An-36 El paraíso es el infierno de los amantes

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento INFIERNO

Extenso poema en el que se narra una historia de amor, desamor y malos tratos. Un infierno de silencio, de oscuridad y de violencia que parece retratar algo más que una relación particular y aludir a la historia del matrimonio, una institución conflictiva, paradójica y llamada a revisión: por lo menos a una observación distinta, a una puesta en cuestión o a una puesta en común. Con demasiada frecuencia aparece descrita como un infierno psicológico.

A la vez, el papel de varón queda en entredicho y de nuevo sucede lo mismo: no se trata tanto el caso de este varón en particular que aparece en el relato poético, como el de todos los varones que interpretan el papel asignado por educación y por convicción dentro de la familia nuclear.

La autora, la narradora y la protagonista del poema, que coinciden en la misma persona, es consciente además de una nueva realidad que tomó fuelle a partir de la década de los 60 del pasado siglo: el nacimiento del movimiento feminista como una realidad colectiva y no como una excepción o rareza dentro de los grandes movimientos sociales. Ello aporta al guion de esta historia un elemento de reivindicación y de ajuste de cuentas que va de lo personal a lo social, de la biografía a la sociología.

 La historia de amor del siglo - Märta Tikkanen
La historia de amor del siglo - Märta Tikkanen

Lectura[editar | editar código]

La historia de amor del siglo - Märta Tikkanen

Resumen[editar | editar código]

La historia de amor del siglo es uno de los poemarios de mayor éxito de la historia de Finlandia y cuenta la relación de una pareja enamorada –la autora y su marido, el exitoso escritor y artista gráfico Henrik Tikkanen–, cuyo amor se ve dificultado por el alcohol. La historia narra los problemas cotidianos, los conflictos que el alcoholismo provoca en la familia, el deterioro de lo que fue la historia de amor inicial entre ellos dos, el apoyo, comprensión y consuelo que recibe la protagonista de otras mujeres, y la toma de conciencia de la identidad de Märta como ser humano con una vida propia. Se han hecho diversas versiones escénicas en Finlandia, Suecia y más países, como ejemplo del éxito de la representación valga que en Alemania se ha representado en más de cincuenta teatros.

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DAMIÁN. –La poesía es ritmo, pero nadie sabe escucharlo porque todos nos regimos por el sistema de la imprenta, el que separa las palabras, aunque nosotros no hablemos separándolas. Si la estructura lingüística es continuada, tal como hablamos, los acentos se reparten de una manera completamente distinta, es decir, en la entonación y en el ritmo no se respeta la prosodia, ni la ortografía en cuanto a su acento. Como estamos acostumbrados al modelo de la imprenta, creemos que hablamos separando las palabras, pero lo hacemos de otra manera.

Por eso decía Octavio Paz que la legua hablada es más poética que la escrita, esta última está separada y tiene los acentos ortográficos, mientras que la lengua hablada va poniendo el ritmo y el acento allí donde hay una flexión del lenguaje dedicada a la música o al sentido.

ANTONIO. –¿La poesía debería escribirse como se habla?

DAMIÁN. –El poeta no sigue el modelo de la imprenta que va separando las palabras y acentuándolas, sino que va fijándose en la entonación y el ritmo que tienen las cosas. Si no escuchas la música que tiene el poema, no te das cuenta de lo que te está contando. Aquí todo es música y tienes que escuchar esa música. Cada uno de nosotros tenemos una melodía y para pensar tenemos que encontrar nuestro ritmo.

Gracias a nuestro ritmo somos más o menos persuasivos, encantadores, tiernos o atractivos. Yo hablo con un yámbico, se me escucha porque estoy haciendo una cosa especial con las palabras de forma inconsciente.

Todos los idiomas antiguos se declinaban, significa que no tenían muchas palabras átonas, no tenían muchas conjunciones o artículos. Al tener declinaciones puedes manejar muy bien los ritmos, saber dónde quieres acentuar, y por eso De rerum natura es un poema sobre la naturaleza de las cosas casi científico y en cambio encaja muy bien con el modelo rítmico del hexámetro.

El troqueo o pie de métrica, está compuesto por un número determinado de sílabas tónicas y átonas, esa es la unidad poética en griego.

El yámbico, que es su contrario, empieza con una sílaba átona y sigue con una tónica.

En poesía tienes que localizar el pie que te está dando. No hay mucha diferencia en nuestro poema, no tiene rima, pero tiene ritmo en el pie. Mirad:

Anfibrak: átona-tónica-átona.

Dactílico: tónica-átona-átona.

Anapesto: exactamente al revés que él, combinación de átonas y de tónicas.

Cuando se tienen declinaciones, buscas la palabra que te venga mejor, la colocas y siempre suena. Pero cuando tienes muchos artículos y partículas que enlazan palabras es más difícil. Para poder hacerlo hemos de prescindir de las partículas, los nexos y los elementos que atan unas palabras con otras.

Si escucháramos solamente los sustantivos, nos moveríamos por variaciones entre tónicas y átonas dentro del discurso, tal y como lo pronunciamos.

El otro día os leí el poema de Elliot, le metí esto (una de las formas señaladas) levantas-bajas-levantas-bajas, siempre con dos átonas en medio y con una cesura entre medias.

PILAR. –¿Pones tú el acento o el que tiene la palabra?

DAMIÁN. –Lo pones tú. Cuando un poeta lee su poesía, no la lee como la leerías tú... La poesía tiene más que ver con la oralidad que con la imprenta. La gente se pone a leer poesía y le pone su música y el problema es que no siempre funciona.

Este poema tiene un ritmo de espondeo (poesía griega y latina compuesta de dos sílabas largas) que se trunca, no remata, cambia los libros.

PABLO. –Es duro.

DAMIÁN. –Te está diciendo que lo que estás buscando no lo vas a encontrar. Es imposible entender la poesía si no haces un esfuerzo por ponerle un ritmo. Nuestra tendencia es escuchar nuestros ritmos y en ese sentido los poemas pueden fallar. Por ejemplo, la generación del 27.

JESÚS. –“quisiera hacer las cosas que no he hecho, el mundo se me queda estrecho.”

DAMIÁN. –“estaba triste como pájaro sin alpiste.”

Es importante escucharse hablar, el ritmo con el que se habla es con el que se piensa. Hay que aplicar las tónicas y las átonas y ver como se mueven teniendo en cuenta que en castellano la cantidad de átonas, impide escuchar el ritmo. Por eso se hace tan difícil traducir del griego o del latín y muchas lenguas nórdicas. Del alemán, por ejemplo, ha habido grandes traductores españoles, pero han tenido que presionar mucho el lenguaje para dejar la fuerza en el sustantivo, donde está contenida la experiencia del lenguaje. Tendemos a hablar con muchas perícopas llenas de elementos particulares.

PILAR. – Märta Tikkanen recita estos poemas en inglés y yo creo que sí funcionaba. Escribe en sueco, pero al recitarlo en inglés suena muy rítmico.

JESÚS. –En español suena diferente porque nuestro idioma tiene muchas vocales...

DAMIÁN. –También lo tiene más fácil un idioma con declinaciones. El indoeuropeo, al pasar al griego, al hebreo y al latín empieza a perder declinaciones. Al principio tiene entre 7 y 10, que se reducen de 5 a 6 y van disminuyendo. Para que el pueblo llano pueda hablar esas lenguas se va facilitando a través de nexos y partículas porque no puede retener tantas declinaciones.

PABLO. –¿Por eso la poesía latina y la española de otras lenguas romances han conservado más la disciplina del soneto?

DAMIÁN. –Probablemente se han exigido más. Si lees el poema de Goethe, es impresionante lo libre que se siente. Si tú ya tienes el ritmo hecho, no estás tan agobiado por la rima como pasa en castellano. Garcilaso te trae una rima consonante en versos de nueve silabas y pasa a la historia porque proporciona el molde que te permite trabajar con tu idioma. Quevedo igual.

ANTONIO. –Me parece fascinante la posibilidad de ponerle ritmo sin necesidad de rima. Le añades la rima y conservas la poesía.

DAMIÁN. –Es muy difícil que salga. Son buenos poetas, pero fuerzan mucho el idioma y el sentido: “polvo seré más polvo enamorado”, “infame turba de nocturnas aves” … parece como si hubieran atornillado el lenguaje, no suena bien en castellano, lo que no le pasa al Fausto de Goethe. Un poeta español tiene que trabajar el doble que un poeta alemán para conseguir ese efecto.

En español se hacen sinalefas: “miré los muros de la patria mía". Las palabras son tan potentes que ocluyen las partículas pequeñas, en todo el verso hay solo una. Comprimen el lenguaje: “infame turba de las nocturnas aves”, es yámbico puro y lo rompe el “de” porque no está en el ritmo. Por eso cuando queremos hacer ritmo nos comemos las partículas.

Lo que es importante es que conozcáis el ritmo con el que habláis. Hay que tener un oído magnifico, y ese es el ritmo de vuestro pensamiento. En el momento en que pensáis en él, uno distingue cuando está en su pensamiento y cuando no lo está. Yo, por ejemplo, cuando estoy relajado y me pongo a pensar, me doy cuenta de que he estado pensando en yámbico. Cuando no sale el yámbico es que no estoy pensando bien.

PILAR. –Pero eso es cuando estás pensando en la palabra, ¿cuando estás extasiado?

DAMIÁN. –Eso es pensar en imágenes. Hablo de pensar en palabras: cuando estas razonando, cuando haces poesía o quieres ser persuasivo. Lo notas porque te sientes cómodo o incómodo. Si uno no conoce su ritmo de pensamiento está fastidiado. Yo he escrito cosas que he leído de vuelta y están mal, porque no sé quién las está diciendo exactamente, falta algo. Les falta la espita que produce la creación, que la dispara, y es solamente tuya. Si tu escribes sin tu ritmo parece una mala imitación de ti mismo.

PILAR. –Pero debe de ser muy difícil educar esa forma de hablar.

DAMIÁN. –¿Habéis visto el discurso del rey? Le hace cantar. La lengua griega, las tragedias, incluso la biblia que está en versículos, al ser lenguas tonales, se cantaban. Había una cosa que han perdido, los escuchabas y estaban cantando, con el ritmo te dan significados. Son cantarines.

PABLO. –¿Pero todos los acentos son cantarines, no?

DAMIÁN. –No, estos son cantarines, son melódicos. Los sonidos de la naturaleza no producen ritmo porque no tienen esa regularidad, no tienen el patrón que permite seguirlos y que en ti producen un cierto sentimiento. Estos patrones no son arbitrarios, surgen de que en determinadas obras producen un efecto. El dactílico es lo que utiliza homero en la Ilíada con el hexámetro.

ANTONIO. –Danos un ejemplo de dactílico, por favor, Damián.

DAMIÁN. –“Canta, oh Diosa, la cólera del pélida Aquiles.” Hasta en castellano es dactílico. Si tienes un verso muy largo, es complicado que uses un troqueo o un yámbico, tienes que utilizar un pie más largo, teniendo en cuenta que ninguna lengua ni ningún poeta se puede adaptar en ocho mil versos a esto, salvo Dante, que es capaz de mantener ese aliento. Por eso, a partir del indoeuropeo nacen la tragedia, la Biblia y todos los Libros Sagrados, porque es una lengua que se declina y es muy fácil construirle los ritmos, meterle un pie.

Se dice que la literatura sagrada tuvo una explosión de la literatura, pero lo que hubo es una fuerte entrada del indoeuropeo y de las lenguas declinadas con posibilidades rítmicas increíbles. Y occidente ha pasado por auténticas fosas a consecuencia de las lenguas romances. Hicieron un canon terrorífico que no tenía ni la Biblia ni tenía Homero, con rima asonante, consonante, número de versos, acentos, y no te podías mover de ahí.

Vamos a ver el ritmo en espondeo de Marta Tikkanen.

JESÚS. –¿Qué es espondeo?

DAMIÁN. –Tiene varias acepciones, una de ellas es que el verso se escapa del ritmo y está bien traducida en castellano. En la página 45, primer verso, los niños: “No resisten la espera, cuando queda algo que decir, tienen que interrumpir inmediatamente, tienen que contar sus cosas, en nuestra casa, los niños tienen que…” Parece que la propia estrofa va a encontrar algo, y finalmente no lo encuentra, es como si se rindiera. Es muy bonito porque lo que cuenta el poema es lo que está diciendo el ritmo. Has ido a buscar algo allí donde no se puede encontrar. He ido a buscar algo en un tipo de poesía donde no lo voy a poder encontrar.

Es un caso muy importante porque es la melancolía en estado puro. La melancolía es una pérdida con existencia que se constituye en estructura del carácter, que está ahí todo el tiempo. Este tipo de verso es melancolía pura, la melancolía más oscura y más negra es no encontrar, o haber perdido, allí donde pensabas que ibas a encontrar.

El matrimonio es un ejemplo, todos nos enamoramos y pensamos que es allí donde se encuentra lo que has ido a buscar, cuando ese es el sitio donde no se puede encontrar, no es solo ahí donde sobreviene la melancolía, sino algo que el libro cuenta muy bien y es que no nos podemos separar de ese sitio porque nos ata la melancolía, nos ata la pérdida que hemos tenido, en el lugar donde se suponía que lo íbamos a encontrar. Creo que es la forma más profunda, refinada y dolorosa de melancolía. El amor de tus padres, la melancolía de la infancia; allí donde tu esperabas amor, no lo encuentras.

Y esto, paradójicamente, está en el libro de Märta Tikkanen, estrecha los vínculos, lo que te ata a los sitios y a las personas, lo que hace que nunca te sientas liberado de esa pérdida. No es una pérdida de algo que se ha perdido, sino una pérdida que se ha dado en el lugar donde deberías haberlo encontrado, en el sitio que buscas.

JESÚS. –Pero te ata porque no te puedes ir.

DAMIÁN. –Porque no crees que no pueda estar ahí. Muchos niños maltratados por sus padres les siguen queriendo. El niño se pregunta: si los padres son los que quieren a los hijos, cómo es posible que no me quieran, tengo que averiguar por qué, voy a quererlos yo a pesar de todo lo que hagan. Si no me funciona cuando me pegan y yo les sigo queriendo, me intereso en por qué me pegan.

Se llega a la indiferencia en el momento en que te separas. Hay muchos hijos que siguen queriendo a sus padres y en estos casos el hijo está más pegado que si hubiese tenido una relación de intercambio que tiende a separarse. Es algo muy característico.

Este libro es un tratado del amor, no solamente de la pareja, de cómo vincula el amor porque es el sitio donde quieres que ciertas cosas estén, y aunque no estén, no te vas, insistes: Tú te has equivocado al pegarme, busquemos la verdad, y la verdad es que me tienes que querer, te has confundido.

Las maltratadas vuelven, y una de las razones es que buscan en el lugar donde no encuentran: aquí ha habido una confusión, te has equivocado. Es también lo que pasa con la traición en los amigos, te vinculas tanto a la traición que te han hecho, que se convierte en herida, eso es la melancolía, una de ellas.

Generalmente cursa desde niño, desde los padres, a pesar de que Aristóteles pensara que el melancolos era el humor negro, en realidad es una experiencia de la vida, de buscar donde no está.

PILAR. –¿Ella tendría que perdonarlo a él, con el perdón te liberas?

DAMIÁN. –Ella se libera con la indiferencia. Tiene dos momentos importantes y es que por agotamiento ya no le sigue la corriente y coincide con la indiferencia cuando ella se independiza mentalmente, y empieza a tener problemas mentales (los trayectos en autobús, el trabajo…).  Finlandia tiene 5 millones de habitantes, y todos los años se publican 5 millones de títulos. Marta escribía novelillas, guiones, y tuvo un éxito aplastante cuando estaba con su marido. A ella sus textos le daban mucho resultado y a su marido, los suyos, muy poco. La publicación de la historia de amor del siglo supone un escándalo, pero él le hace los dibujos para la primera edición. Y supone un palo a él.

PILAR. –Si buscas información sobre ella lo primero que te aparece es: mujer de Henrik Tikkanen; buscas sobre él y ya la última frase es: casado con la escritora Märta Tikkanen. O sea, la presentación de ella es él, y de ninguna manera al revés también.

DAMIÁN. –Creo que se separaron. Y parece ser que en esta historia hubo algo de Escenas de un matrimonio de Bergman. Los dos eran suecos. Creo que Historia de un matrimonio es anterior, pero por alguna razón me contaron que había una similitud, una inspiración mutua, un paralelismo. Tal como lo cuenta ella es Escenas de un matrimonio. La historia de amor del siglo es del 78.

ANTONIO. –Hablando de la melancolía, dices que es el lugar donde has ido a buscar y no has encontrado. Le pasa a Platón en la Carta VII: él insiste en ir a visitar a Sicilia, a Idión, y en principio dice que no cree en él.

JESÚS. –Yo también he visto aquí la historia de la Carta VII. Esta continua bajada al Hades, parece que para llegar a conocer la cosa en sí tienes que estar yendo y viniendo. Da la sensación de que ella necesita una bajada al Hades continua e inútil. Algo tengo que aprender aquí y tengo que estar aquí.

DAMIÁN. –Ella no desafía a la vida, es lo contrario, es claudicación. Para llegar a conocer algo que hay allí, ella puede decir que es aguantar, pero está escribiendo... y cuando escribes poesía estás dándole vueltas otra vez a la palabra, la pules, coges el ritmo, no es cualquier cosa, no es una novela, es poesía, el continuo ir y volver de la palabra. Fijaos en los versos, son muy directos, como saetas cortantes, son cuchillos, y acaba con frases como haces bien en tenerme miedo. Ese ir y venir de la palabra es el ritmo de la Carta VII, es ir desde la idea hasta la cosa en sí, necesita volver igual que necesita estar con él en la borrachera y luego irse otra vez.

Si este texto no tiene algo más universal que la simple historia de violencia de género, no tiene mayor interés. Ella misma lo dice en el prólogo, que esta historia es más universal y le interesa a más gente porque habla de su particular bajada al Hades una y otra vez. Tiene capacidades y posibilidades porque hay algo que no ha terminado y necesita volver a hacerlo; yo lo he llamado bajada al Hades porque la historia que vive con este hombre es terrible, y aceptarla, cuando puede irse, peor. Hay algo incompleto que tiene que terminar y aguantará hasta la indiferencia, que llega cuando ha hecho el camino una y otra vez. Y algo ha cambiado, algo que escribe y nombra... y al nombrarlo lo perfila, lo destila y la palabra que convierte en verso ya no es suya, es de todos, hay una transformación. Como en todo proceso de creación.

JESÚS. –Ella puede irse en cualquier momento, pero sigue porque le interesa, tiene que terminar algo. No digo que le absuelva, pero esa interpretación parece que sí lo hace.

ANTONIO. –Lo vimos con Martel y con Octavio Paz que hablaba de que todo es poesía, posiblemente hay una búsqueda de la belleza. Martel decía: si enfocas todo tu odio contra una persona, te va a salir odio, pero si lo enfocas hacia el arte, consigues belleza.

DAMIÁN. –Si tú pegas a una persona de forma reiterada y la maltratas, y ella sigue, a ti nadie te libera de nada. La culpa es tuya exclusivamente, estás maltratando a alguien.

ANTONIO. –Pero eso es cosa del que maltrata.

DAMIÁN. –Claro que es cosa suya, ella no le libera de ninguna culpa, no podemos considerar este libro el documento final de lo que ella vivió. En el caso de que lo que cuenta hubiera sido así, tiene una pega y es que es muy verosímil, a veces le falta algún matiz que no acaba de volverlo completamente real. Pero vamos a hacer abstracción de todo, él sigue sin quedar eximido de nada, ella lo puede publicar, habría que ver por qué lo publica.

JESÚS. –Pero él no tiene nada que ver aquí. Ella está hablando de su experiencia y si hablas con una maltratada, siempre va a contar solo los periodos de maltrato. De los 20 años, 5 páginas; el resto están borrados. Lo interesante es lo que hace ella con su bajada al Hades. ¿Ha aprendido algo? Porque si no ha aprendido nada, no nos interesa. Ella con todo eso crea poiesis y hay algo también que ha comprendido y que es parte del maltrato, lo dice clarísimamente: hay un maltratador y un maltratado.

PILAR. –Sobre todo en el caso de que ella se pueda ir.

DAMIÁN. –Pero uno no se va tan fácilmente, no se va solo con la voluntad o con la razón, tiene esa melancolía que ata a muchas personas, por ejemplo, a los matrimonios desde que se acaban hasta que se separan. 

PILAR. –Hay otro elemento que veo aquí: has creado una familia y eso es un ser social, una institución. Y has creado familias con otras familias y otras instituciones...

DAMIÁN. –El ideal del deber ser lo has colocado ahí.

ANTONIO. –Y a los hijos también les pasa: mi padre es un cabrón, pero es mi padre y si yo lo veo de otra manera, cómo me van a ver los demás.

JESÚS. –Ella nos cuenta la historia como Homero cuenta a Ulises: haciendo un viaje. Si esto es poiesis, creación, es porque nos está contando algo más.

DAMIÁN. –Pero por lo mismo, si esto es poiesis, no es maltrato.

JESÚS. –Bueno la letra con sangre entra. Puede ser más de una cosa...

PABLO. –Habla del marido como un objeto, en realidad creo que ella habla también de otra cosa.

DAMIÁN. –Había algo por encima del maltrato que era su necesidad de crear.

PABLO. –¿Para eso necesitaba el maltrato? ¿Su marido es su maestro?

DAMIÁN. –No es que lo necesitara, es que era dos cosas: quiero crear, y me voy a quedar en un sitio donde voy a crear sobre eso que voy a sufrir. Ahí hay un movimiento duro y curioso. Cuando hablaba antes de esa melancolía de no encontrar lo que estás buscando, esa melancolía no crea.

PILAR. –Pero, qué hace ella: se sienta y escribe. Hace algo a lo que su alma le empuja.

PABLO. –Volvemos a Ulises otra vez.

JESÚS. –Va a buscar y no encuentra, lo que encuentra es que maltrataba a sus hijos.

DAMIÁN. –La melancolía es lo que crea, pero cuando tienes melancolía estás por encima de la ardiente lucha de los hombres, como decía Scott Fitzgerald; es decir, no todos los melancólicos son creadores, pero para crear tienes que ser melancólico, entonces hay algo que te eleva por encima de cualquier desgracia y es que puedes crear, escribir, pintar, hacer música. El problema es que, si te pones del lado de la creación para hablar de algo trágico, la tragedia disminuye. Quiere decir que has tenido capacidad de crearte y Märta la tiene. Primo Levi escribe sobre su experiencia en los campos de concentración 10 años después.

JESÚS. –No solo eso, sino que lo utiliza para salir de ahí. Ella escribe en ese momento. El acto de crear, de buscar esa belleza transforma todo. Es como cuando Odiseo baja al Hades y le preguntan qué hace ahí, pero Odiseo sabe que quiere volver al origen y sabe que el oráculo, aunque no va a decirle nada, va a decirle todo simplemente con la concentración, y ahí hay mucho de noein: el alma aprende y no necesariamente a través del conocimiento.

DAMIÁN. –Eso que acabas de decir es muy importante porque lo único que aprende de nosotros es el alma, lo otro no aprende nada.

PABLO. –Yo pienso que ella, siendo una finlandesa del siglo XX, que tiene toda la libertad del mundo, está ahí soportando eso. No es solo él, es ella, es su voz. Él es un objeto.

DAMIÁN. –Finlandia es el número uno desde hace 30 años en maltrato doméstico, lo creamos o no.

PABLO. –A mí me sorprende mucho el grado de dependencia del alcohol. Dependencia ya psicológica, no es que sean alcohólicos, es que tienen necesidad de alcohol.

DAMIÁN. –Los finlandeses no son compulsivos con el alcohol, tienen tanta angustia interna, tal ansiedad que se emborrachan rápidamente porque si no, no hablan. No saben hablar. Cuando bebes con angustia o tensión, en dos copas estas fuera del mundo, mientras que, si bebes sin ansiedad en una fiesta con amigos, aguantas el triple. Es la angustia que cae en la relajación.

PILAR. –Yo he visto en el viaje de Märta un periplo hacia un lugar oscuro donde hay monstruos y batallas que afrontar, y vuelve entera. Lo que me interesa es qué hace con eso. No es tanto que nos enfrentemos al Hades, sino qué hace el alma con esto.

DAMIÁN. –Pero, de todas formas, esto no es un Hades, no es un infierno. Al Hades vas una vez porque hay una muerte en vida, porque hay un anhelo más fuerte. En el Hades, el kouros va voluntariamente empujado por el anhelo, no es que te lo encuentres. Märta no va porque tenga un anhelo especial, va porque no sabe irse.

PABLO. –Y qué es lo que hace que cuando habla, a todos nos resuena la historia.

DAMIÁN. –No veo ningún anhelo en ella. Para que sea un viaje al Hades hay que desafiar la vida y tiene que ser llevada por su propio anhelo.

PABLO. –El anhelo de Odiseo cuando viaja al Hades es volver a casa.

DAMIÁN. –¿Y el de Märta?

PABLO. –Está buscando algo y se encuentra con una situación que desconoce y no se va.

DAMIÁN. –Pero hay una diferencia. El anhelo es una estructura muy importante en el caso de Parménides o de Ulises, Ulises va porque se lo ha dicho una diosa, quiere volver a casa y no lo puede evitar. Pero Märta se encuentra en una trampa.

PILAR. –Había algo de elección voluntaria en esa historia. Se encuentra con una trampa, sí, pero puede irse y no se va.

JESÚS. –Conozco el tema de la violencia de género muy bien, y sé que hay algo que atrapa a la víctima, algo que no entiende y que tiene que desvelar, pero es el amor mismo que ella tiene. Ella le quiere porque le ha visto el alma. No entiende, no conoce, pero sabe porque le ha visto el alma. Y creo que hay un conocimiento del tipo del noein.

ANTONIO. –Ella en un momento reconoce que no es solo una víctima. Para mí, las visiones que tenía le ayudaban a transformarse, a hacer el camino de vuelta, y ese camino de trabajar la palabra, darle la vuelta y crear con eso, lo relaciono con la Carta VII. Hay una vuelta tal que llega a la cosa en sí, que tiene que ver con el amor, con el conocimiento del alma.

DAMIÁN. –Según tu aportación, la poesía y filosofía no se diferencian, porque lo que hace Platón es lo que hace ella como poeta.

ANTONIO. –Creo que no se diferencian mucho, por lo menos en Parménides no se diferencian nada.

DAMIÁN. –Eso está bien. Es buena idea.

PILAR. –¿Qué quiere decir que le ha visto el alma?

DAMIÁN. –Aquí decimos que uno se enamora porque le ha visto el alma al otro. Ese momento en que ves al otro de una manera que no ves a los demás, como si le conocieras. Hay una mirada sobre el otro, de pronto le penetras y eso crea un lazo tan estrecho que, si avanzas por él, es amor.

PABLO. –Según mi experiencia es ver al niño en el otro.

DAMIÁN. –Pero el niño es el alma. ¿Por qué cuidamos tanto a los niños? Porque es nuestra alma antes de que nos la tocaran. En el libro nunca habla del amor anterior. Echo de menos el amor, veo donde está el divorcio, pero no el amor. Para hablar del divorcio tienes que colocar el amor en algún sitio.

PILAR. –Ella ve el alma de él más en el horror que en el amor, en el horror de su alcoholismo y en la degradación absoluta de lo que ella creía que era él y en la decepción y la decadencia de la persona.

Lo que me ha llamado la atención es que se dirige a un tú, como en la poesía de Rilke, pero mientras en Rilke esa segunda persona es él mismo o es un lector: tú que me lees, tú que me entiendes, tú frente al mundo ciudad naturaleza, en el caso de Tikkanen somos un universo formado por dos pero completamente incomunicados, distantes, aislados, no nos entendemos, intentamos querernos, pero ni siquiera sabemos lo que es el amor porque tenemos conceptos distintos de lo que el amor es. Es una poeta muy íntima pero muy literal, no se enfrenta a la naturaleza, invisible, insondable, ni a los demás, se enfrenta al desconocido con el que se acuesta y se levanta todos los días y cree que algún día quiso.

DAMIÁN. –Pero también se enfrenta al que necesita para poder explicarse lo que pasa, lo dice ella: si se pierden, quién me explica lo que ha pasado. Es el problema con los divorcios y las separaciones, cuando te separas, el tiempo que pasaste con el otro es un tiempo que se va con el otro, un tiempo que has matado, por eso se parece tanto a una muerte, porque hay un tiempo de ti que se va para siempre, esa es la parte más dura de toda separación. El tiempo del que nadie te va a dar noticia. Hay un tiempo que pasaste con las personas que pierdes que nadie más conoce, del que jamás volverás a hablar porque nadie más lo conoce. ¿Cómo eras tú con dos años? Cuando se mueren tus padres, ese tiempo desaparece de tu vida. Tú estás contigo mismo, imaginándote lo que fue y recordando lo poco que puedes recordar.

ANTONIO. –También se enfrenta a ella misma, a sus expectativas incumplidas, al desencanto y la decepción. En ambos poetas hay una soledad y orfandad frente al mundo, una búsqueda del otro, hay una necesidad de comunicar y de ser entendidos en lo más profundo del alma. Es una escritura que tiene algo de exorcismo, de sacar el sentimiento fuera y darle cuerpo, pero me parece más solitario y profundo el ejercicio de Tikkanen, porque es la soledad acompañada, la soledad del hombre moderno. Uno de los versos que escribe es de ti y de mí tampoco hay mucho más que decir.  Está todo y ya no hay nada. Es un sentimiento más de la cabeza que del corazón, un tipo de melancolía de lo perdido y de en qué se ha convertido el amor o lo que creía que era el amor.

DAMIÁN. –Hay otra pérdida por el medio, una pérdida terrible que les vuelve todavía más opacos, y es que los dos saben que eso es lo que pasa. Cuando en un matrimonio los dos saben que se han dejado de querer y cada uno lo sabe del otro, es muy difícil establecer la relación. Por un lado, el matrimonio existe, por otro les gustaría preservarlo, pero hay algo que lo impide: los dos saben que el otro lo sabe. Son dos fuerzas opuestas, tenemos que salvarlo, pero los dos sabemos que no nos queremos. La jugada es infinita.

PILAR. –No te puedes reinventar porque hay una memoria, no puedes volver a empezar.

DAMIÁN. –Claro, no se puede, pero está presente. Cuántas veces le dices al otro empecemos de cero, con eso quieren decir olvidemos lo que sabemos el uno del otro.

PILAR. –Märta presenta al hombre como estereotipo: él no me escucha cuando hablo, por ejemplo.

PABLO. –En su discurso también dice: no me está reconociendo cuando soy yo, porque él se ha montado una película de lo que yo soy.

PILAR. –Él lo que busca es una madre. Y me pregunto qué madre es la que constantemente reconoce al hijo y le arropa. Dónde está esa madre.

DAMIÁN. –Una madre no es eso. Una madre es la que te culpabiliza y te quiere incondicionalmente. ¿A qué te atas tú?, a la incondicionalidad de su amor. Gran parte de los varones mediterráneos estamos vinculados a una imagen de la mujer que representa la incondicionalidad. La madre mediterránea da incondicionalidad y culpabilidad porque cuando no haces lo que ella quiere y no cumples el deber ser que te transmite, te castiga duramente. Entonces oscilas siempre en un deber ser que te proporciona incondicionalidad afectiva.

PILAR. –Pero esa relación con la madre se da en todos, si no en muchos, países latinos. Märta no quiere ser una madre para su marido y lo deja claro en su discurso, mi marido no me escucha, mi marido no me buscaba a mí sino a una madre como la que tuvo… por eso me pregunto si todos los hombres que no escuchan buscan a su madre.

DAMIÁN. –Por lo general, sí. 

PILAR. –Pero a los hombres en general no les gusta tener esa incondicionalidad.

DAMIÁN. –El hombre no se enamora si no es por incondicionalidad. Para muchas personas, es una condición del amor: me enamoro con la condición de no ser necesarios el uno para el otro; pero es una paradoja porque si te enamoras, el otro empieza a ser necesario porque te enamoras, no porque sea necesario.

PABLO. –¿Y la mujer no? ¿La mujer busca al padre?

DAMIÁN. –No, la mujer busca el contenido, el logos. En el esquema psicológico convencional el hombre salía afuera, controlaba el mundo y traía a casa el principio de realidad, te ponía las posibilidades del mundo en casa. Y la mujer le proporcionaba estabilidad afectiva y transmisión de valores. Cuando llegaba a casa lo acogían, era el abrazo de la intimidad lo que el hombre sentía. Ahora se ha transformado radicalmente y nadie encuentra su sitio. El hombre vuelve a casa y no sabe qué hacer, porque está esperando una cosa que el otro no está dispuesto a dar en términos de simetría. El hombre en la medida que no encuentra su sitio, vuelve a la instancia anterior, que es el nivel instintivo pre familiar, donde se ejerce la violencia.

PILAR. –Pero el hombre podría acoger los valores tradicionalmente femeninos.

DAMIÁN. –Cuando pase, pasará: de momento eso todavía no está ocurriendo, tristemente. En la medida en que la gente pierde los papeles, muchos regresan al papel anterior. Pero es curioso que cuanta más educación se da sobre estos temas, menos baja la violencia.

ANTONIO. –No creo que sea solo problema de los hombres. Es muy cómodo tener un papel social que todo el mundo reconoce para los hombres, mujeres y pensionistas: tú eres así y te comportas de esta manera y es una forma muy descansada.

DAMIÁN. –Ha sido trabajoso porque ese sistema patriarcal occidental organizaba también la familia y la familia constituía una célula de la sociedad. Este sistema gobernó y conquistó el mundo, ha sido muy potente. De hecho, la globalización se ha exportado a través de este sistema familiar patriarcal. ¿Quiénes no lo cumplen? Los occidentales, y por eso empiezan a tener dificultades. Forma parte de la crisis que estamos viviendo de identidad occidental. No sabemos qué hacer en casa. Vamos al trabajo y queremos las cosas ordenadas, pero cuando volvemos a casa no las tenemos y la casa se convierte en un campo de batalla.

ANTONIO. –En todas las sociedades anteriores, los papeles estaban claros, la gente jugaba el suyo y eso eliminaba la ansiedad. La sociedad contemporánea elimina esos papeles, y aparecen la ansiedad y la incertidumbre.

DAMIÁN. –En todas las sociedades da sosiego cumplir los papeles tradicionales. En la occidental jamás lo produjeron, pero resultaron muy eficaces. Y no lo dieron porque nunca pudieron hacer coincidir el amor y el matrimonio, por ejemplo, hasta entrado el siglo XX. Siempre fueron conflictivos, pero eran eficaces. Te podías ir a la guerra siete años porque cuando volvías tenías lo que dejaste. Nos manejamos todavía aquellas reglas tradicionales porque los hombres seguimos entendiendo que somos el guerrero que llega a casa, y lo que nos encontramos al lado es a una colega que se está quitando también la armadura.

PABLO. –Es lo que reivindica ella, que no la ve. La pone en un pedestal y no la deja ni escribir.

DAMIÁN. –En este libro hay muchísimo del guerrero que no es visto como tal en casa, y a partir de ahí empieza su delirio. Reivindica la incondicionalidad del amor, su papel de hombre que se está construyendo a sí mismo y que busca la fama. Y la que tiene al lado, quiere ser artista. La modificación la han llevado a cabo los dos. Han cambiado los papeles.

PILAR. –¿Por qué dices que la mujer busca el logos?

DAMIÁN. –Eso es lo que dice Jung sobre el principio femenino y el principio masculino. Respecto de las sociedades antiguas Jung dice que el principio femenino es un principio que ordena espacios limitados con afectividad y transmite valores acerca del conocimiento de la vida y aspira al logos porque no lo tiene en su seno, está siempre buscando la palabra, todas las personas que persiguen la palabra están en el terreno de lo femenino. El principio masculino lo que busca es la madre, la afectividad que no sabe encontrar, y como su única figura simbólica es la madre, va buscando a través de ella hasta que encuentra. Esos son los dos principios y así se organizan. A veces se encuentran y funcionan bien. La visión de Jung es muy occidental y también es la visión que triunfó: es la visión por excelencia, se ha impuesto en todo el mundo ese tipo de familia, aparte del capitalismo de mercado y de consumo. Viene de una época reciente, pero con mucha mitología detrás. Ha sido un lento avance hasta conseguirlo y cuando se consiguió, empezó a desaparecer. Se quedó como un ideal de las familias.

PILAR. –Nos habla de la melancolía de lo perdido y en qué se ha convertido el amor... y de la desesperación del amor, que no es la falta de amor, es un amor que se te escapa... que no es lo que creías, que es una decepción.

DAMIÁN. –Son decepciones muy abstractas. La melancolía va a atacar por muchos sitios:

En el caso de Rilke ataca por el lado donde se ha perdido la capacidad de comunicar lo individual con lo sagrado.

En el caso de Elliot, la pérdida de la naturaleza.

En el caso de Tikkanen es no encontrar lo que buscabas en el sitio donde te habían dicho que tenías que encontrarlo.

Cuidado con la melancolía que es una hidra de mil cabezas. Nosotros lo que estamos haciendo es componer un mapa de la melancolía porque pensamos que es el sentimiento dominante, no solo de nuestro tiempo si no el sentimiento dominante de la creación. Y pasa de forma desapercibida en el caso de cualquier tipo de trastorno e interviene en cualquier tipo de consuelo. Detectar el tipo de melancolía es muy importante para saber qué alivio es el adecuado.

JESÚS. –Pero donde te habían dicho que lo ibas a encontrar es en el amor, en la familia, y lo que cuenta ella es que ambos tenían unas expectativas sobre lo que sería la familia que no se cumplen... ahí es donde entra la melancolía, en ese incumplimiento de las expectativas.

DAMIÁN. –En el amor de la pareja no existe la compasión. Cuando tienes un conflicto con un hijo o un amigo, el primer paso es empático, tratar de entender que pasa. En el caso de la pareja lo primero de lo que prescindes es de la empatía, la empatía no entra en juego, de hecho, es el último mecanismo que se activa. Somos reactivos, queremos responder inmediatamente. En un engaño y digo por qué: por ejemplo, tu pensamiento no trata de entender qué ha pasado, sino que pasa al estado siguiente, a juzgar.

La pareja es un caso especial de violencia en las relaciones humanas. Es esa violencia que Märta Tikkanen expresa en el libro, en la que hay una ausencia de empatía increíble. Lo está juzgando todo el tiempo: mira lo que me haces a mí, a mis hijos, a la gente que no puedo explicarle lo que me haces. Si hubiera empatía se separarían.

PILAR. –Querría entender qué le está pasando a él.

DAMIÁN. –No hay amor, no hay empatía. En la pareja los conflictos son curiosos: lo primero es la violencia, la compasión viene pasados los días. Es como un partido de rugby, lo primero es el choque, después ya veremos lo que pasa, pero primero vamos a chocar.

PABLO. –Es un shock porque desaparecen todas las expectativas, todo en lo que creías. Es lo que le pasa a ella, no puede comprender, se le ha hundido el mundo.

ANTONIO. –Pero cuando hay un conflicto con un hijo que no responde a tus expectativas, la reacción inmediata es intentar justificar. Le preguntas, intentas encontrar una razón que te explique por qué ha hecho eso. En la pareja es una decepción mayor que en un hijo, es más profunda.

PABLO. –Lo que ella escribe es una perspectiva muy parcial de la relación ¿por qué eso es universal?

ANTONIO. –Porque son dos revestimientos fantásticos, para enamorarte, tienes que revestir al otro y él a ti.

JESÚS. –Es que el amor y el odio están estrechamente relacionados.

DAMIÁN. –Pero si lo masculino es ponerse la escafandra, salir y traer a casa las posibilidades, a cambio pide incondicionalidad afectiva. Y yo me pregunto: cómo estos dos seres se pueden entender, desde dónde y con qué, cual es el lenguaje común.

PABLO. –El único vínculo son los hijos.

DAMIÁN. –Pero eso no es un vínculo, es una existencia.

PABLO. –Esa violencia se genera también porque los dos están en un estado de tensión permanente, aguantando, sacrificando mi libertad por ti, etc.  y cuando uno rompe el equilibrio, reaccionan con violencia.

DAMIÁN. –Lo de que uno de los dos rompe el equilibrio es muy importante porque también es una pareja que está sola. Antes las familias eran extensas, pero ahora son dos que vienen con unos papeles muy definidos y de cariz contradictorio. Esto en los mejores términos. En los peores, es que el guerrero llega y se encuentra a otro sentado en la mesa.

PILAR. –La que echa de menos la pareja tradicional es ella, él la tiene muy clara, se sienta delante del televisor con el whisky. Ella es la que dice que hay algo que no funciona, y echa de menos el amor de toda la vida.

DAMIÁN. –La incondicionalidad es lo que echa de menos.

ANTONIO. –No conocemos nada de él, sólo sabemos lo que ella juzga.

DAMIÁN. –Conocemos el modelo que él representa y el tipo de hombre que él es perfectamente.

ANTONIO. –Esto lo dijo muy bien Schwarzenegger cuando era gobernador de California y estaba casado con una Kennedy: llego a casa y me pregunta por el trabajo, y yo lo que quiero es levantar unas pesas. Estaba claro.

DAMIÁN. –El hombre tiene el mandato de la expansión seminal, y no olvidemos que es un mandato social, un deber ser...

PABLO. –La parte más increíble del texto es cuando habla con su amante como si no pasara nada.

DAMIÁN. –Pero lo hace, ella habla con su amante cuando ya ha pasado el periodo de indiferencia, ya ha dejado de importarle. Puedes no dejar de amar y dejar de importarte, es una cosa muy desconcertante cuando te la encuentras. Una cosa muy desconcertante es cuando el otro te dice que te quiere, pero que se va, que no va a estar contigo... no se entiende cómo se han alterado los términos hasta ese punto. Y el hombre, que entiende que el amor es incondicional, escucha que le quieren y entiende que van a estar con él.

PABLO. –Si el amor no es incondicional, el hombre tiende a pensar que no lo hay. Condiciona la existencia del amor a que sea incondicional completamente.

DAMIÁN. –Conscientemente, no. Es lo que ha mamado, la enseñanza de la madre es un amor incondicional y también un amor exigente. Por norma general, en las parejas de mi generación la mujer es muy exigente y a cambio da incondicionalidad. Eso ha cambiado, pero los hombres han sido educados así.

PILAR. –Ella convierte la melancolía en creación, en la creación de la poesía, mientras que él, por la melancolía, se sume en la depresión. Ella conoce a otras mujeres con las que conecta y descubre una comunidad, encuentra salida a esa melancolía en una comunidad de amigas o mujeres que han estado en una situación parecida. Es feminista pero no está contra los hombres. La suya es una forma de escribir muy consciente, es mental y todo se pone sobre la mesa de una manera muy cruda y descarnada.

DAMIÁN. –Sí, es cierto. Hay algo invisible: qué es lo que hacemos ahí... algo misterioso.

PABLO. –Es la diferencia entre lo que yo he visto a lo que ha visto ella. La historia es un pretexto y un invisible muy grande.

DAMIÁN. –Hay una cosa que no entendemos todavía: por qué permanecemos en esos sitios que tanto daño nos hacen. Habría que preguntarse si es porque necesitamos el daño…

PILAR. –¿Y no puede ser el deber ser?

DAMIÁN. –No únicamente, hay un mandato más secreto y más oculto por el que no te vas, que tiene que ver con la propia oscuridad del amor, con la propia oscuridad de lo que haces tú en la vida. No puede ser una respuesta sencilla.

PILAR. –¿Es posible amar a alguien que te haga daño si le has visto el alma de verdad? Es desconcertante y es tremendo, pero es posible.

DAMIÁN. –Nadie ha dejado de amar por dolor.

PILAR. –Lo aviva. Hay mucha ambigüedad en odiar y querer al otro, en sentir culpa, vergüenza. Todo el texto es muy ambiguo.

DAMIÁN. –El dolor nos apega a la tierra.

PABLO. –Decían los alquimistas que lo más sublime viene de lo más pestilente. Es como si hiciera falta esa putrefacción para que emergiera algo, y tú estás dándole vueltas al caldero.

DAMIÁN. –Freud decía que la pareja verdadera de opuestos no era amor-odio, era amor-indiferencia. Amor-odio es la misma cosa con la melodía cambiada.

PILAR. –Me pregunto, en qué momento pusimos todas nuestras expectativas vitales en la pareja. Y analizo el amor de él, que quiere constituirse en el todo de ella, dice: yo te quiero desmedidamente, nadie te ha podido amar nunca como te he amado yo, te he colocado en un pedestal por encima de las nubes. Pero lo que él amaba desmedidamente era su propio amor por ella. Nadie le rompe el corazón, él se lo rompe a sí mismo porque se le cae el amor que ha construido, pero no la está viendo a ella.

DAMIÁN. –Claro, el amor no es elevar al otro: si lo elevas es porque lo quieres tirar, si es amor lo dejas a tu altura, no es admiración.

PILAR. –Ella se lo dice: no me regales rosas y mírame a mí, porque lo que estás haciendo es mirándote a ti mismo. Él no se siente necesitado, se siente un ser inútil que intenta demostrar en su trabajo y en su casa que manda él... y acaba alcohólico y deprimido. Se convierte en un hombre roto. Y también, el concepto del amor de Märta es una definición de lo que no se puede definir porque ya lo había perdido ates. Habla de la infancia, de su madre y sus episodios de locura, de cómo le pedía a su padre que le pusiese un escritorio y ella le decía que no había espacio en la casa para ese escritorio. Es lo que ella ha mamado... se le rompió la idea del amor. Ella necesita ser, necesita crear, que el hombre que tenga al lado la vea, pero no veo el lado invisible del amor a su definición de amor.

DAMIÁN. –No se enteran de cuál es el papel de cada uno.

PILAR. –No se enteran, pero Märta tiene la voz de generaciones de mujeres que no han sido escuchadas, que han sido miradas para ser puestas en un pedestal, un adorno, y ella reivindica que las bajen, por favor.

DAMIÁN. –Nadie puede mirarlas ya porque no se sabe a dónde mirar. ¿Cómo miras a una mujer que es igual que tú, que trabaja igual que tú y tiene tus mismas intenciones?

Viéndola a ella le veo cada vez más a él. Todo lo que quiere ella es acción. Y sé lo que le está quitando al otro de discurso de la acción. En una familia lo que esperan los niños es que venga el otro y exponga la realidad. Ahora llegan los dos con dos realidades y las ponen ahí, y los niños eligen entre realidades torpes y parecidas, pero no encuentran el espacio intermedio en el que se encuentra la intimidad guardada, la atención de la madre, que sigue siendo muy importante, la atención enamorada. El otro llega con toda la carga del exterior, con todo el cariño del mundo, pero está en otro sitio, eso no es atención enamorada. Lo que llega a casa son dos elementos que no quieren trabajar, no te llevan nada del exterior. En la medida de lo posible, lo evitan. Los dos tienen el sentimiento de que tienen que entregar a su familia algo que tenga que ver con la intimidad, mientras siguen pensando en el trabajo.

Cuando llegan a casa no quieren hablar del exterior porque el exterior no está bien, no les gusta. El mundo del trabajo también se ha complicado mucho, no es interesante, es muy especializado, esclavo o poco reconocido y quieren librarse de eso. La casa es el sitio donde se van a librar del mundo. Y los niños se encuentran con dos elementos idénticos que dan una afectividad mediada cuyos ojos siguen en el mundo exterior. Se ha perdido todo. Ya no hay ni atención enamorada ni mundo exterior y seguramente ahí entra la televisión.

Estos periodos de vacío son muy peligrosos porque antes se sabía contra qué se podía atacar. Ahora no se sabe contra qué se lucha.

Por ejemplo, los hippies. Se quisieron cargar a la familia y casi se la cargaron. Su intento era muy claro.

CARLOS. –Pero sí hubo una modificación de comportamientos. El hecho de poder elegir una sexualidad mucho más libre y la aparición de la píldora fueron decisivos. Las mujeres ya no se atan al hombre, pueden disfrutar sin miedo.

DAMIÁN. –Pero la parte fundamental es qué se hace con los niños, qué es una familia, cómo estamos con el otro, eso no se tocó. La mujer se convirtió como en otro hombre, pasó al principio masculino. De todas formas, en un principio era el principio masculino el que quería parecerse al femenino. Después fue en sentido inverso: esa fue la verdadera inversión, que el principio femenino fuera el que se invirtiera al masculino.

CARLOS. –También fue una exigencia del hombre pedirle a la mujer tener un comportamiento masculino para integrase profesionalmente en ese mundo masculino. Una mujer no podía hablar en un momento dado de los hijos en un ambiente profesional.

ANTONIO. –Pero el gran cambio se hace desde que cruza el umbral de la puerta al pensar que la mujer no trabajaba en casa, y llamar trabajo únicamente a la actividad que implicaba salir de casa, dejas de llamar trabajo a lo que se opera y ocurre dentro. Es una visión errónea que ha llevado a masculinizarnos todos.

PILAR. –Las mujeres siempre hemos tenido necesidad de oxígeno y de aire puro de fuera, no creo que eso sea masculinizarnos; esa necesidad de mundo siempre ha estado muy soterrada y muy silenciada. En el fondo es lo que le pasa a Märta Tikkanen, dice: qué cicatera debe parecer mi necesidad de oxígeno y aire puro comparada con tu desmedido amor. Creo, incluso, que aquí llega al sarcasmo de puro no ser comprendida ni respetada. Y leo lo último que dice Tikkanen: lo escribí porque no pude dejar de hacerlo, para poder creer que el amor existe, que el amor existe a pesar de todo. Con eso me quedo.

Referencias externas[editar | editar código]

Historia de un matrimonio (Marriage story). Dirigida por Noah Baumbach. EEUU, 2019 – HD, VO, VOSE y VE

Secretos de un matrimonio. Dirigida por Ingmar Bergman. Suecia, 1974. - HD, VO, VOSE y VE

Tomates verdes fritos. Dirigida por Jon Avnet. EEUU, 1991. - HD, VO, VOSE y VE

El color púrpura. Dirigida por Steven Spielberg. EEUU, 1986. – HD, Vo, VOSE y VE

Te doy mis ojos. Dirigida por Icíar Bollaín. España, 2003.

Bibliografía[editar | editar código]

La historia de amor del siglo - Märta Tikkanen

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