An-34 Hay que morir antes de vivir. La tradición de los viajes al Hades

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento INFIERNO

Una larga tradición ética y filosófica nos dice que, si queremos entender el mundo y si queremos estar en él y decidir con sentido, hemos de tener una experiencia de la muerte. De la muerte en vida. A veces la tenemos sin querer en las pérdidas, en las separaciones, en las decepciones profundas. Pero hay otras que son voluntarias: los héroes y los filósofos son conscientes de que su aventura conduce a la muerte o al menos la desafía.

Hay que contar con la mortalidad para dar a las cosas la importancia que merecen, para no confundir lo banal con lo grave, la opinión con el conocimiento, los caprichos con los deseos. En resumen, para ser conscientes del tiempo que nos ha sido concedido y poder vivirlo con toda la intensidad de que disponemos.

El Poema de Parménides es inaugural en lo que se refiere a una tradición filosófica que se prolongó en Occidente, por diversas vías e interpretaciones, hasta nuestros días, Platón mediante. Se habla de la diversidad de las apariencias, de la unidad de todo lo existente que recubre y se oculta en la manifestación de los objetos y los hechos, de la realidad del pensamiento, de la intuición y la razón noética que se aproxima a las cosas con instrumentos inéditos, de las palabras de la diosa que resuenan en el fondo de nuestra conciencia y que conforman nuestra mente.

El infierno y la muerte no son tan malos: si uno se aprovecha de ellos, aprende. Páthos máthos, dirá la sabiduría griega.

Pedestal de una estatua del siglo I d. C., hallado en Velia, con cuatro palabras: ΠΑ[Ρ]ΜΕΝΕΙΔΗΣ ΠΥΡΗΤΟΣ ΟΥΛΙΑΔΗΣ ΦΥΣΙΚΟΣ.«Parménides, hijo de Pires, físico, perteneciente a los ouliades».

Lectura[editar | editar código]

Poema - Parménides de Elea

Resumen[editar | editar código]

Toda creación lleva implícita la creación de uno mismo. El mundo griego estableció este principio como fundamento de toda obra y lo llevó conscientemente hacia un ideal de individuo. El Poema de Parménides es la expresión más vigorosa de esta necesidad, de crearse para poder crear y de cómo esta manera de entender la creación apuesta por un viaje hasta el fondo de nosotros mismos, en cuya meta están la muerte y el renacimiento. Una nueva orientación del pensamiento se pone al tiempo en marcha, esta es el noein: el pensar intuitivo, el pensar con todo nuestro ser y no solo con las facultades más superficialmente racionales.

La lectura del Poema de Parménides nos lleva a la pregunta central de la filosofía: qué es la razón y cómo está relacionada con la emoción. Con el Poema nos adentramos en el significado de la palabra sensible –la palabra que cura–, el viaje al Hades y sus significados en el sentido de nuestras vidas, la importancia de lo invisible en el mundo griego y cómo está presente también en nuestras vidas: en el amor, en nuestros deseos, nuestros proyectos...

El poema del ser de Parménides. Texto completo.[editar | editar código]

PROEMIO

Fragmento 1

Los corceles me arrastran, tan lejos como el ánimo anhela
me llevaron. Y una vez que en el renombrado camino
de la Diosa me hubieron puesto, que lleva al varón sapiente a través de los poblados,
por allí me condujeron. Por allí me llevaban los hábiles corceles
tirando del carruaje; las doncellas indicaban el camino.
En los cubos del eje con estridente sonido rechinaban
ardiendo (acelerado por dos vertiginosas
ruedas, de ambos lados) cuando se apresuraban a escoltar
las doncellas Helíades, abandonadas ya las moradas de la noche
hacia la luz, habiendo con sus manos los velos de la cabeza retirados.
Allí [están] las puertas de los senderos de la noche y del día
y en torno a ellas, dintel y umbral de piedra,
y ellas mismas, etéreas, cerradas por inmensas batientes hojas
de las que Dike, la de los múltiples castigos, las llaves guarda de doble uso.
Le hablaron las doncellas con blandas palabras
y sabiamente persuadieron a que el enclavijado cerrojo
prontamente de las puertas les quitase. Y éstas de la entrada
el inmenso abismo produjeron al abrirse. Los broncíneos
postes en sus goznes, uno tras otro, giraron
de clavijas y pernos guarnecidos. Y a través de las puertas,
derecho por el camino, carro y caballos las doncellas condujeron.
Y la diosa benevolente me recibió; con su mano
mi mano derecha cogiendo, con estas palabras a mí se dirigió:  
Mancebo (kouros), de auriga inmortales compañero,
que con sus caballos que te traen, a nuestra morada llegas,
¡salud!, que no una mala Moira te envió a seguir
este camino (pues fuera del sendero de los humanos está),
sino Themis y Dike. Y así tendrás todo que averiguar,
tanto de la bien redonda verdad el corazón imperturbable  
como de los mortales los pareceres en los que verdadera fidelidad no hay,
y aprenderás también esto: cómo lo múltiple pareciente
tenía que hacerse aceptable, penetrándolo todo por todas partes.

VÍA DE LA VERDAD

Fragmento 2

Pues bien, yo te diré -cuida tú de la palabra escuchada-
las únicas vías de indagación que se echan de ver.
La primera, que es y que no es posible no ser,
de persuasión es sendero (pues a la verdad sigue).
La otra, que no es y que es necesario no ser,
un sendero, te digo, enteramente impracticable.
Pues no conocerías lo no ente (no es hacedero)
ni decirlo podrías en palabras.

Fragmento 3

...pues lo mismo es inteligir y ser.

Fragmento 4

Pero mira: lo ausente está a la vez firmemente presente para el noûs,  
porque [el noûs] no apuntará lo ente de su conexión con lo ente,
ni disperso por todas partes y de todos los modos según un orden,
ni reunido en sólida consistencia.

Fragmento 5

Indiferente es para mí por dónde empiece, pues allá retornaré de nuevo.

Fragmento 6

Necesario es decir e inteligir que lo ente es. Pues es ser
pero nada no es. Te intimo a que todo esto pienses.
Y primero de esta vía de indagación yo te aparto,
pero luego también de aquella por donde los mortales que nada saben
van errantes, bicéfalos: pues el desconcierto en sus
pechos dirige el errabundo noûs. Arrastrados,
sordos a la vez que ciegos, estupefactos, masas indecisas
para quienes ser y no ser son lo mismo
y no lo mismo, y el sendero de todo es revertiente.

Fragmento 7

Pues nunca esto dominarás: ser los no entes.
Aparta tú el pensamiento de esta vía de indagación;
ni la costumbre multiexperta te fuerce por ella
a agitar el ojo sin vista y el oído retumbante
y la lengua; más discierne con el logos el polémico reproche por mí expresado.

Fragmento 8

Un sólo decir aun como vía
queda: qué es. Por esta vía hay signos distintivos
muchos: que lo ente ingénito e imperecedero es
porque es único, imperturbable y sin fin.
No era alguna vez, ni será, pues ahora es, todo a la vez.
uno solo, compacto. Pues ¿qué nacimiento le buscarás,
cómo, de dónde ha crecido? No te dejo "de lo no ente"
decir ni inteligir, pues ni decible ni inteligible
es que no es. ¿Y qué necesidad lo habría impelido
después o entes, si empezó de la nada, a llegar a ser?
Y así o el todo ser es necesario o no [ser].
Ni jamás de lo no ente permitirá la fuerza de la persuasión
que llegue a ser algo junto a él. Por lo cual ni llegar a ser
ni dejar de ser permitió Dike, soltando cadenas
sino que las retiene. La decisión sobre esto consiste en lo siguiente:
es o no es. Pero ya está decidido, como [es] necesidad,
que una [de las vías] es impensable, sin nombre (porque no es verdadero
camino), en cambio, la otra es y es genuina.
¿Cómo podrían después dejar de ser los entes? ¿Cómo llegarían a ser?
Si llegó a ser, no es, ni tampoco si va a ser alguna vez.
Y así se extingue la génesis e ignota [es] la ruina.
Ni tampoco es divisible, porque es entero igual.
Ni es algo más por aquí, que le impediría ser compacto,
ni menos, pues está enteramente pleno de lo ente.
Y así es entero compacto. Pues lo ente confina con lo ente.
Pero inmóvil en los límites de ingentes vínculos
es, sin principio, sin cesación, pues génesis y ruina
muy lejos fueron apartados; expulsólos la firmeza verdadera.
El mismo en lo mismo permaneciendo en sí mismo yace,
y así firmemente ahí mismo queda. Pues la poderosa Ananke
lo retiene en vínculos del límite, que lo cierra en torno:
por lo cual, es divina disposición que lo ente no es inconsumado,
porque no es indigente; en cambio, si fuera lo no ente, de todo carecería.
Lo mismo es el inteligir y aquello y aquello por lo cual el inteligir es.
Pues no sin lo ente, del que depende, una vez expresado,
encontrarás el inteligir. Pues nada es ni será
fuera de los entes; puesto que Moira lo ató
a ser entero e inmóvil. Y así todo será nombre
cuando los mortales establecieron, confiando ser verdadero:
llegar a ser y dejar de ser, ser y no [ser],
y cambiar de lugar y variar el color esplendente.
Pero por ser límite extremo, es perfecto
de todas partes, semejante a la masa de bien redonda esfera,
equilibrado del centro a todas partes. Pues nada mayor
ni nada menor puede ser por aquí y por allí,
pues ni lo no ente es, que pudiera impedirle alcanzar
la igualdad, ni lo ente, para que fuese de ente
más aquí y menos allí, pues todo entero es incólume.
Y siendo por todas partes a sí mismo igual, comparece igualmente en sus límites.
Con esto termino para ti el logos fiable y el pensar
en torno a la verdad. Desde aquí los pareceres mortales
aprende, escuchando el orden engañoso de mis palabras.

VÍA DE LA DOXA

Acordaron dar forma a dos formas,
para ambas una sola no es necesario, en lo que errados están.
Separen los contrarios por su hechura y pusieron señales
que los apartan entre sí, aquí de la llama fuego etéreo,
benigno, livianísimo, a sí mismo en todas partes idéntico,
a lo otro no idéntico. Más también aquello
que se le opone: oscura noche, de espesos y pesados trazos.
Toda esta aparente ordenación te expongo
para que ningún juicio de mortales te sobrepase.

Fragmento 9

Pero ya que todo fue luz y noche nombrado
y éstas, según sus virtualidades [fueron atribuidas] a tales o cuales cosas
todo lleno está, a la vez, de luz y de noche invisible,
ambas iguales, porque nada hay allende estas dos.

Fragmento 10

Conocerás la physis etérea y en el éter todos
los signos, y del resplandeciente sol, pura
antorcha, las obras devastadoras, y de dónde llegó a ser.
Y las circulantes obras averiguarás de la luna de redondo eje
y su origen. Conocerás el cielo que retiene [todo] en torno,
de dónde emergió y cómo lo forzó impelente
Ananke a retener los límites de los astros.

Fragmento 11

Cómo tierra, sol y luna
y éter común y celestial Vía Láctea y Olimpo
extremo y fuerza ardiente de los astros, fueron impelidos
a llegar a ser.

Fragmento 12

Los anillos más estrechos se llenaron de fuego sin mezcla,
los siguientes, de noche; y de entre ambos se proyecta porción de llama.
Y en el medio de estos, la diosa que todo lo dirige,
pues en todas partes rige el doloroso nacimiento y la mezcla,
enviando a lo masculino lo femenino para mezclarse y, a su vez, contrariamente,
lo masculino a lo femenino.

Fragmento 13    

Primero de todos los dioses a Eros inventó.

Fragmento 14     

Noctiluciente, en torno a la tierra, errante, ajena luz.
Fragmento 15    
Siempre inquisidora mirando hacia los rayos del sol.

Fragmento 15a    

[La tierra es] acuarraigada

Fragmento 16

Pues al modo como cada cual tiene la mezcla de muy extraviados miembros
así el noûs está a disposición de los hombres. Pues lo mismo
es lo que reflexiona, physis de miembros para los hombres,
para todos y para todo. Pues lo más es el pensamiento.

Fragmento 17    

A la derecha los jóvenes, a la izquierda las doncellas...

Fragmento 18

Cuando la mujer y el hombre mezclan juntos simientes de Venus,
en las venas la conformadora fuerza, de sangres diversas procedente,
guardando un justo equilibrio, plasma cuerpos bien dispuestos.
Pero si, al mezclarse los simientes, las fuerzas pugnan
sin hacer una sola, mezclados los cuerpos, funestas
resultarán por su doble simiente el naciente sexo.

Fragmento 19

Así, pues, emergieron, según el parecer, estas cosas y ahora son,
y, a partir de aquí, habiendo madurado, acabarán.
A ellos los hombres nombre impusieron acuñado para cada cual.

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DAMIÁN. –Al Poema de Parménides se le llama el problema central con la intención de dar sentido a lo que le sucedió a la filosofía antes de Platón. Hace referencia a cuestiones como: cuál es el origen de la filosofía, de dónde parte, por qué nos ponemos a pensar, qué es pensar. A menudo nos preguntamos sobre qué pensamos, pero casi nunca cómo pensamos. ¿Por qué es un poema de conocimiento?

EVA. –El hecho de que sea un poema permite que se recuerde más fácilmente. En cuanto al texto, hay un reproche continuo hacia las palabras. La diosa dice que hay que cuidarse de las palabras, bien porque las ha dado ella o porque son engañosas.

DAMIÁN. –Se refiere a ambas cosas: que escuche bien lo que ella le dice, y que tenga cuidado con las palabras porque son engañosas. Más adelante insiste en que las palabras tienen un orden engañoso y que hay que ir más allá de ellas para llegar al conocimiento. ¿Qué querrá decir el orden con respecto a la poesía? En todas las manifestaciones de la palabra, hablada o escrita, lo importante está en el orden; cuanto más estructurado es, más se aproxima a una comunicación y cuanto más se altera, como en las metáforas, más se acerca a la poesía. En una canción, por ejemplo, el orden del lenguaje está subordinado al orden musical, y detectando los órdenes del lenguaje, sabremos a qué tipo de texto nos enfrentamos, así ocurre en el poema de Parménides. ¿A dónde va el poema?

NURIA. –Es un rito iniciático, otra dimensión, otro estado de conciencia.

DAMIÁN. –¿Traslada a otro estado de conciencia, o es un estado de conciencia en sí mismo? Solo una parte del poema ha llegado hasta nosotros. Por algunas fuentes, como Cicerón, sabemos de qué va, pero sólo tenemos esto. Platón escribió un diálogo que se titula Parménides en el que hay un encuentro imaginario entre Parménides y un joven Sócrates. El verdadero interés de ese diálogo es que Sócrates se convierte en el heredero de Parménides. Pero Platón escribe diálogos, quiere intercambio de palabras y el poema es un conjuro –epodé– no en el sentido de la brujería, sino de una realidad que es traída por un tipo de palabras –para los griegos la palabra sensible– que al decirlas nos hacen ver: es el pensamiento en imágenes puro.

Así como en el lenguaje habitual lo que nos decimos es el significado de las palabras, en la epodé lo que decimos es lo que vemos. Es un lenguaje de símbolos que conjura la realidad y no procede ni de esta ni del poeta. Fijaos que, siendo filosofía, está escrito en poesía. A partir de este poema se considera que se inicia el pensamiento filosófico.

Podemos preguntarnos si es el principio de la filosofía, o el fin de un tipo de filosofía.

La palabra que utiliza el Poema de Parménides para el concepto pensar es noein. Noein significa comprender de forma absoluta y a la primera por contacto directo con la experiencia, es decir, noein es la intuición pura. Los místicos son los que hablan así, los que penetran en el misterio de forma directa sin necesidad de razonamiento lógico. Y en esos momentos ellos pensaron que este era el mejor sistema, que era el más rápido.

Platón no pensó lo mismo, y mucho menos Aristóteles. Este noein es lo que más se parece a nuestra intuición: a la intuición hay que prestarle mucha atención y no hacer caso de las palabras, porque mientras en el pensamiento analítico todo puede ser discutible, esto es la cosa misma platónica, es la verdad, lo que es y no puede ser otra cosa que está en nuestro pensamiento.

Nosotros pensamos así muchas veces. Este poema es importante porque en el momento que se leeç, la cosa está aquí y es segura. Como el amor a primera vista o las malas sensaciones que se tienen a veces con alguien… eso sí, es necesario trabajar en ello de forma sistemática como lo trabaja un sacerdote de Apolo, lo que es Parménides.

Como decía Jung, todo lo del interior sale al exterior, y empezamos a leer el exterior de esa forma. Estos son los que descubren las matemáticas, pero su pensamiento parte de otro lugar distinto del nuestro porque el suyo no es analítico. Su forma de concebir lo real parte de otro principio. En general, nosotros creemos que lo visible es más real que lo invisible, y por ello en la propia vida le concedemos más importancia a lo visible que a nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestras pérdidas… Ellos pensaban lo contrario. Partiendo de ese mundo, empezaron a concebir ideas que eran y son imágenes, y tuvieron que hacerlo con una enorme capacidad de atención y una gran concentración. El noein se convirtió en un orden de pensamiento hasta Spinoza, que dijo: si lo piensas, es que es.

EVA. –¿Sería esto una forma de mirar sin la distorsión de la razón?

DAMIÁN. –Exacto, aunque la palabra razón en griego tiene dos sentidos. Uno es logos, creación, y el otro razonamiento, el que tiene lógica. Ambos conceptos se separan a medida que va pasando el tiempo, y con Aristóteles se acaba. Psyché puede ser razón, pero también puede ser alma. Para un griego la razón siempre está impregnada de la emoción, la razón es ese acto de comprensión a través de una luz que se enciende y que está libre de prejuicios y de palabras. Es otra forma de mirar que necesita de una gran disciplina. Spinoza dice que el alma existe por la sencilla razón de que si, podemos pensar en ella, es que es.

IRENE. –Pero yo no veo toda esa sublimación.

DAMIÁN. –Intentamos entender qué es lo que hacían ellos. Lo que digo es que nosotros, a la hora de pensar, tratamos de ser claros y distintos, un poco como Descartes. Nos damos cuenta de que en realidad ese pensamiento sigue el orden del lenguaje. No hay ninguna razón para pensar que si nuestro orden del lenguaje fuera distinto –como el Poema de Parménides–, no nos llevaría también a otro orden de pensamiento.

NURIA. –¿Por qué es el principio de la filosofía?

DAMIÁN. –Porque los propios griegos dicen que parte de aquí. Parménides no hablaba así, pero así pensaba, y nosotros tenemos que desvelar de qué forma de pensamiento se trata. Lo que no podemos hacer es intentar traerlos a nuestra forma de pensar.

¿Qué es un poema? Un poema es una forma de respirar. Cuando cantamos, prensamos que estamos cantando nosotros, pero no es así porque estamos cantando con un orden, un ritmo y una melodía que te nos dado: es una música que viene de fuera y nosotros nos elevamos. Cambiamos, precisamente, porque nos viene una música de fuera que no hemos inventado nosotros, con la que se produce una cierta emoción, de manera que en el fondo estamos produciendo en nosotros mismos emociones que vienen de fuera.

La poesía es exactamente lo mismo: una cierta forma de respirar diferente para decir las cosas… Algo muy importante es que cuando nosotros entramos en una fase profunda de pensamiento, es porque hemos encontrado un ritmo: la poesía da el ritmo.

Si pensamos analíticamente, lo hacemos de fuera hacia dentro, pensamos para ver si se nos comprende, para ver si las partes están bien constituidas, si el todo es armónico; pero si pensamos de dentro a afuera no nos importa tanto el orden del lenguaje, lo que nos importa es que salga aquello que estamos sintiendo. Para nosotros el pensamiento es algo que tiene que tener claridad y no debe de incurrir nunca en contradicciones. Nuestro aprendizaje es por lo general analítico y siempre tendemos a interpretar… nos fiamos muy poco de nosotros mismos.

Pero el pensamiento analítico no sirve cuando pensamos en el sentido de la vida... Eso escapa a una ciencia que tiene como modelo lo sólido, lo cuantificable, por eso no podemos prescindir de dicho pensamiento: de alguna forma somos sus herederos… teniendo en cuenta que con él nos llegaron las matemáticas, la geología, la trigonometría...

Nos interesa Parménides porque es el problema central de la filosofía que hemos hecho y seguido después.

EVA. –¿De qué habla el poema?

DAMIÁN. –El Cosmos tiene alma, la psyche ta cosmos, y el nous es la inteligencia que mana de dicha alma. Parménides habla del ser, del sí mismo, que es indivisible, eterno, inmóvil, es la psyche ta cosmos (el alma cósmica) y conecta desde lo interior con ella. El nous es lo que compartimos con el cosmos, nuestra parte que se mueve por ahí. ¿Qué hay eterno en nosotros y que no tiene ni espacio ni tiempo? El inconsciente.

Lo interesante es que a través del inconsciente llegamos hasta lo divino. Cada uno tiene que llegar al inconsciente colectivo. Entre Parménides y los pitagóricos –hasta Jung– la diferencia es cero. Toda la psicología profunda va al mismo sitio que los griegos. No es casualidad que estos místicos hayan aparecido en todas las disciplinas que conocemos hoy. Además son muy prácticos. Creen que con este pensamiento se hacen cosas buenas, arte, polis, y sobre todo que nos curamos. Y es esto a lo que se dedica un sacerdote de Apolo, a la sanación a través de la filosofía, de la palabra, de la física... El sentido de estar en este mundo es encontrar la forma buena de estar en él.

En Los oscuros lugares del saber, Peter Kingsley dice:

Todos los personajes que Parménides encuentra en su poema son mujeres o niñas. Incluso los animales son hembras…, y recibe lecciones de una diosa. El universo que describe es femenino; y si este poema de un varón representa el punto de partida de la lógica occidental, algo muy raro le ha sucedido a la lógica para que haya terminado tal como está ahora.

¿Qué creéis que significa esto?

NURIA. –Que es fecundo, intuitivo, protector.

DAMIÁN. –Fecundidad intuitiva, es decir, no es producción… Las yeguas que me llevan tan lejos como el anhelo alcanza. ¿Qué es el anhelo?

NURIA. –Deseo…

DAMIÁN. –No, el deseo siempre es transitivo y se puede satisfacer, pero el anhelo no. La palabra anhelo significa estar suspendido de tu propia alma. Acostumbrados a que el deseo nos proporcione cosas, el anhelo lo soportamos mal porque no tiene principio ni fin y no sabemos lo que es. El deseo tiene objeto, el anhelo no. Kingsley dice Nuestro anhelo es tan profundo, tan inmenso, que en este mundo de apariencias nada puede sostenerlo o contenerlo. Así que, en lugar de ello, lo desguazamos, lo tiramos: queremos esto, luego lo otro, hasta que somos viejos y estamos agotados. Si sustituimos el anhelo por el deseo, vamos a ir cambiando de deseos… porque es el anhelo lo que alimenta el deseo. La falta de anhelo es lo que pone de manifiesto nuestra filosofía, una filosofía del lenguaje.

Siguiendo con el Poema, viene una zona que está produciendo sonidos chirriantes que llevan al nombre onomatopéyico de una flauta –Syrinx–, la siringa o flauta de Pan (la que tocaba el dios Pan), una flauta que cierra un universo y abre otro. Siempre que suena esta flauta el mundo cambia. Y por qué, porque produce un sonido en principio inaudible, aunque si se presta mucha atención, se puede escuchar como la música de las esferas, que es el sonido que hacen los planetas al girar. El Syrinx es un sonido que se escucha con el alma y que solo se oye cuando se ha alcanzado un grado alto de espiritualidad.

EVA. –El Poema es muy enigmático y a veces parece contradictorio… En los primeros versos ya nos hemos ido a otra parte del universo…

DAMIÁN. –Apolo-Helios es el dios de la luz, pero no únicamente, también lo es de la oscuridad. El Sol está en el cielo durante el día, pero su morada, el sitio en el que descansa, es la noche. Esto es muy importante porque cambia toda la idea que tenemos de Apolo: es un dios sanador y destructor al mismo tiempo, y eso se ve muy bien en la Ilíada; su principal actividad consiste en enfermar y en sanar. Las Helíades o Faetónidas son por un lado hijas de Apolo-Helios y por otro las diosas que están mirando al inframundo –porque tienen que ver– y que se quedan siempre mirando el abismo, mirando hacia la tumba de Faetón.

Este tipo de sabiduría no es algo en lo que uno se empeñe, o ponga voluntad… no existe otra posibilidad… El carro es el anhelo, y el que ahí está, con su vacío, con su alma suspendida, sabiendo aguantarlo sin buscar sustitutos rápidamente y escuchando su Syrinx, se dejará conducir por él, por el carro del anhelo.

IRENE. –¿Hacia dónde va?

DAMIÁN. –Hacia los senderos del día y la noche, el círculo que traza Apolo.

EVA. –¿Qué es el infierno?

DAMIÁN. –Por lo que dice el Poema –y por lo que dirá después el Sócrates de Platón–, no hay conocimiento de la vida que no sea un viaje a la muerte. El que no ha viajado a la muerte y regresa a la vida con lo que ha aprendido, no es un sabio. Esto tiene que ver con el verso de John Keats:

Si podemos meter en nuestra alma aquello que se nos escapa, si tomamos contacto con ello, si lo percibimos, entonces la respuesta está dada porque eso era todo.

Para un griego, el Hades o el Tártaro no es un lugar ni malo ni bueno, es un lugar al que preferían no ir…, pero no hay tormentos, simplemente está la sombra.

El inconsciente de Jung o de Freud es infierno, es un lugar en el que no existe el futuro y, sin embargo, si uno pudiera quedarse en ese lugar en el que todo es presente, no tendría que moverse de sitio. Y si pudiésemos aguantar allí, entenderíamos cuál es la verdad, podríamos ser uno con el todo, siempre y cuando tengamos nuestro desafío no fuera separar la muerte de la vida. Lo dice Zenón, el Sócrates de Platón: la filosofía solo consiste en aprender a morir.

Nuestra vida está hecha de la estructura de la muerte. El niño muere para dejar paso al joven, el joven da paso al adulto, el adulto al anciano… porque la nuestra es una conciencia de transformación, y los mitos no son otra cosa que tratar con la transformación. De hecho, Ovidio los llama las Metamorfosis. La estructura básica de nuestro ser es ir cambiando, por lo tanto, nuestra experiencia de muerte es muy frecuente a lo largo de la vida. El infierno de Parménides no es más que la muerte en vida.

Los pitagóricos se establecían cerca de un volcán porque era la forma de estar más cerca de un infierno. Alguien que ha desafiado a la muerte retorna a la vida con una serie de aptitudes que antes no tenía, se vuelve sanador, oulis, el Apolo que sana.

IRENE. –¿Cómo sana el que ha estado en la muerte y vuelve a la vida?

DAMIÁN. –Puede sanar con la palabra, y se llama iatromantis. Para un griego, la sanación viene de fuera a través de una serie de rituales que fundamentalmente son el ayuno y el silencio.  En la Magna Grecia permanecían tres días en silencio y ayuno de alimento, después se iban al asclepeion, una especie de clínica donde había una pequeña cueva, semejante a un templo, en la que había un guardián llamado pholarchos que estimulaba, con sus palabras, la producción de imágenes. Tras esta parte del ritual, la mente producía efectivamente imágenes… y gracias a ellas aparecería la cura. Iatromantis, pholarchos, ouliades son denominaciones de los sacerdotes de Apolo: los que construyen a la vez un culto religioso y secular, práctico y espiritual, que se basa en lo que no se puede ver, en que lo real tiene más que ver con lo invisible que con lo visible.

Para los griegos es fundamental la presencia de lo que no vemos. Para nosotros esto es algo complicado, pero podemos hacer una aproximación. Por ejemplo, en la relación con los otros podemos guiarnos por el amor que vemos –el amor de la conducta– porque no vemos que es el amor mismo... Nuestros deseos, nuestros proyectos, la forma en que ocupan nuestra vida las ausencias es lo invisible, por no hablar de los sueños. Heidegger decía que siempre estamos proyectando en el momento siguiente, en lo invisible. El presente, al contrario de lo que se cree, casi no existe.

Referencias externas[editar | editar código]

Syrinx

Syrinx (Debussy)

Pan y Siringa cuadro de [/es.wikipedia.org/wiki/Fran%C3%A7ois%20Boucher François Boucher] (1759)

Pan y Siringa

La metamorfosis en álamos de las hermanas de Faetón. Santi di Tito. Florencia. 1572.

Poema de Parménides (I) (II) (III) (IV) (V). Eduardo Chillida, 1999. I

Bibliografía[editar | editar código]

Poema del Ser. Parménides.

La Divina Comedia. Dante Alighieri.

La Odisea. Homero.

La Ilíada. Homero.

Los oscuros lugares del saber, Peter Kingsley.

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