An-7 El creador contemporáneo y las reglas de su arte. Auto creación del individuo (2ª parte)

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS – Sentimiento CREACIÓN

Hasta ahora nuestras fuentes culturales nos han indicado que o bien Dios se ha alejado del mundo –hebreos– o bien está en todas las cosas, tiñéndolas–griegos. La modernidad imprime un nuevo rostro a la historia del creador y de la creación, haciendo del artista una figura divina, completamente dueña de los procedimientos y de las reglas que siguen, y haciendo de la obra un espejo oscuro del alma del creador, que solo puede verse y sentirse a través de sus productos.

El individuo más representativo de esta nueva visión es Picasso, epítome del arte contemporáneo tanto como de la nueva consideración del artista, cuya psicología se extiende a toda la sociedad, convirtiéndose en un modelo ético –de carácter– para nuestra forma de estar en el mundo.

Apuntes del cuaderno de John Berger

Lectura

Fama y soledad de Picasso de John Berger

Resumen

Hebreos: Dios ya está fuera y todo lo que tenemos para vivir es la Tierra. La replicamos y nada más. Es lo mejor que hay.                    

Griegos: lo celeste y lo terrenal están juntos. Pero intentamos cambiar, vamos a mejorar incluso la naturaleza. Intentaremos ser mejores.                        

Modernos: La obra muestra al creador y este es su obra, y ocupa un lugar semidivino. Hoy en día muchos creadores no son considerados por su obra, sino por la imagen de ellos que se proyecta incluso por encima de su propia obra. La ideología contemporánea es proteger al creador, la obra está adscrita a su imagen.   

DAMIÁN. –¿Quién es Picasso? Él mismo se describió como un canal a través del cual, el arte le hace hacer lo que quiere. Tenemos que fijarnos en esta descripción que hace de sí mismo porque alude a una característica propia del romanticismo y él no es un romántico. Un romántico es el que dice: estoy aquí, soy un servidor de Dios, y entonces el arte fluye a través de mí. Es una forma de pensar que vincula al genio con la divinidad, pero esto no es lo ocurre con Picasso. Lo que cambia con él es que, cuando afirma que la obra no importa, que lo que importa es la persona que está detrás de la obra, lo que nos está diciendo es que el arte se ha desplazado desde un punto de vista objetivo, del objeto, a un punto de vista subjetivo, del sujeto.

Resumiendo, la obra de arte que vemos es bella, es buena y emociona si somos capaces de ver a través de ella al artista. Esto es lo que dice Picasso. Si vemos al artista de forma global, con su complejo de Edipo, su complejo de castración y sus neurosis… es esto lo que veremos a través de sus cuadros. Con esta idea radical todo se desplaza y entramos de lleno en el canon contemporáneo.

PILAR. –Se podría considerar que Picasso es un precursor de este tipo de arte, o de esta visión del arte.

DAMIÁN. –Sí, lo que ahora estamos viendo es al artista haciendo la obra. Lacan decía algo muy parecido. Su teoría artística es que solo nos emocionamos cuando miramos como mira el pintor, cuando vemos con el ojo del artista, cuando decimos estoy viendo lo que él vio. Esta es la visión que nos emociona. Y lo que dice Picasso es muy parecido: cuando vemos al artista con todos sus complejos –que sería el añadido picassiano– es cuando nos emocionamos. Si no te gusta el artista, no es raro que no nos guste la obra, ver al artista es el fundamento del canon estético de su obra.

JESÚS.­ –Pero, en el fondo, sigue siendo muy academicista. Quiero decir que para mirar cualquier tipo de obra de arte siempre es útil ponerla en contexto.

DAMIÁN. –Lo que dices es útil para comprender el arte del siglo xx, pero en el Renacimiento, y antes, un cuadro tenía que hablar en el sentido de que el espectador tenía que leerlo. El arte antiguo clásico era un arte que elevaba, que llevaba hacia las ideas y de ahí hacia lo celeste, hacia lo sublime. La belleza del Discóbolo de Mirón (450 a.C.) o de Laocoonte y sus hijos elevan nuestra visión que ahora, en Picasso, se desplaza a quien hace la obra. Cuando miramos hoy el Partenón o la Venus de Milo no pensamos ni en Fidias ni en Alejandro de Antioquía, pensamos en la obra y en cómo la obra de pronto es más que la naturaleza, o cómo nos invita a pensar en una naturaleza distinta. Si vemos la Catedral de Chartres nos dedicaremos a leer las estatuas que la decoran mientras aprendemos la Biblia, pero ahora, en el arte contemporáneo, ya no. Ahora la obra es lo que menos nos dice, lo que nos impulsa es saber algo de otra cosa. De alguna manera ha desaparecido eso intermedio entre el autor y el público: la obra.   

JESÚS. –Es la primera vez que leo algo así y, aunque me ha interesado, me parece una obra poco rigurosa, como si Berger no supiese gran cosa de Picasso y que casi todo lo que afirma puede ser refutado sin mucho esfuerzo ¿Hasta qué punto está fundamentado?

DAMIÁN. –Tienes algo de razón, no es estrictamente una biografía, pero es lo que Berger hace siempre, dar rienda suelta a una especie de pensamiento intuitivo que a base de fogonazos intenta iluminar no se sabe muy bien qué. Pero es un libro porque se dedica fundamentalmente a dar ideas para que el lector piense por sí mismo. Me parecía un buen punto de partida para que pudiéramos profundizar en las diferencias entre la idea de creación que tiene Picasso –y por extensión el siglo xx– y la que pudieran haber tenido los hebreos y los griegos.

LUIS. –Tal vez la diferencia fundamental tenga que ver con la intencionalidad del arte. Por ejemplo, la búsqueda permanente del ideal de belleza que tenían los griegos.

DAMIÁN. –Más que belleza lo que pretendían era crear imágenes mentales. El arte griego no persigue generar formas acabadas ideales, lo que pretende es proporcionar al espectador formas de acceso hacia un camino de transformación personal. Es decir, quien miraba el cuerpo del Discóbolo sabía que el suyo propio era muy mejorable y que, en la medida de que fuese capaz de mejorarlo, iniciaba una metamorfosis de superación mediante la que pasaba a ser otro. Para los griegos, las estatuas o las esculturas son la simbolización del camino que hay que hacer para llegar a lo celeste, al mundo de Apolo, en el que las cosas son bellas, buenas y perfectas. Es decir, son invitaciones que se le hacen al observador para que inicie su camino de transformación, tanto del cuerpo como del alma, hasta llegar a una zona de imágenes puras.

Para dejarlo del todo claro, vamos a llamar estética a todo lo que produce imágenes mentales; que no necesariamente ha de ser bello… a veces hay birrias que también lo hacen; desde este punto de vista, el arte de Picasso y el arte contemporáneo nos generan imágenes mentales no de la obra, sino del autor. Esto es lo chocante. Cuando vemos un cuadro o cualquier obra, lo que se supone que cumple el canon estético es ver al autor. Si vemos cualquier obra de Bacon o un Pollock sabemos de antemano que uno era homosexual y el otro un loco: tenemos información que maneja todo el mundo y la obra es inseparable del autor. De ahí las performances o el teatro extremo en donde desaparece lo intermedio entre el autor y el público, insisto, la obra. Yo creo que Picasso no tiene razón y hay mucho más que eso, pero es su propuesta y muchos la han seguido.

PILAR. –Pero no se puede simplificar de manera tan radical. Ahora mismo puedo ver que hay dos tipos de artistas, el que va buscando representar su época, y el que solo se muestra a sí mismo. Creo que el primero puede conectar más con el espectador porque le muestra los conflictos propios de su momento…

DAMIÁN. –De lo que yo hablo es del arte mismo, de su presencia en la vida y de la forma en que quiere imponerse. Nosotros tenemos que ser muy activos para ver arte, y nos encontramos las obras que son, digamos, humildes dentro de lo que es la presencia social. Hay tres momentos del arte o de la cultura que deberíamos distinguir claramente: uno, lo que es o llamamos comunidad. El arte antiguo está dentro de las comunidades: comunidades donde los individuos se conocen, a diferencia de una ciudad contemporánea donde ninguno nos conocemos. Luego estaría la sociedad, que no es comunidad: esto ya es Cervantes, que cuando escribe se dirige a un público del que no sabe nada; ya está en marcha la imprenta, se distribuyen los ejemplares y pueden llegar a muchos o a pocos dentro o fuera de España, pero ya no es Aristófanes mofándose de Sócrates en el teatro ateniense y sabiendo que todo el mundo sabe quién es Sócrates. En este paso del arte de la comunidad a la sociedad se producen muchos cambios.

Nosotros, siguiendo esa evolución desde la comunidad a la sociedad y al mercado, estaríamos en este último momento: lo que nos define como sociedad no son los derechos, sino los intercambios: y las leyes ya no están interiorizadas: la justicia, no matar, la armonía entre las partes, el honor de la propia palabra dada… aquí, básicamente, la gente sigue las leyes en la medida que son coercitivas y pueden causarte perjuicio, no porque uno las tenga realmente interiorizadas. Antes había un pensamiento en imágenes, luego uno cuantitativo y ahora el probabilístico, como por ejemplo los mundos de las finanzas o de la Bolsa. Antes había una realidad compartida… que, por otro lado, es la única definición de realidad. No hay que enloquecer con esto, reales son los deseos y también los muros, pero lo importante es que aceptemos todos qué es la realidad: ahora nuestra realidad es muy cambiante.

JESÚS. –Un cuadro, en suma, es una destrucción y Picasso era consciente de que todo lo que veía podía haber tomado una forma distinta, era consciente de que detrás de lo que se ve hay otras cien posibilidades que han sido rechazadas. Picasso creaba un cuadro con otros posibles cuadros, cada línea, cada pincelada era la destrucción de todas esas otras posibles formas que el cuadro podría haber tenido. Por eso no le pesa lo creado y no hay pasado ni futuro, todo es presente.

DAMIÁN. –Una obra de arte es destrucción por todas partes. Lo que él dice es que la imagen no es innata. Digamos que el primer cambio de Picasso, según Berger, es que cuando tú estás viendo un cuadro en realidad estás viendo posibilidades, pero lo cierto es que eso también te pasa con Las Meninas. Lo que ha cambiado es la actitud del público, que ya no da el cuadro por hecho, sino que el cuadro lo sumerge en un mar de posibilidades, de representaciones, de cosas posibles porque no hay una referencia básicamente, porque ya no se vive en comunidad, porque ante un cuadro somos bastante libres.

Nosotros tenemos la visión de la posibilidad, de que hay muchos mundos posibles. Eso impulsó el desarrollo técnico, el mundo material-económico. En el mundo antiguo la posibilidad no era especialmente apreciada, pero en el mundo que nosotros vivimos cualquier cosa que sea posible ya sabemos que se va a hacer, con independencia de que sea peligroso o no ético. Es un mundo basado en la ideología de la posibilidad. Incluso nosotros mismos no somos capaces de sustraernos a lo que nos parece posible. Somos muy visuales, todo es iconografía, pero hay tanto que nada nos parece consistente. La realidad visual no está dada y, desde ese punto de vista, no nos ponemos ante una imagen como un griego se pondría ante el Discóbolo o ante el Auriga de Delfos. Y es verdad que, ante la acumulación de imágenes, la imagen pierde su potencia simbólica para despertar imágenes mentales. Por eso necesitamos esforzarnos más en poner atención: para poder ver. La destrucción de la imagen viene de la saturación de imágenes.

Auriga de Delfos. 474 a.C.

DAMIÁN. –Por el contrario, en los hebreos está ese Dios creador que al final es incognoscible. Es un Dios de mandatos, y de haced y haced. No hay un orden preestablecido ni en la Ley ni en la Naturaleza. Es una idea de ausencia de Dios en el mundo terrenal. Este es el distintivo de la cultura hebrea, y nosotros estamos viviendo ahora un apogeo de esa visión, de esa creación: es una idea que tiene mucho que ver con la destrucción. Al irse Dios de la obra creada deja el mundo un poco a su arbitrio, a que haga su propia obra, que es lo que Dios dice a Noé. Esto es lo importante junto al mandato de creced y multiplicaos; llamamos mandatos a todas las cosas inconscientes.

En los griegos, sin embargo, la creación es la visión de lo celeste. El pensamiento mira hacia arriba después de haber viajado al infierno; es decir, no puede haber creación sin haber desafiado a la vida antes. Y como fondo en este proceso de creación estaría la metamorfosis, ese elevarse por encima de la propia vida y cambiar. Para un griego, mientras estás cambiando, estás vivo. La muerte –que para ellos es otra metamorfosis más– no hace que desaparezcas, sino que vayas o seas enviado a otra forma de vida. De alguna manera, sigues estando en el registro universal de la existencia, aunque sea bajo una sombra, como sucede a los héroes en el Hades.

LUIS. – Además, los griegos ponen al hombre en el centro de la vida y del arte, mientras que los hebreos lo hacen desaparecer.

DAMIÁN. –Otra cosa importante es que, a diferencia de los judíos que mandan a Dios fuera, los griegos forman una imagen especular de lo celeste. Por eso dicen que el tiempo es la imagen móvil de lo eterno; es decir, que las cosas que nos pasan en esta vida –que son cambiantes– son imágenes de lo eterno, en el sentido de que nosotros –en la medida en que representamos nuestro papel y cumplimos nuestro destino, y en la medida en que nos autorrealizamos y llegamos a ser nosotros mismos desarrollando nuestro papel como mortales– pertenecemos al universo. Para los griegos, los dioses están jugando siempre en un escenario donde las cosas terrenales y celestes están juntas. 

Referencias externas

elpais.com/cultura/2018/10/11/actualidadBanksy, ¿quién es el autor, si no hay autor? ¿Por qué compramos una obra que no existe y que no tiene autor, y se paga más de un millón de euros por ella?

Minotauromaquia. Pablo en el laberinto. Cortometraje dirigido por Juan Pablo Etcheverry.

La gran belleza. Dirigida por Paolo Sorrentino. 2013. – Filman

Bienal de Venecia 2019. Programa Metrópolis. RTVE.

Ways of seeing  (episodio 1) (episodio 2) (episodio 3) (episodio 4). John Berger.

Las Meninas. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. Madrid, Museo del Prado, 1656. –Alta definición

Muerte en Venecia. Dirigida por Luchino Visconti. 1971. –info

El gatopardo. Dirigida por Luchjno Visconti. 1963. –info

Pintura y obra de: Picasso, Juan Gris y Georges Braque

                             

Bibliografía

Fama y soledad de Picasso. John Berger. 2013.

Origen y presente. Jean Gebser. 1949.

Cuarenta y un intentos fallidos. Janet Malcolm. 2015.

1984 (Nineteen Eighty-Four). George Orwell. 1948.

Las vidas. Giorgio Vasari. 1550.

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