An-40 El estoicismo romano y la reinterpretación del ethos griego

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento IDENTIDAD

Algo cambió en el lenguaje moral y en la filosofía de la existencia en el paso del mundo griego al romano. Entre otras cosas, que los romanos se encontraron con un imperio sin habérselo propuesto y, en consecuencia, con unas necesidades de comunicación legales y políticas que les obligaron a avanzar deprisa en el campo de la regulación de las relaciones humanas. Eso influyó en el lenguaje, desde luego, pero también en la actitud y la naturaleza de los individuos hacia sí mismos, además de hacia los otros.

La vida interior y la vida exterior se separaron de una manera que no conoció la polis griega. La persona, la máscara, se estableció como un modo de presentación en sociedad y de consideración entre los otros. Lo espiritual se entregó a la pura experiencia individual y se replegó al interior de uno mismo.

El choque de las dos lenguas, la social y la interna, hizo difícil encontrar un lenguaje para lo que los griegos llamaron carácter y alma. La construcción personal y el mundo del espíritu ya no se reflejaban en las relaciones de la comunidad o políticas a través de grandes procesos paidéticos como fueron las tragedias. Individuo y comunidad se distanciaron y el cristianismo adoptó esa lejanía en su moral y en su conducta.

El gran teórico de esta disociación es Séneca.

 Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad - Séneca
Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad - Séneca

Lectura

Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad - Lucio Anneo SÉNECA

Resumen

Séneca ha ejercido una influencia permanente en la literatura y filosofía occidentales, y su obra contiene una formulación muy relevante de las ideas del estoicismo y constituye uno de los modelos más destacados del canon ensayístico universal. Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad reúne tres tratados —De brevitate vitae, De vita beata y De otio— que examinan algunas de las cuestiones cruciales de la ética de todos los tiempos: la relación del placer con la virtud, la búsqueda de la felicidad, el concepto de naturaleza aplicado al ideal humano, la supremacía de la razón, el empleo del tiempo y la dignidad del retiro. Séneca representa un momento cumbre del diálogo en la tradición filosófica y literaria, y por ello como lectores somos invitados a ser interlocutores de esta importante conversación sobre el arte de vivir.

LIS. –Ha sido interesante la lectura, sobre todo porque de estos textos se consiguen muchas ideas interesantes. Os leo algunas:

No tenemos un tiempo escaso, sino que perdemos mucho tiempo. 
La existencia se le expande mucho a quién bien la organiza.
A vivir, hay que estar aprendiendo toda la vida, y algo que te va a extrañar aún más, toda la vida hay que estar aprendiendo a morir.
El tiempo se considera muy barato, más todavía, que su precio casi es nada cuando es el bien más preciado. 
Pero llegará entre tanto la muerte para la cual, lo quieras o no, habrás de tener tiempo de sobra.
No están desocupados aquellos cuyos placeres suponen mucha ocupación.
Ninguno de estos sabios te obligará a morir, todos te enseñarán a ello. 
Ninguno de estos sabios gastará tus años, te prestará los suyos. 
Con ninguno de estos será peligrosa la charla y con ninguno será la amistad comprometida.

La dificultad estriba en que Séneca es uno de esos sabios con los que, en principio, resulta difícil no estar de acuerdo, así que intentaré resumir lo que creo que es la base de su pensamiento, sobre todo en lo referente a cómo valoramos el tiempo y el desconocimiento que tenemos de él, a la búsqueda absurda de los bienes materiales y al desprecio de aquellos otros bienes, intangibles, tan propios del ser humano, al poco respeto que tenemos hacia los demás y sobre todo hacia nosotros mismos, al terror a la muerte sobre la que nadie piensa pero que siempre llega, a la necedad de recordar lo banal y no lo que es esencial a la vida, y a la incapacidad de vivir el presente sin experimentar temor al futuro y avergonzarnos del pasado. Es decir, esto es mucho, está bien dicho y escrito, aunque a mí me parezca que a Séneca se le puede aplicar eso de consejos vendo que para mí no tengo.

DAMIÁN. –¿Por qué?

LIS. –Porque es fácil hablar sin aplicarse el cuento. Es una ideología exquisita a la que intentamos llegar aun sabiendo a priori que es materialmente inalcanzable. Séneca también lo sabe y es consciente de que nunca será capaz de aplicarse sus propias recetas. Siempre fue inmensamente rico, perteneciente a la clase alta, político de renombre y tutor de Nerón. De todo esto se aprovechó y siempre quiso alcanzar y ejercer el poder como hizo cualquier otro hombre de su tiempo. Lo que más me impresiona es que después de toda una vida dando lecciones y recetas a los demás, se enfrentase a la muerte de forma tan poco decidida, aunque haya versiones diferentes. En todo caso, su muerte se dilató demasiado para alguien que llevaba media vida preparándose para ese momento.

DAMIÁN. –Dice textualmente que el filósofo no tiene por qué cumplir aquello de lo que habla, su tarea es decir lo que dice, no seguirlo él mismo a rajatabla.

AYUSO. –Pero tampoco deja la política, las riquezas, la buena vida que lleva… todo lo que dice no son más que ideas sublimes… Vamos, que ni lo intenta un poco.

DAMIÁN. –Tú tienes que cumplir lo que dice Séneca, pero no él… Según decís él tiene que ser consecuente y vivir de acuerdo con lo que proclama, en cambio, a nosotros nos lo da gratis sin que nos sintamos obligados a cumplirlo, ¿no? Entonces, quizá los que lo hacemos mal en la vida somos nosotros.

PABLO. –Yo no puedo leer a Séneca sin contextualizarlo, no me parece bien.

DAMIÁN. –¿Se puede criticar a los filósofos porque no cumplen lo que dicen? Yo creo que, en tanto que filósofos, no se les puede hacer ese reproche. 

LIS. –Por eso he dicho que es una ideología exquisita que los demás aspiramos a seguir, pero no renuncio a ver al personaje en su integridad.

DAMIÁN. –No sé si me entiendes, lo que digo es que su tarea es concebir…

AYUSO. –Entiendo perfectamente bien lo que dices, pero sigo opinando que, más allá de que me guste lo que dice, si miro su vida, yo empiezo a tener dudas.

DAMIÁN. –¿Pero por qué no vas a creer una cosa porque simplemente no pueda cumplirla?

AYUSO. –No es sólo eso. Lees a Séneca y en unos cuantos párrafos te explica que es posible seguir los pasos o la estela de los verdaderos desocupados, pero luego no hayas rastro de ellos porque con los que él convive –con aquellos que trata a diario y con los que hace sus negocios y le permiten alcanzar la fortuna y la fama– son la peor basura de Roma. Todo lo contrario que Sócrates, por ejemplo…

DAMIÁN. –Eso son las contradicciones de la filosofía.

EVA. –Da por hecho que el filósofo es moralmente superior y hoy en día ya sabemos que no hay nadie moralmente superior.

DAMIÁN. –Pero dónde habéis leído que él se crea moralmente superior.

PABLO. –Pone verde a todo el mundo sin hacerlo consigo mismo.

DAMIÁN. –No les pone verdes, los juzga… otra cosa es que sea malo juzgar, pero juzgar lo puede hacer cualquiera.

PABLO. –Si tú juzgas, ten por seguro que te van a juzgar a ti. Él juzga y nosotros le juzgamos a él. Juzgar es peor todavía que criticar.

DAMIÁN. –Dejando aparte esto de juzgar… nosotros adjudicamos cualidades morales a quienes nos dicen algo interesante –no tienen por qué ser filósofos, puede ser cualquiera–, lo que en el estoicismo puro no se conceden, así como así. Cuando lees a un romano, se le entiende, es claro como el cristal, no se mete en la oscuridad. No reaccionamos por lo que dice, sino por la forma en que lo dice… y por decirlo de esa manera, ya no es lo mismo.

AYUSO. –Claro, es que lo dice de una forma moralmente superior, aunque luego lo que dice se pueda o no seguir o al menos discutir sobre ello.

PABLO. –Posee la capacidad de dar pinceladas grandiosas, impactantes, como cuando habla del tiempo.

DAMIÁN. –Lo que está claro es que hay algo en él que nos parece mal. No está en la posición del que investiga, esa postura a la que nos tienen acostumbrados Aristóteles o Platón y que Séneca desconoce por completo. Pero lo que dice, por lo menos es digno de ser discutido.

PABLO. –Por supuesto que sí, el mensaje central de lo que dice y que merece ser discutido lo resumo en: estás perdiendo tu vida y tu tiempo ocupado en tonterías, más te vale mirar al pasado y sopesar lo que has hecho, ponerte en paz contigo mismo y mirar al futuro, que no es otra cosa que prepararte para recibir la muerte con dignidad. Acepto que me gusta el mensaje y me emociona.

DAMIÁN. –A mí ese mensaje, sin embargo, no me impresiona lo más mínimo.

PABLO. –Me emociona porque es una doctrina fácil de aceptar.

CHUS. –Pero ese adoctrinamiento establece una diferencia sustancial con la forma de pensar de los griegos, es lo opuesto a lo que ellos hacen.

DAMIÁN. –Y además resulta duro hablar a los otros con esa crudeza, no es justo tratar cosas que son complejas y oscuras como si fueran claras y fáciles.

EVA. –A mí la primera lectura me impactó mucho, pero después me sentí engañada e intuí la enormidad de sus trampas.

DAMIÁN. –¿En su vida o en su pensamiento?

EVA. –En el pensamiento que intenta inculcarnos subrepticiamente.

DAMIÁN. –Bien, porque en su discurso sí que nos interesa saber dónde están las trampas… El problema de todos estos consejos morales es que, si les damos la vuelta, también funcionan.

EVA. –Eso es. Y otra cosa que me decepciona es que habla continuamente del pasado y del futuro, pero es casi imposible hallar en él una descripción de lo que es el presente, máxime cuando no hace otra cosa que acusar al resto de la humanidad de no saber vivir el momento.

DAMIÁN. –Sí, puede que tengas razón. Yo os diría que, debido a su forma de hablar, le estáis adjudicando sus propios defectos y creo que os equivocáis: hay que verlo sin tener en cuenta su vida. Tenemos que centrarnos en la manera en que habla y en lo que dice, y admitir que quizá lo haga así porque se conoce bien a sí mismo. Desde este punto de vista, lo importante no está en la actitud del que investiga, sino en que nos lo dice de una manera que implica un conocimiento de primera mano de sí mismo, de lo que repudia.

CHUS. –En la Ética de Aristóteles se afirma que los textos de los filósofos debían tener tres o cuatro cualidades para ser buenos, y una de ellas era que debía haber una lógica interna entre el sujeto y el texto.

EVA. –Y además, yo me pregunto por qué Nerón quiso matar a quien le había enseñado todo.

CHUS. –Nerón fue un buen emperador en general e hizo lo que se espera de un buen gobernante: crear prosperidad. Pero parece que desarrolló algún tipo de trastorno paranoide probablemente basado en la certeza de que la mayoría de los que estaban a su alrededor preferían verle muerto, que, por otra parte, es la idea central que organizaba el poder palatino en la época de los Julios. Con estos cimientos psicológicos, y teniendo en cuenta el poder del que disponía, hizo lo que hace todo buen psicótico con manía persecutoria: fijarse en los que tiene más a mano. Séneca fue solo uno entre muchos.

AYUSO. –Lo que se plantea en el texto es una exigencia de no perderse en las pasiones, los excesos, la ambición y la negligencia. Su argumento es que somos derrochadores de tiempo y que la parte de vida que vivimos es escasa porque el resto no es vida, es mero tiempo. Y aunque estemos de acuerdo, en realidad Séneca habla para sí mismo y un escaso grupo de mortales que son casi como dioses del Olimpo. Lo que hace es imitar el estoicismo clásico y desparramarlo a base de aforismos para que todo el mundo lo entienda y sepa lo que está haciendo mal, pero deja de lado lo verdaderamente importante: la vida misma y la comunidad en la que vive. Se queda en la superficie, no hace un solo intento de profundizar.

DAMIÁN. –Eso es. Aquí sí que se nota el imperio. Esa falta de profundidad es lo romano puro y está muy pegado al cristianismo, cualquiera lo puede entender.

AYUSO. –Claro, y lo que hace con esta forma de enseñar a base de aforismos es adoctrinar.

DAMIÁN. –Tal vez debiéramos reflexionar sobre cuál es la diferencia entre la democracia en comunidad o polis y la democracia en un imperio.

AYUSO. –Es la gran diferencia entre Platón y Séneca. No hay color entre ellos.

CHUS. –¿Por qué dais por hecho que era mejor la democracia griega que la romana?

EVA. –Cuando el asunto vital gira entorno a los otros y no solo a uno mismo, es mucho mejor: lo sabemos. Además, los filósofos eran muchísimo mejores.

CHUS. –¿Y eso qué tiene que ver con la calidad democrática de un sistema político? Ni siquiera Nerón se planteó alterar seriamente los esquemas de poder republicanos, de hecho, los respetó siempre. A esas alturas, los equilibrios de poder funcionaban bastante bien, entre otras cosas había mucha más participación política en Roma que en Atenas, mucha más capacidad de elección y un diseño de contrapoderes mucho más perfecto.

DAMIÁN. –No es una diferencia de gobierno, ni de quiénes eran más corruptos, la diferencia estriba sobre todo en el lenguaje. Cuando conoces a los tuyos, conoces sus tragedias… digamos que es una situación política. Pero cuando tienes un imperio, tu relación con los otros es diferente, aunque concibieran cosas increíbles como el derecho civil, por ejemplo.

PABLO. –El imperio crea expectativas de mejora vital para todo el mundo que lo habita. Incluso si eras esclavo podías superar esta condición y tus hijos podían llegar a ser ciudadanos libres. Todo habitante del imperio tiene algún tipo de derecho con más o menos privilegios, pero siempre con garantías, circunstancia que, por otra parte, logra la cohesión política de una manera hasta entonces desconocida.

DAMIÁN. –Lo que no existe ya es la lengua con la que los griegos pretenden hablar al alma… aparece la lengua con la que uno tiene que comunicarse con los otros. Es decir, cuando la comunidad es pequeña, la lengua sigue buscando cómo entender lo profundo y cómo provocar el cambio, la novedad… por mucho que nosotros seamos los mismos y tengamos los mismos intereses o hagamos las mismas cosas. El hecho de que el romano sea tan técnico en todo lo que hace es muy importante porque tiene que hablar a mucha gente. Es cierto que Roma se empeñó en crear una comunidad universal, nos parezca eso mejor o peor. Los romanos intentaron extender algunas ideas y, sobre todo, mantener cierto equilibrio, porque en un corto periodo de tiempo tuvieron el mundo en sus manos sin que hubiese otra fuerza conocida capaz de oponérseles. Eso no quita que el habla de la democracia imperial sea distinta del habla de la democracia de la comunidad.

EVA. –Pero Marco Aurelio era romano y no hablaba así… Séneca dice que para ser feliz tienes que leer a los clásicos y Marco Aurelio que para ser feliz tienes que pensar todos los días en el Todo. Yo veo una gran diferencia, algo abismalmente distinto.

DAMIÁN. –Marco Aurelio es romano y usa un lenguaje para romanos. Eso tan famoso de nunca te acuestes sin un pensamiento para el Todo jamás hubiese salido de la boca de Platón, a quien lo que tu hagas le da exactamente igual, Platón no aleccionaba ni daba consejos…

EVA. –Pero Aristóteles sí, dice busca lo que se baste a sí mismo

DAMIÁN. –No, lo que está diciendo es que la felicidad consiste en eso, no está pidiendo que se haga. Tenéis que entender bien este matiz: los griegos no están intentando comunicarse contigo, están intentando comunicarse con la verdad de las cosas, no es una relación de individuo a individuo, que es lo que se nota en Séneca. También es así para nosotros por la presencia de los otros en nuestra vida, y eso es lo que nos diferencia de la mentalidad del hombre antiguo.

Sin embargo, ni el pensamiento de soledad ni el pensamiento de agobio aparecen nunca en un pensador griego. Para ellos sería algo ilógico. Estos pensamientos, en relación con la presencia o no de los otros, aparecen en la época imperial romana y nos son propios porque somos intensamente romanos. Por eso en nuestra sociedad hay un rechazo enorme al lenguaje oscuro. Casi nadie se dice a sí mismo que es tonto porque no entiende algo, pero si el otro te enseña algo que tú no entiendes y no haces el esfuerzo de comunicarte con esa alma, digamos, lo que piensas es que no se entiende, que no es tu asunto... Eso es vivir en un imperio, eso es lo que hacen la globalización y el cine americano, por ejemplo, nos imponen su forma de hablar, acabamos usando las expresiones que ellos quieren sin que parezca que lo que están haciendo, es crear un leguaje imperial que todo el mundo acaba asumiendo como propio.

AYUSO. –Y claro, el lenguaje crea realidades. Volviendo a Séneca, en Sobre la brevedad de la vida es donde profundiza más. Sin embargo, en Sobre la felicidad y el ocio me parece que no está muy acertado. Al fin y al cabo, Séneca pertenece a un grupo político y su intención es el adoctrinamiento interno mediante una defensa férrea de lo que él entiende por estoicismo. Siguiendo este guion es cuando consigue las frases más lapidarias y bonitas sobre la brevedad de la vida, sobre vivir y morir, sobre las formas de malvivir… formas que yo creo que acaba confundiendo con el ocio.

DAMIÁN. –En latín, ocio es lo opuesto a negocio, es decir, atacar el otium es defender el negotium.

AYUSO. –También define los tiempos de la vida: el que fui, el que soy y el que seré. Dice que las mentes más serenas recorren todas las partes de la vida, mientras los muy ocupados no tienen tiempo de hacerlo… pero el presente se le escapa. ¿Qué hace todo el día leyendo a los antiguos, si se le escapan cosas como el amor, las relaciones, los amigos, me pregunto?

DAMIÁN. –Que alguien no haga un discurso sobre lo que sea, no quiere decir que no tenga imágenes mentales asociadas a dicho discurso supuestamente ausente. Hay que tener cuidado con estas interpretaciones o distorsiones tan automáticas que tenemos, como creer que solo los listillos semicultos son capaces de pensar con profundidad.

LIS. –De acuerdo completamente, pero parece como que Séneca se limita a dar recetas y a decir que para ser felices hay que leer obligatoriamente a los antiguos, sin percatarse de que hay otras formas de alcanzar la felicidad.

AYUSO. –Séneca habla de la necesidad de estudiar en el sentido de labor memorística, de acumulación de datos, fechas, de la necesidad de la erudición, digamos, y critica sin embargo sin piedad la poesía. Y con respecto al trabajo, la felicidad que se nos pueda presentar en forma de seguridad, dedicación y reconocimiento social, es para Séneca una pérdida de tiempo y de vida absoluta, como si realizando esa actividad perdieses la perspectiva correcta de la realidad.

DAMIÁN. –Bueno, lo que dice textualmente es que preocuparse y ocuparse es perder la vida... con preocuparse bastaría, pero según él, la ocupación es preocupación. La ocupación no es como la meditación, que profundiza, si no que el ámbito del trabajo genera preocupaciones. La principal labor del trabajo es crear preocupaciones en un sistema en el que éstas se han convertido en el sistema de comunicación general en esta sociedad imperialista y nos va alejando a su vez de la sabiduría y de la vida. Si observáis un poco las conversaciones que se mantienen en las ciudades, estas versan sobre preocupaciones. Te quitan la vida, pero se establece como comunicación.

PABLO. –Según he entendido, lo peor son los desocupados porque están perdiendo la vida, ¿a quiénes se refiere?, porque no lo dice.

DAMIÁN. –Es un término que privilegia lo ocupado.

PABLO. –Entonces los desocupados deberían ser los filósofos.

DAMIÁN. –Para que la palabra sea positiva el que habla tiene que ser ocioso, salvo que le des una connotación negativa.

EVA. –Pero, qué es el trabajo.

CHUS. –Leí algo hace tiempo un texto de los años sesenta que decía que en el futuro no sería tan importante tener un trabajo de muchas horas. Habría que preguntarse qué hacer con el tiempo de ocio y anticiparse a ello educando a las personas antes de que ocurriera.

DAMIÁN. –Porque el ocio se ha convertido en un trabajo: hay que organizarlo igual y cada cual se preocupa por organizarlo bien. Nuestra sociedad no distingue entre ocio y negocio.

AYUSO. –Lo que Séneca propone es que dediquemos el ocio a la búsqueda de la sabiduría.

EVA. –El verdadero ocio es muy difícil de comunicar porque enseguida genera relato, hay que explicarlo, hay que rellenarlo.

DAMIÁN. –Así es, la posesión del trabajo como sistema de comunicación. Los valores en las estructuras y el carácter de una sociedad se perciben en lo que dicha sociedad comunica todo el tiempo.

AYUSO. –Pero la ocupación de Séneca no es el ocio, al menos no lo que nosotros entendemos como tal. Creo que él entiende por ocupación toda tarea que distrae de lo que es importante. Él dice que hay que cultivar el espíritu, los deseos. Ser un artesano puede ser eso, ¿no?

DAMIÁN. –El problema de la ocupación, es decir, el del trabajo, es que genera pensamiento. Lo llamamos preocupación en tanto que nos ocupa la mente.

PABLO. –Después de tanto tiempo trabajando, no tengo todavía claro qué es el trabajo.

DAMIÁN. –Es emplear tu energía en transformar cosas, objetos, que pueden ser mentales, intelectuales o físicos.

PABLO. - Entonces, qué es el no trabajo. 

DAMIÁN. –El no trabajo –y esto lo dice muy bien Séneca– es concentrarse en la quietud de las cosas, no transformar nada con energía, y tampoco pensar demasiado.

PABLO. –¿Y qué es preocupación?, tener una idea, una imagen, creo.

DAMIÁN. –La preocupación en Séneca es lo que te hace daño y te impide que puedas pensar en las cosas que la vida te está ofreciendo y que, por tanto, se te pase la vida sin darte cuenta de que el tiempo está pasando.

PABLO. –Es decir, que para ocuparte de algo tienes que preocuparte por ello.

DAMIÁN. –Séneca lo dice muy claro: es lo mismo ocuparse que preocuparse. Por eso la ocupación es mala, es lo que genera preocupación.

CHUS. –Cuando conviertes algo en trabajo es cuando te empiezas a preocupar.

AYUSO. –Entonces todo es trabajo. Cada vez que tienes una idea de algo que vas a hacer es una preocupación, ¿o es ya una ocupación? Tú tienes una idea, y hasta que la terminas ¿estás preocupado u ocupado?

DAMIÁN. –Todo se convierte en ocupación cuando organiza el tiempo de la vida y conlleva preocupación.

JAVIER. –Pero, por ejemplo, tienes un hijo muy pequeño y te preocupas, pero no es trabajo. No todas las preocupaciones son trabajo. Es algo que no me ocupa ni me preocupa, en realidad es algo distinto. Pero yo no estoy preocupado, no estoy todo el día dándole vueltas a ver si le pasa algo.

DAMIÁN. –Cuando hablamos de trabajo resulta difícil reducirlo a una demostración de tipo empírico, porque hay demasiada variabilidad. Por ejemplo, cuando alguien escribe ¿está trabajando? Yo no.

PABLO. –Pero podrías estar trabajando.

DAMIÁN. –Claro, una tarea puede ser una cosa u otra, así que la tarea no define el trabajo.

CHUS. –Puede que estemos hablando de manera muy literal sobre lo de preocuparse, como si fuera imaginar o prever. Preocuparse es una manera de andar siempre alrededor de la experiencia sin entrar nunca en ella. Por ejemplo: gente que cuando viaja no está viajando sino trabajando… Cuando no quieres que algo que llevas a cabo sea trabajo, lo primero que haces es eliminar de dicha tarea toda estructura de preocupación.

DAMIÁN. –¿Estar aquí es un trabajo para mí?, pues depende. Cuando lo que digo no se entiende y tengo que ocuparme de los demás es un trabajo.

EVA. –Pero no solo para ti, también para nosotros.

DAMIÁN. –Sí, también para los demás. Pero cuando todo va bien y avanza dentro de tu cabeza, de repente deja de serlo. No tiene nada que ver con la remuneración económica, sino con la preocupación. Siempre preguntamos qué tal te va en tu trabajo, pero la pregunta que deberíamos hacer es ¿te preocupa tu trabajo?, porque si es así, está desplazando otros aspectos de tu vida y no te deja gestionar bien el tiempo.

CHUS. –Entonces, tú eres según tu trabajo... somos, según nuestro trabajo y la preocupación nos causa tristeza.

DAMIÁN. –Sí, es un daño que socava el carácter y la organización del tiempo: el que está preocupado por su trabajo, cuando llega a casa sigue en él.

CHUS. –En este sentido la Revolución Industrial ha sido negativa para el ser humano porque ha convertido el trabajo en algo repetitivo que necesariamente preocupa y no en algo que nos construye como individuos.

DAMIÁN. –Puede ser peor o igual el trabajo creativo: es trabajo porque te ocupa igualmente o incluso más. Cuanto más te involucras, más te preocupas. ¿Os acordáis de la defensa que hizo Diderot del trabajo rutinario? Lo defendía porque no preocupaba.

EVA. –Lo peor de trabajar de creativo en una agencia de publicidad es la imposibilidad de trabajar mecánicamente, es algo que genera mucha angustia.

DAMIÁN. –Es lo que nos han vendido como vocación…

EVA. –Hace años trabajaba como programadora y me cansé, lo dejé todo y me fui unos meses a Londres. Me costó mucho acostumbrarme a recoger y limpiar habitaciones en un hotel, aunque luego empecé a trabajar en un hospital donde me pagaban mucho más. Eran peores trabajos, pero no me preocupaban nada.

DAMIÁN. –El trabajo te obliga a estar en un espacio y un tiempo predeterminado, puedes estar físicamente en ese espacio, pero tu cabeza puede estar en otro lado, en el que tú quieras.

CHUS. –Mi jefe se preocupa cuando percibe que alguien no está preocupado por el trabajo. Para él es síntoma de que no trabajamos lo suficiente, y así aumenta su preocupación. Su baremo para calcular lo que se trabaja es el grado de preocupación, por eso este libro me parece todo un hallazgo.

EVA. –El otro día hablábamos de poseer el trabajo o no.

DAMIÁN. –Sí, es otra concepción.

EVA. –Cuando hacía camas no poseía el trabajo, pero cuando programaba, sí. Lo de la preocupación no lo entiendo muy bien. Yo me preocupo cuando no tengo trabajo; entonces ¿no tener trabajo es un trabajo?

DAMIÁN. –Cuando la gente no tiene trabajo no está preocupada, tiene ansiedad, que es otra cosa distinta. La preocupación es que lo que te ocupa y empieza a ordenar tu tiempo, tu forma de reaccionar, cómo te consideres... El trabajo es una ideología, y en esto estoy de acuerdo con Junger cada vez más; y como ideología tiene un sistema de comunicación perfecto y organiza totalmente tu tiempo, pero no el tiempo del día, sino la forma en que tú piensas el tiempo, de tal modo que cuando llega el sábado y el domingo sigues pensando el tiempo en términos laborales: a qué dedico este trozo horario, a qué dedico este otro... Y ahí es donde está el verdadero problema: el trabajo te está planificando la vida permanentemente. Es a lo que se refiere Séneca cuando dice que no te puedes detener y disfrutar de lo que él llama la profunda quietud de las cosas. Estar sin espacio ni tiempo es necesario para el ser humano, es necesario soñar. Pero el trabajo aspira a ocuparse también de los sueños, de las zonas sin espacio y sin tiempo que tenemos en la vida.

EVA. –Lo entiendo, pero todo eso lo puedo aplicar al amor... o a la pareja..., no es exclusivo del trabajo. El amor también quita espacio y tiempo.

DAMIÁN. –Pero, el trabajo es a lo que más tiempo dedicamos. Y efectivamente, en el amor y en las relaciones también se da. Creo que todos, aunque estemos comiendo mientras vemos la tele, podemos estar trabajando, y sin embargo en otros momentos, aunque estemos trabajando, no lo estamos haciendo. Lo primero que hace el trabajo es suscitar la pregunta ¿y si no lo tuviera?, ¿y si me quedo sin él? Y la misma creación de esa preocupación es producto del trabajo.

EVA. –Pero qué es lo exclusivo del trabajo, porque hasta ahora lo que hemos dicho aquí me vale para todo, para la vida, para la pareja…

DAMIÁN. –Estás partiendo de una observación equivocada; lo estás viendo al revés. Es el trabajo el que inicia esta forma de relacionarse con la vida y el tiempo... no es el amor, es el trabajo… porque cuando con cinco años vas al colegio, vas a trabajar: así empieza el aprendizaje.

EVA. –Entonces a la pregunta qué es trabajo, hay que responder que trabajo es sociedad. La sociedad de la Revolución Industrial produjo una idea de trabajo comunitario propia de un entorno urbano. Es decir, si no viviéramos en ciudades, si no tuviéramos el cristianismo, no estaríamos trabajando y estaríamos viviendo. El que no tiene un trabajo remunerado, trabaja, el que está en el paro, trabaja… todo el mundo trabaja, luego trabajo es sociedad.

AYUSO. –Para mí la clave está en la palabra contemplación. ¿Os acordáis la última vez que estuvisteis en un estado contemplativo? La mayoría de la gente lo ve como una pérdida de tiempo.

LIS. –Séneca dice que el ser humano está hecho para dos cosas: la acción y la contemplación. Y está claro que lo cumplimos, hasta la teoría de la evolución es trabajo. Para nosotros, la contemplación es algo raro.

DAMIÁN. –La preocupación organiza el tiempo.

CHUS. –Entonces me sale que todos somos trabajadores.

AYUSO. –No estoy de acuerdo. Hay quien se preocupa por todo sin que tenga que ver con el trabajo. A todos nos preocupan algunas cosas y otras no, y yo pregunto: ¿nadie está preocupado por otras cosas que no tienen que ver con el trabajo? Ahí lo dejo.

DAMIÁN. –Acordaos del discurso de Pericles. Es como desplegar esfuerzo sin preocupación, al contrario de los espartanos en los que todo gira en torno a la preocupación y el esfuerzo que conlleva. Pericles dice: nosotros hacemos esfuerzo, pero sin preocupación, por eso no nos entrenamos como ellos y podemos ganar igualmente a cualquiera. ¿El resto de los atletas griegos eran menos fuertes que los espartanos? No, lo que pasa es que el sistema es otro, el de la no preocupación, el que desemboca en la famosa areté ateniense: en la construcción de la virtud que controla el esfuerzo que despliegas. Es sencillamente aquello que controla lo que quiere controlarte a ti.

Recapitulando hemos llegado a elaborar dos ideas muy importantes. Una es la posesión del trabajo como tal, y otra la preocupación; cada una con sus ramificaciones. El trabajo no tiene nada que ver con el salario, ni con el despliegue de energía o esfuerzo, sino que parece estar contenido en la relación que uno tiene con él. En consecuencia, el ocio también puede ser negocio. El trabajo es estar aquí, o donde sea, y no poder salir de ese tiempo y de ese espacio.

Con las nuevas tecnologías y con la gente trabajando desde casa se ha conseguido que el espacio no se mueva, pero que el trabajo se multiplique porque el tiempo también aumenta. Tendemos a creer que todo esto es consecuencia del progreso, pero el progreso ha llegado por una ideología preexistente que era la de trabajar.

PABLO. –Y, ¿de dónde viene esa idea, de los romanos o es anterior? Podemos adjudicarle un tiempo histórico determinado. 

DAMIÁN. –Yo nunca lo había visto tan claro como en Séneca: trabajar es una idea preexistente muy antigua.

Referencias externas

Séneca. Teatro dirigido por Pedro Palop. Realización Pilar Miró.  Estudio 1 RTVE, 1971

Séneca después de abrirse las venas. Pintura de Manuel Rodríguez Sánchez. Madrid, 1871. Museo dl Prado, Madrid.

De la brevedad de la vida. Lucio Anneo Séneca. Audiolibro. Junta de Andalucía.

Biografía de Lucio Anneo Séneca. Biografías.info Sobre la brevedad de la vida, el ocio y la felicidad. Lucio Anneo Séneca.

Bibliografía

Ética a Nicómaco. Aristóteles.

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