An-2 Los mundos griego y hebreo

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Introducción

Nos acercaremos a nuestras fuentes antiguas –las culturas griega y hebrea– a través de sentimientos que han sido claves en la conformación de la mentalidad del occidente cristiano. Cada uno de estos diez sentimientos será tratado a través de las lecturas que iremos señalando en cada caso.

En esta primera sesión nos aproximaremos de manera tentativa a lo que creemos que es la cultura hebrea y a lo que creemos que es la cultura griega. Veremos cómo se escribió la Biblia y quiénes la escribieron, y compararemos la función de la palabra entre los judíos y los griegos, además de profundizar en algunos conceptos trasversales: el sentimiento religioso, la noción de mandato, las modalidades de lectura, las relaciones con lo divino…

Torá
Pergamino hebreo de Torá
Delfos
Delfos

Lectura

La Biblia Biblia de Jerusalén

DAMIÁN. –Nuestro objetivo es desvelar los sentimientos que hay detrás de las ideologías, de las creencias y de las cosmovisiones de griegos y hebreos. Aunque el mundo hebreo nos pueda parecer remoto y el griego cercano, son los hebreos los que crean los mandatos morales que aún hoy seguimos en nuestra vida cotidiana. En cuanto a los griegos, no vamos a necesitar una introducción porque ellos mismos se introducirán solos a medida que los leamos, a medida que observemos sus contextos, averigüemos de qué hablan y adónde pretenden llegar.

NURIA. –¿Hablamos de los diez mandamientos del Antiguo Testamento que nos han llegado a través del cristianismo?

DAMIÁN. –No exclusivamente. Los diez mandamientos influyen en nuestra manera de vivir, pero en el mundo hebreo existen otros mandatos más secretos y misteriosos por los que nos guiamos de manera inconsciente. Un mandato es algo que se da de forma explícita en un momento dado y que, con el transcurso del tiempo, se transforma en una orden inconsciente que nos damos a nosotros mismos acerca de lo que hay que hacer. Un ejemplo es la retribución. Todos pensamos que, si hacemos bien las cosas, algo bueno nos pasará.  Y no hay nada más lejos de la experiencia empírica en la vida. Esta es una discusión que los judíos mantienen de forma permanente. Tener una fe ciega en lo que crees, no tener que pensar, fiarte de la fe que te das a ti mismo y de la necesidad de una comunidad para poder desarrollarte… tiene mucho de hebreo. En todo esto hay relación con el mundo griego y es así porque no están tan lejos, porque tienen más puntos de contacto que de rechazo.

NURIA. –¿Es lo mismo religión que sentimiento religioso?

DAMIÁN. –Cuando nos enfrentamos a la lectura de la Biblia hay que tener en cuenta algo muy importante: tenemos que diferenciar entre religión y sentimiento religioso. El Antiguo Testamento es un conjunto de libros que, si alguien que fuera de nuestro contexto cultural los leyese, diría que son esotéricos. No son nada explícitos. Si leemos Levítico o Números vemos que hay órdenes, normas y ritos que prescriben la forma en que debemos relacionarnos con las cosas. Y son órdenes muy misteriosas: leyendo el Levítico de arriba abajo vemos que hay normas que prohíben, por ejemplo, comer animales ungulados. Es un mundo difícil. Si leyendo a los griegos pensamos que su afán es decírnoslo todo –que leer a Platón, Homero o Parménides es una experiencia directa–, con los hebreos no sucede lo mismo. Pero, paradójicamente, cuanto más profundizamos en los griegos, más misteriosos y mágicos nos parecen, más presente tienen el mundo invisible y más convencidos están de que no somos culpables de nada, de que los actos no son nuestros, que los dioses no solo forman parte de nosotros sino que podemos convertirnos en dioses, con la calculada ambigüedad de que un dios y un hombre no son tan diferentes –sólo hay que ver lo que hacen los dioses– y que de alguna manera no existe eternidad, no existe un más allá porque tenemos la capacidad de convertirnos en ellos, en los dioses. De hecho, para los griegos el hombre es más perfecto porque puede morir y los dioses no: curiosa manera de ver la perfección.

Por eso es tan importante distinguir entre religión y sentimiento religioso, puesto que el Antiguo Testamento no contiene una religión organizada tal como nosotros la podemos concebir. Quitando las prescripciones sobre la comida, los ritos y las fiestas, apenas aparece en el AT una dogmática acerca de la fe, del tipo Dios es uno y Trino. Aparecen historias de las que nosotros tenemos que extraer el significado que tengan para la fe o para la vida. La fe en la Biblia está en un segundo plano, no se presenta en primera instancia, sino que es una forma de experiencia contradictoria y paradójica, que tiene enormes dificultades para encontrar una forma clara de expresarse, y por supuesto una interpretación. Hay una diferencia entre un Libro Sagrado y un catecismo. El primero trata de contener los misterios, pero no son dogmas, ni doctrinas, ni aclaraciones, ni explicaciones acerca del texto; de ahí que haya catecismos que tratan de aclarar todo este mundo legítimamente misterioso, intentando traducirlo a leyes que sean comunicables para la comunidad.

EVA. –Yo creo que el sentimiento religioso existe siempre en los antiguos para explicar los mitos; y esto aparece en distintas partes del mundo. Quizá la religión trata de dar una explicación a lo demás para articular ciertas pautas de conducta en la comunidad.

DAMIÁN. –El sentimiento religioso, tal como nosotros lo entendemos –o como lo entienden la antropología, la teología y la filosofía– es algo que nos permite sentir y definirlo de esa forma. Vamos a traducir sentimiento por sentir el sentido; es decir, el sentimiento se diferencia del sentido en que el sentimiento no solamente explica el sentido, sino que lo siente. Consecuentemente habría que distinguir entre sentimiento y emoción. El sentimiento es un sentir el sentido, y son dos palabras que se confunden y se mezclan, porque el sentido vale para sentir y para interpretar el mundo. Si no está bien descrito gramaticalmente, sentir el sentido es una construcción ambigua porque no sabremos a qué se refiere un individuo cuando habla de ello. Un sentimiento es sentir el sentido, es un sentir que da sentido.

NURIA. –Pero entonces ¿qué es la religión?, ¿un intento de explicación del mundo y del papel del ser humano dentro del mundo, en un contexto histórico determinado?

DAMIÁN. –La palabra religión o religioso tiene dos movimientos tanto en griego como en hebreo, e incluso en latín que es religare, unir, ligar las cosas. Toda actividad del pensamiento o del alma que trata de encontrar sentido uniendo unas cosas con otras, es algo religioso.   

Un artista puede ser muy religioso y no creer en Dios. Mircea Eliade

Cuando se intenta encontrar sentido en todas las cosas, se intenta ligarlas, estamos ante una posibilidad de sentimiento religioso. Cicerón, hablaba de relegere, desde el releer. Se llegó a la conclusión de que tenía que ver con el conócete a ti mismo o el reléete a ti mismo para conocerte. Aunque para nosotros, legere –que es lectura en latín–, no viene del acto de la lectura sino del logos, de tomar la palabra y dotarla de realidad. Por eso decían los griegos que el logos es la estructura del cosmos. En efecto, podemos llegar a la conclusión de que nosotros también unimos las cosas a través de la palabra o del sentido.

El sentimiento religioso, por tanto, es cualquier sentimiento que intente religar las cosas… Cuando nosotros tratamos de dar sentido a nuestra vida, estamos en una actitud religiosa, experimentamos ese sentimiento por el religare, por releer el sentido del cosmos y por unir –ligar de nuevo– con nosotros mismos y con nuestra realidad, retornando a la fuente griega del logos y a la de unión de lo visible y lo invisible. No lo confundamos con la religión que es una institucionalización del sentimiento religioso.   

DAMIÁN. –Logos es la palabra que crea, también es la palabra que por sí misma tiene capacidad de crear las cosas. Por eso los griegos eran realmente buenos en la curación por la palabra. Es decir, la epodé, el ensalmo, el poder de hacer sentir a otro con la palabra que la enfermedad es algo de la vida, que el mal que tiene –desaparezca o no– es vida también; de alguna manera esta palabra cura porque el enfermo vive su mal de otra manera muy distinta y mejor.

Ahora intentaremos detectar lo que es religioso en lo griego y lo hebreo. Vamos a ver que los griegos era más religiosos que los hebreos, porque así como los hebreos parecen tener un campo de acción específico para la práctica religiosa –el sacrificio, por ejemplo–, no parece que lo tengan en el resto de sus actividades; como todo pueblo organizado en forma de clan o tribal son muy guerreros, pelean todo el tiempo, desde la época anterior a Flavio Josefo hasta La vida de Brian –una de las mejores introducciones al mundo hebreo que se han hecho, en mi opinión–. Es una guerra permanente por el poder en la que hay poco espacio para el sentimiento religioso, más allá de un conjunto de experiencias cotidianas.

Entre los griegos, sin embargo, desde la Asamblea hasta la Olimpiada, todo está presidido por los dioses y todo está impregnado de un sentimiento religioso. Cuando un griego compite en unos juegos olímpicos o en un certamen trágico, su intención no es ganar a los otros sino transformarse virtuosamente, es decir en ser mejor de lo que era ayer. Esto significa que puede transformarse indefinidamente, mejorar hasta llegar simbólicamente a ser eterno, porque los griegos piensan: no somos nadie, somos aquello en lo que nos vamos a convertir. La expresión somos aquello en lo que nos podemos convertir es la misma que utilizan los hebreos para hablar de Dios: cuando se presenta a Moisés y este le pregunta cuál es su nombre, Dios responde: soy Yahvé el que seré…, es decir, seré el que seré.

Los griegos siempre están pensando en la divinidad. Su realidad era un mundo en el que todo estaba lleno de dioses, dioses que estaban en todas partes; mientras que los hebreos tenían un Dios alejado del lugar que ellos mismos ocupaban. Hay quien dice que a pesar de tan buenos en matemáticas, no avanzaron lo suficiente porque, aunque conocían el cero, se negaban a usarlo, tenían horror vacui, miedo al vacío, a la ausencia de materia. Eran más religiosos que los hebreos, a pesar de que el Dios de los hebreos representa un salto cualitativo en la historia de la humanidad al concebir que está por encima de todas las cosas, que es omnisciente, que es omnipresente, que ha creado todo lo que existe y que además establece alianzas entre Él y los hombres; lo que le convierte en un Dios con unas características extraordinariamente diferentes a todo lo que ha existido antes y a todo lo que existirá después.

CARLOS. –Y ¿no es muy raro encontrar un texto tan largo, tan prolijo, tan casuístico como la Biblia y escrito en esa época?

DAMIÁN. –Sí, lo es. En el año 2000 a.C. aparece la escritura lineal B de tipo cuneiforme y que hemos podido descifrar, y así nos hemos podido enterar de qué hacían los acadios, los babilonios, los egipcios, los asirios… El alfabeto aparece en Fenicia en el último cuarto del segundo milenio. Es un alfabeto perfectamente desarrollado que copian tanto los hebreos como los griegos, y ambos equivocándose al traducirlo; esta es la razón por la que luego fue tan difícil traducirlos a ellos. Pero lo importante es que a partir de ese momento se empieza a utilizar dicho alfabeto en las llamadas escuelas de Tablillas. Estas escuelas estaban adosadas a los templos y agrupaban todo el saber, aunque también servían a los intereses de los reyes o los jefes locales, de manera que esta élite solía incentivar dichas escuelas para que se siguiera escribiendo en ellas. En Tablillas se escribió El poema de Gilgamesh, por ejemplo.

Estas escuelas pervivieron gracias a su dependencia del poder, pero cuando las circunstancias políticas se hicieron difíciles y los imperios cayeron, las escuelas desaparecieron o se sumergieron desarrollando dos estrategias de supervivencia. Al no estar ya ligadas a los grandes poderes de la época, se dedicaron a la creación puramente literaria y comenzaron a independizarse. Una de ellas fue la hebrea, que no tenía monarquía, que estaba siempre asediada, y que acabó careciendo de territorio y creando un texto que se convirtió en un territorio místico propio: la Biblia, el Antiguo Testamento. Por eso, hoy hay tantas disputas entre los ortodoxos y los seculares judíos, porque para un ortodoxo no cabe defender la tierra, dado que la tierra, desde el origen, es el Libro. Los ortodoxos, y mucho más los ultraortodoxos, piensan que la tierra hay que abandonarla porque está dentro del Libro. Israel aparece y desaparece, estuvo tan sometido a las circunstancias y a las inclemencias de la Historia que finalmente se aferraron al territorio místico del libro sagrado.

NURIA. –¿Y los griegos tuvieron ese tipo de escuelas?

DAMIÁN. –Sí, pero ellos no tenían templos, ni aristocracias, ni monarquías locales… y al no tenerlos se autonomizan y se dedican a escribir sus ideas, sus pensamientos e historias. Los griegos empiezan a dar a la escritura el tono que reconocemos hoy: el de la invención personal o colectiva. Además, era muy difícil atacarlos como un solo estado, ya que geográficamente se componían de multitud de islas que ni siquiera estaban cartografiadas y antropológicamente vivían en confederaciones; es decir, eran independientes de los grandes imperios.

CARLOS. –Entonces no son tan diferentes los hebreos y griegos.

DAMIÁN. –Tienen un origen común, su forma de entender la escritura es semejante, pero les separa el intento de rescatar un sentimiento religioso libre de las ataduras territoriales, aristocráticas. Gracias a esto, Grecia no solo se conecta con el Oriente Medio, sino también con el Lejano Oriente. Hay una conexión entre los griegos y Corea del Sur: hay una serie de materias que vienen de allí y que en algún momento aparecerán en Egipto y después en Grecia; es lo que llaman El Camino Real y une Grecia con China. Es posible que sea el que recorre Alejandro Magno –que no iba hacia occidente–, como después hizo Marco Polo y antes Pitágoras. El Camino Real va hacia oriente. Allí había algo. Había algo que se esfumó –representado metafóricamente por el diluvio– a lo que la mitología llamó Atlántida y que posiblemente fuese una civilización visible, patente, conocida por ellos de alguna manera. Tened en cuenta que también hay contradicciones en estos textos, al igual que en la Biblia… la Biblia es una sucesión de hechos que se desdicen permanentemente. Además, y muy importante, esos hechos son pensamiento en imágenes y por eso hay que leerlos de una manera determinada que veremos más adelante.

DAMIÁN. –Hacia 1400 a.C. hay unas tribus que no se reconocen entre ellas en el origen, no tienen ningún nexo entre sí, son nómadas y se mueven en las zonas del desierto del Sinaí. En ese territorio que ahora es Israel –y que antes era Palestina– se habla arameo, una lengua que pertenece a la misma familia de las lenguas semíticas noroccidentales a la que pertenece el hebreo, y tienen dioses con nombres como Il, Él, Ila… raíces todas del nombre de Elhoim.

A partir de ese momento empieza a haber noticias de fuentes orales que cuentan historias relacionadas con un padre originario, padre de todos los padres, que está vivo y es un gran guerrero llamado Yivé o Yajá. Y estas fuentes orales, con el curso del tiempo, empiezan a producir las fuentes escritas. Hasta la mitad del siglo xix se pensaba que el Antiguo Testamento había sido escrito por Moisés, pero se ha comprobado que no fue así porque hay muchos puntos que no coinciden, sobre todo la estructura de los narradores de la Biblia.

La Biblia judía  está compuesta de tres partes: la Torá, que coincide con nuestro Pentateuco, que significa Ley o Instrucción, y se forma con los cinco primeros libros del AT porque en el siglo ii a.C. el rey Ptolomeo encargó a 72 sabios judíos que tradujeran todos los textos hebreos al griego; por eso todos los libros van a tener nombres en griego: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio, que significa la segunda Ley. La segunda parte es Neviim, los Profetas. El tercer grupo de libros son los Ketuvim, los Libros de Sabiduría.

Todos los libros se denominan con el acróstico de TNJ –tanáj– porque prácticamente los textos no tenían vocales: estas no aparecen hasta la Edad Media. Este es uno de los motivos por los que se plantean grandes problemas a la hora de traducir desde el hebreo y el arameo al griego; se confunden hasta los tiempos verbales, los sustantivos, los verbos… De hecho, cuando los judíos cogen una Biblia cristiana dicen que hay muchas cosas malinterpretadas.

En estos tres grupos de la Biblia hay tres narradores, y son los que tenemos que aprender a descifrar cuando los leamos, tendremos que saber qué los caracteriza y cuáles son sus intenciones… y a partir de ahora hablaremos de fuentes escritas.

Hay un primer narrador llamado narrador J o Yahvista que escribe hacia el 950 a.C. y se llama así porque escribe el nombre de Dios, Yahvé, que no se puede pronunciar, pero que él pronuncia. El nombre del narrador J nace del pasaje de la zarza ardiente, cuando Dios aparece y le dice en hebreo a Moisés yo seré el que seré. De ahí sale. Pero para un judío el nombre de Dios está en la Biblia: si pudiéramos leer la Biblia y pronunciarla de un solo golpe, ese sería el nombre de Dios.

Posiblemente sea un narrador de la corte de Salomón, y se sospecha que podría haber sido mujer por la forma de escribir. Es un narrador lineal, de escenas, que cuenta como si contara un cuento, por ejemplo, el Diluvio, ese tipo de historias, pero muy bien contadas. Y lo más característico de este narrador es que llena todo de silencios. Leemos su historia y nos parece bien, pero la volvemos a leer y vemos que faltan cosas importantes para que complete el sentido. Es un narrador típico de nuestra tradición literaria occidental, como Italo Calvino… La clave es Yahvé. Si aparece este nombre, es el narrador J. Cada uno de los narradores tiene su nombre según la forma en que nombran a Dios. Otro será el narrador elohísta, por Elohim. Y el último sería el Sacerdotal. Veámoslo en el texto.

EVA. –Aunque todos lo hemos leído antes de venir, si os parece, leo de la Biblia de Jerusalén. Génesis 4[1]

DAMIÁN. –¿Encontramos algún silencio en el relato?, ¿alguna ausencia respecto del relato que nos contamos a nosotros mismos sobre la historia de Caín y Abel?

NURIA. –¿Por qué a Dios no le place el sacrificio que le ofrece Caín y sí el de Abel? Eso es un silencio muy grande. Y ¿por qué si Dios castiga a Caín, acto seguido le marca para que nadie pueda matarlo? Otro silencio en la narración, y por lo que sabemos toda la Biblia va a estar llena de estos silencios.

DAMIÁN. –Nosotros interpretamos cualquier texto cada uno, mientras que la lectura judía es una lectura colectiva. La verdadera lectura es la que realizan con los demás y produce discusión. No leen el texto, sino las anotaciones del centro y de los laterales que son los comentarios que han hecho los rabinos más importantes a lo largo de la historia: el Talmud. Para los hebreos el texto –la Biblia– no vale nada si no va acompañado de la discusión; y esa discusión en el texto canónico está provocando también la discusión en los judíos que lo leen. Los hebreos llevan 2500 años discutiendo, y esa discusión es lo importante para ellos. También tienen otros textos que se llaman Midrasín y que son los que tratan de explicar de alguna manera; también los Targumin, o Targum, que son las otras traducciones que ha habido de los textos bíblicos a otros idiomas, o más concretamente del hebreo al arameo. Nosotros leemos interpretando cada uno, el judío lee representando, y lo que representa el acto de la lectura es su comunidad, que se va forjando a medida que van discutiendo sobre el texto. En el Diluvio hay dos narradores: el Yahvista y el Sacerdotal.

CARLOS. –Yo lo leo. Génesis 6 a 10 de la Biblia de Jerusalén. Génesis 6[2], Génesis 7[3], Génesis 8[4], Génesis 9[5]

DAMIÁN. –Hay un narrador que es contable, digamos, y otro que lleva la corriente principal, que es más colorido, el yahvista. El contable es el narrador sacerdotal, el que va a poner medida, como decía Heráclito, ¿qué es la vida? Fuego con medida que se apagará con medida. Hay muchísimos silencios en este texto, y también incoherencias. El narrador yahvista es extraordinariamente bueno: ¿cómo puedes dejarte ir con la historia y no preguntarte en ningún momento qué es lo que se está callando?

A pesar de tanta discusión a lo largo de la historia, no cabe duda de que la Biblia es un libro con una unidad. Y en las dos partes que hemos leído hay algo en común: a Dios no se le pueden hacer preguntas. Esa es una gran diferencia entre el mundo hebreo y el mundo cristiano. El mundo cristiano se pasa el tiempo pidiéndole cuentas a Dios y, en el Libro de Job, hasta se atreve a discutir con Él hasta que la cuestión queda zanjada de una vez por todas.

El cristianismo vuelve bueno a Dios, lo cual lo hace más comprensible. Entendemos lo bueno y lo malo, pero lo malo tiene algo oscuro y paradójico que no terminamos de captar. El cristiano pregunta por el mal, mientras que el judío lo da por hecho, por eso el sentimiento del judío es más trágico y adaptativo. Entiende que el mal está en la Tierra, entre nosotros, y lo acepta. Es una teología más sencilla: Dios está en un sitio y yo en otro, y el mundo está lleno de un mal que no se puede evitar.   

La Biblia es un tratado sobre el mal, un cuento de terror. Hay una idea muy profunda en el Antiguo Testamento y es hasta qué punto el mal tiene raíz, no sólo en los seres humanos, sino en la Tierra… hasta qué punto la Creación está regada y alimentada por el mal mismo. Por eso, la única consideración del libro es cómo tratas con el mal del mundo y cómo lo defines. Y dentro de este mal, la peor cosa que puedes hacer es preguntarle a Dios quién es y qué hace. Hacerse preguntas que no tienen respuesta, es el principio del dolor. De este modo la enseñanza principal del Antiguo Testamento sería cómo evitar el dolor, y el dolor se evita aceptando el mal intrínseco de todas las cosas. Para los hebreos es la forma en que la presencia divina se presenta en el mundo mortal. La invención del cristianismo es que saben que existe Dios porque existe el mal, así, Dios es un ser bondadoso que tiene como opositor a Satán. Antes, los demonios tenían su fuerza y su utilidad, pero no se oponían a un Dios único. En nuestro pensamiento, necesitamos un bien que contrarreste el mal: cuando tenemos una desgracia lo que percibimos es la ausencia de bien, y si al esperar ese algo no llega, caemos en la angustia.

NURIA. –Quedaría, entonces, el Elohísta, el narrador E.

DAMIÁN. –Sí, y es el que llama a Dios Elohim. Este narrador escribe dos siglos después –hacia el siglo viii a.C.– y, supuestamente, escribió una Biblia entera que iba desde los orígenes hasta la conquista de Jericó por parte de Josué, desde el Éxodo al libro de Josué, que es el momento en que las tribus de Israel se establecen en las montañas de Moab –en la frontera con Siria–, y cuando ven el oasis que es Jericó, piensan que es la Tierra Prometida. Lo que no sabemos es si este narrador tuvo entre las manos esta historia y decidió mejorarla, o si con las fuentes orales y sin tener en las manos lo que había escrito el Yahvista, escribe otra historia. O si era un arameo errante que se dedicó a escribir todo lo que había escuchado.

Si al yahvista le interesaba la relación de Dios con los hombres, al elohísta le interesan las relaciones de los hombres con Dios y le gustan mucho los milagros. Le interesa la manera en que Dios se manifiesta ante los hombres, y si los hombres realmente pueden comprender las formas en que Dios hace acto de presencia. Por suerte, estas dos fuentes –yahvista y elohísta– fueron unidas hacia el año 600 por un redactor al que llamamos redactor E, que dejó un producto único y que mantendrá dos creaciones: yahvista y elohísta permanecerán juntas, y por en medio se colará el sacerdotal.

El elohísta es el que nos relata el pasaje de la escalera de Jacob, el del ángel detrás de Moisés cuando cruza el mar Rojo, el de la zarza ardiendo… Lo que ha quedado de él es cierto gusto por las imágenes y muchísima fuerza simbólica. Milagro, visión, eso es lo propio del elohísta. Es un narrador majestuoso como creador de imágenes, pero carece de los silencios del yahvista. Se decanta por la fascinación y los lectores debemos dejarnos sobrecoger por las imágenes.

La tercera fuente es el narrador sacerdotal o narrador P. Esta P viene del latín Pater y aparece entre los siglos vi y v a.C. y sus autores serían los sacerdotes de Jerusalén. Se sabe que los anteriores fueron uno. Sin embargo, este último es muy dogmático, le gusta contar, numerar, es muy imperativo… Pero veréis que alrededor de esa escritura tan geométrica hay siempre una enorme oscuridad. Es como un cabalista o un alquimista. Desde el punto de vista de sus números o sus fórmulas, todo es muy claro, todo es comprensible. Pero, ¿qué significan esas cifras?, ¿hacia dónde van? Eso es lo incomprensible, ya que nos está dando conceptos táctiles, claros, pero en el fondo está la oscuridad de la divinidad, del misterio cósmico… por eso, en mi opinión, este narrador es el más oscuro de los tres.

La Torá está inscrita todavía en la religión del Sacrificio: tu Dios era tuyo, era el Dios de tu estirpe, el que estaba por encima de ti, el que miraba y al que mirabas. Hay un momento en el que aparece la religión Rabínica –la que hace los templos, las jerarquías religiosas, forma a los sacerdotes– y se enfrenta a Jesús. Los profetas solo tienen sentido en el ámbito de la ciudad, aunque el ser profundo de la Torá de los patriarcas es moverse, ser errante. Sin embargo, los rabinos ya están asentados, tienen su templo, tienen Jerusalén. Jesús se enfrenta a esta religión porque quiere traer de nuevo la religión del camino, del movimiento.

Referencias externas

C. G. Jung. Varias entrevistas

Entrevista 1957

Entrevista 1959

Entrevista 1960

La Biblia (The Bible: In the Beginning…). Dirigida por John Huston. 1966.

La vida de Brian (Monty Python's Life of Brian). Dirigida por Terry Jones. 1979.

Unorthodox. Serie germano-estadounidense, creada por Anna Winger y Alexa Karolinski. 2020. -Netflix

Bibliografía

Génesis, cap. 4 y caps. 6 al 10. Biblia de Jerusalén.

Las primeras palabras de la creación. XXVI Premio Anagrama de Ensayo. Alejandro Gándara.

Poema de Gilgamesh.

Libro de Job. Antiguo testamento. Biblia de Jerusalén.

Notas

  1. GÉNESIS 4 Conoció el hombre a Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: «He adquirido un varón con el favor de Yahveh». Volvió a dar a luz y tuvo a Abel su hermano. Fue Abel pastor de ovejas y Caín labrador. Pasó algún tiempo y Caín hizo a Yahveh una oblación de los frutos del suelo. También Abel hizo una oblación de los primogénitos de su rebaño y de la grasa de los mismos. Yahveh miró propicio a Abel y su oblación, mas no miró propicio a Caín y su oblación, por lo cual se irritó Caín en gran manera y se abatió su rostro. Yahveh dijo a Caín: «¿Por qué andas irritado y por qué se ha abatido tu rostro? ¿No es cierto que si obras bien podrás alzarlo? Mas, si no obras bien, a la puerta está el pecado acechando como fiera que te codicia, y a quien tienes que dominar». Caín, dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera». Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató. Yahveh dijo a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel? Contestó: «No sé. ¿Soy yo acaso el guarda de mi hermano?». Replicó Yahveh: «¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo. Pues bien: maldito seas, lejos de este suelo que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Aunque labres el suelo, no te dará más su fruto. Vagabundo y errante serás en la tierra». Entonces dijo Caín a Yahveh: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Es decir que hoy me echas de este suelo y he de esconderme de tu presencia, convertido en vagabundo errante por la tierra, y cualquiera que me encuentre me matará». Le respondió Yahveh: «Al contrario, quienquiera que matare a Caín, lo pagará siete veces». Y Yahveh puso una señal a Caín para que nadie que le encontrase le atacara. Caín salió de la presencia de Yahveh y se estableció en el país de Nod, al oriente de Edén. Conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz a Henoc. Estaba construyendo una ciudad y la llamó Henoc, como el nombre de su hijo. A Henoc le nació Irad, e Irad engendró a Mejuyael, Mejuyael engendró a Metusael, y Metusael engendró a Lámek. Lámek tomó dos mujeres: la primera llamada Adá, y la segunda Sillá. Adá dio a luz a Yabal, el cual vino a ser padre de los que habitan en tiendas y crían ganado. El nombre de su hermano era Yubal, padre de cuantos tocan la cítara y la flauta. Sillá por su parte engendró a Túbal Caín, padre de todos los forjadores de cobre y hierro. Hermano de Túbal Caín fue Naamá. Y dijo Lámek a sus mujeres: «Adá y Sillá, oíd mi voz; mujeres de Lámek, escuchad mi palabra: Yo maté a un hombre por una herida que me hizo y a un muchacho por un cardenal que recibí. Caín será vengado siete veces, mas Lámek lo será setenta veces siete». Adán conoció otra vez a su mujer y ella dio a luz un hijo, al que puso por nombre Set, diciendo: «Dios me ha otorgado otro descendiente en lugar de Abel, porque le mató Caín». También a Set le nació un hijo, al que puso por nombre Enós. Este fue el primero en invocar el nombre de Yahveh.
  2. GÉNESIS 6 Cuando la humanidad comenzó a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, vieron los hijos de Dios que las hijas de los hombres les venían bien y tomaron por mujeres a las que preferían de entre todas ellas. Entonces dijo Yahveh: «No permanecerá para siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne; que sus días sean 120 años». Los néfilim existían en la tierra por aquel entonces (y también después), cuando los hijos de Dios se unían a las hijas de los hombres y ellas les daban hijos: estos fueron los héroes de la antigüedad, hombres famosos. Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra, y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal de continuo, le pesó a Yahveh haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón. Y dijo Yahveh: «Voy a exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que he creado –desde el hombre hasta los ganados, las sierpes, y hasta las aves del cielo– porque me pesa haberlos hecho». Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahveh. Esta es la historia de Noé: Noé fue el varón más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios. Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. La tierra estaba corrompida en la presencia de Dios: la tierra se llenó de violencias. Dios miró a la tierra y he aquí que estaba viciada, porque toda carne tenía una conducta viciosa sobre la tierra. Dijo, pues, Dios a Noé: «He decidido acabar con toda carne, porque la tierra está llena de violencias por culpa de ellos. Por eso, he aquí que voy a exterminarlos de la tierra. Hazte un arca de maderas resinosas. Haces el arca de cañizo y la calafateas por dentro y por fuera con betún. Así es como la harás: longitud del arca, trescientos codos; su anchura, cincuenta codos; y su altura, treinta codos. Haces al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima, pones la puerta del arca en su costado, y haces un primer piso, un segundo y un tercero. Por mi parte, voy a traer el diluvio, las aguas sobre la tierra, para exterminar toda carne que tiene hálito de vida bajo el cielo: todo cuanto existe en la tierra perecerá. Pero contigo estableceré mi alianza: entrarás en el arca tú, y tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos contigo. Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás en el arca una pareja para que sobrevivan contigo. Serán macho y hembra. De cada especie de aves, de cada especie de ganados, de cada especie de sierpes del suelo entrarán contigo sendas parejas para sobrevivir. Tú mismo procúrate toda suerte de víveres y hazte acopio para que os sirvan de comida a ti y a ellos». Así lo hizo Noé y ejecutó todo lo que le había mandado Dios.
  3. GÉNESIS 7 Yahveh dijo a Noé: «Entra en el arca tú y toda tu casa, porque tú eres el único justo que he visto en esta generación. De todos los animales puros tomarás para ti siete parejas, el macho con su hembra, y de todos los animales que no son puros, una pareja, el macho con su hembra. Asimismo, de las aves del cielo, siete parejas, machos y hembras para que sobreviva la casta sobre la haz de toda la tierra. Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice». Y Noé ejecutó todo lo que le había mandado Yahveh. Noé contaba seiscientos años cuando acaeció el diluvio, las aguas, sobre la tierra. Noé entró en el arca, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos, para salvarse de las aguas del diluvio. De los animales puros, y de los animales que no son puros, y de las aves, y de todo lo que serpea por el suelo, sendas parejas de cada especie entraron con Noé en el arca, machos y hembras, como había mandado Dios a Noé. A la semana, las aguas del diluvio vinieron sobre la tierra. El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, en ese día saltaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron, y estuvo descargando la lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches. En aquel mismo día entró Noé en el arca, como también los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, y la mujer de Noé, y las tres mujeres de sus hijos; y con ellos los animales de cada especie, los ganados de cada especie, las sierpes de cada especie que reptan sobre la tierra, y las aves de cada especie: toda clase de pájaros y seres alados; entraron con Noé en el arca sendas parejas de toda carne en que hay aliento de vida, y los que iban entrando eran macho y hembra de toda carne, como Dios se lo había mandado. Y Yahveh cerró la puerta detrás de Noé. El diluvio duró cuarenta días sobre la tierra. Crecieron las aguas y levantaron el arca que se alzó de encima de la tierra. Subió el nivel de las aguas y crecieron mucho sobre la tierra, mientras el arca flotaba sobre la superficie de las aguas. Subió el nivel de las aguas mucho, muchísimo sobre la tierra, y quedaron cubiertos los montes más altos que hay debajo del cielo. Quince codos por encima subió el nivel de las aguas quedando cubiertos los montes. Pereció toda carne: lo que repta por la tierra, junto con aves, ganados, animales y todo lo que pulula sobre la tierra, y toda la humanidad. Todo cuanto respira hálito vital, todo cuanto existe en tierra irme, murió. Yahveh exterminó todo ser que había sobre la faz del suelo, desde el hombre hasta los ganados, hasta las sierpes y hasta las aves del cielo: todos fueron exterminados de la tierra, quedando sólo Noé y los que con él estaban en el arca. Las aguas inundaron la tierra por espacio de 150 días.
  4. GÉNESIS 8 Se acordó Dios de Noé y de todos los animales y de los ganados que con él estaban en el arca. Dios hizo pasar un viento sobre la tierra y las aguas decrecieron. Se cerraron las fuentes del abismo y las compuertas del cielo, y cesó la lluvia del cielo. Poco a poco retrocedieron las aguas de sobre la tierra. Al cabo de 150 días, las aguas habían menguado, y en el mes séptimo, el día diecisiete del mes, varó el arca sobre los montes de Ararat. Las aguas siguieron menguando paulativamente hasta el mes décimo, y el día primero del décimo mes asomaron las cumbres de los montes. Al cabo de cuarenta días, abrió Noé la ventana que había hecho en el arca, y soltó al cuervo, el cual estuvo saliendo y retornando hasta que se secaron las aguas sobre la tierra. Después soltó a la paloma, para ver si habían menguado ya las aguas de la superficie terrestre. La paloma, no hallando donde posar el pie, tornó donde él, al arca, porque aún había agua sobre la superficie de la tierra; y alargando él su mano, la asió y la metió consigo en el arca. Aún esperó otros siete días y volvió a soltar la paloma fuera del arca. La paloma vino al atardecer, y he aquí que traía en el pico un ramo verde de olivo, por donde conoció Noé que habían disminuido las aguas de encima de la tierra. Aún esperó otros siete días y soltó la paloma, que ya no volvió donde él. El año 601 de la vida de Noé, el día primero del primer mes, se secaron las aguas de encima de la tierra. Noé retiró la cubierta del arca, miró y he aquí que estaba seca la superficie del suelo. En el segundo mes, el día veintisiete del mes, quedó seca la tierra. Habló entonces Dios a Noé en estos términos: «Sal del arca tú, y contigo tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos. Saca contigo todos los animales de toda especie que te acompañan, aves, ganados y todas las sierpes que reptan sobre la tierra. Que pululen sobre la tierra y sean fecundos y se multipliquen sobre la tierra». Salió, pues, Noé, y con él sus hijos, su mujer y las mujeres de sus hijos. Todos los animales, todos los ganados, todas las aves y todas las sierpes que reptan sobre la tierra salieron por familias del arca. Noé construyó un altar a Yahveh, y tomando de todos los animales puros y de todas las aves puras, ofreció holocaustos en el altar. Al aspirar Yahveh el calmante aroma, dijo en su corazón: «Nunca más volveré a maldecir el suelo por causa del hombre, porque las trazas del corazón humano son malas desde su niñez, ni volveré a herir a todo ser viviente como lo he hecho. Mientras dure la tierra, sementera y siega, frío y calor, verano e invierno, día y noche, no cesarán».
  5. GÉNESIS 9 Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: «Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra. Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra, y a todas las aves del cielo, y a todo lo que repta por el suelo, y a todos los peces del mar; quedan a vuestra disposición. Todo lo que se mueve y tiene vida os servirá de alimento: todo os lo doy, lo mismo que os di la hierba verde. Sólo dejaréis de comer la carne con su alma, es decir, con su sangre, y yo os prometo reclamar vuestra propia sangre: la reclamaré a todo animal y al hombre: a todos y a cada uno reclamaré el alma humana. Quien vertiere sangre de hombre, por otro hombre será su sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo El al hombre. Vosotros, pues, sed fecundos y multiplicaos; pululad en la tierra y dominad en ella». Dijo Dios a Noé y a sus hijos con él: «He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia, y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros, y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra». Dijo Dios: «Esta es la señal de la alianza que para las generaciones perpetuas pongo entre yo y vosotros y toda alma viviente que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de la alianza entre yo y la tierra. Cuando yo anuble de nubes la tierra, entonces se verá el arco en las nubes, y me acordaré de la alianza que media entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne, y no habrá más aguas diluviales para exterminar toda carne. Pues en cuanto esté el arco en las nubes, yo lo veré para recordar la alianza perpetua entre Dios y toda alma viviente, toda carne que existe sobre la tierra». Y dijo Dios a Noé: «Esta es la señal de la alianza que he establecido entre yo y toda carne que existe sobre la tierra». Los hijos de Noé que salieron del arca eran Sem, Cam y Jafet. Cam es el padre de Canaán. Estos tres fueron los hijos de Noé y a partir de ellos se pobló toda la Tierra. Noé se dedicó a la labranza y plantó una viña. Bebió del vino, se embriagó, y quedó desnudo en medio de su tienda. Vio Cam, padre de Canaán, la desnudez de su padre y avisó a sus dos hermanos. Entonces Sem y Jafet tomaron el manto, se lo echaron al hombro los dos y, andando hacia atrás, vueltas las caras, cubrieron la desnudez de su padre sin verla. Cuando despertó Noé de su embriaguez y supo lo que había hecho con él su hijo menor, dijo: «¡Maldito sea Canaán! ¡Siervo de siervos sea para sus hermanos!». Y dijo: «¡Bendito sea Yahveh, el Dios de Sem, y sea Canaán esclavo suyo! ¡Haga Dios dilatado a Jafet!; ¡habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán esclavo suyo!». Vivió Noé después del diluvio 350 años. El total de los días de Noé fue de 950 años, y murió.


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