An-37 El infierno y el paraíso no siempre se distinguen

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento INFIERNO

En África todo es fusión y, cada vez más, también lo es en el mundo. El infierno y el paraíso forman parte de la vida de igual manera, se funden, participan de las capas arcaica, mágica, mítica, mental y aperspectívica que describe Jean Gebser en su obra Origen y presente. La conciencia integral podría llegar a ser esa fusión. Wainaina escribe el ritmo de esa fusión: en su escritura hay descripción de acciones, monólogo interior, reflexiones abstractas, flujos de conciencia, que combinan cosas supuestamente diferentes, que cabe la posibilidad de que no lo sean. Cuando contemplamos la realidad sin pensar en el sentido, sentimos que el ritmo está relacionado con la memoria, además de estarlo, así mismo, con la comunidad.

Algún día escribiré sobre África - Binyavanga Wainaina

Lectura[editar | editar código]

El infierno y el paraíso no siempre se distinguen - Binyavanga Wainaina

Resumen[editar | editar código]

El escritor keniano Binyavanga Wainaina escribió furioso al editor de Granta en 2005. La razón de su rabia era el número que la revista había publicado sobre África: «No me molestaba lo sombrío, sino lo estúpido. No había nada nuevo, nada profundo, sino mucho “reportaje” […] como si África y los africanos no fueran parte del discurso, como si no vivieran al otro lado de la calle de la oficina de Granta. No, nosotros estábamos allí, donde gente valiente vestida de color caqui podía acudir para atestiguarlo». El editor le propuso publicar una versión editada de su correo, ahora como texto titulado «How to Write About Africa» (enlace al final). Se convirtió en el artículo más reenviado en la historia de la revista. Después, Wainaina escribió Algún día escribiré sobre África donde retrata su vida en África como un mosaico en ebullición, bailando en su adolescencia con la música de Michael Jackson, contemplando con ironía un desfile de dictadores despóticos, trenzándose a golpes con un mafioso abusivo, siempre narrando con un lenguaje de una gran plasticidad y belleza, y sobre todo sin juzgar a los demás, para ceñirse a una de las principales reglas de la sociedad de Kenia: «Si hay una cortesía que todos los kenianos practicamos consiste en no cuestionar las contradicciones de los demás; todos tenemos contradicciones, y destruir la cara de otro es un sacrilegio». Esta novela ganó el Caine Prize, sobre la que él mismo dijo: "Quería que fuera en parte sobre el lenguaje y en parte sobre ser un ciudadano del mundo que siente, como la mayoría de la gente, que ese mundo le incumbe".

La sesión de este diálogo tuvo lugar antes de que muriera Binyavanga Wainaina.

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AYUSO. –No sé si es sentimiento o emoción, o quizá la forma de expresarse de Wainaina: se ven las formas, los campos de trigo, los pies que se hunden en el barro… a lo mejor es un paso más y no está tan conseguida la plenitud, pero sí es la expresión de un sujeto fundido en la naturaleza. Hay algo que veo y se trata de la disolución del objeto, no se puede separar sujeto y objeto, y cuando describe el sol pasando a través de las hojas y ramas y convirtiéndose cada vez es soles más pequeños y perfectos, es otro sol diferente al nuestro.

DAMIÁN. –Es una percepción mágica, ¿no?

AYUSO. –Te cambia la definición que puedas tener del sol o de cualquier otra cosa a la que Wainaina se aproxime, a cualquier detalle en el que ponga su atención.

DAMIÁN. –Es que a ratos pasan cosas muy raras, parece que estás en un mundo mítico, arquetípico, mágico, hay de todo.

AYUSO. –Hay mitos. Por buscar uno –si es que existe y es un mito–, es el del desarraigo o el del progreso. También cuando una serie de imágenes, aparentemente sin relación alguna, te dejan con la pregunta de qué es lo que une todo esto. Hablábamos del lenguaje –y esto es de Platón–, de quitarle los símbolos para que le llegue toda su potencia y te lleve a otro sitio: cuando describe la sed, dice que cada palabra tiene que ser lo que es, sed para él puede ser perseguir a los hermanos, puede ser lo que les une a ellos, le quita todo el símbolo que puede tener la palabra sed. Lo mental está en todos los sucesos corrientes que suelen llevar el juicio, es previsible, no hay nada más que pensar: lo visible son los relatos espaciales y son temporales los relatos lineales. En otras ocasiones son cuentos o situaciones cargadas de perspectiva, de espacio temporal, de metáfora o de psicología incluso. Es un relato con mayor sensibilidad de la que estamos acostumbrados, te obliga a poner tu mirada.

DAMIÁN. –Wainaina dice que cuando te ponen algo delante, te ves obligado a juzgar. ¿Qué imagináis que puede ser eso?, ¿qué tipo de cosas en la vida, cuando te las ponen delante, estás obligado a reaccionar? O reaccionas o sales de escena. En el estilo de Wainaina no hay espacios en blanco, Hay una sensación de que todo lo que pone tienes que leerlo porque si no te pierdes algo, es una sensación muy rara. Lees a Proust y dices, bueno, esto me lo salto y no va a pasar nada, pero Wainaina no te deja hacer eso, aunque sepas que no te va aclarar más la historia, piensas que hay que estar ahí y leer. ¿Qué experiencia es esa de la vida?, porque es algo más que la atención, sabes que tienes que estar atento porque si no, te vas. No sé si es que tiene la capacidad de esconder las cosas al lector de tal manera que es necesario prestar atención continuamente.

LIS. –A mí me parece demasiada información, es una barbaridad lo que cuenta.

DAMIÁN. –Esa es otra cosa a tener en consideración: que habla de todo a la vez.

LIS. –Sin embargo, no tienes la sensación de que te esté contando su vida, es como si estuviera tumbado viendo las nubes y contase: ahora veo un cerdo, ahora a mi madre… es como una pintura escrita.

EVA. –Y como está escrito en presente, te da esa sensación de que todo está pasando a la vez.

DAMIÁN. –Esa es una estrategia, pero no explica el efecto extraño que provoca.

EVA. –Pero sí explica que te comprima mucho el tiempo.

LIS. –A mí me gusta cuando describe a su nueva niñera: la adoran, pero también les da miedo.

DAMIÁN. –La ambigüedad la maneja como nadie. Todas sus historias son ambiguas. Si ahora preguntáramos ¿Wainaina ama a África? La ama y no. ¿Wainaina ama EEUU?, sí y no. Es difícil captarlo, no tiene el punto perspectívico, no hay ninguna declaración. Nunca se mete con nadie del todo, y es muy elíptico. No quiere hacer discursos ni literales, ni literarios, ni políticos. Y con su familia pasa lo mismo, el padre tiene gestos aterradores y otros entrañables, pero él no lo dice como lo diríamos nosotros. Pero la ambigüedad es fundamental y lo más difícil de hacer; no sé si nosotros somos capaces de hacer un relato con ambigüedad.

AYUSO. –Otro escritor que podía hacer tan ambiguos los textos era Kafka: nunca sabías si tenías delante una gran tragedia o te estaba tomando el pelo. Esto son gestos de lo que Gebser llamaría conciencia integral. Algo que va por capas y que no sabemos muy bien de qué va, tanto Wainaina como Kafka manejan la confusión de que las imágenes se vuelven literales en algún momento.

LIS. –A mí me da la sensación de que en Kafka es algo particular y con Wainaina me parece que África es así.

DAMIÁN. –He leído otros autores africanos y no se parecen en nada.

LIS. –Él respira África, me da la sensación de que él es África cuando lo leo, todo está junto, un lío donde no te puedes perder ni un trocito así, pero tampoco ningún trozo te aporta nada del resto.

DAMIÁN. –Es verdad, es así, y eso lo transmite maravillosamente.

EVA. –Yo no sé si él sabe en qué capa de la conciencia está.

DAMIÁN. –Yo creo que no, saberlo sería hacer un ejercicio mental… A nivel informativo, la novela cuenta muchas cosas que ni imaginábamos, y lo tiene colocado de tal manera que transmite una impresión muy profunda de lo que es África.

EVA. –Te instala en una sucesión de imágenes que no eres capaz de saber qué las une, como decía Ayuso, y nos hace saltar de lo arcaico a lo mental o lo mítico; por eso es posible que controlase los niveles de conciencia.

DAMIÁN. –Sí, es posible, pero yo no me he fijado en eso, me he fijado en el efecto integrador que se produce, y probablemente África sea en este momento el mayor catalizador que haya en el mundo de esa conciencia integral de un todo. Esto es un libro, por ello es un producto mental, pero tiene muchas cosas y abarca más de lo que sabemos de la conciencia mental. Repito mi pregunta, ¿qué es aquello a lo que prestamos atención y si no se la prestamos, salimos de escena? Desde la primera página no sabemos cómo va a evolucionar este texto, y no solo se debe a que esté cambiando de registro todo el tiempo, es un adulto el que habla.

EVA. –Sin embargo, sí parece a veces que habla el niño que lleva dentro. Y a medida que avanza el texto, va cambiando la estructura del libro. Cuando se va a Sudáfrica a estudiar es más lineal.

DAMIÁN. –Se vuelve un poco más lineal, pero no lo es completamente porque seguimos sin saber qué quiere contar. Aquí el reto es saber qué quiere contar sobre África. Por eso, en algunos sitios la escritura es mágica y en otros como una ingenuidad africana.

LIS. –Yo tuve la sensación de que decía algo como: mirad somos africanos, pero tenemos la misma cabeza que los demás. Parece un tópico, pero es lo que piensa todo el mundo, que los individuos africanos son diferentes y que no tienen ciertas capacidades, pero cuando leo esto pienso que nosotros también somos África.

DAMIÁN. –Wainaina es especial y es superior a otros escritores, he leído a otros africanos, algunos educados como él en Nueva York, y a Wainaina le noto que la raíz es africana troncal. Le descubren a los treinta años que era diabético, tenía las rodillas mal, no respiraba bien… ya estaba becado en el extranjero y en un reconocimiento médico le encontraron todo eso... ¿Qué sentido tendrá del dolor para él, para no plantearse ni ir al médico?

LIS. –Lo cuenta todo sin cariño, ni a África ni a su familia o amigos.

EVA. –Para encontrarle los afectos hay que buscar bien.

LIS. –Es que no los tiene.

DAMIÁN. –No quiere esa función del yo.

EVA. –Pues yo sí noto amor por África y por los africanos, y por los ugandeses.

LIS. –A mí me parece una cosa muy objetiva, imparcial, fría…

DAMIÁN. –Hay un amor profundo al ser, a la vida. Cada cosa tiene relieve, la vas tocando y eso es amor.

EVA. –Y acepta todo lo que hay en África, no juzga nada. Esa aceptación es fenomenal, maravillosa.

DAMIÁN. –Es fabulosa. La ambigüedad no entra en el discurso que esperamos. Estando todo mal en lo relatado, y siendo una ruina, Wainaina no entra en ese discurso.

NURIA. –Yo he visto una luz con este libro, empecé a leerlo y para mí este hombre es de otro mundo. Lo que me parece es que tiene una poética junguiana y no freudiana, tiene alterado el inconsciente, y traté de ver diferencias entre una y otra. Mi tesis consiste en que en la poética junguiana la realidad es sin más, y en la freudiana la realidad es cómo la vemos, o sea hay un espejo al otro lado. Aquí la realidad es una suma de imágenes reales, todas sus imágenes son acumulativas y hay una superposición. Otra cosa es que las imágenes son parte de la realidad narrada, y eso no pasa en la realidad freudiana. Aquí no encuentras una imagen que no esté en África, es imposible. Además, cuando está siendo un niño está en la realidad narrada del niño. Con esto lo que hacer es como una narrativa hacia abajo que pretende profundizar en la realidad, y estamos acostumbrados a que nos eleven: donde esto es raíz, la poética freudiana sería cielo. También está la relación con las palabras, la freudiana es una relación abstracta con las palabras: una palabra, un concepto; y aquí hay una relación concreta: una palabra una cosa. Es casi anti Platón, una palabra no es la sombra de un concepto.

DAMIÁN. –Eso lo decía Calvino y lo han dicho todos los clásicos: la palabra es la cosa y punto; entonces no hay cosa más allá de la palabra, y lo que decía Platón es que si no existiera la palabra no existiría la cosa, pero que la cosa es independientemente de la palabra: esa paradoja es Platón. Wainaina sería que la palabra es la cosa, pero, si le preguntáramos, diría que la palabra no está en la cosa, es decir que África no está en este libro, existe aparte de este libro.

NURIA. –En el libro dice: las palabras, pienso, deben ser cosas concretas, no sugerencias de cosas, imágenes vagas en sensaciones al azar... Y mientras lo freudiano tiene que ser todo unidireccional, que es nuestra praxis mental, esto es perfectamente ambiguo. Esto no lo asocio a que sea africano, Wainaina me parece genial y si fuera americano no diría que es América; me parece que es una cosa no folclórica, sino que su cabeza funciona así porque es junguiano, como Blake, y Blake era inglés.

DAMIÁN. –Sí, es verdad. ¿Creéis que esto lo ha conseguido Wainaina por estrategia literaria o por algo de fuera de la literatura? O mejor, ¿forma parte del repertorio canónico de la literatura conocida la estrategia que él sigue, o hay realmente algún tipo de invención? O, ¿una resonancia que viene de fuera?, no tiene por qué haber invención… Por ejemplo, Kafka es impensable sin los relatos de sabiduría de la Biblia. Esas características que tiene a veces el texto, o la composición, o la gramática, nos hacen pensar que es muy raro y, sin embargo por alguna razón nos gusta, parece que hasta le conocemos.

EVA. –Yo creo que Wainaina no representa a África.

DAMIÁN. –Es africano y las cosas que cuenta de África hay que pensarlas… Cuál es vuestra opinión, ¿el efecto se consigue más técnicamente que culturalmente, o no?

EVA. –Yo creo que es técnica y no es cultural.

DAMIÁN. –Técnica tiene que haber, pero ¿no notáis nada que venga de fuera, un sonido extraño?

EVA. –¿A ti no te ha recordado Wainaina a otros escritores?

LIS. –He visto una nueva manera de escribir, algo muy del siglo xxi.

NURIA. –Cuando ves esta forma de pensar y de escribir, ya no puedes preguntarte qué vamos a leer ahora de él. Es como si ya contuviera todos sus posibles libros.

DAMIÁN. –¿Que va a escribir siempre igual?

EVA. –Yo creo que él está en un sitio del que no puede salir. Es decir, una vez que sales de la realidad y entras en ese otro lugar, ya no puedes hacer las cosas literalmente. Claro que podrá escribir más libros y serán estupendos, pero no podrá cambiar el punto de vista. Me ha recordado a otros textos de ficción en los que, si te quedas mirando la realidad, acabas por penetrar en todas las capas, como cuando miras durante mucho tiempo una mesa y acabas viendo todas las capas que la componen.

DAMIÁN. –Puede ser… De todas formas, entre los europeos que hemos visto, Alexander Kluge y John Berger tienen un nivel de abstracción conceptual alto, y Wainaina no quiere tenerlo y tampoco sabemos si podría tenerlo o no. Aunque hay otro asunto en el que son muy parecidos: cómo va funcionando el texto y con qué recursos… creo que lo hacen igual. Y Wainaina tiene eso que también vimos con Geoff Dyer, esa prosa hipnótica que no sabes qué es. Es una mezcla de discursos porque ninguno de los dos quiere que se escuche un discurso, y allí donde se puede, lo cambian. Y Wainaina descubre –o lleva puesto ya– que eso tiene un nombre: el ritmo. Y el ritmo es lo que hace que todas las capas suban y bajen.

Ahora escucharemos algunas piezas musicales y cantantes africanos para que veáis la importancia que dan al ritmo, para que sintáis eso que hay para que el ritmo se haya convertido en una estructura lingüística y de conocimiento, circunstancia que no se había dado hasta ahora. Empezamos con dos versiones del himno sudafricano, una cantada por estudiantes y a continuación la versión del himno oficial. Al final, terminaremos con música de la misma zona de África, pero creada, cantada e interpretada por blancos.

(En las Referencias externas se encuentran los enlaces a las canciones).

Todo es de la misma región de África. ¿Habéis visto algo unitario entre ellos?, ¿negros, blancos, diferentes épocas? ¿Qué y cómo lo relacionáis con el libro de Wainaina? Hay algo que llama mucho la atención y es que todo es fusión en África. Hemos escuchado a los blancos en último lugar porque, para ellos, la forma de relacionarse con la realidad también es fusión, que desde el punto de vista de la mercadotecnia es bueno. Vamos a EEUU y hay negros que crean e interpretan blues, jazz, rap… pero no es lo mismo que se hace en África. En EEUU la estructura es mental. En África, y en la gente que hace bien la fusión, surge un ritmo natural. El ritmo es lo que hace que prestemos atención al presente… y cuando nos falla, no podemos hacer nada; la concentración, por ejemplo, es un asunto de ritmo.

EVA. –Las cosas que hacemos cada día y nos alegran tienen ritmo, y no se debe a porque lo que en sí hagamos sea fascinante, sino porque prestamos tención naturalmente debido al ritmo interno… y desde ese punto de vista, el ritmo es vida…

DAMIÁN. –Si queremos buscar capas mentales del tipo arcaico, mágico, mítico, mental y finalmente aperspectívico o integral con la cabeza, no funciona porque no lo estamos mirando más que desde nuestro mundo mental. Pero si metemos el ritmo y no pensamos en el sentido, todas esas instancias salen solas porque el ritmo está relacionado con la memoria además de la comunidad. A nosotros no nos cuesta mucho escuchar a los africanos porque reconocemos algo nuestro también, por eso triunfa el Pata Pata, que es un disco del año 1964 y debía de ser una música muy exótica.

El ritmo se opone a la estructura mental lógica y es memoria, y para sacarlo es necesario compartirlo con alguien, lo que hace es sacar lo de dentro hacia fuera, desde lo más profundo hacia lo más externo. Es posible que cuando uno baila esté sacando estructuras de todo tipo: lógica con respecto a los movimientos, mágica con respecto a la relación con los otros, mítica con respecto a las imágenes que aparecen en su cabeza…

MIGUEL. –Es que los africanos se han estado fusionando todo el tiempo. Por ejemplo, es muy curioso que haya un mundo tecnológico que se superpone a sus ritmos indígenas: la forma de producción del sonido, los instrumentos, unido a un sistema discursivo –que viene con esa tecnología– hace que su ritmo se vea influido también por la forma en que suena. Todo ese aparato se superpone al ritmo indígena y ambas cosas se funden permitiendo sacar capas profundas del sentido a la superficie. Creo que en el libro de Wainaina es lo que está pasando todo el tiempo; ignoro si consciente o inconscientemente.  

DAMIÁN. –Por eso la globalización sería el paso que estaba esperando Gebser. La mundialización puede producir que unas capas empiecen a caer sobre otras, que todo se mezcle y se influya entre sí dependiendo del momento cultural… y que se funcione como si fuera un mundo aperspectívico. Desde ese punto de vista, lo integral va a ser lo mundial. Ese sitio es donde se junta todo, la globalización no ha sido solamente un asunto económico, un objetivo para que exista el acceso al mercado libre… lo vemos hoy es que hay emergencias que permiten unir muchas culturas que estaban dispersas… y como no se pueden juntar discursiva, lógica y científicamente se juntan a través del ritmo: la atención en el presente, lo que nos saca de escena es no estar en el ritmo de los otros, eso es lo que nos impide estar juntos.

EVA. –La única cosa que un músico no puede aprender tocando solo es el ritmo. Sin embargo, hay gente que no sabe tocar nada, pero que se pasa la vida en la calle y tienen un ritmo increíble… ¿por qué?, porque tiene que ver con estar con los otros.

DAMIÁN. –Todos los días hay que levantar el ritmo o lo pierdes. En el ritmo de Wainaina hay descripción de acciones, monólogo interior, reflexiones abstractas, flujo de conciencia… es la combinación de cosas distintas lo que lo produce. Como en el caso de la música, la combinación de notas distintas.

MIGUEL. –Y entonces, si cuando nos levantamos combinamos idea y presente previendo lo que haremos ese día, repasando los problemas que tenemos, repasando los sueños que hayamos tenido… ¿estamos creando el ritmo? Yo creo que sí, y si tenemos la capacidad de ver todas esas cosas a golpe de vista, igual que escuchamos una melodía, nos ponemos en marcha... Si no es así, no nos ponemos en funcionamiento porque sentimos pereza y unas cosas nos desbordan, otras se quedan pequeñas, otras agobian… y se acabó el ritmo y la marcha…

LIS. –¿Y porque creéis que, siendo África uno de los lugares más paupérrimos del mundo, allá donde van africanos contagian ese ritmo? En EEUU y en Europa han conseguido ser una minoría importante… ¿Lo que cuenta aquí es que tienen una capacidad para transmitir esa marcha?

DAMIÁN. –Creo que esa capacidad la va a tener todo el mundo, la globalización va a coger a todo el mundo en un nivel determinado de conciencia, pero se le va a caer encima otra y con eso va a tener que jugar. Es decir, para estar en el mundo, hay que ponerse a su ritmo… y para eso tienes que saber quién eres, cuál es tu memoria, quién no quieres dejar de ser, qué es lo que quieres conseguir… esos movimientos son los que darán lugar, quizá, a la conciencia integral. Y el ritmo conjuga mejor todas esas capas que el plano mental y mejora mucho las conciencias. El ritmo nos va hacer movernos en todas las capas de conciencia, esa es la razón de su gran importancia.

Música[editar | editar código]

Nkosi Sikelel'iAfrika – Himno sudafricano God Bless Africa Cantado por estudiantes activistas

Nkosi Sikelel'iAfrika – Himno sudafricano God Bless Africa Versión oficial

Pata, Pata Miriam MAKEBA

The Lion sleeps tonight Miriam MAKEBA

Vulindlela Brenda FASSIE

Zulu on the string Mamokhorong, con un violín de una cuerda

Fara, fara –Fragmento Bienal de Venecia Carsten HÖLLER y Mans MANSSON

I fink u freeke Die Antwoord

Referencias externas[editar | editar código]

Dodger Scott Leyendo un fragmento de How not to write about Africa de Binyavanga Wainaina

Grita libertad (Cry freedom). Dirigida por Richard Attenbourough. Reino Unido, 1987. Música de Peter Gabriel – HD, VO, VOSE y VE

Biko. Canción de Peter Gabriel y Youssou N’Dour.

Nkosi Sikelel'iAfrika – Himno sudafricano God Bless Africa Cantado por estudiantes activistas

Nkosi Sikelel'iAfrika – Himno sudafricano God Bless Africa Versión oficial

Pata, Pata Miriam MAKEBA

The Lion sleeps tonight Miriam MAKEBA

Vulindlela Brenda FASSIE

Zulu on the string Mamokhorong, con un violín de una cuerda

Fara, fara –Fragmento Bienal de Venecia Carsten HÖLLER y Mans MANSSON

I fink u freeke Die Antwoord

Bibliografía[editar | editar código]

Ciudad Abierta. Cole, Teju, 4ª ed. Barcelona: Acantilado, 2012.

Amanecer en el desierto. Dirie, Waris, 1ª ed. Madrid: Maeva, 2002.

Origen y presente. Gebser, Jean, 1ª ed. Girona: Atalanta, 2011.

Ilíada. Homero. Versión rítmica de Agustín García Calvo, 1ªed. Zamora: Lucina, 1995.

Tribu. Junger, Sebastian. 1ªed. Madrid: Capitán Swing, 2017.

Americanah. Ngozi Adichie, Chimamanda. 1ª ed. Barcelona: Literatura Random House, 2017.

La República. Platón.

Algún día escribiré sobre África. Wainaina, Binyavanga. 1ª ed. Barcelona: Sexto Piso, 2011.

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