An-43 La polis ideal, el carácter ideal y el alma ideal

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento COMUNIDAD

El libro más citado en teoría política y el más influyente a lo largo de los siglos, desde que se escribió en el primer tercio del siglo IV a.C., dio lugar a un género que aparece y desaparece históricamente, pero que está regularmente presente en otros muchos: la utopía.

En realidad, para Platón el establecimiento de los principios de una polis armónica y justa, en la que sea posible el camino hacia la felicidad, no tiene nada de imposibilidad o de utopía. O la tiene como todos los asuntos humanos y políticos: hay que trazar una dirección y luego seguirla en la medida en que se pueda, en que las circunstancias lo permitan y la suerte ayude. De hecho, el título en griego alude a la constitución, a los elementos constitutivos de una sociedad cuyos fines sean los mencionados y que podrían resumirse en la justicia social, de la que derivaría inevitablemente la justicia política.

Por tanto, a diferencia de las utopías que conocemos, la polis es ideal, pero no irreal. Es decir, no es una estructura a la que no pueda llegarse y que tenga como planteamiento de partida la imposibilidad de alcanzar la meta. De este modo, no es un repertorio de vicios y defectos de la sociedad actual, como fueron las utopías del Renacimiento, sino un verdadero desarrollo de ideas que podrían ponerse en práctica y de las que está demostrado su valor.

La piedra angular de Platón es la paideia –la educación–, como también lo era en la Atenas clásica. Una educación igual para todos tanto en las formas como en los contenidos y cuyo objeto era determinar las cualidades de los individuos. Este principio implicaba también una justicia social de partida, y sobre él se edifica la división del trabajo y las funciones políticas de los ciudadanos.

 Escultura de Platón realizada por Leonidas Drosis y situada en el Jardín de la Academia de Atenas
Escultura de Platón realizada por Leonidas Drosis y situada en el Jardín de la Academia de Atenas

Lectura

La República - Platón

Resumen

La etimología de la palabra república viene del griego politeia, que a su vez proviene de polis; es decir, La República es una propuesta, un tratado, sobre lo que debería ser la ciudad. Esta obra es la más conocida e influyente de Platón, y podríamos decir que es un compendio de las ideas que conforman su filosofía.

La obra, como casi todo lo que escribe Platón, es un diálogo entre Sócrates y sus discípulos y parientes, y está compuesta de diez libros separados y sin correspondencia con los cambios en los temas de discusión que presenta. A pesar de que el texto gira en torno al tema de la justicia, La República compendia las siguientes doctrinas platónicas fundamentales: la justicia (como acabamos de decir), su teoría de las clases sociales, la alegoría de la caverna, la doctrina de las ideas, de las formas, la concepción de la filosofía como dialéctica, una versión de la teoría del alma diferente de la expuesta en el Fedón, la analogía de la línea y el proyecto de una ciudad ideal gobernada gracias a principios filosóficos. Escrita de forma dialógica, la República aborda lo relacionado con la filosofía de las cosas humanas e involucra temas como la ontología, la gnoseología, la filosofía política y la ética.

Es una obra orgánica y circular que se estructura en diez libros y tiene como protagonista a Sócrates, un Sócrates algo diferente al de otros diálogos platónicos, especialmente los de juventud, y que sirve, digamos, de alter ego de Platón, por ello sostiene tesis defendidas por ambos.

AYUSO. –Yo me he centrado en ver esa parte criticable, eso que no funciona en la República. No me ha costado encontrar lo que no funciona porque el sistema de la dialéctica, del diálogo, es curioso: es como una inmersión en el conocimiento en un solo día. La cuestión de la polis es el viaje desde su creación por necesidad, la polis real, a la polis ideal que deciden crear / inventarse para investigar acerca de la justicia.

DAMIÁN. –Un griego de verdad no distinguiría entre esas dos cosas que acabas de decir.

AYUSO. –Es que lo manifiesta cuando habla de la polis, dice: y ahora vamos a ver si esto es posible; habla de si lo ideal puede ser real y plausible.

DAMIÁN. –Es que aquí lo contrario de ideal no es real. Lo contrario de ideal es falso. Son de esas cosas que tienen los griegos que como no las comprendemos bien, es difícil entenderles. Ahí lo que importa es coherencia y permanencia, si es coherente y es permanente entonces es verdadero; como las ideas, podemos decir que son verdaderas o falsas.

AYUSO. –Por irreal no quería decir que no existiera, sino que no es corpóreo, que no tiene una manifestación.

DAMIÁN. –En las cosas, casi nada lo tiene.

PABLO. –Entonces, en contraposición de verdadero, ¿real, irreal…?

DAMIÁN. –Ideal. Es muy fácil, la idea es verdadera con estos dos criterios que he dicho de coherencia y permanencia, y si no es verdadera, no existe, es la apariencia de las cosas. La idea es la sustancia de las cosas. Donde no hay sustancia solo hay apariencia, o sea lo falso. Entonces cuando estos griegos se ponen a reflexionar sobre la polis no están pensando que no exista, están pensando en si es verdadera. Por eso, como decían los clásicos: ideal, pero no irreal. Y yo añado una cosa: quien no haya leído la República de Platón no es nadie, no puede tener imaginación, no puede saber de dónde venimos y, sobre todo, no puede haber abierto nunca las puertas que están más allá del conocimiento.

La República de Platón es lo más cercano a nosotros que podamos comprender del mundo griego. Entendemos lo que está haciendo y es el pórtico por el que penetramos en esa especie de inconsciente colectivo que han sido las fuentes de nuestra cultura. En la fachada está todo lo que podemos entender, y si la penetramos, si accedemos por ese pórtico, llegamos a Parménides y a todos esos mundos pitagóricos. La República es muy importante y –si habéis tenido la oportunidad de leerla en absoluto reposo– funciona, es decir, sin nada alrededor se convierte en una meditación por sí sola; por el contrario, si al leerla intentamos ponernos muy lógicos, nos cansa. Hay un momento en que Sócrates se ha ido de la ciudad con su amigo; van desde Atenas al Pireo y les llaman para volver, pero ellos no quieren, han estado presenciando unos ritos y piden a los que les reclaman que les esperen; les esperan y les hacen regresar, esa escena en que dan de pronto la espalda a los mitos, que han dado la espalda a los ritos… cómo les llaman, cómo se resisten y luego ceden es el movimiento de la República.

Es un diálogo profundo que se mete en todo; y una cosa increíble en el mundo griego: las mujeres pueden gobernar. Otra nota: cuando expulsa de la polis a los que quieren poseer, es un descanso del alma. La República es todo Platón, es realmente donde se dice cómo piensa en algo que nos está pasando. Es un texto con unos principios que no te puedes saltar, y si te saltas la paideia y la justicia social, nada vale para nada.

AYUSO. –Lo que se hace en la República, se hace desde la frustración, como tú dices, porque no le gusta; y al contrario que en la Carta VII, lo que se hace es construir una polis. Yo creo que lo que tenemos aquí es una ética de la que emana el gobernante.

DAMIÁN. –Bueno sí, es una ética, pero de dónde sale la ética.

AYUSO. –Es la encarnación de lo bueno, y se va a imponer en la polis.

DAMIÁN. –No, no se va a imponer nada; por cierto, cómo se dice república en griego. No lo sabemos porque no se dice de ninguna manera, en griego este libro se llamaba politeia, que es gobernar y ordenar la polis. Pero no es ese el principio que dices, porque si así fuese, todo resultaría muy arbitrario.

AYUSO. –No es arbitrario porque está sustentado en unos valores: justicia, armonía, valor, prudencia, veo que está construido en base a una ética, pero, sin embargo, hay como desprecio por el pathos y por el ethos.

DAMIÁN. –Todo lo contrario. Es más, no entiendo muy bien por qué has abordado el asunto por la ética y no por la paideia, qué es lo básico de la República.

AYUSO. –Yo creo que el carácter, el ethos.

DAMIÁN. –El carácter se tiene que transparentar en la educación, a través de pruebas, exámenes, ansias de conocimiento y de almas que piden ciencia o de almas que no la piden, pero aquí lo importante es que las salidas son iguales para todos, entonces, y a través de unos criterios, se observa qué cantidad de ciencia pide cada uno. El carácter es poder hacer lo que se basta a sí mismo, está escrito aquí y lo repetirá Aristóteles varias veces: lo que se basta a sí mismo y lo que cada uno hace mejor.

La educación detecta eso en concreto, qué cosas hace bien cada uno y que cosas se bastan por sí mismas. Una vez se identifican ambas cosas, aparece la felicidad en la Grecia antigua, en la España contemporánea o en donde sea y siempre. Pero claro, todo esto acarrea y trae consigo la llamada justicia social. Ya nadie sabe qué es la justicia social en el mundo contemporáneo: cuando la rampa de salida no es igualitaria, cuando no todos pueden a acceder a las mismas oportunidades, se hace completamente imposible detectar que no hay justicia social.

Para Platón, el rango ético de una persona es el conocimiento, su amor por él y no el conocimiento que posee, lo demás no existe. Con esto me refiero a que lo definitivo es que nos interese aprender y conocer, y que amemos el conocimiento, pero en absoluto que seamos muy listos y sepamos muchas cosas, lo importante es que en ti haya un amor tal que puedas aprender todo el tiempo y de casi todo. Precisamente por esto, los filósofos en la República –no el filósofo rey, sino el que ya forma parte de la clase de los guardianes y magistrados– están aprendiendo siempre, porque si en el carácter se encuentra la necesidad de aprender, se puede llegar a ir aproximándose a la sabiduría, o por lo menos, estar dirigiéndose a su camino.

¿Qué es lo que define al filósofo en la República?, le define que está en el camino siempre, todo el tiempo está queriendo aprender y eso es lo que le convierte en filósofo. Y de entre los mejores sale el filósofo rey, que no es el que tiene más habilidades o destrezas, es el que ama la sabiduría y al hacerlo sabe que va a tener una larga vida de aprendizaje. Y después, Platón dice que los que solo quieran poseer, se tienen que marchar fuera de la polis sin contemplaciones.

JESÚS. –¿Y los que no tienen el don de la sabiduría ni quieren poseer?

DAMIÁN. –Pues los que no se encuadran entre esos dos son muy felices trabajando para la polis y para los que necesitan el conocimiento. Es la ambivalencia, somos profundamente solidarios, pero no somos iguales en el campo del conocimiento, y todo esto sin ser mejores unos que otros; los peores son aquellos cuya meta es únicamente poseer. Fijaos que de estos ni habla la República: están fuera de la polis definitivamente. Después están los artesanos, los labradores, los guardianes, los magistrados y el filósofo rey. Ciudadano, propiamente dicho, sería hasta el labrador. Es bastante fácil de comprender: cómo puede haber una sociedad medianamente justa si no parte de la justicia social y de la educación igualitaria.

MARTA. –Estoy de acuerdo, pero no todo el mundo es igual, y Platón no dice en ningún momento que unos sean mejores que otros, pero yo tengo amigos cuyo deseo no es el conocimiento.

DAMIÁN. –Claro, el principio de justicia social es darle a cada persona lo que necesita: a los que les interesa el conocimiento, se les dan oportunidades y a los que no les interese, se le procurarán otras cosas que les interesen, siempre y cuando se parta de una base de igualdad, de rampa de salida para todos. Y por supuesto, en la República es fundamental quitar la influencia de los padres hacia los hijos.

AYUSO. –Platón dice que hay que dar la educación de los niños a las personas capacitadas y nada más.

JESÚS. –Como en algunas tribus de Nueva Guinea.

DAMIÁN. –En Nueva Guinea son preliteratos y estos son literatos.

AYUSO. –Me ha llamado mucho la atención el rechazo a los mitos y a Homero.

DAMIÁN. –A Homero únicamente en la República, porque en otros diálogos no es así.

AYUSO. –Aquí se rechaza el desbordamiento que genera el carácter. En los guardianes no se fomenta y es la única pega que yo le pongo a la paideia.

DAMIÁN. –Esa parte donde dice toda risa propende a la violencia… es verdad que pone mucho ejemplo de Esparta, pero tampoco es su ideal; y en Esparta cuando los niños empiezan a alimentarse solos ya empiezan a depender del grupo y dejan de estar en la familia. Una cosa que debéis tener en cuenta es que tampoco la pareja era como la nuestra, ellos tenían familias extensas dentro de comunidades que se relacionaban muy horizontalmente, y Platón no lo dice porque vea problemas psicológicos en los niños y en las familias nucleares –no había problemas psicológicos– sino porque está viendo que en Esparta va todo todavía mejor con los niños.

AYUSO. –Este diálogo es una reacción; reacciona diciendo me quiero ir de Atenas.

DAMIÁN. –Sí, es muy reactivo.

AYUSO. –En Esparta tenían un sentido de comunidad muy fuerte.

DAMIÁN. –Sí, pero en Esparta, la comunidad está por encima del individuo de forma muy brutal, mientras que en la República el individuo es observado desde el principio en lo que tiene y en lo que hace, y se supone que bajo este sistema el sujeto tiene una posibilidad muy alta de encontrar lo que quiere hacer, lo que sabe hacer y lo que se basta por sí mismo, y eso tiene mucha potencia e importancia. Sin embargo, encontrar lo que queremos hacer o lo que debemos hacer, a nosotros se nos hace una carrera de obstáculos: es como ir evitando barreras hasta llegar a ese sitio en el que acabamos viendo qué es eso que queremos hacer.

AYUSO. –Pero aquí resulta llamativo que los hijos no saben quiénes son sus padres ni los padres quiénes sus hijos… por un lado, no hay apego, como por el tema de la paideia. Funciona lo que dice sobre que la gimnástica y la música sirven al alma, y que también lo son las cosas que se bastan por sí mismas y los efectos que producen.

DAMIÁN. –Eso es fantástico, las cosas que se bastan por sí mismas ya están produciendo efecto, es verdad, aunque las cosas que producen efecto, la mayoría de las veces no se bastan por sí mismas.

AYUSO. –Como he comentado antes, creo que el desapego es antinatural.

DAMIÁN. –¿El desapego es antinatural? Cualquier hombre de conocimiento siente un natural desapego.

AYUSO. –Sí, de conocimiento.

JESÚS. –De hecho, el apego es lo antinatural.

MARTA. –Pero Platón se desdice de todo lo que defendía antes, al llegar a la Carta VII deja de creer en lo que decía y aquí en la República dice otra cosa.

DAMIÁN. –No, no, esto es como con el marxismo y Marx; lo que él dice es que para que exista una república de este tipo tiene que haber justicia social de base… lo que no sé es qué hace en Siracusa, donde no va a funcionar.

MARTA. –Pero porque él concluye que eso es imposible, está en la naturaleza humana hacer lo contrario.

PABLO. –¿Lo contrario a qué?

MARTA. –Lo que digo es que acaba por no creerse lo que dice, tanto aquí como en la Carta VII.

DAMIÁN. –Te está diciendo que las condiciones de la República son unas y no se puede llegar a ellas, no porque sea imposible, sino porque nadie lo cumple. Su ideal de esa ciudad está en el terreno de lo verdadero, no de que pueda llegar a ser posible. El ideal de Platón se encuentra en el mundo de las ideas.

AYUSO. –Yo no sé si es verdadera, pero una ciudad donde el gobernante sea un sabio, donde haya una casta o grupo de guardianes…

DAMIÁN. –Él quiere clases, no castas, y lo dice claramente.

MARTA. –Yo creo que Platón dice que el amor no educa a nadie, que está en otra esfera, no que esté mal. Dice que separar a los niños de los padres no tiene que ver con el amor, sino con la capacidad de darles esa formación a la que tienen derecho, esa separación es necesaria para que funcionen y partan todos de la misma rampa de salida.

DAMIÁN. –¿Os habéis parado a pensar que la familia es el ámbito de la violencia pura desde el momento en que los niños tienen que seguir el mandato paterno? Lo curioso es por qué no comprendemos nada de Platón, pero lo que nosotros nos planteamos desde nuestro punto de vista es cómo se lleva eso a la práctica. Sin embargo, esa pregunta está excluida de la República porque lo que se está preguntando es ¿en qué medida es bueno? No pregunta si se puede llevar a la práctica, porque podría seguir siendo verdadero y guiando nuestros actos a pesar de que no fuera posible…

Y nosotros nos hacemos preguntas en términos de solución: quién educa a los educadores y qué pasaría si esto se llevara a cabo, cosas así. Esta es una cuestión muy importante en Platón: para un griego, pensar no es llegar a soluciones, pensar es pensar, y a dónde lleve ese pensamiento es algo que solo el pensamiento decide. Si está restringido, moderado y centrado en la necesidad de encontrar soluciones, solamente hay un tipo de pensamiento, y si nosotros lo que queremos es solamente arreglar esta sociedad, solo tendremos un tipo de pensamiento que no nos interesa. Hay que aprender a pensar sin dejarnos atrapar por la realidad del momento, sin pensar que el mundo está mal, porque entonces no pensamos, sino que buscamos soluciones.

MARTA. –Pero Platón cree en un ideal y lo defiende y, por otro lado, como ciudadano está viendo lo que ocurre en Atenas con aquel ambiente político convulso, y deja de creer en el ser humano… por eso escribe la Carta VII… con respecto a las leyes toma una posición diferente a estos ideales, que es como decir que no es necesario llevar a la práctica lo que se dice, porque una cosa es el pensamiento y otra la realidad.

DAMIÁN. –Pero su razonamiento es impecable todo el tiempo y lo que mantiene es una apertura del pensamiento hacia posibilidades que no están constreñidas ni por la realidad, ni por la práctica política de su tiempo, y resulta que esa es la única manera que permite que pensemos. He dicho pensar, no opinar: la opinión no es conocimiento. Platón nos dice algo así como: si eres capaz de pensar el mundo sin pensar que se tiene que arreglar, a ver cómo te planteas tu familia sin plantearte que tiene que ser feliz; esa es la apuesta fundamental en la República. Platón no quiere aportar soluciones ni pensar en lo real porque eso es no pensar, es otra cosa. ¿Por qué la comunicación política piensa siempre en el orden de la solución, o del juicio que es lo mismo?

MARTA. –Porque es lo más fácil y es la parte de manipulación ideológica. Y de nuevo ese es el mundo de la opinión –de la doxa–, un mundo muy fácil frente al del pensamiento, que exige esfuerzo.

JESÚS. –Y frente a todo esto de la opinión y el pensamiento, está la experiencia, que también es muy importante.

DAMIÁN. –Si metemos la experiencia en la República no cambiaría nada, se volvería al conformismo de lo que llamamos realidad. Aquí estamos hablando de un sistema ideal de verdad, de un sistema de ideas.

MARTA. –Pero también es realista. Cuando dice que pongas a los mejores en situación de hacer tropelías, verás que a pesar de estar bien educados van a hacer auténticos disparates.

DAMIÁN. –Les engañarán, los profesores serán corruptos, lo que está diciendo el texto es que todo esto va a pasar, y lo que impide al filósofo rey cargarse a todos es que ha alcanzado una verdad que no podemos ni siquiera definir. Es obvio, tenemos que aprender a pensar sin los condicionantes del lugar en el que vivimos, de las condiciones externas, de las circunstancias históricas, que es lo que decía Heidegger: pensar lo sustancial… que es lo que distingue al filósofo de los demás, porque si no pensamos lo sustancial, no vamos a aprender a hacerlo nunca, tendremos opiniones, pero eso no es pensar. Más adelante, en el Renacimiento se encargan de decirnos qué tenemos que hacer y qué no, pero Platón solo habla de verdades: ¿es verdad que unos somos distintos de otros? Lo es. Luego dice que está prohibido el dinero, y ¿entonces qué pasa con el comercio? Se tiene que hacer a partir de unas leyes, pero las leyes las van a dictar los más religiosos y los más fuertes, los moralmente elegidos por la curia eclesiástica…, no hay forma de que esto se pueda llevar a una práctica.

EVA. –Hay algo que se me escapa… tal como lo plantea es algo irrealizable porque es ideal, y cuanto más cerca se esté de ese ideal, mejor irán las cosas, de acuerdo, pero lo de pensar sin buscar una solución, no lo veo. Reconociendo lo ideal del modelo que se plantea, no deja de plantearse como una solución.

DAMIÁN. –Lo plantea como un argumento lógico, pero no como una solución real a los problemas que están surgiendo en ese momento. Indirectamente está enviando mensajes en abstracto, es decir, que los materiales de su pensamiento no tienen nada que ver con las cosas concretas que están ocurriendo en Atenas, que para Platón son básicamente la muerte de Sócrates –aunque aquí ni la mencione–, la progresión de la sofística –piensa que no existe la justicia y lo único que hay es ley–, que hay intereses, pasiones… Nosotros entenderíamos bien la sofística, por eso nos es tan difícil pensar en la justicia o en la solidaridad. Este es fundamentalmente el ataque de Platón: debemos tener muy claro que pensar con las soluciones es la muerte del pensamiento.

AYUSO. –A mí me parece un libro muy daimónico, teniendo en cuenta que está todo el tiempo rondando estas ideas.

EVA. –Yo sí veo que lo está planteando como una solución, está hablando, de otra forma, sobre cosas que funcionarían.

DAMIÁN. –Platón dice que, si metes la solución al pensamiento, se pierde todo. Él va dejando ideas sueltas para que germinen. Encontrar una solución es la forma de control social que se ejerce sobre el pensamiento.

MARTA. –Cuando leí la República, lo que más me llamó la atención es que es Platón es el primero en la historia del pensamiento que pide igualdad de oportunidades a través de la educación. Esto ha influido de una manera decisiva en nuestra cultura y tiene una aplicación práctica indudable porque habla de posicionar a todo el mundo en un punto de partida que sea idéntico, de regular una polis no a través de las leyes, sino de los comportamientos. Y nosotros, por el contrario, siempre que hablamos de regular, pensamos en un legislador. Y regular es cómo establecemos las relaciones para llegar a una comunidad mejor, creo que eso es lo que hace Platón. Por tanto, opino que aquí sí hay enseñanzas prácticas y están muy claras.

DAMIÁN. –Estoy de acuerdo

MARTA. –Creo que él no está pensando en una solución práctica, que no se está centrando en las leyes. Si luego el pensamiento tiene aplicaciones en lo que a educación se refiere –de la polis, de las leyes– es otra cosa, pero cuando Platón habla no está pensando, digamos, en reparar el aparato. Ese es el tema de la República: si tú pretendes encontrar una lógica formal, no la vas a encontrar, no va a ocurrir.

EVA. –No digo que este pensamiento esté formulado para buscar soluciones, pero después sí se enfoca a la práctica, porque si no es así, qué sentido tiene el mito de la caverna. El filósofo rey puede mirar al sol de frente, pero a continuación tiene que volver a la oscuridad de la caverna para ver las cosas…

DAMIÁN. –Es una interpretación… Lo más interesante del mito de la caverna es que no se puede mirar a las cosas de frente si quieres saber lo que son.

EVA. –Sí, pero Platón sí puede mirar al sol de frente.

DAMIÁN. –El sol deslumbra. El mito de la caverna yo lo entendí como que hay que desviar siempre la vista, que hay que mirar hacia otro lado cuando se quiere encontrar el camino recto.

EVA. –Cuando habla de la educación no dice que los niños deban formarse de tal o cual forma, sino de que hay una serie de afectos o apegos que dificultan la educación. Luego habla de la música para el alma y la gimnasia para el cuerpo. Y, sobre todo, de que no se hable al niño más que de la bondad de los dioses y que no se le enseñen las partes más oscuras para que no sea débil… personalmente, os digo que eso no me gusta.

DAMIÁN. –Vamos por partes. Si expurgas la literatura y la música, si eliminas las partes que parecen sombrías, las sombras aparecerán tarde o temprano, pero eso pasa en la práctica y Platón no está hablando de la práctica, aunque al decir eso está exponiendo algo que nos está pasando: intentamos conducir las cosas, pero no las conocemos en absoluto. Y esa parte de imágenes que arrojamos a los niños, tiene sus consecuencias posteriores para ellos. Tenemos que pensar en ello sabiendo que se están cometiendo auténticas barbaridades, no en cuanto a los contenidos, sino en cuanto a que los niños tengan la imagen, por ejemplo, de que los padres son estos seres pegados a un teléfono móvil. ¿Por qué no podemos pensar en cuáles serían las buenas costumbres para educar a los niños?

EVA. –Es curioso que veas la prohibición como manera de salvaguardar a los más jóvenes.

DAMIÁN. –No, es que hay que prohibir los móviles… Como vivimos en una sociedad en la que lo que puedo hacer lo hago –ese hacer es todo lo que se nos ocurra–, en cuanto hay demanda tienes ese hacer a tu alcance. Debido a que no hay parlamentos de nadie, no se discute… y no hay paideia, porque no se discute; es más, como no hay paideia, todo el mundo piensa lo que se le ocurre, lo lanza y punto. No hay nadie para hablar o pensar sobre algo, porque estamos pegados a artefactos que lanzan instantáneas que no dejan de ser opiniones y no verdades, informaciones falsas que únicamente sirven para que nos creamos las tonterías que sueltan los medios de masas… y ya sabemos que su fin es espurio y no está ni mucho menos enfocado a la paideia.

AYUSO. –En el texto lo que dice es que la paideia es lo que hace que las leyes sean necesarias.

DAMIÁN. –Tienes razón, la mayor parte de la normativa tiene que ver con la paideia: la máxima de la República es que la justicia está en cada uno. Es el único lugar en el que vamos a encontrar esta idea central y definitiva; los sofistas dicen: tendrás ley, pero como no tengas la justicia dentro… Y la justicia se enseña con paideia.

JESÚS. –¿Y por qué no hay paideia en nuestra sociedad?

DAMIÁN. –Porque la justicia social, la solidaridad y la paideia van juntas y se apoyan, y cuando falta una, las otras desaparecen. Nuestra sociedad tiene otras cosas, pero en lo referente al pensamiento puro nos sentimos perpetuamente insatisfechos y no nos paramos a pensar en la vida que tenemos y por qué.

AYUSO. –Creo que también es una cuestión de dónde ponemos el foco. Igual deberíamos educarnos y no solamente en pensar en ello.

DAMIÁN. –Para nosotros es casi imposible pensar sin tratar de encontrar soluciones. Es una ideología, es decir, es la forma en que nos han convencido y enseñado a pensar. Tenemos problemas que solucionar todo el tiempo, así que nos volvemos muy proactivos e hiperactivos y siempre queremos hacer algo, porque nuestro pensamiento no actúa, nuestro pensamiento está como muerto.

MARTA. –En Platón, y en la República en concreto, no se habla del mal.

DAMIÁN. –Para Platón, y para el mundo antiguo, mal es ausencia de bien: es la ignorancia del bien lo que hace que se haga el mal. Yo estoy de acuerdo y no creo que haya otra clase de mal.

PABLO. –Hay una parte en la que asevera que de los dioses solo puede manar el bien y que la causa del mal pertenece ya al ámbito de cada uno.

DAMIÁN. –Igual que pasa en el cristianismo. Dios es el bien y el mal pertenece al libre albedrío de cada uno, como decía Plotino. El mal es ausencia de Dios en el caso de los cristianos, y aquí ausencia de conocimiento… En la República es fundamentalmente cómo puedo pensar sin atenerme al problema que supone la narrativa del conocimiento en nuestra vida. ¿Cómo podríamos pensar sin eso? Pensar sin tener en cuenta el problema es muy difícil y casi nunca lo conseguimos. Y creo también que ningún malvado puede entender esto.

MARTA. –Platón cree en el pensamiento encaminado a la acción, porque algo en lo que pone mucho énfasis es en las responsabilidades que uno tiene dentro de la polis: lo importante que es que cada miembro de la polis esté dedicado a contribuir a su funcionamiento. Hay una idea de la polis, del bien, de la justicia social, pero en parte esas ideas están basadas en la acción positiva, lo cual vincula pensamiento y acción positiva. No es un planteamiento estrictamente abstracto, sino que hay unas funciones dentro de la sociedad que hacen que la sociedad funcione en ese mundo ideal.

JESÚS. –Pero sigue jugando con las reglas del propio mundo que él propone. En ese aspecto, Platón es abstracto.

PABLO. –Es que él mismo es un demiurgo en el sentido de lo que ha creado… es como si dijera estoy creando un mundo, jugando a ser ingeniero, aunque no lo sea.

DAMIÁN. –No está jugando a ser ingeniero... En el momento de escribir la República ¿creéis que pensó que no estaba tan alejado de la realidad? No, cuando se vuelve a Siracusa ¿pensáis que ahí hay un aliento de querer?

MARTA. –Yo creo que Platón cree en el ser humano y se va acercando a él a través del conocimiento.

DAMIÁN. –¿Pero no sería como desesperación? Son dos movimientos distintos que parece que están vinculados, pero no lo están porque el primero es el momento de la libertad absoluta y el segundo el de la posibilidad.

AYUSO. –Todo esto de lo que estamos hablando me recuerda a lo que Trasímaco hablaba con Sócrates. La postura de Trasímaco es la realista, la nihilista, y es curioso cómo Sócrates le rodea y en lugar de establecer con él una dialéctica, lo que consigue es hacer alma. Para mí, lo que hace Platón –aparte de un pensamiento fuera de una solución– es un planteamiento de una polis de almas… al leer a Trasímaco, me digo que tiene razón.

DAMIÁN. –Y es que tiene razón, a nuestros ojos el sofista no va muy desencaminado porque es lo que tenemos nosotros en la política. Eso es muy contemporáneo.

PABLO. –A mí me llama la atención con qué delicadeza trata a Trasímaco. Es un libro que primero va de la realidad de Trasímaco a la idea y después de la idea vuelve a la realidad.

DAMIÁN. –Estáis intentando abrir una tercera vía de Platón que no está aquí. Platón aquí es lo que es: podría estar equivocado, pero no le saquéis de la República porque fue a Siracusa tres veces y lo que hizo en Siracusa no se corresponde con lo que está pretendiendo en la República. Siendo un libro muy controvertido, no sé por qué pensáis que aquí no hay algo práctico.  Si piensas que va de un sitio a otro es porque piensas que hay una comunicación.

JESÚS. –En la República yo he visto que los buenos gobiernan más que nada para que no lo hagan los perversos. Como razonamiento no se detecta con claridad cómo se llega a ello, no obstante, el contraste con la realidad es impecable; de hecho, se observa cómo el gobierno es mejor en situaciones difíciles. Sin embargo, chirría con el propio razonamiento considerando que la justicia es algo que en sí mismo hace feliz; el gobernante, al ejercer el gobierno, tiene una oportunidad de generar más provecho y más felicidad a mayor escala, y eso choca con la argumentación de que por temor a que gobierne alguien perverso, alguien bueno tiene que poder gobernar. Este razonamiento me parece flojo. La ciudad nace porque nadie se basta a sí mismo, lo que hoy llamaríamos la división del trabajo.

DAMIÁN. –Lo llama él, lo inventa Platón.

AYUSO. –Sin duda inventa el concepto y asocia lo mismo al mercado y a la moneda. Sitúa en el traspaso de los límites de lo necesario y en la búsqueda ilimitada de riquezas el origen de la guerra, lo que puede ser así, aunque también puede ser el origen de cualquier progreso económico y de la mayoría de los progresos sociales. Creo que eso es cuestionable y no se justifica la importancia que da a que el zapatero sea solo zapatero. Da importancia al relato que se traslada a los niños y no puedo evitar reflexionar sobre lo que supuso la aparición de la televisión y que son los diferentes canales los que determinan cual es el relato que recibe hoy un niño.

DAMIÁN. –Es que es muy diferente la relación que se tiene con un libro que la que se tiene con la televisión. El libro nos crea imágenes mentales mientras que la televisión solo genera pasividad y opinión, genera una visión de la cosa que no permite la imaginación. Es muy difícil aprender bien con pantallas. En realidad, quien te está enseñando todo el tiempo es el soporte: cuando tú utilizas un móvil, lo que estás aprendiendo no es lo que ves en el teléfono, sino cómo funciona el aparato. Si ves una película de Hollywood, lo que aprendes es cómo funciona una película de Hollywood, no aprendes de la película en sí.

AYUSO. –De todas formas, la República me parece muy actual en cuanto al relato que reciben los niños. Me sorprende que no le dé demasiada importancia a la verdad, tanto en el mensaje que pueden dar los gobernantes a los ciudadanos, como en lo que se cuenta a los niños y a los jóvenes. No dice que va a ser peor para ellos no ser valientes, sino que va a ser peor para la ciudad…

DAMIÁN. –Es la famosa paradoja de Sócrates: qué prefieres ¿ir a la guerra donde te pueden matar, o quedarte en la ciudad donde te pueden lapidar por no ir a la guerra?

JESÚS. –Bueno, en estos relatos siempre se cuenta que, frente a una cobardía pequeña, está la necesidad de un heroísmo extremo. Yo creo que iría a la guerra.

DAMIÁN. –Sí… Quiero resaltar dos cosas para terminar. Una es muy importante y es que esto se termina aquí, se acaba incluso en el propio Platón porque él escribe las leyes y ya sabe que eso se termina. Este es un momento muy interesante porque es el pórtico en el que, si uno entiende bien lo que se está diciendo, puede entender el pensamiento más antiguo. Y la otra es el adiós a la feliz despreocupación de Pericles. A partir de ahora: a preocuparse. Esto es todavía el pensamiento feliz, libre, pero ha pasado ya el tiempo en que después de la derrota contra Esparta y la peste, cae el propio Pericles. Es curioso cómo a veces las circunstancias desmoronan los grandes ideales. Atenas cae por una peste y eso se traduce en argumento contra la democracia y contra la feliz despreocupación, porque ellos pensaban que siendo lo que eran no podían perder. Por último, otro punto importante de la concepción platónica del hombre es que Platón lo que más desea es saber lo que es bueno para él, y ese saber lo que es bueno para él implica que es bueno para la polis: es imposible que el que quiera lo mejor para él y no quiera lo mejor para la polis. Estos puntos, junto al sistema de pensamiento sin soluciones, creo que es lo más relevante de la República de Platón; y no hay nada que discutir, sino ver la propuesta filosófica en su conjunto. En gran manera, la República está muy dirigida a lo que hay que hacer con los jóvenes. A vosotros os preocupaba cómo serían los maestros, pero lo preocupante es cómo saber, entre los niños, para qué está capacitado cada uno. Eso es lo más difícil, primero porque son niños y después porque requiere actos permanentes de atención total hacia ellos.

Referencias externas

La República. Platón. Texto completo. Audiolibro en castellano. 2018.

El mito (alegoría) de la caverna. Platón, La República. Hemisferio derecho, 2018

The Matrix. Dirigida por Lilly y Lana Wachowski. EEUU, 1999.

El show de Truman. Dirigida por Peter Weir. EEUU, 1998.

Mulholland Drive. Dirigida por David Lynch. EEUU, 1997.

Bibliografía

La República. Platón.

Diálogos de Platón, en general.

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