An-45 Una doctrina de apartamiento con significado religioso. Seguir a Jesús

De WikiLina
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento COMUNIDAD

La doctrina de Cristo es una doctrina de apartamiento y de desprendimiento: de apartamiento político, en primer lugar, siguiendo las líneas que ya había marcado el helenismo (estoicos y epicúreos) y la posición de los individuos y de las sociedades en el seno de los imperios –primero el de Alejandro y luego el de Roma–, y de desprendimiento personal, en segundo lugar. Dejarlo todo, toda clase de lazos ya sean políticos, afectivos, familiares, laborales, económicos para ir en pos de un ideal de pureza, sobre todo de la sociedad y, en gran medida, respecto de la ciudad, considerada como la sede del mal.

No hay pacto con la sociedad ni con el poder, pero tampoco lo hay con la ambición o las inclinaciones personales derivadas de la pertenencia del individuo a un grupo humano. La ética de Jesús es una ética interior, completamente desvinculada de la política (lazo exigido por Aristóteles) tanto como de las convenciones sociales y de cierta idea de lo humano que vincula sus necesidades a la existencia de los otros.

Hay que abandonarlo todo, hay que limpiarse de toda excrecencia mundana para que el mensaje del Padre penetre en el alma. Esa es la base espiritual del Evangelio, de la buena nueva que Jesús trae a todos, judíos y gentiles: una nueva inocencia y una remisión de los pecados del mundo para que florezca en el alma la esperanza del Reino de los Cielos.

 Jesús entre los doctores
Jesús entre los doctores - Luca Giordano

Lectura

Nuevo Testamento - Biblia de Jerusalén

El gran inquisidor - Fiodor Dostoievski

CHUS. –Qué tipo de viaje es seguir a Jesús. Habla del amor a Dios sobre todas las cosas, pero no da indicaciones de cómo hacerlo, es como un dictamen, una mandato, un decreto. Y si hay que volcar todo el amor en Dios, qué queda para el prójimo que es lo siguiente.

DAMIÁN. –¿Por qué te parece tan contradictorio? Si amas a Dios sobre todas las cosas ¿no puedes amar al prójimo como a ti mismo? Porque no dice que ames al prójimo con todo tu corazón, dice que lo ames como a ti mismo.

CHUS. –Si amas a Dios sobre todas las cosas es un amor volcado hacia fuera, no queda nada para ti mismo y por ende para el prójimo ni nadie más.

DAMIÁN. –¿Y qué supone eso? Esto es algo de lo que se dieron cuenta los místicos enseguida, de que no hay amor hacia uno mismo desde que, para poder amar a Dios, tienes que vaciarte de ti mismo; y si el prójimo es tu enemigo, también tienes que vaciar al enemigo de sí mismo y entonces deja de serlo.

Aun así, esto no es de Jesús, viene de Ezequiel; de hecho, cuando los judíos se rodean el brazo con la filacteria (o tefilín) están haciendo ese mismo movimiento. Ya sabéis que la correa de cuero de los tefilín unen la cabeza y el corazón a través de un par de cajitas –una en el brazo izquierdo y otra en la cabeza– que contienen dentro pasajes de la Torá; eso significa: amarás a Dios con todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente.

Yo diría de todas formas que el prójimo es un cambio radical en la historia de las religiones porque esa idea no había aparecido nunca. Hasta ese momento Israel era la historia de una estirpe, y lo que hace Jesús es pegar un salto enorme hasta algo más universal. Eso es lo importante, que introduce en la ecúmene –comunidad humana que habita una parte extensa de la Tierra–: hacer hincapié en los otros, en el prójimo, y saltarse u olvidarse adrede de la estirpe y el pueblo elegido. Esta es una de las claves por las que Jesús tuvo toda aquella serie de problemas.

Y por qué creéis que dice que de estos dos mandamientos pende la ley divina.

CHUS. –Porque el resto de las normas o quedan fuera o pertenecen a la parte de las leyes que ya no deben regir.

DAMIÁN. –Exacto. Ese es el núcleo y todo lo que quede fuera no vale, por ello lo que se ha subvertido es la ley civil: de pronto la ley es la del amor. Esto es lo que se ha dicho del cristianismo, es la inversión que hace desde el principio del Antiguo Testamento. Repito, convierte la ley en una ley del amor y no en una religión o una filosofía. Una ley del amor a la que estamos obligados obedecer por mandato, la norma nos obliga a amar de esta manera.

CHUS. –En otro versículo dice que el camino de salvación es negarse a sí mismo. Esto implica dejar, u olvidar, todo lo que previamente eras: hay que tomar la cruz; es decir, que es necesario aceptar de antemano que vas a sufrir en ese camino.

DAMIÁN. –Y qué puede dar el hombre a cambio de su vida, porque esa es la cuestión cuando se trata de un desprendimiento total.

CHUS. –Creo que la vida es todo lo que se puede dar.

DAMIÁN. –Pero a cambio de qué. Si no das nada a cambio, la vida no vale nada. ¿Por qué darías la vida?

LUIS. –Por amor, si no das la vida por amor no estás siguiendo su palabra.

DAMIÁN. –Sí, pero cuál es el valor superior que hace que la propia vida tenga valor.

DANIEL. –La vida de los otros. Algo que ames.

DAMIÁN. –Hay que entender bien esto porque se trata de un pensamiento antiguo auténtico. La vida es importante si la puedes cambiar por algo, si no es así, no tiene ningún valor. Para nosotros la vida es un valor supremo y ocupa un espacio muy superior al que ocupaba en el pensamiento antiguo.

DANIEL. –Los griegos se jugaban la vida por la polis, por ser un héroe, por el honor. Sin embargo, en este caso, creo que se cambia la vida en la Tierra por la vida en el cielo: se trataría de renunciar a la vida física, y todo lo que está en torno a ella, para alcanzar esa otra vida del alma.

MARÍA. –Yo también lo entiendo así, se cambia esta vida por una en el reino de Dios, esa es la recompensa…

DAMIÁN. –Uno siente que la propia vida merece la pena ser vivida, se trata de un aspecto muy personal e íntimo y no creo que sea tanto esa vida de eternidad como ver que la vida de aquí está muy bien. Es decir, que sea lo que sea eso que no es la vida en la Tierra tiene que ser algo que haga que tu vida merezca la pena.

MARÍA. –Sí, pero Jesús dice despréndete de tu vida porque ganarás otra, y la ganas aquí…

DAMIÁN. –Da sentido a que la vida ahora merece la pena, aunque más que sentido es sentimiento. Si das tal pronunciamiento a la vida, desaparece el misterio de la muerte, por eso los cristianos van al sacrificio, porque tienen el convencimiento de que está bien hecho.

LUIS. –Los cristianos de la primera época forman una comunidad y su mandato es el amor, y ese amor es lo que se convierte en ley de vida, pero es un reino de muerte y no de vida porque consideran muertos a aquellos que no participan de esa idea.

DAMIÁN. –Efectivamente, por tanto, es una ley para esta vida en lo fundamental. En concreto dice que hay que dejar atrás dos cosas fundamentales: la familia y la hacienda. Y esto es muy, muy importante. Lo que hace Cristo es decirles que en la familia no está el lugar del amor, a la familia se la quiere porque es la propia, pero no lugar del amor. Se trataría de amar a los que más te cueste hacerlo y no a los que ya amas sin ningún esfuerzo. Nosotros tenemos una idea del amor totalmente condicional y aquí lo que propone es justo lo contrario, propone el amor sin condiciones al que no amas.

El argumento del reino de los cielos como recompensa no es tan importante. El mensaje es que, si cumples eso, tu vida en la Tierra será buena. La idea de un más allá surge de la idea de un más acá. Cristo dice amor, desprendimiento, hay un cambio.

CHUS. –Pero son cosas que invocan la trascendencia no la inmanencia.

DAMIÁN. –No, dejar lo de aquí invoca lo de aquí. Solo a partir de eso se puede persuadir a alguien de que hay un reino de los cielos. Y este reino es muy difícil de instalar en la conciencia, salvo que la conciencia haga un trabajo previo. Nosotros llevamos veinte siglos con la matraca del reino de los cielos, pero en un principio la enseñanza era la que os digo, por las buenas no se convence a nadie de eso. Primero crearon un sentimiento de comunidad muy fuerte en la Tierra, y de ese sentimiento surgió la idea de una comunidad celeste. Hay que distinguir entre el cristianismo y las enseñanzas de Cristo.

CHUS. –No estoy muy seguro de que fueran comunidad. Cuando hablábamos de las diferencias entre comunidad y secta, decíamos que en las sectas se producía conocimiento… hay enseñanza, pero no una circulación de la palabra. Hay una cuestión vertical del deber.

DAMIÁN. –En el relato de Jesús, su papel es de profeta.

CHUS. –Y lo que se forma ahí, ¿es comunidad o secta?

ORLANDO. –La manera que Jesús tiene de explicar el mensaje es a través de los milagros que hace, a través de la parábolas, las enseñanzas. A mi juicio, no hace milagros para decir yo soy este con este poder, sino para mostrar lo que proporciona el reino de Dios tras ese desprendimiento de lo que se tenía en la vida terrenal.

CHUS. –Yo disiento un poco de esa visión con respecto a la familia.

DAMIÁN. –Lo dice textualmente: que Cristo aborrece la familia es un hecho.

LUIS. –Bueno, esa es tu opinión.

DAMIÁN. –No, no es mi opinión, lo dice textualmente: es literal. La contrapartida del amor es odio al amor condicional. Deja casa, familia, hacienda… lo dice bien claro. Jesucristo, en dos ocasiones en el Nuevo Testamento, dice a su madre que se vaya, que no pinta nada ahí.

CHUS. –Eso es retorcido, porque si no, no habría prójimo; hay que amar a cualquier ser humano y eso incluye a la familia.

DAMIÁN. –Puede no gustaros, pero es una doctrina de desprendimiento al estilo de Confucio.

ORLANDO. –Pero no es excluyente, se puede amar mucho a los hijos y amar al enemigo.

DAMIÁN. –Voy a tomar la postura de un cristiano radical, él diría que querer a tu mujer y a tus hijos es un acto de egoísmo porque eso no tiene mérito, no hay ninguna forma de generosidad, y ninguna manera de que demuestres tu buen corazón y tu generosidad hacia el mundo.

ORLANDO. –Efectivamente, hay amores que no tienen un particular mérito. Si el sentimiento está ahí, no hay ningún esfuerzo, ni actitud activa, ni superación…

MARÍA. –Lo que dices es que para cumplir la ley del amor ¿tienes que dejar de amar a los hijos, a los tuyos?

DAMIÁN. –No, he dicho que para Jesús eso no es amor.

DANIEL. –Yo creo que el mensaje de Cristo es que el amor difícil es la verdadera prueba, porque el otro amor es natural, ese que se siente por la comunidad cercana, los hijos, el vecino que conozco, el compañero de trabajo, y que el amor que te pone a prueba, el amor transformador, es el del camino que te lleva a otro estado de felicidad contigo mismo, el amor al que te repugna, al enemigo.

DAMIÁN. –Sobre todo y más bien, el amor al que no te da nada a cambio, el amor incondicional. Es más, la experiencia de un amor exacerbado a lo propio es incompatible con el amor a lo ajeno. Y la única prueba que se puede dar sobre cumplir la ley del amor es la de amar con esfuerzo a ese que no te da nada, y el mensaje cristiano actual no es ese, sino quiere mucho a tu familia.

DANIEL. –Es que el amor a lo propio se parece más al apego.

DAMIÁN. –Eso es. Cuando tuvieron que traducir la Biblia del griego al latín, había una palabra que era absolutamente problemática; esa palabra griega era ágape y fue la que dio origen al concepto de caridad, porque ágape era solamente dar, pero el concepto de caridad está implicado en el de amor, ya que se trata dar sin esperar nada a cambio a diferencia de eros o filia, que son otro tipo de relaciones. Ágape es un dar por las buenas sin esperar nada. Y dar por las buenas sin esperar nada a cambio elimina al yo de la escena.

CHUS. –Dice que hay que amar al enemigo, pero no dice en ningún sitio que no haya que amar a la familia.

DAMIÁN. –Lo que dice es que eso no es amor.

CHUS. –De hecho, utiliza la palabra prójimo, es decir, próximo.

ORLANDO. –A diferencia de la Odisea, se parte de una idea del hombre más miserable.

DAMIÁN. –¿Por qué dices eso?

ORLANDO. –Porque directamente están en pecado. Jesús los califica como una generación adúltera y pecadora, eso me da a entender que lo que piensa de la humanidad no es bueno.

DAMIÁN. –Más que a la humanidad se refiere a la ciudad, ¿no? Si os fijáis, en el Antiguo Testamento es en la ciudad donde se encuentra la mezquindad: la ciudad es la cuna del pecado. Esto es muy curioso porque la parte de los profetas en la Biblia está escrita justo en el apogeo de las ciudades y va avanzando hasta Cristo, que ya es el apogeo de los imperios. Es muy curioso que la ciudad de pronto se auto disuelva por su propia corrupción.

MARÍA. –Comparte con el Tao esa promesa de eternidad y que para conseguirla se requiere una vaciamiento, que no un vacío.

DAMIÁN. –Este es el ejemplo más claro de espejo del viaje entre la vida y la muerte y la idea del viaje, es el primero que lo pone así: esto es un viaje y este es el viaje.

MARÍA. –Por un lado, Cristo da ejemplo con su vida y sus enseñanzas, y por otro manifiesta cierto hartazgo hacia lo que ve como una falta total de entendimiento, la ignorancia de todos los que le rodean, empezando por sus propios discípulos que no entienden el significado que quiere dar a sus milagros… y le piden más, cuando lo que les está mostrando es que el reino de Dios ya está aquí. Por otro lado, el hecho fehaciente es que no estaban preparados para entender el sentido de sus palabras.

DAMIÁN. –Recordad que el pensamiento del mundo antiguo es el noein… siempre se enfada cuando le piden explicaciones, pero no hay que pensar solo con la palabra.

MARÍA. –Eso es lo que yo entiendo de la fe, que no hace falta entender en el sentido de la palabra sino del sentimiento. Tiene similitudes con el Tao porque también es un camino, se convierte en camino cuando se abandona a los demás, y tiene que hacerse desde la individualidad. Es decir, te vacías completamente de ti mismo, se practica el amor y la generosidad en soledad, uno solo, de manera que se establece una comunidad entre individuos que están practicando el amor en libertad de la misma manera y están entendiendo el mensaje de Cristo también de la misma forma.

Viendo todo esto, he recordado El gran inquisidor de Dostoievski y, comparándolos, he hecho un análisis. Con el hombre hay que partir de una base: el hombre es vil, cobarde, débil, absurdo. Lo que se le ofrece es la libertad, pero él no la quiere; no quiere ser generoso sino comer, no quiere ser justo sino que alguien le diga lo que tiene que hacer. Y cuando haya satisfecho esas cosas tan básicas de tener comida y de que le den órdenes de comportamiento, podrá pensar por sí mismo que es generoso, solidario y justo.

Al hilo de esto, y uniéndolo a las tentaciones en las que no cae Cristo, lo que dice El gran inquisidor es que el hombre necesita milagros, es decir que necesita una fuerza superior a él que le haga sentirse pequeño, que necesita el misterio de un mundo organizado siempre y cuando se cumplan estos mandatos, y de igual manera necesita instrucciones y sentirse protegido.

Dostoievski dice que el amor y la libertad –los dos puntos esenciales de la doctrina de Cristo– sobran porque si amas demasiado, pides demasiado también, y eso se contrapone con todo lo que acabamos de mencionar. Ya no está ese amor incondicional del que hablaba Cristo. El gran inquisidor está acusando a Cristo de amar condicionalmente porque al amar a los hombres les está exigiendo que respondan a ese amor dando amor a otros de manera incondicional.

Dostoievski ofrece respuestas muy contradictorias. Por un lado, recuerda a una introducción al comunismo, donde una instancia superior se encarga de suministrar los bienes básicos a la gente y crear un orden a todos los niveles, y por otro, lo contrario, recuerda al poder eclesiástico que también tenía el control y el poder a todos los niveles, y a través del miedo conseguía crear un respeto colectivo en el pueblo.

DAMIÁN. –Es el totalitarismo –una doctrina política que Hannah Arendt describe y analiza en Los orígenes del totalitarismo– que pretendía ocupar todos los espacios de la vida pública y de la individual, eso también lo denunció Foucault: la biopolítica; si tú quieres abortar, o divorciarte, o matarte, tienes que saber que está sancionado legalmente, es decir, una instancia superior se ha ocupado de tu cuerpo, de tu vida y de tus decisiones. Al llegar a esto, se vio que democracia y totalitarismo no eran cosas tan opuestas… ¡Cuidado con esos niveles, aquí se puede ver con claridad que en la ley intervienen todos!

MARÍA. –Pues desde la lectura de El gran inquisidor yo he llegado a lo siguiente: si Cristo quería la felicidad de los hombres porque les amaba tanto y por eso iba a dar la vida, ¿por qué esos mandamientos hacen de los cristianos seres infelices? Desde el punto de vista más racional, lo que dice El gran inquisidor parece mucho más sensato: cuídalos, van a ser más felices si están cuidados y protegidos que con la libertad que tú les estás dando, ellos no saben ser libres, se matan en pos de un Dios que consideran verdadero. Con todo eso cubierto, nos podemos decir: soy generoso, soy justo, amo a los demás.

LUIS. –Y así, dónde queda la libertad.

DAMIÁN. –¿Y qué es la libertad?

LUIS. –La capacidad de decidir.

MARÍA. –La construcción de uno mismo que no es individual, se construye a través del amor a los demás y no tiene nada que ver con esa felicidad aparente que ofrece El gran inquisidor –pan y circo–; y es más, un poco de pecado para que lo pasen bien. El camino de Cristo es el camino difícil que siguen los elegidos. Para El gran inquisidor el hombre no sabe utilizar su libertad y el mensaje de Cristo es justo lo contrario: el que elija mi camino tiene que optar con todas las consecuencias.

LUIS. –Y ¿por qué hace Cristo milagros si no quiere demostrar a nadie quién es?

DANIEL. –Yo creo que el milagro en Cristo proviene del amor, no lo hace para demostrar quién es, sino porque posee esa facultad y tiene amor, y actúa de esa manera de forma espontánea.

DAMIÁN. –Pero es una doctrina apocalíptica que se da cuenta de que no hay apocalipsis alguno, por eso los teólogos han distinguido entre el final de los tiempos y los tiempos del final. La primera iglesia es la del final de los tiempos y la que viene después es de una moral muy distinta: habría que vivir como si el tiempo se fuera acabar, que no es exactamente lo mismo. La idea que adopta la iglesia es la posibilidad de vivir como aquellos primeros cristianos que pensaban que los tiempos se iban a acabar de verdad, que cada día era el último, y eso dio lugar a dos teologías absolutamente distintas y a dos morales muy diferentes.

DANIEL. –Una de las preguntas que surgen trataría sobre lo que es un mesías. El mesías judaico es el liberador y el mesías cristiano es el redentor. Son dos conceptos muy distintos e importantes que tienen su punto con todo lo que estamos viendo. El mesías judaico libera al pueblo del dominio de otros pueblos y otras religiones. Y la redención, para los cristianos, es la salvación del hombre... para ellos, un ser algo vil.

¿Cómo se produce esa redención? Lo único que hace Cristo es enseñarles un camino, cuyo principio consiste en desprenderse de todo –hasta de uno mismo– y cuyo final es la vida eterna. El camino de en medio son los dos grandes mandamientos: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como a uno mismo. Es un camino señalado que se debe ir haciendo, y es entonces cuando el hombre se da cuenta de que el camino tiene su cruz, su sufrimiento, debido al propio vaciamiento, a llevar a la práctica ambos mandamientos y al extrañamiento que conlleva ser diferente a los que no son como uno mismo, pero han elegido idéntico camino.

ORLANDO. – Me pregunto cuántos eran realmente los que seguían el camino de Jesús: tenía doce apóstoles entre la gente que le rodeaba. La gente iba por los milagros y porque querían escuchar la voz del maestro, he leído. La pregunta sería si dicha vía de salvación es realmente factible para los hombres.

DAMIÁN. –Lo que él propone a todo el mundo antiguo solamente lo ha inculcado a unos pocos elegidos. Más adelante seguirán la vía los santos porque realmente es un camino de santidad. La característica fundamental es que se trataba de un camino muy exigente –desprendimiento puro– dirigido a quienes habían sido escogidos. Él lo convierte en ecuménico, en una posibilidad para todos, aunque mi opinión es que dicho cambio lo produce Pablo de Tarso. Esa es la gran contradicción y es desde donde mira El gran inquisidor. Cuando preguntan a Sócrates o a Platón, ambos responden lo mismo: debe tratarse de comunidades pequeñas con unos cuantos.

ORLANDO. –Con respecto a las creencias, él se considera hijo de Dios.

MARÍA. –O hijo de los hombres, en otras ocasiones, pero el que habla en la lógica del relato y lo que dice es que se trata de Dios hecho hombre, por tanto, no es solo un hombre sino también Dios.

DAMIÁN. –Esos evangelios están escritos por hombres que no conocieron a Jesús, entre cien y ciento veinticinco años después, excepto el de Marcos –discípulo de Pedro– que dicen se escribió en el año 60. Es muy importante cómo se gestó la historia porque la idea de Dios de gente posterior, como Blake o Jung, tiene mucho que ver con el relato de Cristo que aparece en el Nuevo Testamento. Ese hijo del hombre da la idea de que hay un dios que está también dentro y no solo fuera.

CHUS. –Otra contradicción es que se habla de que el reino de los cielos está en esta vida y por otro lado se habla de la vida eterna en la vida venidera.

DAMIÁN. –Eso dio lugar al misticismo, y ese desprendimiento era un vaciamiento. A partir del misticismo de los siglos XII y XIII y del maestro Eckhart, se escribe que son las almas simples –las que no tienen dentro nada– en las que más fácilmente entra la gracia.

LUIS. –¿Eso tiene que ver cuando Jesús dice acoger el reino de los cielos como solo los niños saben hacerlo?

DAMIÁN. –Claro, claro, pero no porque los niños sean inocentes, sino porque es una inocencia de puro vaciamiento.

LUIS. –Ya en el medievo empieza a verse la figura de Cristo como la del loco porque ve más allá.

CHUS. –Sí, sí, ve más allá y además desconcierta: predica el amor, pero dice que te apartes de tu familia, que los últimos serán los primeros, que los poderosos no entrarán en el reino de los cielos, sino que lo harán los débiles, y esta idea hasta entonces ni se había visto ni escuchado. Es muy revolucionario porque pone el énfasis en el amor y no en el poder, en ese amor que creemos conocer a pesar de que no es así; ese amor es mucho más misterioso.

DAMIÁN. –El amor entre los griegos funciona de esa misma manera, se siente como algo que desborda y que tiene más fuerza que uno mismo, es un misterio porque se ignora de dónde viene, además de poseer una autoridad absoluta sobre la propia vida.

CHUS. –También he encontrado similitudes entre el camino de Jesús y el camino de Sócrates: ambos son caminos y ambos para unos cuantos elegidos.

DAMIÁN. –Pero hay una diferencia enorme que reside en la dialéctica, y eso no es una diferencia cualquiera.

CHUS. –Cierto, uno es un camino de conocimiento y el otro un camino de salvación. La mayéutica de Sócrates no tiene nada que ver con las enseñanzas de Jesús.

DAMIÁN. –Claro, Jesucristo viene ya investido de autoridad, no es como Sócrates que tiene que ganársela a fuerza de hablar con los otros.

ORLANDO. –Pero es una autoridad que se ha dado él mismo, luego tiene que demostrarla a los demás.

LUIS. –Pero, aunque se trataba de un camino muy exigente, en la práctica era muy compresivo con las debilidades humanas.

DAMIÁN. –Y a la postre tantos le fallaron, Judas, Pedro. Eso es lo humano de lo divino. Como el Tao: se trata comprender que en ese camino se falla.

LUIS. –Y quién es más sabio, ¿Jesús, que quiere redimir a la humanidad o El gran inquisidor, que intenta cuidarla y darle aquí lo que necesita?

DAMIÁN. –Esa es una pregunta para todos nosotros…

CHUS. –El gran inquisidor se desarma cuando el otro le da un beso. ¿Qué es lo que le desarma?

DAMIÁN. –El amor, sin duda.

LUIS. –El gran inquisidor es un seguidor de Cristo y lo ha sido toda la vida, pero considera que su mensaje es muy elitista y que, por tanto, ellos lo van a sufrir. Aunque también cree que el camino de Cristo no es el camino, está convencido de que se trata de un camino equivocado porque el hombre no sabe manejar su libertad.

DAMIÁN. –Porque en el fondo no quiere la libertad: es no querida y no merecida.

LUIS. –Es que leemos El gran inquisidor y si no suscribimos todo al 100%, sí suscribimos su discurso y estamos de acuerdo con él.

DAMIÁN. –El final significa muchas cosas, no es solo un mensaje sobre el amor: uno cambia a medida que los otros cambian, el amor no es solo una estrategia, es la forma de hacer cambiar a los otros.

LUIS. –Termino con una pregunta: cómo se encaja el rechazo a la familia con que a Dios lo llame padre.

DAMIÁN. –Son palabras distintas, los patriarcas son el origen mismo de la religión. La palabra padre es una alegoría y funciona como un símbolo, no se refiere al padre biológico en sí. Yahvé es el padre de todos y de todos los padres, es el que está aquí porque Él es, y la familia está más cerca de la propiedad particular –lo que es solo mío–, más cerca de lo que me pertenece, y la figura de un padre implica que hay más hijos, hermanos, es decir,, que nos pertenece a todos.

Referencias externas

Jesucristo Superstar. Dirigida por Norman Jewison. EEUU, 1973

Jesús de Nazaret. Dirigida por Franco Zeffirelli. Reino Unido, 1977.

La historia más grande jamás contada. Dirigida por George Stevens, David Lean, Jean Negulesco. EEUU, 1965

Bibliografía

Biblia de Jerusalén. Nuevo Testamento.

El gran inquisidor. Dostoievski.

Los orígenes del totalitarismo. Hannah Arendt.

Etiquetas