An-38 El viaje como representación de la existencia y como transformación del carácter individual

De WikiLina
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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento IDENTIDAD


El viaje como metáfora de la existencia, el movimiento de las edades, las transformaciones a lo largo del tiempo. Sí es un viaje que a veces llega a término y a veces, no. Pero siempre termina. Siempre hay un momento en que el viaje se acaba y entonces puede ser hora de volver, o quizá hora de irse a otra parte para no volver.

En todo caso, cambiamos. El mundo antiguo está plagado de la literatura de la trasformación, de la metamorfosis como estructura de la identidad personal, siempre en movimiento, siempre proteica y, siempre en nuestro relato mental, en la forma en que nos pensamos a nosotros mismos, perfectamente coherencia.

Esa coherencia se convierte en Odiseo en causa del sufrimiento y en dificultad para llevar a cabo su último viaje, el del regreso a casa. Hasta ahora ha sido un guerrero, un ser hábil para manejarse en las condiciones adversas y contradictorias de la guerra en Troya. Odiseo, de muchos recursos, de muchas destrezas, de inteligencia ágil. Y así quiere volver a Ítaca, donde confía en que le estén esperando Penélope y Telémaco, y su reino intacto.

Quiere volver el guerrero, pero para volver a casa las mañas del guerrero no sirven. Servían para ir a Troya. Ulises ha de transformarse radicalmente, hasta el punto de que será uno de los héroes que viajará al Hades, destino reservado a unos pocos.

 La Odisea de Homero, Joseph Mallord William Turner
La Odisea de Homero, Joseph Mallord William Turner

Lectura

La Odisea - Homero

Resumen

La Odisea es un poema épico que narra la vuelta a casa del héroe griego Odiseo tras la Guerra de Troya, esta obra tan conocida canta y cuenta los episodios y avatares que el héroe tiene que vivir y superar, incluyendo un viaje al Hades. Además de haber luchado durante diez años en Troya, Odiseo –Ulises, rey de Ítaca– tarda otros diez años en regresar a su tierra.

Las mejores armas de Odiseo para conseguir volver a Ítaca son su inteligencia y su astucia, aunque también le ayuda la hija de Zeus, la diosa Palas Atenea; gracias esto y a su cambio (metamorfosis) tras volver del Hades, Odiseo es capaz de escapar de los continuos problemas a los que ha de enfrentarse por designio de los dioses.

El poema comienza in media res –en mitad de la historia y contando hechos anteriores gracias a los recuerdos y narraciones de Odiseo– y se divide en tres partes: la Telemaquia nos cuenta la situación de Ítaca en ausencia del rey Odiseo, el sufrimiento de su hijo y su mujer, Telémaco y Penélope –todos piensan que Odiseo ha muerto y varios pretendientes se han instalado en Ítaca y madre e hijo tienen que soportar que quieran casarse con la reina y al mismo tiempo que consuman los bienes de la familia– y cómo Telémaco emprende un viaje en busca de su padre; el Regreso de Odiseo donde el protagonista llega a la corte del rey Alcínoo y narra sus vivencias desde que salió de Troya; la tercera parte es la Venganza de Odiseo  y narra el regreso a Ítaca de Odiseo, el reconocimiento por alguno de sus esclavos y su hijo, y así mismo relata cómo Odiseo se venga matando a todos los pretendientes: Penélope también le reconoce, y él recupera a su mujer y su reino.

DAMIÁN. –Antes de entrar en la Odisea, querría que tratáramos un par de cosas. Hablábamos de cómo los griegos sacan sentimientos fuera; ¿nosotros en nuestra vida diaria hacemos una operación semejante, una operación como la que hace Agamenón: Yo no estaba enfadado, fue la Até que me envió Zeus. Encontramos en nuestra vida diaria cosas que tengan que ver con nuestros sentimientos y que nosotros sacamos fuera.

PABLO. –Al decir te quiero, estás sacando tu amor hacia otra persona, y si te lo callas pierde todo el sentido porque impide la relación.

DAMIÁN. –¿En qué cambia tu amor decir te quiero? Decíamos que sacar las cosas fuera te permite dialogar con ello, y quitarte la culpa y la vergüenza. Ese te quiero es un buen ejemplo, pero ¿ahí qué pasa?

PABLO. –En este caso no se despersonaliza como la ira o la até que me entró.

DAMIÁN. –¿Crees que no se despersonaliza?, ¿entonces cuál es la diferencia entre querer y saberlo sólo tú, y querer y decirlo?

PABLO. –La diferencia recae en que, si se comparte, la otra persona lo sabe también y se crea un vínculo.

DAMIÁN. –Pero tú no eres el mismo si lo dices o no. Imagina que estás con una persona a la que no le gustas, pero, aun así, decides decírselo. El resultado no cambia, pero ¿qué es lo que cambia?

PABLO. –Lo que cambia es que el que lo dice se descarga.

DAMIÁN. –Vemos que ahí, al menos, hay una función de descargarse; Agamenón también se descarga, curiosamente. El proceso no es muy distinto. Y si te lo callas, ¿qué pasa?

EVA. –Yo creo que cuando te lo callas empiezas a dialogar contigo mismo, eso se convierte en algo tuyo, que no es del otro.

CHUS. –Si no lo dices, no existe el amor. No traes la cosa.

DAMIÁN. –Decirlo también es algo tuyo, la voz también es nuestra.

EVA. –Pero si lo dices, participa el otro; si te callas, solo estás tú.

DAMIÁN. –Vamos a poner otro ejemplo. Cuando estás mal, cuando estás hecho polvo notas la diferencia entre hablar y no hablar. Y no estoy prejuzgando que sea mejor hablar, sino que hay diferencia entre hacerlo o no. En psicoanálisis se dice mucho que cuando realmente estás mal, es mejor que hables poco o nada porque las palabras suelen añadir ruido, y porque lo que puedas decir en ese estado añadirá tu responsabilidad a la confusión. Sin embargo, hay algo que ocurre entre decirlo y no decirlo.

LIS. –Te cambia los sentimientos.

DAMIÁN. –Posiblemente…

LIS. –También necesitas ratificar algo, saber si estás en lo cierto o no. Cuando, por ejemplo, dices te quiero buscas una sintonía con el otro, es como si te preguntaras si tienes razón o no.

DAMIÁN. –¿Os ha pasado alguna vez que parece que estás enamorado de una persona, le dices te quiero y al decírselo te das cuenta de que no es así? Algo que tenías dentro lo has puesto fuera y no es lo mismo: si lo tienes dentro, lo tienes solo para ti, tú lo manejas con tus intuiciones, con tus imaginaciones, tu sensibilidad interna, es tuyo, pero al sacarlo fuera lo conviertes en otra cosa, en algo que puede ser manipulado por los demás y que tú mismo ves ya como algo que no fuera únicamente tuyo, y por ello lo que sientes por el otro no puede ser idéntico a lo que sientes de verdad. Cuando decimos a otro te quiero, es como si ese amor saliera de nosotros, y al salir se transformase. Y lo curioso es que tenemos dos zonas de acción: lo que sentíamos antes de decirlo y la relación que empezamos a tener con lo que hemos dicho. Empezamos a hacernos preguntas sobre la propia declaración de amor y, a veces, esas preguntas son más poderosas que los propios sentimientos.

LIS. –Además de que entre lo que uno dice y lo que el otro entiende, hay un abismo.

DAMIÁN. –Claro... está manejado por otras voluntades y otras manos. Tenemos que entenderlo desde el punto de vista de la intimidad. No solo las relaciones con el otro van a cambiar, también van a cambiar las relaciones con el propio sentimiento. ¿En qué otras ocasiones podemos sacar algo de dentro hacia fuera y ponernos a dialogar con ello?

EVA. –Cuando escribimos también hay un poco de esa relación.

DAMIÁN. –Sí, lo que pasa es que escribir es más de fuera hacia adentro que al revés. No se sabe muy bien si tú piensas la escritura o es la escritura la que te piensa a ti. Al ponerte a escribir con un sistema formal –con unas reglas previas–, muchas veces te enteras de lo que piensas gracias a lo que escribes.

EVA. –¿Cuál es la diferencia entre expresar un sentimiento o escribirlo?

DAMIÁN. –Que el sentimiento es previo. El sistema formal de la escritura es muy fuerte.

EVA. –Pero cuando expresas un sentimiento, lo estás verbalizando.

DAMIÁN. –Es un problema de temporalidad. En un caso lo primero nace en un sitio con total nitidez, amo a alguien, sientes una inclinación hacia alguien y después lo dices, y efectivamente una vez fuera empieza a funcionar de otra manera. Estás confundido, no sabes qué te pasa y empiezas a escribir y es entonces cuando encuentras el sentimiento. Es una cuestión de posición, temporal. ¿Algún otro ejemplo?

LIS. –El dolor, cuando lo hablas parece que se mitiga y se transforma.

DAMIÁN. –Sí, es otro proceso de exteriorización. La gente dice mucho que necesita hablar… es una expresión, no significa que se necesite contar algo, sino que se necesita hablar. Hay muchas situaciones en las que nosotros sacamos cosas fuera –no somos tan extraños a los griegos– y dialogamos con nuestros actos. Sacamos algo de dentro para poder hablar con nosotros mismos.

Otro asunto que me gustaría que pensáramos ahora sería de dónde vienen los pensamientos espontáneos cuando, por ejemplo, estamos escribiendo y aparece una imagen… o cuando soñamos y solucionamos un problema… o cuando vemos con claridad algo de repente…, ¿de dónde vienen estas situaciones, de dentro o de fuera?

EVA. –De dentro porque si es un recuerdo propio no puede venir de fuera.

DAMIÁN. –Ya, lo que digo es de qué parte de ti viene.

AYUSO. –De dentro porque es propio, pero suele haber algo fuera que lo ha estimulado.

DAMIÁN. –¿Qué lo ha estimulado?, lo digo porque son procesos que no podemos explicar. Lo que piensa un antiguo con todas esas cosas espontáneas y creativas es que provienen también de los dioses, se las adjudica a la divinidad porque no tiene una concepción del cuerpo como la nuestra, que es una concepción del cuerpo como cadáver. En esos procesos, ¿sentís que vienen de dentro o que al haber un estímulo que lo despierta van de fuera hacia adentro?

LIS. –Si el estímulo es el olor, viene de fuera a adentro.

DAMIÁN. –Olemos algo y de repente nos trae recuerdos o una imagen… lo que no sabemos es cómo se ha establecido la relación entre el olor y la imagen. ¿Qué o quién ha producido eso? No ha sido solo el olor.

CHUS. –Estaba dentro y ha salido con el olor, aunque muchas veces hay olores que sí podemos relacionar con la imagen que sugiere… un agua de colonia, un guiso, la piel de alguien… nos recuerdan a personas, a lugares, a momentos del pasado muy claramente…

DAMIÁN. –También… pero es el olor lo que lo ha empujado sin pintar el cuadro completo… Si hablamos de sueños, de ideas, de ocurrencias… vamos pensando al tiempo que hablamos, es un proceso que es como una espiral, pero dudo si tengo razón o no en lo que digo. No pensamos en la frase, pero cuando terminamos de decirla, nos damos cuenta de si ha sido una tontería o una idea brillante. Son procesos donde el juego externo-interno es muy mágico, no está descrito hasta el momento como una fisiología o una anatomía. Pues bien, un griego adjudica todo esto a una fuerza totalmente externa, mientras que nosotros, como tenemos el cuerpo personificado, pensamos que todo lo que nos pasa procede de dentro... Vemos, entonces, dónde pone las cosas un griego y dónde lo hacemos nosotros. No es que los griegos tengan más o menos razón, sino que lo hacen de otra manera.

CHUS. –Quizá lo hicieran mejor ellos porque nosotros solo tenemos en cuenta el yo, y ellos son el yo, los otros y las cosas de fuera que no son ellos, las que no se pueden explicar, lo invisible… es todo un conjunto. No es solo Agamenón, sino las cosas que le pasan, las que le rodean, su pasado, los dioses… Nosotros creemos que somos nuestro yo prácticamente en todo momento, y no creo que los griegos pensaran que eran ese yo.

DAMIÁN. –Es verdad que tenemos una visión muy particularizada de nosotros mismos, que es además la imagen de la máquina. Cuando, por ejemplo, le preguntas a alguien cómo funciona una moto, te dice que lo hace con el motor, pero se olvida de lo externo como el aire, imprescindible para que haya combustión. O que para que haya luz, aparte de la electricidad y el camino que recorra, tiene que haber previamente oscuridad. Nuestra forma de pensar nos lleva solo al aparato y no a todas las cosas externas igualmente necesarias para que se produzca la interacción. Es un asunto de ubicación de la atención: si se pone a un lado, al otro o a ambos.

CHUS. –Eso es, en nuestra sociedad todo viene de dentro, pero la moto no se hubiera inventado si no hubiese aprovechado que el aire existe. Sabemos que el aire existe, pero la concepción que tenemos de los objetos es que son ajenos a su medio, y un griego, hasta Aristóteles, todo lo ve como un medio amniótico y al mirar ve el todo, y dentro del todo ve la cosa… nosotros vemos la el objeto, situación o lo que sea y nada más.

DAMIÁN. –Es como la pintura renacentista: en un cuadro todo está en el mismo plano porque las cosas se relacionan unas con otras y las explican. Luego surge la perspectiva –que no se inventa, ya lo hizo Euclides– y pone las cosas en distintos niveles y planos.

CHUS. –Me ha llamado la atención que en la Ilíada todos los personajes tenían una cualidad psíquica de la que no podían huir, todos representaban un carácter. En cambio en la Odisea, Ulises se humaniza demostrando sus sentimientos: quiere volver a Ítaca y ser un hombre, ser marido, hijo y padre, Ulises quiere dejar de ser un héroe y, de hecho, lo podría haber sido porque se lo ofrecen.

DAMIÁN. –Y qué cambio sería ese, de carácter a persona, ¿no?, desde el ethos –que es carácter y sirve para los personajes de las tragedias y para la ética– a persona. Ethos es un personaje, es carácter, es el término que deriva en ética. Sin embargo, persona proviene de la palabra griega hypocrités –persona que finge– y se utilizaba para los actores, que utilizaban máscaras entre otros atuendos… más adelante esta palabra se convierte en hipócrita, es decir, que tiene máscara social. Así que cuando decimos que Ulises cambia de ethos a persona nos referimos a que cambia a ser social. Persona –en sociología y etimología– se le llama siempre a lo que hay hacia fuera, a la máscara, al papel que jugamos. ¿Diríais que vamos del carácter a la persona?

CHUS. –Sí, quiere ser padre, marido e hijo... quiere ser persona.

DAMIÁN. –Pero no es lo que siente sino el papel que quiere representar, y por supuesto, además de lo que has señalado, Ulises quiere ser rey de Ítaca de nuevo.

CHUS. –Sí, es cierto, quiere ser rey de nuevo. El objetivo en la Ilíada era la guerra, y en cambio el sentimiento general que recorre la Odisea es la voluntad del regreso de Ulises.

DAMIÁN. –Eso se parecería a la Ilíada, allí habría un objetivo y aquí otro… pero ¿para qué estaba escrita la Ilíada?, ¿qué es lo que pretendía? No nos está contando la guerra, de hecho, ni la acaba. Lo que cuenta es la cólera de Aquiles por un lado y la relación entre lo visible y lo invisible. Es un aparato que parece una historia bélica y en realidad está contando cómo se relacionan los hombres con lo invisible. Y por eso se suele decir que la Ilíada está en el territorio de la palabra sensible, porque la diferencia entre lo que se cuenta y lo que se dice es abismal. Y tiene palabra sensible por más razones: tiene métrica, prosodia, rima. Después, en su sistema metafórico, siempre empieza con lo invisible y acaba con lo visible, y como referencia última es siempre lo invisible lo que a la postre explica las acciones: acaban siendo los dioses. Y todo esto se cuenta a través de la trama de una guerra, entonces, ¿en el caso de Ulises?

CHUS. –Hay un gran sentimiento de añoranza por encontrarse con los suyos.

DAMIÁN. –Ese sentimiento es nuevo, ¿no? La melancolía. En la Ilíada no hay ningún melancólico. Nostalgia es echar algo de menos algo. Melancolía es saber que lo has perdido para siempre.

CHUS. –Sí, añoran una vida que casi ni conocen ni han conocido.

DAMIÁN. –¿Cuánto tiempo pasan dando vueltas por ahí?

CHUS. –Diez años, veinte con la guerra. Telémaco no conoce a su padre. Estamos en el territorio de la invención de los sentimientos.

EVA. –El pobre Telémaco lo tiene muy difícil: no conoce a su padre, pero todo el mundo le ha dicho que es un héroe… y eso le hace tener que estar a la altura.

DAMIÁN. –¿Cuántos sentimientos tiene Telémaco? Cuántos has visto que sean nuevos con respecto a la Ilíada.

EVA. –He visto añoranza del padre que no conoce y de la vida del hijo del rey.

DAMIÁN. –Añoranza, nostalgia, melancolía…, depende de cómo vaya la situación se inclina más hacia un lado o hacia otro.

EVA. –Creo que Telémaco siente también miedo a no estar a la altura del padre cuando no se atreve a echar a los pretendientes. Quizá sea más vergüenza que miedo.

CHUS. –Y desesperación… sabe que la situación no puede seguir así, pero ignora qué va a pasar con su madre.

DAMIÁN. –Y la desesperación, ¿de qué viene? Del que espera. La espera de Telémaco es uno de los sentimientos más fuertes que aparecen y sienten más personajes, la espera es un fenómeno completamente moderno.

AYUSO. –Penélope también espera… y los pretendientes… hasta el perro.

DAMIÁN. –Todos esperan, y  ¿qué es esperar?

CHUS. –Estar quieto, estar parado, no actuar.

EVA. –No hacer nada físicamente, pero sí con la mente, con la cabeza.

DAMIÁN. –¿Y qué hace tu cabeza?

LIS. –Desear e imaginar, anticipar el futuro.

EVA. –Pre-vive, vive varias posibilidades, está anticipando todo el tiempo.

DAMIÁN. –Cuando estas lleno de posibilidades y no puedes hacer nada, dependes completamente de otros… Si esta situación se prolongase mucho, ¿a qué otro sentimiento se parecería?

LIS. –A la ira.

DAMIÁN. –A la ira, por un lado, pero si sigues esperando más todavía, la ira acaba desapareciendo y aparece la tristeza. No puedes hacer nada, dependes de los otros, da igual que montes en cólera, nada sirve de nada: queda la tristeza como anulación total de la individualidad. De hecho, las fases de una espera larga terminan llevándose a cabo: primero el enfado, luego el resentimiento, después el odio al que te hace esperar y a la humanidad en general, y llega un momento en el que, exhausto, te ves pobre, incapaz y sin recursos para hacer que la espera termine, porque has pasado por toda la gama de sentimientos que puede tener un ser humano y no ha terminado la espera, nadie te cuida, nadie te atiende, a nadie le importas. Todas las esperas tienen en el fondo una tristeza, y toda persona que ha esperado mucho, acaba volviéndose triste… son tristes los que han esperado mucho.

CHUS. –Penélope también personifica la espera, y la tristeza total, la nostalgia, además de una vida que podría haber sido y no fue porque Ulises vuelve a Ítaca viejo. Su vida ha sido soledad, odio, ira hacia los pretendientes y desconfianza total, de hecho, cuando llega Ulises tampoco se fía de él.

DAMIÁN. –Pero hay un sentimiento más fuerte que cruza toda la historia y que es posible que sea la primera vez que aparece en la literatura: el tiempo. Es un enorme proceso temporal, la Odisea nos va contando el tiempo, tenemos esa sensación de mortalidad, ¿no?

EVA. –Además en la Ilíada hay trama, pero no pasan tantas cosas, son relaciones entre personajes y luchas, como si fueran relatos sueltos… y aquí, en la Odisea hay una trama muy construida que podría haberse creado hoy… planteamiento, nudo, desenlace… flashbacks, digresiones, correlatos…

DAMIÁN. –Y sobre todo parece que no pasa el tiempo, como si no contase para nada.

CHUS. –El tiempo está aquí tan metido que, incluso leyendo el texto, hay momentos en los que te impacientas mucho para que llegue al siguiente paso o la siguiente acción.

DAMIÁN. –Es decir, tenemos tristeza, paso del tiempo, melancolía, espera... No es extraño que Ulises tenga un viaje al Hades por en medio, es la pura mortalidad. La Odisea es tremendamente melancólica, Ulises tira la toalla en más de una ocasión, lo va perdiendo todo por el camino para conseguir llegar a Ítaca.

LIS. –Dice algo parecido a: Ir hacia adelante, con el corazón triste, escapando gustoso de la muerte.

CHUS. –Incluso los dioses le han abandonado prácticamente.

DAMIÁN. –Los dioses ya no están, es como si ya solo hablara consigo mismo. Vuelve del Hades para envejecer –o más bien para morir–, porque después de veinte años entre la guerra y la vuelta, más los años con los que partió, hacen unos sesenta, es decir, que Ulises vuelve a casa siendo ya viejo.

A veces la historia narrada es malvada: Ulises desciende al Hades empujado por Circe para ver si Tiresias le dice cómo llegar a casa, pero lo que Tiresias le contesta no es fácil de interpretar, le dice, más o menos, que tenga cuidado y que más le valdría quedarse allí porque lo busca el padre de Polifemo –el cíclope al que cegó–, y ese padre no es ni más ni menos que el dios Poseidón… casi nada, y mucho más si estás de viaje navegando y si te mueves en sus dominios. Luego le dice que si llega a Ítaca será un milagro, pero no le dice por dónde tiene que ir ni nada más. Es decir, que baja al infierno para hablar con uno que le suelta: tranquilo, quizá llegues y quizá no.

Si os fijáis en todo este capítulo del Hades, el episodio de Tiresias no es sustancial en comparación con el encuentro con todos los demás muertos: sus padres, los de Aquiles, sus compañeros de Troya… ese es el sentido de ese viaje.

CHUS. –También he visto el deseo de venganza, el odio a los pretendientes, la desconfianza entre ellos, entre la familia, que no se reconocen y tienen que darse pruebas.

LIS. –Pero el deseo de venganza estaba ya en la Ilíada.

DAMIÁN. –En la Ilíada también eran desconfiados, pero lo que está claro es que hay un proceso vital y esa es la gran diferencia, y que ese proceso está plagado de sentimientos personales; que también se han metido el tiempo, la espera y cosas que ya van a ser cabalmente objeto de tema literario. Además de que el mundo invisible es poco invisible, y que parece que el libro pivota sobre esa bajada al Hades.

CHUS. –La parte invisible se ha vuelto muy agresiva, con los monstruos y eso.

DAMIÁN. –Sí, porque no son ni deidades ni personificaciones de la divinidad, son monstruos concretos, terrestres… titanes, cíclopes.

EVA. –Yo creo que el viaje al Hades tiene mucho sentido y es un punto de inflexión en la Odisea. Primero para recobrar la luz del regreso que Ulises había perdido, y luego para rescatar lo invisible del mundo de lo visible. La bajada al Hades tiene una dificultad terrible, de hecho, todo el mundo se lo advierte… Y en la parte del barro y de la sangre de la zanja… he visto como una vuelta al útero materno, a las religiones antiguas, a lo sagrado…

DAMIÁN. –¿En el Hades?

EVA. –Sí, en el Hades, es como si fuera necesario volver a esa oscuridad para curarse nuevamente, para encontrarse. Hay algo que se da tanto en la Ilíada como en la Odisea y es que no hay diferencia entre los territorios del sueño y la vigilia. Este descenso al Hades también es muy similar al sueño. Creo que si no durmiéramos, no podríamos imaginar cosas como poder volver a la vida después de morir.

Y en la Odisea es bastante definitivo que hay un cambio: se pasa de la preocupación por la gloria que siente en la Ilíada, a la preocupación por el conocimiento en la Odisea. Es como si se restableciese el sentido de la lucha en la Ilíada, que es para establecer la paz, por el del regreso al hogar, a la educación de los hijos… lo masculino de la gloria daría paso a lo femenino de la protección. Y creo que como con la muerte se abren todos los sentidos, desde ahí se puede renacer, se puede volver.

DAMIÁN. –¿Piensas que la muerte abre los sentidos?

EVA. –Lo he experimentado: te encuentras ante una situación abismal.

DAMIÁN. –¿Pero no son los sentidos los que tienes que borrar para poder morir? Algo está mal para que necesites bajar al Hades para morir, algo tienes que matar. Y si puedes ser todo tú mejor, hay una negación de los sentidos anteriores por falsos. Va a pasar lo mismo con Parménides y su viaje al Hades, que estaba mal. Le dicen allí mira lo que pensabas, mira lo que tú creías que era la realidad. El problema de ese capítulo de la Odisea es por qué recobra Ulises la conciencia: no se llega a saber. Recobra una fuerza que no tenía y saca una nueva conciencia de las cosas, y eso le permite no solo salir del Hades sino volver a casa. La pregunta sería por qué ocurre eso. Tenemos que pensar en las muertes y en qué es una muerte en vida: Ulises baja al Hades vivo y vuelve vivo también, un rito de todas las religiones... hay que morir varias veces… pero, ¿qué se gana muriendo?, ¿de dónde se saca esa renovación?

EVA. –Sale de la nada, cuando ya no eres nada es cuando puedes ser otro nuevo. Hay una especie de vaciamiento que, como si dijéramos, da lugar y deja hueco al espíritu o el alma del renacido.

DAMIÁN. –O te quedas ahí para siempre, ¿no? Tratado de cualquier manera, esto es un tópico: hay que morir para sentirse vivo… Pero ¿de dónde se saca la nueva conciencia para poderse convertir en otro? Algo está sugiriendo Homero de forma muy sutil. Ulises baja al Hades en un párrafo que no dura nada, hace una pregunta que no le responden y aun así vuelve más fuerte y con más valor; es decir, ha encontrado algo y evidentemente no son las palabras de Tiresias, es otra cosa.

PABLO. –¿Ver a los muertos? El contacto con la muerte hace que la aprecies.

DAMIÁN. –Eso es ambiguo... Quizá tenga más que ver con cómo se hace, qué es lo que hace cada cual al hacer ese viaje, y no tanto lo que sucede. Si no sabemos qué le ha pasado a Ulises, igual que tampoco se sabe qué le ha pasado a Lancelot, ni a Parménides, habrá que intentar ver lo que hacen.

EVA. –Otra cosa, ¿por qué la Ilíada es masculina, y la Odisea femenina y vuelve a la protección?

PABLO. –Me ha parecido que ese afán por la gloria, como en Aquiles, es más masculino, y sin embargo en la Odisea, ese mismo Aquiles dice que preferiría ser el siervo del terrateniente más pobre y continuar vivo: impresionante de todo punto.

DAMIÁN. –Pero ¿eso es masculino o femenino?

EVA. –Pienso que la gloria es más masculina, mientras que bajar al Hades para aprehender el conocimiento, volver a tu casa a cuidar a tu hijo, a tu descendencia, es más femenino. Hay partes en las que Ulises no quiere volver a casa, pero recobra esas ganas después de bajar al Hades.

La otra pregunta es cómo era el Hades. He visto que acogía por igual a todos los difuntos: o sea que la muerte iguala a todos como en el Antiguo Testamento. 

LIS. –Pero en el Hades no solo están los hombres, también están los dioses y los gigantes, es como si fuera otro mundo igual que el de arriba.  Una cosa que me ha extrañado es que no están todos en el Hades: Héctor no aparece… del enemigo no aparece nadie. Son los muertos propios de Ulises, sus amigos, y eso me lleva a pensar que el Hades debe de ser personal e intransferible. Parece que es una bajada a la propia reconciliación con uno mismo, el propio entendimiento, la mirada sobre la propia alma… aunque para poder hacer esa operación también deberían estar los enemigos, ¿no?

EVA. –Aquí lo que no hay es pasado ni futuro, solo presente, y los muertos no tienen noticia de los vivos. Estos muertos también lloran y tienen compasión por el dolor ajeno. A diferencia del Antiguo Testamento, no hay cielo, es como una casa común a todos, cada uno hace lo que hacía en la vida.

PABLO. –Pero hay tres partes: los Elíseos, el Tártaro y el Hades, más el Juicio.

DAMIÁN. –Esta división también la hace la religión zoroástrica:  el infierno tiene círculos, de ahí lo toma Dante. Cada condenado tiene su espacio, se estratifica el infierno. ¿En qué pensáis que se parece Ulises a Sísifo, por ejemplo?

AYUSO. –Que uno no puede volver a Ítaca y el otro no puede quedarse arriba de la escalera, aunque suba y baje eternamente rebotando contra los límites de su propia realidad.

EVA. –Una duda, ¿por qué sale el Hades al final? Si es un cambio íntimo, propio y personal que se produce en él y ya se ha producido algo ¿por qué aparece el Hades al final de todo?

DAMIÁN. –Es que es algo personal y al tiempo no lo es. Como nosotros tenemos tan separado lo público y lo privado, nos cuesta entenderlo, pero en la Odisea no se diferencia.

La pregunta era cómo se consigue esa conciencia más fuerte, con nuevos conocimientos, de la que se sale renacido. Estamos todos de acuerdo en que morimos muchas veces: el niño que deja paso al adolescente, el adolescente al adulto, el hijo al padre… todos estos cambios los sentimos como auténticas muertes y las sociedades las tienen reguladas mediante ritos. Los ritos tienen dos direcciones: una es ser consciente uno mismo de ese cambio y obligarse a tomar conciencia,  y la otra hacerlo en presencia de los demás, que te recuerdan que has cambiado y no te van a permitir regresar atrás. Por ejemplo, el matrimonio va a funcionar como memoria de ese cambio recordándote las cosas que ya no puedes hacer. Para los griegos, todo eran ritos y todo era una toma de conciencia a través de ellos: cuando te hacías mayor, cuando te casabas, cuando te ibas a la guerra. Si los comparamos con nosotros, hoy no tenemos casi ritos.

LIS. –Todavía hay gente que quiere que lo entierren en un panteón con los suyos.

DAMIÁN. –La hay, sí. Antes estaban el luto y el duelo y ahora eso está acabado. En el capítulo del Hades se percibe la fuerza del rito de muerte: antes de entrar se hace una cosa, después se hace otra, después se duele uno con todos aquellos que están allí muertos... Por eso Confucio estaba empeñado en que había que hacer todos los ritos.

Cuando se nos muere alguien sentimos dolor y el rito lo recuerda, pero sobre todo marca el tiempo, señala un antes y un después. Los sentimientos cada uno los lleva como quiere: si estás de duelo, hay cosas que haces y otras que no.

PABLO. –Es que el rito es obligado. Hay cosas que no haces porque no te apetecen, y cosas que no haces por obligación de cara a los que te rodean.

DAMIÁN. –El rito es la forma en que una comunidad integra el dolor: se nos ha muerto alguien y queremos consuelo y, para que te consuelen y recibir el apoyo de la comunidad, la sociedad tiene unas normas convencionales: van a verte y te ofrecen consuelo para demostrar respeto al muerto, le hacemos una despedida en una iglesia o en un cementerio porque el rito es siempre social y no personal, el rito es la forma de decirle a la comunidad en la que vives estoy haciendo algo para mí mismo, pero quiero que me acompañéis.

O como en una tribu, cuando un chico cumple catorce años tiene que matar a un ciervo para demostrar que ha pasado de la infancia a la edad adulta. Es un rito de tránsito de una edad a otra, un cambio de estado dentro de la comunidad. Tienes que sentirlo, tienes que tomar conciencia para poder hacerlo bien, porque si no es así, el rito se convierte en un fastidio. El rito lo hace la comunidad, el sentimiento lo tienes tú solo… pero si están sintiendo todos, el sentimiento se multiplica.

PABLO. –En cuanto a lo que dices de la tribu te entiendo, en cuanto al análisis de los sentimientos, no me convence que el rito sea bueno.

LIS. –Se hace / crea comunidad y se marca el tiempo. Con un rito marcas un tiempo que todos van a recordar. Las cosas que no se ritualizan no han existido para la comunidad como momento destacable e importante de la vida.

AYUSO. –Además, los ritos de muerte no tienen por qué ser tristes o de luto. Yo he estado en funerales que había comida, champán y fiesta.

DAMIÁN. –Cuando estás solo de verdad, cuando hay dolor, necesitas un rito que tenga sentido, que dé significado a las cosas, que los otros estén ahí contigo, porque hay cosas que no se restañan si no es con los demás. El rito tiene que ser compartido por todos y si no, no es rito.

LIS. –Es lo que decíamos antes, cuando sacamos el dolor fuera y lo compartimos con otros se modifica, cambia, seguimos doliéndonos, pero ya es otra cosa, se siente de otra manera.

EVA. –El asunto es cómo el rito puede modificar tus sentimientos.

DAMIÁN. – Un rito es una convención que procura poner un campo a lo inabarcable, delimitar un territorio con unas reglas y unas conductas porque ante lo inabarcable no podemos hacer nada. Pasas de niño a adulto y te sigues sintiendo como siempre… no puedes lidiar con eso; se te muere alguien, y no sabes qué es... Hay procesos que han funcionado muy bien a lo largo de la historia, como convertir todas esas situaciones de cambio en una serie de convecciones que uno hace con los otros y consigo mismo para adquirir conciencia de lo que son y aprender a manejarse en esos terrenos especiales de tal modo que, si alguna vez no se siente dolor, por ejemplo, el rito ayuda a sentirlo y a transformar en consciente de lo que acaba de ocurrir.

EVA. –Pero no siempre hay esa relación entre el rito y el sentimiento.

DAMIÁN. –Por supuesto, hay muchas desviaciones sobre la norma. El tabú del incesto, por ejemplo, no tiene mucha explicación, no se sabe si es malo acostarse con miembros de la propia familia o es que se siente un rechazo instintivo a hacerlo. El rito es la forma en la que tus sentimientos se acomodan a aquello que necesitamos, permite tomar conciencia de las cosas, poder explorar nuestros sentimientos, que los demás demuestren los suyos… Por ejemplo, no hacer un duelo por una muerte importante es un error que se paga toda la vida. Vivimos en una sociedad en la que cuando nos ocurre algo de ese estilo, buscamos un método sustitutivo o lo negamos: a mí no me ha pasado… y cerramos el tema de un plumazo. Pero el rito acomoda los sentimientos, te hace sentir lo que tienes que sentir. La vida está hecha de marcas y no es lo mismo la vida que la muerte, o ser joven que ser viejo… y esas marcas que separan hay que celebrarlas.

En el caso del capítulo del Hades, ellos están haciendo un rito, van a un sitio que es distinto… Es darle a lo inabarcable una textura. Tú no puedes saber qué tienes que sentir en cada momento y el rito te ayuda a ello. La ausencia de ritos en la muerte –de los más importantes– hace que todos estemos aterrados. Cada cambio es una forma de muerte y, como las vamos eludiendo, cuando llega esa muerte muy importante nos entra el pánico porque no hemos asumido lo que la vida ha tenido de muerte. El rito también ayuda a perder el miedo, a tomar conciencia de donde estamos.

En este capítulo vemos cómo se toma conciencia y cómo se hace un rito para entrar, y después muchos ritos más. Tenemos una intolerancia a la separación que acaba traduciéndose después en el miedo a la muerte. Esto ocurre porque hemos ritualizado situaciones sin un significado destacable y, por ello, no nos han dado ninguna consciencia… y a Ulises lo que le pasa es que hace cosas: hace un tránsito por el mundo de los muertos y sale con una conciencia que no tenía… y ese hacer el tránsito hay que ponerlo en contraste con el no hacer de antes. Va haciendo cosas y va saliendo del hoyo, nunca mejor dicho. Va dejando el abandono en el que se encontraba y esos actos son lo que le va haciendo consciente.

El rito marca los tiempos, los territorios, los actos, lo va marcando todo, y lo que era incognoscible, lo que era inabarcable, se vuelve de pronto cognoscible y abarcable. Todos los viajes al Hades se parecen mucho, y yo diría que, si no hay rito, no hay sentimiento. El rito es individual y colectivo, y lo que dicen los griegos es que hay que cumplir los ritos o no nace el sentimiento.

AYUSO. –Pero hay ritos que tenían sentido antes y ya no lo tienen. Por ejemplo, el de la comunión solo lo llevan a cabo los católicos, no casi todos los niños, como antes.

DAMIÁN. –Estoy de acuerdo, pero esos ritos en el origen tenían un sentido, hacer la primera comunión era un rito para pasar de la infancia a la pubertad.

LIS. –Se decía que ya tenías uso de razón y te convertías en pecador a los siete años… La primera comunión era como cazar al ciervo…

DAMIÁN. –Eso es. Si no haces los ritos que debes, te morirás de miedo antes de morirte de verdad porque no vas a entender nada. La filosofía se inventó porque había un ser mortal en un universo estable. Cambiemos de tercio, ¿quién quiere hablar de la nueva psique?

AYUSO. –Psique es la inteligencia práctica para adaptarnos a un medio. Estaríamos hablando de lo que estamos hechos cada uno, el primer aliento, el primer aire que tuvimos… y, puesto en el terreno bélico como la Ilíada o la Odisea, sería como la armadura de cada cual. Es lo que tenemos, lo que llevamos, con lo que venimos, lo que habitamos, las armas que tiene cada uno y que nunca son las mismas porque estamos conformados de distinta manera.

Lo primero que he visto es el cambio entre la psique que se ve en la Ilíada y la que se ve en la Odisea. En la Ilíada hay un tránsito de un hombre –Aquiles– que buscaba la gloria en la batalla, y ese hombre la conseguía tanto defendiendo lo suyo como muriendo derrotado por ello. Y en la Odisea, Ulises no se enfrenta a otros, sino a sí mismo y a lo que no conoce, a lo que le están descubriendo como su destino. En la Ilíada es el contendiente, el guerrero, el que define al héroe, y en la Odisea el héroe es quien se define por sí mismo: las batallas son de Ulises contra él mismo.

DAMIÁN. –¿En qué ha cambiado?

AYUSO. –En la reflexividad, se vuelven reflexivos y empiezan a pensar por qué hacen lo que hacen y por qué piensan como piensan. En la Ilíada, la actitud es hago esto porque mi carácter es mi destino, y en la Odisea ya piensan en porqué piensan lo que piensan: es filosofía. Y en la Odisea también aparece el movimiento: el camino es conocimiento y para conocerte, tienes que salir de ti mismo.

DAMIÁN. –Es movimiento, pero un movimiento inmóvil. Una de las cosas más interesantes de la Odisea es que Ulises se mueve mucho, pero no se mueve del sitio hasta el final. Cicerón decía que el movimiento no significa nada, que depende de donde lo coloques: lo llamaba el movimiento inherentemente inmóvil. Como el griego, los pitagóricos están convencidos de que la realidad es una, no tiene partes ni movimiento y no se puede modificar porque es un universo en el que todo el inmutable.

AYUSO. –Entonces Ulises no puede conocerse nunca si no sale de sí mismo.

DAMIÁN. –No es tan literal. Un griego siempre piensa en una imagen, no se queda en lo literal porque se pregunta: ¿para qué me sirve a mí un viaje al Hades? Hay que empezar a pensar de otra manera. Cuando Platón dice que aprender es recordar, está claro, ¿cómo vas a aprender algo si no te lo sabes? El occidental literal dice: yo no sabía francés y aprendí en una academia… y no se da cuenta de que, si no está en él mismo el aprender francés, no lo aprenderá nunca.

EVA. –Igual que con la música, ¿no?, si no está en ti, da igual que te empeñes, nunca aprenderás. El griego es un mundo complejo donde lo visible y lo invisible están muy entramados.

PABLO. –Es otra forma de pensar, está en otra esfera de pensamiento. Me estoy acordando de Parménides: esto es lo que es, esta es la vía de la Doxa y lo otro la vía de la Verdad, y no hay más.

Referencias externas

Ulisse (Ulises) (Ficha). Dirigida por Mario Camerini. Italia, 1954. – HD, VE

Ulises. Mitos y leyendas. RTVE, 2012

Una odisea griega con Bethany Hughes (Serie seis capítulos: siguiendo el rastro de Odiseo). Dirigida por Anna Thomson. Reino Unido, 2020.

La odisea (miniserie tv con guion sobre el relato de Homero). Dirigida por Andrei Konchalovsky. EEUU, 1997.

La odisea. Homero. Texto completo. Instituto latinoamericano de la comunicación educativa. ILCE. México.

La odisea contada por los pintores. Cuadros de varios autores.

Bibliografía

La odisea. Homero.

La Ilíada. Homero.

Poema del ser. Parménides.

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