An-42 Cuando el tiempo de ocio se organiza como el del trabajo

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento IDENTIDAD

Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular, de Yun Sun Limet, es un libro estructurado en forma de correos electrónicos dirigidos por la narradora a tres amigos, durante su ingreso en un hospital tras conocer que padecía enfermedad grave. En ese tiempo reflexiona sobre su vida. El tema principal de la obra es el trabajo y la autora se pregunta si el trabajo permite llegar a la felicidad o es un impedimento; en otros capítulos reflexiona sobre lo que nos hace felices y, en medio, encontramos el vínculo entre ambas cosas.

La vida del mundo contemporáneo y de los individuos que forman parte de él está organizada en torno al trabajo. En realidad, se trata de un mundo de obligaciones, no solo laborales, entre las que se encuentran las familiares, amistosas, sociales, de desarrollo personal… Por todo ello, queda muy poco espacio para preguntarse por los propios deseos y por las cuestiones derivadas de las simples necesidades intelectuales o del espíritu. Esta es una de las grandes carencias que se pregonan de la sociedad contemporánea, en la que el trabajo, el logro, la consideración del esfuerzo y la dificultad para encontrar goces profundos y una relación directa con la vida empiezan a considerarse estigmas más que modelos de perfeccionamiento de las personas.

Yun Sun Limet analiza estas cuestiones bajo el prisma de la enfermedad. Mantiene lazos estrechos con el pensamiento de Séneca en relación con la necesidad del ocio auténtico, del tiempo libre como exploración de la propia vida y también en la dificultad de hacerlo en las condiciones en que nuestra época ha planteado la subsistencia y las satisfacciones de la vida.

Ciertamente, la enfermedad ayuda a reenfocar la perspectiva de nuestros intereses y de la forma de hacer las cosas, pero también nos interroga acerca de nuestra impotencia para llevar a cabo una reinterpretación del mundo sin el concurso de factores extremos que, en gran medida, nos obligan.

 Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular-
Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular- Yun Sun Limet

Lectura

Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular - Yun Sun Limet

Resumen

Yun Sun Limet nunca podrá olvidar la última conversación que tuvo con su amigo, el filósofo Jacques Derrida. Ella estaba en plena mudanza, huyendo de París, comenzando otra vida, y él estaba ya enfermo de cáncer. Él dijo que esperaba que el nuevo tratamiento funcionara mejor, pero murió unos meses después. Yun Sun no podía imaginar que al poco ella se vería siguiendo un tratamiento muy parecido y afrontando la posibilidad de una muerte temprana: este vuelco inesperado da origen a este libro.

Gravemente enferma, la autora debe pasar un larga temporada en el hospital y allí comienza a escribir a varios amigos con los que desarrolla una meditación íntima y teórica sobre el sentido de la vida y del trabajo. El trabajo está en el centro de nuestras vidas, y cuando la enfermedad y la muerte nos acechan y nos obligan a de trabajo somos conscientes del valor de las horas consagradas a otros y a su beneficio: ¿el trabajo nos acerca a la felicidad o es acaso su mayor obstáculo?

A lo largo de treinta y nueve cartas, Limet se dirige a unos cuantos destinatarios para repasar la historia y la sociología del trabajo en nuestra civilización, preguntándose sobre el verdadero papel que juega en nuestras vidas. Todas estas epístolas fueron escritas en un hospital quizá con el objetivo de apartar a la muerte.

MARÍA. –El libro tiene estructura epistolar utilizando correos electrónicos. Los mensajes de carácter más íntimo que aparecen en el libro van dirigidos a su amiga Rose hablándole sobre su enfermedad y creando un fondo sobre el que más adelante tratará de todo lo demás; en este aspecto, está muy bien estructurado y es literatura moderna que muestra cuáles son las emociones y qué es lo que se está viviendo en el momento. A Yun Sun Limet le diagnostican una enfermedad grave y empieza a escribir estas cartas donde habla de su vida, a qué ha dedicado su tiempo, qué le ha podido robar a su trabajo, qué le ha dado o le ha quitado, si era una necesidad o era otra cosa…

DAMIÁN. –¿Qué trabajo hace?

MARÍA. –Es editora y ve su trabajo como algo que le quita tiempo para pensar, leer, hacer lo que está haciendo en ese momento; de ahí le viene esa ocupación forzada que le lleva a la enfermedad y le hace plantearse estas cosas. Hablamos de una mujer que se enfrenta a la muerte y que siente miedo a morir, lo dice ella misma.

DAMIÁN. –¿Y tú crees que con esta serie de correos enfrenta a la muerte o la está eludiendo?

MARÍA. –En el momento concreto del texto en que reconoce su miedo y habla de la humanidad que demuestra su enfermera cuando le coge la mano en una prueba, se está enfrentando a algo con lo que no puede del todo, pero a lo que sabe mirar a la cara. Me parece una mujer bastante lúcida: se enfrenta la muerte desde el momento en que está planteándose cómo acabará, qué es lo que ha hecho, si ha merecido la pena, si tenía sentido o no y si era una necesidad o una imposición malvada del sistema.

DAMIÁN. –Una enfermedad, o una crisis, es la ocupación de un territorio con unas determinadas imágenes. Si te diagnostican un cáncer, tienes la incertidumbre de lo que pueda ocurrir y automáticamente tienes un volcado de imágenes mentales ­–llamamos imágenes mentales a cosas difusas, no concretas–, es como Madame Bovary, que no es de ninguna manera especial, sino que depende de su estado de ánimo. El día que te dicen cáncer es de una forma y al día siguiente será de otra, pero lo ocupa todo. Esa especie de iconografía difusa tiene una capacidad de conquista muy alta y la única forma de luchar contra ella es que otras imágenes mentales hagan sitio para que estas no ocupen todo, porque si no fuese así, uno se moriría directamente. Daría lo mismo si se tratara de una crisis personal, para salir airoso de estas situaciones hay que buscar y sacar imágenes mentales de otro sitio para traerlas y que ocupen. En este sentido, ¿te parece que las reflexiones que ella hace son un intento de sacar imágenes mentales que ocupen el sitio que tenían las otras, o una negación de la enfermedad y por eso parece que traza una continuidad con lo que tenía antes?

MARÍA. –Yo creo que son ambas cosas. Ella dice que la vida es una red y que desentraña la red, pero al final está todo enmarañado. También opina que el ocio lo ha volcado en tratar de explicar el sentido de la vida, pero viene de experiencias del trabajo, de su dureza y de su rutina. Ambas cosas son necesarias. No habla de ocio o trabajo, sino de ocio y trabajo si los dos conviven, para que al final sean, como ella dice, creativos.

DAMIÁN. –¿Entonces el negocio también puede ser trabajo?

MARÍA. –Claro, experiencias previas que pueden acabar siendo negocio. Es lo que veíamos en Séneca, que estaba hablando de sí mismo, aunque lo ocultaba, pero sabía muy bien de lo que hablaba porque lo había vivido. En ese sentido, con Séneca necesitas las dos cosas: vivir y el ocio; y en este caso de Limet, creo que ella fragua sus sentimientos y pensamientos… ¿ha perdido el tiempo? Parece que no.

DAMIÁN. –Pero cómo podemos saber si el trabajo y el ocio están bien.

MARÍA. –Cuando se vuelcan uno en el otro y hay una creación que te eleva, que te alimenta el espíritu. Para Limet es el concepto de libertad, el poder responder a necesidades internas. Si vives un ocio que no está respondiendo a esas necesidades internas, llega un momento en que se convierte en trabajo, y trabajo de los malos. Ella habla del desgarro de la vida social y de la vocación de escritor. Probablemente ambos sean necesarios porque sin ellos no podría transmitir nada ni iluminar a los otros y elevarles un poco de donde están.

DAMIÁN. –Ya, pero eso es la vida. Limet dice una cosa muy bonita: todo es bien, todo es mal, todo está perdonado; no era nada, era la vida y la vida no vale nada.

MARÍA. –Totalmente; se enfrenta a un ocio impuesto, una identidad, y se pregunta: qué me identifica a mí… el tiempo, ¿lo he perdido?; pero luego cae en otra cosa: ¿esto me está llevando a la felicidad o me ha apartado de ella?

El libro nos propone mirarlo todo junto porque sólo así tiene sentido. Otra pregunta sería si eso es vivir o sobrevivir, vivir en el futuro o sobrevivir en este presente absoluto, el presente interno que empieza a sentir en ella; lucha entre el miedo a la muerte y asumir la mortalidad, y no se atreve a posicionarse.

DAMIÁN. –Está bien esa diferencia que mencionas.

MARÍA. –Viene a decir que el animal vive y el ser humano sobrevive. Entonces ¿somos animales cuando dejamos de sobrevivir y vivir el momento y sentir el momento como eterno? Vivimos y no tenemos conciencia de esa mortalidad. Limet enfrenta sus emails más íntimos con Rose y Madeleine, y con Gregorie hace reflexiones intelectuales sobre el trabajo. Los emails a Rose están llenos de sueños poderosos, de ilusiones de vencer a la muerte y al destino: en esos momentos es tan humana que se transparenta que no lo está sabiendo aceptar. Habla del dolor, del miedo, de rendirse y morir, del reencuentro con su familia, volviendo otra vez a esa posición de negarlo todo. También se pregunta: por qué me ha pasado a mí. Habla del azar y lo contrapone con las cosas que hay que cuidar del espíritu, y eso es una manera de decir que se puede evitar el azar… porque cuando se depende de él es porque no se está cuidando lo que de verdad importa.

DAMIÁN. –Cuando hablábamos de Séneca, no profundizamos en la relación que tenía con el tiempo. Me parece un veneno empezar a hablar del tiempo que se pierde o se gana. Hay algo de esa mortalidad, de meter la muerte por la vía cristiana en lo que hacemos y lo que vivimos, que está bien: de ahí a que el tiempo es dinero, no hay nada.

AYUSO. –Pero, por ejemplo, una obsesión que te ocupa toda la vida, como un enamoramiento extremo de un amor imposible en el que piensas todo el rato, ¿es perder el tiempo?

NURIA. –Cuando se te pasa ¿has sacado algo de ahí?

AYUSO. –¿Qué vas a sacar?

DAMIÁN. –En ese caso estaríamos hablando de que la alienación es el motivo, todo lo que sea alienación como una adicción.

NURIA. –Se pueden perder meses y años.

DAMIÁN. –Sí, se podría decir que en el campo de la alienación es donde se encuentra el sentimiento de pérdida de tiempo.

NURIA. –Y hay trabajos que pueden ser alienantes.

DAMIÁN. –Por supuesto. De acuerdo, aceptemos alienación como pérdida de tiempo en este contexto.

AYUSO. –En las relaciones personales y sociales, ¿también puede haber alienación?

DAMIÁN. –Sí, claro. Aquí hay muchas cosas. Se podría hablar del trabajo y de los vínculos débiles porque hasta cierto punto los necesitamos. De hecho, si no los tuviéramos, las relaciones humanas serían muy difíciles de aguantar.

MARÍA. –Siguiendo con el libro, habla de cuidarse a sí misma, de estar bien consigo, de no depender de terceros… También en esto veo un poco a Séneca.

DAMIÁN. –Hay falta de compromiso externo con los demás… Aristóteles decía que lo mejor es estar con otro, sentirse ser con otro.

MARÍA. –También habla de la identidad y de que está tan cargada que es imposible abstraerte un instante de ella. Y frente a todo esto, están los emails de Madeleine y Gregorie que van más a historias del trabajo y reflexiones varias, sin entrar en detalle, pero que dejan una idea. Con Madeleine se plantea cosas como qué va a ser de mí si pierdo el trabajo, ¿me van a echar? Hay una reflexión sobre cómo se descomponen personalidad y carácter, y cómo se crea una identidad social con esas pérdidas. Me ha recordado a El miedo del portero al penalti de Peter Handke: la historia de un hombre al que despiden del trabajo y cómo se le va descomponiendo el carácter. Limet, en los emails de Gregorie, se extiende un poco más y se pregunta dónde nació el capitalismo, si fue en la Florencia comerciante o en realidad proviene de la ética protestante. También le cuenta que últimamente ha leído a Weber.

DAMIÁN. –Esa parte es interesante. Los integrantes del Círculo de Bloomsbury trabajaban doce horas diarias entre pintar, escribir y preparar lo del día siguiente, tenían una de las jornadas laborales más duras. Conclusión: el trabajo creativo y artístico –Yun Sun Limet lo dice en algún momento– fue en parte el impulsor del trabajo duro de ocupación del tiempo. Es verdad que tenemos un tipo de creación que no es como la griega, que no está despreocupada felizmente. Su creación era pintar capillas Sixtinas… es decir, están produciendo arte, pero fijaos en que esto puede ser el precursor del carácter laboral.

MARÍA. –Yo creo que ambas ideas están aquí y son la base del libro.

DAMIÁN. –Cuando era pequeño, yo no entendía que un escritor dijera: trabajo cinco horas diarias... y que se refiriera a escribir; yo pensaba que había una diferencia entre trabajar y escribir. Y también en la facultad, cuando la gente se iba a estudiar decía: he estado trabajando… La palabra trabajo está vinculada a un sistema de valores y da igual cual sea el soporte. El arte ha vinculado muy bien el trabajo. Si os fijáis en las biografías, o en los biopics, se resalta mucho el tiempo que el artista se pasa machacándose.

AYUSO. –Creo que fue Picasso el que dijo que cuando la inspiración llegue, te encuentre trabajando.

DAMIÁN. –Sí, sí. Esa obsesión con lo que se crea, es trabajar: tú serás obsesivo, pero todos los demás también lo son y tú eres artista porque te gusta trabajar… Le acabamos de dar la vuelta a todo el asunto, y ella lo dice: el Renacimiento y el arte arrancan con toda la ética del trabajo.

CHUS. –Mientras leía este libro, me pareció que Limet –que trabajaba mucho mientras estaba tan enferma–, invitaba como a medir las fuerzas en la vida cotidiana: se te rompe un pie y no sólo quieres que se te cure para volver a andar bien, si no que quieres ver que todos los días vas avanzando…

DAMIÁN. –Eso es muy interesante, porque ella excluye el trabajo interior del trabajo. Tú estás trabajando; que no es trabajo. Por ejemplo, si te rompes un tobillo y tienes que hacer rehabilitación, ella diría que la rehabilitación no es trabajo, es un proyecto.

CHUS. –Exacto.

DAMIÁN. –Yo creo que la oposición trabajo-proyecto es importante.

CHUS. –De todas formas, sobre las cosas que cuenta Limet de su grave enfermedad no hace realmente una reflexión. Quiero decir, que está en oncología de un hospital, donde le están haciendo mil perrerías y ¿es tan fría como para ponerse a analizar a Séneca?, no me la creo, no me parece honrada.

DAMIÁN. –Séneca tampoco lo parecía, te recuerdo…

CHUS. –Séneca me gusta mucho más. Tiene una filosofía creíble y poca gente ha dicho cosas como él. Tú mismo lo dijiste, él no tiene necesidad de seguir lo que enseña, pero esta mujer no es una pensadora.

DAMIÁN. –Puede que sea extraño eso que dices, creo que ha hecho una selección.

MARÍA. –Pues yo creo que está haciendo balance: con respecto a la muerte se posiciona entre enfrentarse a ella y negarla, y no pretende dar respuestas ni contarnos su cáncer, pero en ese balance, las ideas que lanza brillan con luz propia.

DAMIÁN. –Es una persona que trabajaba, que tiene habilidades intelectuales, que se encuentra con un cáncer y llega a la conclusión de que el trabajo de editora es una basura. Eso nos lleva a pensar que no es realmente el trabajo, sino que lo definitivo es la cantidad de proyecto que hay en el trabajo.

IRENE. –Yo creo que su intención no es contar nada emocional, sino centrarse en el titular.

MARÍA. –Emocionalmente habla con una de sus amigas, y luego se separa y habla de otra cosa; eso es lo interesante, esa capacidad de saltar entre las cosas con pies de gato.

DAMIÁN. –Hay una cosa sobre la que tenéis razón, esa parte del hospital en la que sólo está viendo trabajo, creo que es una piedra de toque, porque un hospital es una cadena industrial desde el momento en que entras.

IRENE. –De hecho, cuando entramos en cualquier hospital, nos convertimos en el trabajo de otros… eso es interesante y habría que indagar y profundizar más en ello.

CHUS. –Pero ella no lo cuenta así…

DAMIÁN. –Lo que quiero decir es que ahí hay un buen contraste. Cuando cualquiera entra en un hospital ve la cantidad de trabajo que está produciendo en otros y cómo esos otros tienen organizado dicho trabajo, y eso es exactamente lo que nos hace sentir como una pieza de un gran engranaje. Creo que lo más importante del libro es que la libertad es el concepto que diferencia unas cosas de otras. Lo que Yun Sun dice que los griegos no aceptan, y los romanos empiezan a aceptar, es que el trabajo suponga la dependencia de otro. De hecho, en nuestro trabajo, una de las cosas más difíciles de sobrellevar es tener a alguien por encima y Limet no está tan mal orientada en ese aspecto. La antigua Grecia no desprecia el trabajo, de hecho trabajaban mucho, pero no lo llamaban trabajo si no había dependencia de otro. Por ejemplo, no era trabajo para ellos ir al Ágora, aunque pudiera ser una lata: tenían que mandárselo alguien para que fuese trabajo.

MARÍA. –Al final ella resume el trabajo como conectividad y creatividad.

DAMIÁN. –Claro, el asunto es ver si de verdad se trata de creación o si es uno de los vehículos de la ideología del trabajo.

MARÍA. –Con respecto al ocio y la necesidad, Yun Sun los presenta juntos. Ante la rutina alienante del trabajo tiene que estar el ocio –donde el espíritu se evade–, por lo que lo presenta como necesidad, con un objetivo bien claro.

NURIA. –Al principio yo pensé que Limet se quedaba en la superficie, luego, sin embargo, que profundizaba, y ahora vuelvo a pensar lo que pensaba al principio. Desde el punto de vista íntimo de la narradora, y sobre la parte del trabajo, no avanza mucho. Sobre la vida y la muerte –que también habla–, si te estás muriendo creo que escribes otras cosas. Ella deja como cuatro pinceladas para que parezca que se conmueve. En cualquier caso, creo que hay cuatro aspectos que trata muy bien, uno de ellos es la guía de autoayuda para escritorcillos. Después, habla mucho de Séneca, dice que huye de lo público y del control del medio; yo pienso que esto era lo masculino y, por lo tanto, la felicidad según Séneca vendría del rechazo de lo masculino y de cultivar lo femenino. Así que en este genocidio femenino que hemos estado viviendo, nos espera la felicidad más absoluta.

DAMIÁN. –Lo del control del medio tendremos que matizarlo. Nadie es más histérico en el control del medio que la mujer, lo que pasa es que se trata de un medio privado. El otro es el control del medio público, pero lo de controlar el medio toda la especie lo lleva puesto.

MARÍA. –Cuando habla de historia, no pone el trabajo como una maldición, ni siquiera del trabajo del que hablaba el Génesis, que además sería cavar zanjas y cultivar tomates, ya sabéis. Aun así, ella dice que si el paraíso es estar todo el día sin hacer nada, lo encuentra terrible. Luego salta a los griegos y dice que efectivamente el problema está en la dependencia, y eso es muy interesante aunque se trate de la dependencia del tendero con el cliente… Es decir, tener que hacer algo para vender algo sería una especie de autarquía personal. A mí me da que está todo el tiempo mostrando las cosas positivas del trabajo, vamos, diría que el libro es un ensalzamiento del trabajo en sí.

DAMIÁN. –Es lo que decía Jünger, que al punto que hemos llegado, no hay otra cosa que trabajo.

MARÍA. –Sí, pero ella va sacando cosas que no están tan mal.

DAMIÁN. –Pero si no hay más que trabajo en la comunicación social, en la forma de vincularse a los otros sólo hay eso y siempre habrá que buscarle algo bueno… Y por alguna razón habremos llegado ahí.

MARÍA. –De hecho, llega a decir que somos Homo Faber y que no podemos dejar de serlo, y que por tanto hay que buscar la felicidad dentro de ese planteamiento horrible.

DAMIÁN. –Pero lo que Yun Sun Limet dice al final sobre la conectividad y la creatividad, ¿eso es Homo Faber?

AYUSO. –Yo creo que sí. Bueno, entonces desde esta autarquía, el trabajo se convierte en independiente; de hecho, fijaos en los griegos… me ha venido a la cabeza la frase el cliente siempre tiene razón.

DAMIÁN. –Claro, esa frase describe la servidumbre absoluta, esa es la esclavitud y la dependencia de otro. Si tú ya estás trabajando bajo el principio de que hay otro que tiene más razón que tú en todos los casos, da igual que tenga razón o no, ya estás en otro sitio. Ya te están humillando.

MARÍA. –Esa dependencia es parte de lo malo. Limet también habla del control del medio, de la mecanización, aunque mi querido Jenofonte dijera: las artes mecánicas están desprestigiadas y con razón se les hace poco caso. Pero está claro que los romanos vieron la gracia que tenían las máquinas, con ellas ganaron sus guerras… pero hemos llegado a que las máquinas tienden a suplantar todo.

DAMIÁN. –Pregunto: ¿nuestra labor productiva no es la de las máquinas?

MARÍA. –A lo mejor el Big Data, como inteligencia artificial, pero nuestra labor productiva no es la de las máquinas.

DAMIÁN. –Por ejemplo: voy al médico porque tengo una enfermedad, se la cuento, me hace las pruebas y me da un diagnóstico… y yo sólo espero que no falle. Hay muchos lugares en los que no estamos siendo tratados como hombres y mujeres.

NURIA. –Si a lo que te refieres es a que estamos siendo tratados como máquinas, estoy de acuerdo.

DAMIÁN. –Y a que la labor que hacemos también es de máquinas.

NURIA. –Sí, pero un médico no hace lo que una máquina: el médico te mira cosas que quizá para el diagnóstico sean imprescindibles, como el color de la piel, los síntomas, la mirada y el tono de voz.

DAMIÁN. –Pues no sé a qué médico te refieres, yo nunca he visto a uno así. Nunca me han mirado de esa manera.

NURIA. –A mí, sí. Creo que los médicos, por mucho que sigan protocolos pautados mecánicamente o a pesar de que sean más o menos buenos observadores, además de profesionales, son seres humanos. Es decir, yo no quiero que me analice un ordenador porque, para mí, el médico está viendo mil cosas más –si te mira como debe–, aunque no las exprese; te pregunta circunstancias de tu vida personal y por ahí va descifrando, abriendo puertas… o tú, como paciente, le cuentas cosas que son importantes para el diagnóstico, un diagnóstico que es mezcla de aprendizaje, experiencia y trato, observación, conversar, averiguar… llamemos como llamemos a ese sexto sentido que es la humanidad..

DAMIÁN. –Pero todas esas cosas pueden ser implementadas en la inteligencia artificial.

NURIA. –No, hoy por hoy no, quizá en un futuro que no soy capaz de imaginar, pero no ahora mismo. La labor del ser humano al hacer un análisis no es igual que el de una máquina.

AYUSO. –Llegará un momento en el que los médicos se tendrán que dedicar más que a esa parte invisible, emocional, y prescindir de todo lo técnico. Yo prefiero estar con una máquina para todo lo que es técnico, como analítica y todo eso, y que el médico se ocupe del resto.

MARÍA. –Sí, estoy de acuerdo con lo que dices, pero aunque el protocolo sea el de las máquinas, la persona que ejerce la medicina no es una máquina.

DAMIÁN. –Bueno, unos sí y otros no.

MARÍA. –No es lo mismo que yo cultive tomates para mi familia y conocidos, que si compro una máquina para cultivarlos, venderlos y sacarles una rentabilidad… En ese caso la máquina hace otra cosa distinta a la que hago yo.

DAMIÁN. –Pero estamos hablando de que aunque estés tú solo cultivando tomates, te comportes como una máquina. ¿Qué hacemos con los niños? Los mandamos fuera: venga, a la escuela, al proceso industrial.

MARÍA. –El proceso puede ser industrial, pero tú te comportas como lo que eres, un ser humano. Y yo no creo que la máquina vaya a reemplazarnos. La apreciación del infinito es lo que nos va a diferenciar siempre de las máquinas.

CHUS. –Siempre se dice que el médico necesitaría hacer solo un 10% de las pruebas diagnósticas que hace, porque además es un coste económico inmenso. Ve que tienes el pie roto y aun así te manda una radiografía, si auscultándote sabe que tienes un tumor, te manda un TAC… Por qué se hacen tantas pruebas. ¿Para decir yo tenía razón?

AYUSO. –Yo creo que un médico tiene una observación de la singularidad que no se puede clasificar, y eso sólo lo puede hacer un ser humano. Un ejemplo, una mujer con una pancreatitis, gracias a que hay un médico que le hace cinco o seis preguntas empieza a ver porqué tiene una pancreatitis, y una máquina diría mujer, le ha fallado el páncreas, punto.

DAMIÁN. –¿Y por qué una máquina no puede hacer esa pregunta?

AYUSO. –Las máquinas necesitan seguir unas pautas, todo necesita ser clasificado. El asunto es que la naturaleza, la vida, el ser humano, no es clasificable porque todos somos singulares, es imposible hacer un caso para cada uno, y en la medida que no te puedes meter en una caja, no te puede analizar nadie de forma digital. Por eso la Inteligencia Artificial, que cuando no hay una caja, la crea, no es ni parecido.

CHUS. –Aunque la máquina pueda hacer muchas cajas, al final, cuando hay un caso perdido, cuando le dicen al enfermo ya no puedo hacer nada contigo, entra el médico que se pone a estudiar qué pasa con eso para lo que la IA no tiene respuestas. Esa investigación la hará mejor que las máquinas ¿no?

MARÍA. –Por supuesto. Pero siguiendo con el libro, dice que la Edad Media tampoco valora positivamente el trabajo, y va llegando al Renacimiento, donde, gracias al cristianismo, el trabajo se va perfilando como una posibilidad de redención; es decir, tus padres fundadores pecan, les echan del paraíso, pero tú tienes capacidad de redimirte de ese pecado trabajando y pariendo. Es en ese momento en el que se empieza a ver un poco que el trabajo ennoblece. En cuanto al tiempo, lo que dice Limet es que no es su aparición, sino la aparición de su medición lo que genera el problema del trabajo. Evidentemente es una cosa redundante: el tiempo aparece porque lo mides.

IRENE. –Volviendo a lo de antes, la máquina te dejaría sin el derecho a morirte, por ejemplo, no te dejaría porque su trabajo consistiría en mantenernos vivos sobre todo lo demás (ya está pasando con las personas que viven enganchadas a máquinas). Es como meter la lógica del trabajo en el cuerpo humano. Cuando un médico te pregunta si fumas, tú tienes la culpa como paciente.

NURIA. –Porque el individuo es ambiguo.

CHUS. –Según la máquina, no te puedes ni morir. Por eso, es bueno que te trate un humano, aunque solo sea porque tú también lo eres: debe de haber otro, como hemos dicho tantas veces. Para que nos atendiera solamente una máquina, el paciente también tendría que ser una.

MARÍA. –Yun Sun, luego habla de la muerte, pero muy de puntillas. Se está muriendo y solo deja tres o cuatro detalles. A mí me impresionó bastante el sueño que tuvo con su abuela: se abraza a ella y dice que al despertar le embargó una tristeza inmensa.

Sobre el trabajo, habla de que los vínculos débiles son importantes y dan forma a la existencia. Esos vínculos pueden ser el tendero y el portero, con quienes te relacionas cuando sales de trabajar. Se nota quién está integrado con lo que le rodea y quien no se relaciona con nadie.

DAMIÁN. –El que se va a echarse la siesta al banco del parque, por ejemplo.

IRENE. –Yun Sun se enfrenta al trabajo porque piensa que le merma libertad. Su aspiración es ser libre, y es una libertad necesaria para poder escribir. Todo el libro tiene algo de terapia personal.

Luego pensé ¿yo me siento libre?, ¿siento coartada mi libertad personal? Porque, por una parte, sé que tengo que trabajar para tener ingresos, pero por otra soy consciente de que podría trabajar en otra cosa más simple que me llevara menos tiempo. Pero lo elijo yo, por eso digo que no me siento especialmente coartada.

Sun Yun dice que Séneca afirma que hay que encontrar un camino hacia la libertad, y se pregunta si el trabajo permite la felicidad o es un impedimento. Se pasa así noventa y siete páginas, y en la noventa y ocho dice: el trabajo siempre me ha ocupado demasiado tiempo, mi problema es que tengo otro trabajo, la escritura. Ella se acuerda mucho de las cartas de Séneca a su madre, en las que le contaba lo bien que estaba en el exilio, pero estaba bien porque lo habían exiliado, no porque él lo hubiera decidido.

Yo estuve un año sin trabajar y fui muy feliz: también es verdad que fue forzado. Solo en caso de fuerza mayor se da el caso de que el trabajo deja de ser fuerza de preocupación para convertirse en fuerza de disfrute. Yun Sun se refiere a Séneca en gracias a este paro forzoso al que me ha condenado la República, estoy haciendo estas cosas, entonces, la mayor parte de las veces, buscar la vocación se hace por una fuerza mayor.

La parte que más me ha gustado es un párrafo en el que dice todo lo que quiere contar y con el que se podría haber ahorrado muchas páginas: el trabajo acompaña la evolución de nuestras sociedades y se ha convertido en su motor. Pero luego dice: el trabajo, con sus límites y sufrimientos, supone compartir una pertenencia común al Homo Faber, es lo esencial de nuestra condición como seres humanos en el siglo XXI, todas esas horas consagradas a otros, en beneficio de otros, que tanto he lamentado durante mis tristes noches de hospital –frente a los pocos años que sin duda me quedan por vivir, frente a esos instantes arañados, esos intersticios consagrados a la escritura– finalmente eran necesarias, ya no las echo en falta, ellas han hecho posible la escritura de este texto, hacen también posible la escritura. Es decir, cuando ella se preguntaba si el trabajo permitía su felicidad o era su impedimento, la respuesta sería que ninguna de las dos cosas, sino ambas.

Otra parte para reflexionar es la referente a la conectividad y la creatividad. Limet dice que el trabajo proporciona esa capacidad. Al final hace esta reflexión cuando el amigo del padre curandero le dice: tu hija se curará, así que no te preocupes. Y entonces ella se dice: trabajo y escribo para que se cumpla. Creo que eso tiene que ver con otras dos cosas, con que vive y sobrevive, pero siempre con el trabajo como parte de ella. Es decir, que al final acepta ser parte del Homo Faber y no le importa, sino que es parte de sí misma, y como parte de sí, tiene que controlar los huecos para escribir como hacemos el resto de los mortales.

NURIA. –Pues a mí me indigna cuando llega aquí. Está todo el tiempo siendo la más racional, controlándolo todo y al final ¿me viene con el amigo de su padre, que es hijo de una vidente y se vuelve crédula de esas cosas? Entonces, ¿todo lo que ha dicho anteriormente era mentira?

AYUSO. –Esa es la sensación que he tenido también yo.

DAMIÁN. –Si seguís hablando así, quizá tengáis que repasar mucho. (Todos se ríen).

AYUSO. –¿Qué quieres decir?, ¿que es buena?

DAMIÁN. –Estamos leyendo textos que hablan sobre el trabajo, no estamos leyendo a Cervantes.

MARÍA. –Ella dice escribo y trabajo para que se cumpla, y es una forma de decir escribo y trabajo para elevarme.

CHUS. –Al final, es contradictoria en todo.

DAMIÁN. –Una cosa importante, ella opone el trabajo al proyecto, pero al mismo tiempo dice: ¿nos aburrimos en casa? Claro, porque la opción de no estar en el trabajo, en principio, es estar en casa. Mi pregunta es ¿y qué hay en casa?, ¿queremos estar en casa?

NURIA. –Claro, porque hay que tener mucha vida interior y desear muchas cosas para querer estar en casa.

CHUS. –En casa no existen los vínculos débiles, por ejemplo.

DAMIÁN. –Eso está bien.

NURIA. –En casa todo es de extrema intensidad.

DAMIÁN. –¿Qué ventaja tiene un vínculo débil?

NURIA. –Que es pasajero, yo necesito estar triste, contenta, sentir cosas simples, intensas, divertidas, aburridas.

DAMIÁN. –¿Pero qué cosas te dan los vínculos débiles que no te dan los fuertes?

NURIA. –La frivolidad, la superficialidad; por ejemplo, nos ponemos guapos para el vínculo débil, para el fuerte no hace falta.

DAMIÁN. –El vínculo débil te da, por ejemplo, la intención no interesada ¿no?

NURIA. –Sí, te da proyección. Y de alguna manera, contraste.

DAMIÁN. –Puedes tener lo mejor de otro, por ejemplo.

AYUSO. –Yo creo que el vínculo débil te permite vivir otra vida que no es la que tienes con el vínculo fuerte.

DAMIÁN. –Pero qué es lo que te permite el vínculo débil, tiene que ser muy necesario para que nos resulte tan fundamental. Te permite ser más tú, inventar una vida, mentir… y los amigos, en general, te permiten sacar a la luz cosas que no puedes sacar en ningún otro ámbito: ni en el familiar ni en el laboral.

IRENE. –Yo no quiero vínculos débiles, te hacen perder el tiempo. Lo que yo llamo débil; es decir, llamo débil a la falsedad y la hipocresía; otra cosa es estar con seres humanos.

DAMIÁN. –La falsedad solamente si hay un interés de por medio, pero inventas posibilidades con otros, por ejemplo.

IRENE. –Pero se crean vínculos débiles con la esperanza de que se hagan fuertes, ¿o no?

DAMIÁN. –No, necesariamente.

AYUSO. –Los vínculos débiles serían, un poco, como los personajes secundarios, sin ellos no existiría la narración, son necesarios para la cotidianidad, para ser y estar con cualquiera. Y seguramente, para nuestros vínculos débiles nosotros lo somos y está fenomenal. Y yo creo que hay algo del trabajo que nos permite ser más ambiguos que en casa: en la tarea repetitiva se desarrolla el músculo de la ambigüedad.

DAMIÁN. –Te permite interpretar. En casa, como es lógico, te conocen exhaustivamente y tu margen de creatividad es pequeño. Necesitas los vínculos débiles precisamente para extender la creatividad y para explorar tus posibilidades de forma de ser. Las vacaciones en familia no son tan vacaciones; hay una parte de respetar los compromisos con el otro y eso ya es trabajo.

En un momento dado, Limet se pregunta dónde anida hoy lo sagrado. Es decir, antes había un espacio que no era ni el de las relaciones con los otros ni el del trabajo, era un espacio en el que uno se quedaba solo con aquello que es más fuerte y superior a él. Igual que algunos budistas o los cristianos tienen un rincón en la casa donde pueden rezar, y uno público y compartido. Yo creo que lo que Limet se pregunta es: ¿el trabajo habrá ocupado ese espacio de alguna manera imaginario? Y recordemos que en Hesíodo el trabajo albergaba un componente religioso porque enseñaba virtudes que eran buenas para vivir en sociedad.

MARÍA. –Pero no hay un religare, no hay nada que dé sentido ahí.

NURIA. –Sobre todo, no hay nada que no se pueda tocar, nada sagrado que se respete por todos por igual.

IRENE. –Yo creo que hay una sacralización de los vínculos débiles: el ser otro, el vestirte, el no tener una intimidad, porque tener muchos vínculos débiles no implica que existan al tiempo otros intensos que los compensen; ni siquiera que se vayan a crear. No entiendo a esta gente que no se conoce y se abraza. Creo que son relaciones que no implican compromiso.

CHUS. –Pero la relación de trabajo implica compromiso.

MARÍA. –Sí, pero te puedes inventar un perfil y mentir lo que quieras.

DAMIÁN. –Todos estamos de acuerdo en que los vínculos fuertes son los buenos, pero el trabajo no puede estar solo produciendo enajenaciones, tiene que estar produciendo otras cosas. Qué cosas, esa es la cuestión. Y, por otro lado, ahí están los vínculos débiles, que tampoco nos vienen tan mal. Si solamente tuviéramos ese tipo de vínculos, entonces sería otro asunto.

CHUS. –¿Sabéis quiénes tienen los vínculos más débiles en una empresa? Los hombres.

AYUSO. –Cierto. A estos vínculos débiles, que son reales, se los ha estado intentando convertir en fuertes durante mucho tiempo.

DAMIÁN. –Llevar a la familia como si fuera una sociedad limitada y trabajar los negocios como si fuera una familia, da resultados. Te llevas los vínculos débiles a la familia y los fuertes a la empresa, y todo va mejor.

AYUSO. –No me parece que la gente pueda estar en los dos sitios, está a un lado o a otro.

CHUS. –Muchas veces puedes hablar y hacer cosas con los vínculos más débiles que con los fuertes. Y, es más, creo que engañas menos.

MARÍA. –El problema es cuando vives un vínculo débil y lo confundes con uno fuerte.

AYUSO. –Pero yo creo que de un vínculo débil puede salir uno fuerte, y que uno fuerte puede estar muerto y haberse convertido en débil.

IRENE. –Pero en la relación con un vínculo débil, te puedes reír de lo que te pase, y en uno fuerte no. Ese es el drama.

Referencias externas

Amar la vida (Wit). Dirigida por Mike Nichols. EEUU, 2001.

Entrevista a Yun Sun Limet. Programa Des mots de minuit Emisión de Philippe Lefait. France 2, 2010. – VO francés

Extracto de la intervención de Yun Sun Limet. Café Literaire de Bollène – VO francés

Noticia de la muerte de Yun Sun Limet. Revista La actualitté. Les univers du libre. Francia, 18 de junio de 2019.

Bibliografía

Sobre el sentido de la vida en general y del trabajo en particular. Yun Sun Limet.

Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad. Lucio Anneo Séneca.

El miedo el portero al penalti. Peter Handke. 

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