An-3 El dios creador del Génesis. Estructura de la creación divina

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS – Sentimiento CREACIÓN

¿Por qué crea Dios el mundo? ¿Por qué crea Dios al hombre? Sin duda esta creación y este creador son los modelos que históricamente han forjado nuestra mentalidad acerca de la creación y del creador. La soberanía de la palabra, la creación de la nada, el caos y la confusión reinante antes del orden que impone la voluntad de crear. Por otro lado, la acción que nos ofrece Génesis no es unívoca: hay diferentes formas de crear –directamente, interpelando, incluso fallando- y esas formas de crear están relacionadas con los seres creados. No se crea del mismo modo al hombre que a los astros, ni tampoco con la misma intensidad. El creador, finalmente, acaba afectado y transformado por lo que ha hecho y termina siendo objeto de su propia creación.

 Detalle Adán, Eva y la serpiente. Iglesia en la isla de Gotlan (Suecia)
Detalle Adán, Eva y la serpiente. Iglesia en la isla de Gotlan (Suecia)

Lectura

Génesis, 1 - Biblia de Jerusalén

Resumen

La búsqueda de las razones que tiene el Dios del Génesis para crear el mundo y la creación del hombre a su imagen y semejanza serán un camino de este diálogo. Se hablará de las formas de imaginar a Dios, del acto de creación y su capacidad para crear imágenes mentales, de la importancia de lo creado para tener imagen del que crea, del principio de oposición.

ANTONIO. –Un Dios que, por primera vez en el pensamiento antiguo, es anterior a todo y decide por su voluntad.

DAMIÁN. –Si Dios es producto de su voluntad, entonces esa voluntad es anterior a Él mismo.

ANTONIO. –De acuerdo. Dentro de nuestra manera de pensar eso es imposible.

DAMIÁN. –Tenemos dos formas de imaginar a Dios, y una es como un ser incognoscible; esto implica renunciar a comprender su origen, sea este inteligencia, voluntad, intuición o incluso algún tipo de sexualidad. Las tradiciones religiosas que consideran que Dios es incognoscible –la hebraica es una de ellas–, se separan de Él en ese sentido: Dios es Dios. Pero cuando surgen corrientes como los gnósticos y el cristianismo, aparece una afirmación de que Dios creó el mundo con su voluntad, por lo tanto Dios no sería del todo incognoscible, sino que podemos alcanzar la comprensión de su voluntad.

Luego vendrá Plotino y nos dirá que hay algo anterior a Dios que es la Inteligencia y que se manifiesta en el acto de la Creación a través de su voluntad. De estas afirmaciones surgirán corrientes de pensamiento que nos afectarán profundamente a la hora de pensar qué es y quién es Dios.

Podemos pensar que es el Todo en el que no se puede pensar, o estudiar teología e ir colocándole atributos, pero cada vez que le atribuyes uno, dicho atributo se separa de Dios, y Dios mismo acaba siendo el atributo que le hemos colocado; por ejemplo Dios es bueno. Es un asunto meramente lingüístico. Podemos trabajar con la intuición, es decir con la imagen mental que crea en nosotros, o pensar que podemos trabajar con el lenguaje, y esto último puede ser muy peligroso. El peligro de toda atribución es que, de alguna manera, te separa de la esencia. Los atributos alejan al ser de lo que es.

AYUSO. –Entonces, según eso, no se podría definir nada.

DAMIÁN. –A Dios no se le puede definir por atributos. Sigamos con el porqué de la creación.

CARLOS. –Yo creo que los hebreos tratan de definir a ese Dios y darle un atributo de poder absoluto: voluntad e inteligencia independiente de todo lo demás, separándose así de todas las demás tradiciones de su entorno. Este relato del Génesis crea esa idea de un Dios que no nace como consecuencia de una lucha, como se describe en otras culturas del entorno, sino que es un Dios que crea de la nada, sin esfuerzo y sin trabajo. Se habla mucho de un escenario tangible –la Tierra era caos y confusión– y sin embargo se habla poco de algo espiritual; hay peligro: abismo, viento de Dios que aletea por encima de las aguas. Después está la creación de la luz, una creación por la palabra; esa idea de la luz primigenia, creada por Dios, se parece mucho a la idea de deificar al Sol.

DAMIÁN. –Según el texto, hay oscuridad, pero que tiene que contener luz. Es una creación que salió mal. Cuando pasan los días, hay luz, pero Dios la tiene que separar de la oscuridad porque está en ella, ambas están juntas. Parece que el texto sugiere que hay varias creaciones y que al salir mal se inician otras creaciones.

LIS. –Lo que se cuenta al inicio es una descripción de la nada.

DAMIÁN. –Pero había cosas: abismo, viento, agua, cielo y tierra; luego, no había nada. Hay que meterse de lleno en el texto. Y es verdad que hay un verbo complicado como Bará, que es crear tal como entendemos nosotros un acto de creación. Es decir, como un impulso que hace algo, y ese algo representa nuestra forma de imaginar otras cosas. Es una creación que sirve a la capacidad de representar imágenes mentales.

Si nos fijamos bien, parece que hubiera dos creaciones. En la primera todo es caos, no hay límites, algo ha pasado que no sabemos qué es. En la segunda, cada cosa ya ocupa su sitio. Dios crea los cielos y la tierra, pero no crea la luz, dice haya luz y esta diferencia es importante. Y, ¿por qué deja la oscuridad? Esa oscuridad tiene que ser necesariamente diferente si ha sido separada de la luz.

ANTONIO. –Con respecto a por qué crea Dios el mundo, creo que la creación del hombre tiene la intención de que este domine la tierra y los animales, y la creación esté a su servicio. En este texto, sorprende la idea de un Dios diferente a los demás porque es anterior a todo. Crea algo muy tangible, muy del mundo sensible; en este capítulo del Génesis veo poca espiritualidad. En la creación del Universo, al contrario que lo que ocurre en otras tradiciones, rebaja a los astros: llama luceros mayores al Sol y a la Luna. Digamos que los somete a Él mismo. Son astros que no dan luz ni son generadores de nada, la luz sale solo de Dios; simplemente reflejan luz y cumplen funciones, como regir los días y las noches, señalar festividades... Otra cosa que me ha llamado la atención es la capacidad creadora de la propia Tierra. Cómo –de forma vicaria y por la propia potencia que le ha otorgado Dios– tiene capacidad para crear vida y alimentar a los animales que la habitan… Y al final, la idea que pretende comunicar es la idea de un Dios que hace pactos con los hombres y elige a un pueblo determinado al que exige sumisión. Es una idea para unir al pueblo elegido y romper con la idea de Dios de los pueblos que los rodean.

DAMIÁN. –¿Por qué crea Dios el mundo?

EVA. –¿Para crear al hombre?, ¿para que este lo someta? Es el patio de operaciones del hombre.

DAMIÁN. –Eso no responde al porqué de la creación del mundo. Si esta creación está ideada por los hombres, esos mismos hombres tendrán una idea de qué es crear y por qué se crea. Habría que preguntarse qué es crear, o mejor por qué se crea. Mejor aún, incluso, para qué quiere alguien crear. Y cuando digo crear no me estoy refiriendo solo a la creación artística. Se puede crear una familia, una empresa… a veces tomar una decisión simplemente es ya una forma de creación.

LUIS. –Para mí crear es sacar de ti algo que ya existe, nombrar lo que ya está en uno.

DAMIÁN. –Es como si hubiese un magma y, de ahí, Dios separara las cosas y las crease… ¿En qué parte de tu pensamiento o de tu forma de ser está lo absoluto?, ¿dónde ese magma desde el que se crea?

LUIS. –No sé explicarlo, pero percibo que es así. Sé que hay algo que se percibe sin límites.

DAMIÁN. –Si hay algo en nosotros que percibe la totalidad, algo que tiene límites, deberíamos al menos saber si tenemos contacto con esa totalidad, si podemos acercarnos a ella… ¿A alguien se le ocurre una idea de totalidad que esté nombrada científicamente? Me refiero a dentro de uno mismo. ¿Quizá el inconsciente? Por ejemplo, según Jung es personal y colectivo. Se supone que si nos metemos ahí, primero entramos en la parte personal que ha producido la experiencia, pero si profundizamos, llegamos a los arquetipos, y estos son órdenes cósmicos. Ese inconsciente significaría un acceso a la totalidad; Marco Aurelio venía a decir que nunca nos acostemos sin un pensamiento para el todo… y sí, tenemos esos pensamientos, aunque sea de forma inconexa.

En relación a esa afirmación que haces, LUIS, de que lo que se pretende es cohesionar a un pueblo determinado frente a otros, sin duda es así, pero ¿por qué lo hacen así y no de otra forma? La mayoría de las culturas que se han consolidado no son monoteístas. ¿Por qué estos lo son? No resulta fácil explicar esa discontinuidad en el contexto histórico en el que se desarrollan los hechos.

ANTONIO. –Yo creo que sí se ha explicado. El marxismo, por ejemplo.

DAMIÁN. –El problema es que el materialismo histórico puede describirlo, pero no explicarlo. Todos sabemos que el monoteísmo ha servido para que ocurrieran ciertas cosas, pero ¿por qué surge?

EVA. –Una hipótesis sería el caso de Akenatón, que desarrolla otro monoteísmo con una función política, para contrarrestar el poder de los sacerdotes apoyándose en el pueblo

DAMIÁN. –Pero no funcionó… porque la idea tiene que tener una serie de virtudes para que funcione. Para entender por qué funciona un Dios único, hay que acercarse a la mentalidad profunda. Una parte de la Creación del Génesis trasciende lo material y no puede ser explicado históricamente.

ANTONIO. –Juntas a un pueblo que tiene una idea de totalidad, y a esto le añades que son nómadas, pobres, sometidos, esclavos…, y organizas un entramado que no solo es ideológico, sino también jurídico. Te apoyas en una idea muy poderosa: somos el pueblo elegido con un tremendo afán de trascendencia. Estoy de acuerdo contigo: sin la apelación a esa idea, probablemente no funciona.

DAMIÁN. –Sigamos con la Creación en el Génesis, ¿por qué Dios continúa con la Creación del hombre?

LIS. –El relato de la creación del hombre en Génesis 1, 26-31 no lo dice, solo dice que crea al hombre. Va aportando datos. ¿Quién es el narrador?: uno en tercera persona que se distancia, va dando fe de los hechos y deja hablar al protagonista, que supuestamente es Dios. Pienso que el narrador es el Sacerdotal, aunque algunos rasgos nos sugieran un enfoque Elohísta. Es imperativo, repetitivo y, al mismo tiempo, tiene cierta musicalidad y una estructura lógica exhaustiva.

Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra». Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento». Y así    fue. Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardeció y amaneció: día sexto.

Génesis 1, 26-31[1]

Ciñéndonos al texto sobre la creación del hombre, nos dice que lo crea el sexto día. Lo crea el mismo Dios que ha creado todo lo demás en los días anteriores. Cambia el uso del verbo y ya no usa Bará, usa el plural de un modo imperativo a diferencia de los días anteriores de la creación. Es un acto de voluntad, pero con un poco de reticencia: hagamos la luz.

Lo más llamativo es hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Así, en primera persona del plural. Elohim es también un sustantivo plural, pero en los días anteriores el sujeto iba acompañado siempre del verbo en singular. Me he fijado en este sujeto que habla en plural y deduzco que, o bien es un plural mayestático que no ha utilizado antes, o bien el creador se desdobla. Todo creador se desdobla cuando establece una dialéctica con su propia obra sin que deje de ser parte de él. Una tercera opción sería que el creador fuese más de uno. Como no sabemos nada del sujeto creador me centro en lo que hace: Creó a su imagen y semejanza al hombre, varón y mujer los creó; es decir, crea a un hombre que son dos. Les otorga un cometido común y los bendice.

Mi conclusión: en los primeros cinco días solo se ha dedicado a dar órdenes, aunque no sepamos muy bien a quién; y ahora, en la creación del hombre, decide implicarse directamente y lo crea a su imagen y semejanza. Por tanto, el hombre es una imagen suya, de aquí deduzco que Dios crea al hombre para hacerse visible. Es un creador misterioso al que el narrador se refiere en singular, pero que cuando habla de sí mismo lo hace siempre en plural.

Otra posibilidad es que sea un creador que se habla a sí mismo, que se desdobla o se ve reflejado en su propia obra. Leyendo el libro de Alejandro Gándara, Las primeras palabras de la creación, aparece esta frase de Emmanuel Lévinas: el hijo no es simplemente obra mía, como un poema o un objeto fabricado, tampoco es una propiedad, a mi hijo no lo tengo, sino que en cierta manera lo soy. Sin embargo, esto solo vale para cuando el hombre ya ha sido creado, mientras que, en la primera parte del Génesis, habla en primera persona del plural cuando aún no lo ha sido. No se puede hablar con un hijo si aún no ha nacido o ha sido creado.

Lo único que nos queda es que Dios sea más de uno antes de crear al hombre, y que lo que cree sea también dual: hombre y mujer; por tanto, podríamos pensar que son un reflejo de sí mismo. Solo hablo de hipótesis.

LUIS. –Que Dios fuera una dualidad hombre-mujer.

NURIA. –Una energía masculina y femenina, como en otras religiones; y al mismo tiempo representaría una estructura del hombre, con lo femenino y lo masculino, que conformaría su verdadera esencia, al igual que la del hombre. El hombre es uno, pero hay dos maneras de ser hombre, o varón o hembra. Y, es más, a esos que son dos, luego les encarga ser otra vez uno: perpetuar la especie, es decir, ser uno en la carne. El uno se hace dos, y vuelve a ser uno para generar un tercero. Dios crea al hombre para hacerse visible, para que podamos hablar de Él viendo la materialización de su imagen, para que seamos sus interlocutores al dotarnos del don de la palabra y poder así poner nombre a todas las cosas creadas.

DAMIÁN. –¿Por qué la dualidad es el ser?

PILAR. –El único dato que tenemos es la creación del hombre tal y como la hemos visto. Es la imagen de dos en uno.

DAMIÁN. –¿Por qué a la mente le resulta tan agradable la dualidad? ¿Tal vez porque es la forma en que se manifiesta lo único?

PILAR. –Creo que Dios creó al hombre en esa dualidad para que volvamos a la totalidad. Me gusta la imagen de la creación del hombre como un espejo donde se ve la imagen de Dios.

DAMIÁN. –La imagen que tenemos de nosotros mismos es una imagen mental ambigua, que se recompone continuamente y que fluctúa todo el tiempo. Está muy desfigurada por el dolor o la alegría, por lo que hacemos, por los propios sentimientos. No es una imagen fotográfica, y ese movimiento es lo que le da consistencia. Cuando una imagen se fija totalmente, la mente se vuelve esotérica, es decir, se aleja y la imagen se difumina, pierde potencia. Por eso, cuando te miras en un espejo fijamente durante un tiempo largo, te conviertes en un ser esotérico o extraño para ti mismo, te alejas cada vez más de ti.

Otra cosa: según Génesis 1[2], hay un océano de aguas y cubre el universo. Esto está movido por el viento de Dios. Al separar lo seco de lo mojado aparece la Tierra debajo, y la Tierra tiene zonas de mar. Queda un mar por encima que será el firmamento y un Océano Primordial por debajo, de tal modo que en la imagen judía la tierra está flotando sobre un mar antes de la Creación y bajo otro después esta. Antes de la creación todo era mar o cielo. La Tierra se representa flotando sobre un mar primigenio y bajo otro mar primigenio: es una imagen de abismo completo por arriba y por abajo. La Tierra entre dos mares primordiales. En el Diluvio, la Tierra queda sepultada bajo las aguas primordiales superiores. En estos textos como la Biblia es absolutamente inútil manejar exclusivamente la inteligencia racional, hay que manejar la intuición para poder acercarse al texto.

NURIA. –Si la creación es dual, hombre y mujer son uno, y cielo y tierra uno también.  Aguas y tierra, luz y oscuridad, bien y mal. Como si la creación fuera una separación de lo que antes era una unidad. Intuyo que hay dos creaciones: por lo que elige, la luz, por lo que rechaza, la oscuridad.

DAMIÁN. –Para entender bien la creación debemos analizar qué queremos decir con unidad y con dualidad. Unidad es aquello que no tiene partes, y dualidad es aquello que empieza a tenerlas. Por eso, cuando el pensamiento empieza partirse es cuando empieza a pensar, fijándose en la naturaleza y viendo las cosas que son opuestas unas a otras. Es un verdadero pensamiento mágico, lo que llamamos Principio de los Opuestos. Los opuestos no son tan nítidos. Hay principios opuestos que son complementarios y otros que son contradictorios. Los únicos que funcionan para el pensamiento son los complementarios, porque al juntarlos vuelven a ser una unidad. Por ejemplo, masculino-femenino, tenemos que pensar en ellos como complementarios, porque si son contradictorios no se pueden pensar ni juntar de nuevo, con lo que ha desaparecido la unidad. En nuestro mundo, en nuestro contexto cultural, los principios suelen ser contradictorios. Podemos ver la diferencia entre lo masculino y lo femenino concebidos como complementarios, pero, si los vemos como algo contradictorio, se enfatiza sobre uno de los dos provocando una diferenciación. Después del paraíso, aparecerán la diferenciación entre masculino y femenino, y el género.

NURIA. –Sabiendo que todas las dualidades que construimos ahora son contradictorias, no existe la unidad, es inalcanzable, porque en el momento de la creación ya se hacen estas dualidades.

DAMIÁN. –Pero Dios hace muy bien estas dualidades. De la oscuridad extrae la luz, dos principios que antes eran una unidad, y lo hace para hacer el mundo comprensible. Quizás podamos en este momento hacer un pequeño resumen de los conceptos que hasta ahora hemos discutido empezando por el Pensamiento por Oposición. El principio de oposición es básico, pero hay que tener cuidado con esta estructura. Hay que ver la diferencia entre complementario y contradictorio, porque dice mucho de nosotros y de cómo estamos pensando las cosas. Yo diría que hay, en apariencia, una sola creación. El Midrás insiste en que Dios, antes de crear este mundo, hizo muchos otros y todos le salieron mal. La propia estructura de la imagen acerca de cómo era el mundo al principio se escurre entre los dedos, es completamente líquida, va saltando de término en término.

JESÚS. –Yo tengo una imagen, en esa oscuridad con aguas, de un útero materno. Es pura potencialidad, todo está latente, pero necesita algo exterior que lo ilumine.

DAMIÁN. –Me parece bien, pero eso sería una hipótesis, sería saltarse el texto. La estructura de fuga de todo el texto puede que sea la unidad de la cual va a proceder la dualidad. Esa estructura del pensamiento puede ser una creación fallida –como dicen los rabinos– porque, efectivamente, este es un Dios muy inseguro. Intenta hacer algo y ese algo da miedo. En un segundo intento quiere arreglar lo que ha salido mal, y en ese segundo movimiento aparece el dijo Dios, ya aparece la palabra de Dios, y lo que hace es separar. La duda sobre Dios no viene solamente de los primeros versículos, viene de cuál es el objeto de la Creación. Pero vamos a ver cómo separa, qué hace con la segunda parte para que no sea tan inquietante como la primera: saca la luz de la oscuridad, pero a esta la deja y le da nombre, la llama noche, y parte el día en dos. La mitad va a ser día, con luz, y la otra mitad va a ser noche, con esa oscuridad que venía del caos y los abismos. Separa el firmamento de las aguas primordiales, luego las aguas gravitan sobre nuestras cabezas.

En el diluvio, Dios abre las compuertas de esas aguas. Con lo que las aguas del segundo día de separación se convierten en una amenaza, pueden caer sobre ti. Así que, mientras va creando un mundo perfectamente nítido, va dejando al lado como una sombra, una sombra que no es otra cosa que una amenaza. Lo que ha dejado del caos es una forma de recordarte lo que te puede pasar.

Es una creación por un lado filosófica, en el sentido de que hay una dualidad, pero por otro lado moral. Y esto anterior indica que en toda creación hay una intención moral, como si quisiera decir que nadie crea solo para sacar algo de su imaginación, sino también para proponer moralmente algo. Por eso, aunque la creación esté dentro, también necesitamos que esté fuera; ese movimiento de dentro a fuera que es finalmente lo que la distingue.

Aceptaríamos, que para crear hay una materia que ya nos pertenece, pero hay una forma final de esa misma materia que tiene que estar necesariamente afuera. Y ese afuera es evidente no solo en la creación artística, sino en casi todo lo que normalmente hacemos, porque la creación, a pesar de lo que digamos o pensemos a veces, no es mental, tiene que estar fuera.

ANTONIO. –Hay dos cuestiones que me planteo en todo esto y que no sé cómo resolver. Por un lado, Dios no puede o no quiere deshacerse de esa bóveda celeste de aguas amenazantes… todo esto es por los pecados del hombre.

DAMIÁN. –Pero Él ya lo ha puesto antes de que el hombre peque.

LUIS. –Por supuesto, pero es que no es ese el destino que mucha gente plantea para la creación del mundo como teatro de operaciones del hombre y donde, al final, queda ese punto amenazante como muestra del poder de Dios; por eso, este texto no acabo de verlo más que como creación humana, hecho por los hombres, por un pueblo como el hebreo.

DAMIÁN. –De todas formas, para leer un texto de estas características es mejor ponerte desde lo que el propio texto te propone más que desde lo que tú piensas. Da igual si el texto lo han escrito los hombres, nosotros tenemos que discutir sobre si hay un Dios o no. Y después crea los grandes monstruos marinos, las serpientes y al hombre. Vosotros os habéis ido a Bará –creación, hacer– y yo me he ido a imagen. A imagen de qué, ¿qué es una imagen para nosotros?

ANTONIO. –Una representación.

PILAR. –Un reflejo.

DAMIÁN. –¿Una imagen de lo que eres, de lo que te gustaría ser, de lo que fuiste? Decidme, cuando pensáis en una imagen vuestra, ¿es más un deber ser o un ya fui? Heidegger decía que toda imagen que uno tiene de sí mismo es una imagen de futuro. Pero si te pones a pensar en el futuro, descubres que no deja de ser una proyección del pasado. ¿Cómo entender que Dios hace al hombre a su imagen? Para llegar a eso, tenemos que ver qué entendemos por imagen y qué imagen tenemos de nosotros mismos.

LUIS. –¿Una imagen puede ser un anhelo?

DAMIÁN. –Podría ser. El anhelo no tiene una forma definida. Si partimos de la hipótesis de que es un anhelo, esa imagen no es una imagen. La imagen de uno es fluctuante, al crear algo y tenerlo fuera es para que te devuelva una imagen de ti mismo. Si haces una obra maestra, está claro que lo maestro de la obra vuelve sobre ti, para que por fin tengas una imagen de ti a semejanza de tu obra. Y Dios culmina su obra en el séptimo día, pero ese día no acaba; hay quien dice que seguimos viviendo en él.

Referencias externas

El árbol de la vida. Dirigida por Terrence Malick. 2011

Cisne negro. Dirigida por Darren Aronofsky. 2010. Versión original en HD

La Biblia (The Bible: In the Beginning…) Dirigida por John Huston. 1966. HD VO

La vida de Brian (Monty Python's Life of Brian). Dirigida por Terry Jones. 1979. HD

Bibliografía

Génesis, 1[2]. Biblia de Jerusalén.
Las primeras palabras de la creación. Alejandro Gándara. XXVI Premio Anagrama de Ensayo.

Notas

  1. Génesis 1, 26-31 Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra». Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento». Y así    fue. Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardeció y amaneció: día sexto.
  2. 2,0 2,1 Génesis 1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas. Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz. Vio Dios que la luz estaba bien, y apartó Dios la luz de la oscuridad; y llamó Dios a la luz «día», y a la oscuridad la llamó «noche». Y atardeció y amaneció: día primero. Dijo Dios: «Haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras». E hizo Dios el firmamento; y apartó las aguas de por debajo del firmamento, de las aguas de por encima del firmamento. Y así fue. Y llamó Dios al firmamento «cielos». Y atardeció y amaneció: día segundo. Dijo Dios: «Acumúlense las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y déjese ver lo seco»; y así fue. Y llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mares»; y vio Dios que estaba bien. Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue. La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien. Y atardeció y amaneció: día tercero. Dijo Dios: «Haya luceros en el firmamento celeste, para apartar el día de la noche, y valgan de señales para solemnidades, días y años; y valgan de luceros en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra». Y así fue. Hizo Dios los dos luceros mayores; el lucero grande para el dominio del día, y el lucero pequeño para el dominio de la noche, y las estrellas; y púsolos Dios en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra, y para dominar en el día y en la noche, y para apartar la luz de la oscuridad; y vio Dios que estaba bien. Y atardeció y amaneció: día cuarto. Dijo Dios: «Bullan las aguas de animales vivientes, y aves revoloteen sobre la tierra contra el firmamento celeste». Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo animal viviente, los que serpean, de los que bullen las aguas por sus especies, y todas las aves aladas por sus especies; y vio Dios que estaba bien; y bendíjolos Dios diciendo: «sed fecundos y multiplicaos, y henchid las aguas en los mares, y las aves crezcan en la tierra». Y atardeció y amaneció: día quinto. Dijo Dios: «Produzca la tierra animales vivientes de cada especie: bestias, sierpes y alimañas terrestres de cada especie». Y así fue. Hizo Dios las alimañas terrestres de cada especie, y las bestias de cada especie, y toda sierpe del suelo de cada especie: y vio Dios que estaba bien. Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra». Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento. Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento». Y así fue. Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardeció y amaneció: día sexto.


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