un gran coste, lo puede arreglar todo.

DAMIÁN. –Exacto, está negociando con Dios continuamente. Es calculador, reservado… ¿qué más es?

LUIS. –Temeroso de Dios… es una parábola para contarnos otra cosa.

DAMIÁN. –¿Qué quiere contarnos?, ¿qué tipo de persona es Job?

ORLANDO. –Cobarde, hipócrita, ortodoxo…

DAMIÁN. –¿Qué es un ortodoxo para ti?

ORLANDO. –Alguien que da más valor al rito que a la sustancia.

DAMIÁN. –Exacto. Alguien que cree que el sentimiento religioso es la Ley. Es una confusión muy importante. En el inicio del relato Job está convencido de que si cumple la Ley no pasa nada, que si él o su familia pecan hay una serie de ritos que les salvan del castigo, pero no es así. La religiosidad es un sentimiento de unidad con el cosmos, con el alma del mundo. Seguir la Ley no tiene nada que ver con ese sentimiento, la Ley es un conjunto de normas que nos vienen dadas y atienden solo al rito, no al sentimiento religioso. Job se limita a cumplir y respetar esas normas convenciéndose a sí mismo de que por ese cumplimiento es por lo que se le concede todo lo que tiene.

ORLANDO. –Y sus amigos también.

DAMIÁN. –Dios lo propicia y tanto él como Job afirman que las cosas son así… ¿quién es Dios?

JESÚS. –Dios es Job.

DAMIÁN. –Sí, Dios es Job; es el lugar donde nosotros reflexionamos sobre lo que nos pasa, sin descartar que pueda ser otra cosa que no sabemos. Esta observación de que Dios protege el pensamiento de Job la vieron Jung y Blake mucho antes que nosotros y si os fijáis en los grabados de Blake veréis que la cara de Dios y la de Job son la misma, reflejo del estrecho paralelismo entre las formas de pensar de ambos.

Simplificando, Dios es lo que eres tú que no está en ti. Aparenta ser una paradoja, pero es así como funcionan todas las religiones. Un griego clásico se diría a sí mismo: tengo una mente que conecta con la sustancia de la que está hecha el universo, y cuando pienso lo hago en la lengua de ese universo. Por eso, los pitagóricos se obsesionan con las matemáticas, porque el pensamiento ocurre en ti, pero al mismo tiempo está fuera de ti y es algo más que tú, lo que es también una idea de Dios.

Me gustaría que entendieseis que Dios es como lo pensamos cuando las cosas nos van bien, y que Satán es quien introduce la duda: esta es una dialéctica sin fin, no es una interpretación, sino un juego reflexivo en el que piensas que todo te va bien porque lo has hecho bien. Fijaos si no en que después todo el relato va a girar en torno a la retribución. Dios y Job piensan lo mismo, y Satán representa la duda. Satán es el adversario en tanto que pone todo en duda y nos muestra que Job actúa bien cuando todo le marcha estupendamente, pero cuando las cosas empiezan a ir mal, cambia.

LIS. –Entonces la apuesta de Satán es que cuando Job pierda y sienta dolor renegará de Dios, , aunque Dios quiera darle una segunda oportunidad porque piensa que quizás se ha extralimitado en la dureza de las pruebas. Lo curioso es que Job, ante su desgracia, más que rebelarse se reivindica y es entonces cuando por primera vez habla con Dios, mejor dicho, Dios le contesta.

DAMIÁN. –¿Por qué te parece que Dios se pasa con Job? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar si Dios se excede o no? Es normal que sea así, como en un relato periodístico en el que las desgracias pasan una detrás de otra y así va a ser siempre. Pero ante este texto, ¿dónde queda la Ley y dónde la creencia? Si has entendido que la estructura del mundo tiene que ver con el dolor y con el mal, aguantas; si has creído que tiene que ver con la Ley y con los ritos, te hundes, porque al hacer las cosas bien unas veces obtienes retribución y otras no.

LUIS. –Existe la propia retribución: hacer las cosas bien por pura ética, no por ningún mandato.

DAMIÁN. –Esa es la salida, no hacerlo esperando una retribución sino por otras razones.

LUIS. –Es una retribución íntima, personal…

DAMIÁN. –Eso es, pero entonces puedes estar fuera de la Ley. Es el acto que tú acometes con conciencia y con responsabilidad íntima total, porque hacer las cosas bien según la norma no equivale a recibir una retribución de ninguna especie. Y hacer las cosas según tú crees, tanto si está dentro de la norma como si no, la retribución que recibes es la propia. Puedes hacer el bien o el mal, el resultado que obtengas será arbitrario, así que tu única posibilidad es que elijas el bien como un acto hacia ti mismo porque sientes el sentido de lo que haces y, a partir de ahí, todo serán beneficios para ti, aunque no obtengas el otro tipo de retribución tan presente en el libro de Job: éxito, dinero –que tiene que ver con la norma social–, reconocimiento… es un relato sobre este tipo de retribución, un libro sobre la Ley.

EVA. –Cuando Satán interviene, provoca una gran incertidumbre y algunos se apegan más a la Ley y se vuelven más temerosos de Dios porque hacerlo mal conlleva un castigo.

DAMIÁN. –Os invito a que pensemos que Dios y Satán son la herramienta que tenemos de debatir con nosotros mismos. No seremos conscientes, pero es un choque continuo, y a veces entre la decisión y la duda, imponemos la ley, la norma, la convención, cuando en realidad la vida debería ser un debate continuo entre la creación y la duda, como la apuesta de Dios y Satán.

ORLANDO. –Cuando vives en la desgracia, regresas a algo más instintivo, a un lugar en el que no resulta fácil decidir dónde se encuentra el bien. 

DAMIÁN. –Pero luego ves que la gente que está ahí suele comportarse bien; por ejemplo: en las guerras la gente no se suicida. ¿En qué punto uno empezaría a perder la compostura?, ¿el sentido ético con los demás o con uno mismo?, ¿cuánto tienes que perder? ¿Y qué harías llegado a ese punto? Este dilema se plantea muy claramente en el libro de Job: ¿hasta dónde hay que llegar para perder el bien?  El libro explica que la estructura del mundo es el mal. No quiere decir que el mal te vaya a suceder, sino que nosotros entendemos que el mundo es el mal y que si nos va bien estaremos felices, pero que, si no es así, el mundo son el mal y el dolor. Hay enfermedad, muerte, injusticia, no hay retribución… Esta es la parte que hemos aprendido, o que debemos aprender. Eso es lo que cuenta el libro de Job, que estamos al revés, esperando todo el tiempo el bien como algo que nos es dado, que nos merecemos, cuando la realidad es que es algo que hay que construir.

JESÚS. –¿Por qué esperamos el bien?

DAMIÁN. –Porque no estamos educados en lo que estaban educados en el mundo antiguo. En el mundo antiguo tuvieron que aprender a base de guerras, penalidades, hambrunas, epidemias…. Los griegos lo decían muy claro: bien es lo que es bueno para ti, mal es lo que es malo para ti. El bien es lo que es útil y lo es para ti, pero saberlo es muy difícil. Sobre lo que es bueno se edificó toda la filosofía, y fue de este modo porque era lo más difícil de saber. Por el contrario, la Biblia es un tratado sobre el mal –desde el Génesis al Apocalipsis–, así que, si tú piensas que el bien está en el mundo, entonces todo se desmorona, porque la estructura del mundo es el mal por defecto. Al final todo se resume en una opción: o pensamos que el mundo es el mal, y el bien lo tenemos que construir, o pensamos que el bien nos viene dado y el mal es lo excepcional.

JESÚS. –El mal es muy fácil de distinguir, pero ¿qué es el bien?

DAMIÁN. –Platón decía que es lo que tienes que ir construyendo con esfuerzo y conocimiento. De hecho, Job y Dios se reconcilian cuando Job comprende que el mundo es así y deja de hacer preguntas.

JESÚS. –Yo creo que el dolor de Job proviene de su incomprensión. Como está convencido de que, si cumple la ley y obra bien, las cosas le irán bien, cuando descubre que no es así, reclama justicia y busca el consuelo en los hombres. Y a Dios le reclama justicia porque incumple el pacto establecido entre ellos.

DAMIÁN. –¿Tú crees que el consuelo te lo tienen que dar tus semejantes?

LUIS. –Lo que yo interpreto es que sus amigos y vecinos no le pueden dar consuelo porque están en la Ley, están amarrados a la idea de la retribución. Job podría pensar que Dios le estaba castigando por un mal colectivo, pero cuando llegan sus amigos se da cuenta de que no es así. Nadie entiende que el mundo no se rija por la retribución; en consecuencia ¿quién puede consolarle entonces?

DAMIÁN. –¿Por qué Dios maldice a estos amigos que vienen a dar consuelo a Job, lo consigan o no?, ¿qué les dice exactamente?

EVA. – Les dice: no habéis hablado con verdad de mí.

DAMIÁN. –Eso es. Los amigos le dicen a Job que si le ha pasado todo eso es porque algo habrá hecho mal, pero lo que Dios les dice a ellos es que lo que es malo es el mundo y que ellos no han entendido nada. Y, ¿por qué tendría Dios que infligir algún castigo a los amigos de Job? Porque no habían hablado bien de Dios mismo. Otra vez la retribución. El problema, cuando te sometes a una ley, es que constantemente te sometes a los juicios: pasas tu tiempo juzgándote y juzgando a los demás. De hecho, cuando veamos el Nuevo Testamento (en adelante NT) con Jesús, veremos que dice no juzguéis a los otros, y venía del libro de Job, de la idea de que ese juicio estaba mal porque era creer más en la Ley que en Dios.

EVA. –¿Y porque juzgar es un acto que no le compete al hombre, sino a Dios?, ¿no?

DAMIÁN. –No, porque es juzgar con respecto a la Ley. Lo contrario de la Ley es el amor. Cuando Cristo se pone a predicar el amor, se encuentra con la Ley, de ahí las escenas del templo, de los sacerdotes. En ese sentido, Jesús entronca muy bien con el libro de Job y con el de los Profetas, el NT va contra la Ley porque el enemigo de la religión es la ley. El juicio que aplicamos sobre nosotros mismos siempre es por alguna ley, y a no ser que se desmonte la Ley, no podemos desmontar el juicio. El examen de conciencia es que la forma de juzgar nuestros propios actos tiene que ver con alguna norma y no con algo que hayamos decidido o debatido íntimamente.

LIS. –Pero yo creo que las cosas que uno tiene que perdonarse a sí mismo no tienen que ver con la Ley.

DAMIÁN. –No, no tienen que ver. Perdonarse a uno mismo –cuando lleguemos a José lo veremos– es el perdón más complicado de todos porque deriva de la capacidad de vivir por cuenta propia. En cambio, la culpa aparece cuando has cumplido una norma, pero no has puesto ningún sentimiento en ello.

Me gustaría saber cómo se consuela la gente, y cómo esa gente consuela a otros, ¿qué pensáis?

LIS. –Lo que más me consuela a mí es esa sensación de que alguien te comprende, te compadece.

JESÚS. –A mí lo que me consuela es no sentirme juzgado.

LUIS. –Para consolar hay que hacerlo desde la comprensión, la empatía… o la compasión bien entendida.

JESÚS. –Pero Job también buscaba a alguien que lo escuchara…

EVA. –Creo que, de alguna forma, hay que elevar al que sufre, compartir el dolor del otro.

DAMIÁN. –No puedes compartir su dolor. Si intentas dar sentido al dolor desbordado del otro no le ayudas, únicamente agravas su dolor; tampoco puedes aprovechar su indefensión para elaborar una teoría del dolor y contársela; ni que se te note la prisa por explicárselo… ¿Por qué? Pues porque detrás estará tu deseo de escapar del dolor del otro y el otro lo notará enseguida. Y por favor, para tratar de consolar a alguien, no le digamos eso de que con el tiempo se te pasará.

DAMIÁN. –La solución o la respuesta a todo problema o dolor, es la aceptación y no la resignación, porque en la medida que algo se vuelve aceptable, ya aporta una respuesta ¿Cuál es la respuesta a la muerte? Aceptarla. Creemos que consolar es tener que dar palabras, cuando el verdadero consuelo es aceptar. La pregunta sensata sería: ¿cómo te consuela el que te ayuda a aceptar? ¿Y cómo ayudas al otro a aceptar? Tal vez lo único que podamos hacer sea hablar con el otro de que no hay consuelo posible: en la Biblia esto es el Eclesiastés. Lo interesante es que tu estrategia sea dar al otro algo que no le haga pensar que hay un anclaje más allá de su dolor: esta es la manera en la que sí podrá enfrentarse a ese dolor presente. Todo lo demás son rodeos, aleja el dolor, da esperanzas, expectativas al otro, de tal forma que al final no le estamos ayudando a enfrentase a su dolor. En ese proceso, en ese acto de proporcionar consuelo hay que buscar la manera de que el otro entienda que no va a haberlo, de que es importante estar con él y no admitir determinados rodeos. No en todos los casos, pero la mayoría de las veces la verdad consuela mucho. El territorio del consuelo es el de la verdad.

Referencias externas

Un tipo serio (A serious man). Dirigida por Joel y Ethan Coen. 2009. (basada en el libro de Job) – Comprar o alquilar

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