An-29 Qué hacer cuando nada tiene sentido ni lo tendrá

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento ÉTICAS

He aquí un libro extraño, nada doctrinal y poco religioso –más bien asociado a un cierto nihilismo– incluido entre los libros sapienciales o de enseñanzas del Antiguo Testamento hebreo. Reflexión a contrapelo de los sentimientos religiosos tradicionales, es un duro golpe a la creencia de que vivimos una vida con sentido, de que podemos crearlo, de que nuestros esfuerzos serán recompensados de alguna manera.

Todo es vanidad, y ningún trabajo ni sacrificio merece la pena. Los sacrificios no reportarán nada al que se esfuerza y nadie lo reconocerá. Eso es todo. Eso y que hay un tiempo para cada cosa, que hay que saber esperar a que las cosas ocurran porque cada una tiene su momento.

Otro ataque más, dentro de la Biblia hebrea, al principio de retribución. Nada nos espera después de hacer el bien, ni tampoco después de hacer el mal. En esta vida no hay recompensa por los riesgos y por los afanes que se llevan a cabo. Y, en cuanto a la otra vida, no existe para el mundo del Antiguo Testamento. Habrá que esperar a los cristianos y a la promesa de la resurrección de los muertos para encontrar la compensación, no ya en este mundo, sino en el otro.

¿Es un libro sobre el consuelo? ¿Es un libro sobre el dolor que producen las ilusiones que no van a ninguna parte? Quizá, parece decirnos, merezca la pena no esperar nada, afrontar crudamente la vida y ver qué podemos hacer con ella.

Vánitas - Linard, Jacques Museo del Prado


Lectura

Eclesiastés - Antiguo testamento, Biblia de Jerusalén

Resumen

El Eclesiastés, también conocido como el Libro del Predicador, es un texto que no se puede considerar como doctrinas reveladas por Dios, sino como pensamientos y conclusiones del hombre que nos plantea preguntas del tipo de si hay retribución en la vida, para qué sirve el conocimiento, si existe algún tipo de consuelo…

DAMIÁN. –En el mundo, como ocurre en La Ilíada, pasan cosas atroces, no hay ningún personaje ni ningún héroe que no sea zarandeado por el destino, ninguno al que no le alcance la desgracia, empezando por Aquiles. Que maten a tu hijo, que te deje tu pareja, cosas de las que no puedes escapar... En cuanto al dolor, estamos todos metidos en el mismo sentir. ¿Por qué nos llega el dolor?

PILAR. –El dolor está en el mundo de lo invisible... Cuando mi abuelo murió lo que tenía sentido era que viviera, que compartiéramos cosas.

DAMIÁN. –¿Qué es lo que descubre el dolor? Tú querías a tu abuelo y ese amor tenía un sentido, pero dices que cuando murió, ese sentido se diluía.

PILAR. –Pierdo a esa persona con la que experimentaba el sentido, pero cuando deje de experimentarlo, no se perderá el significado.

DAMIÁN. –Aquí hay dos palabras que no deben juntarse, significado y sentido. El sentido es la dirección, buscar el conocimiento es un sentido, nunca vas a encontrarlo, pero sentido sí tiene. Cuando tú querías a tu abuelo es como la dirección del amor hacia los tuyos, a tus antecesores. Ahora bien, ¿qué significado tiene ese amor en profundidad, cuando los dos os vais a morir? El significado es el sentido concreto de algo que lo explica, porque el amor a tu abuelo no explica nada y mucho menos desde la perspectiva de que los dos sois mortales. Si sé que ellos van a morir y yo también, es un amor que está lleno de mortalidad y de temporalidad, pero puede tener un sentido. ¿Qué significado tiene haber nacido?, le podemos encontrar un sentido, por ejemplo qué vamos a hacer con nuestra vida, pero encontrar el significado es difícil. Siempre tendemos a confundirlos.

PILAR. –¿Qué decías antes de La Ilíada?

DAMIÁN. –Decía que todo está tocado por la desgracia: la desnudez, el destino… el Eclesiastés, nada nuevo.

PILAR. –Nada nuevo en el sentido de que nacemos y morimos, está claro, pero en el sentido de encontrar cada uno su propio sentido a la vida, quizá.

DAMIÁN. –Cuando decimos que nada tiene significado, nada lo tiene. Si tú te pones una meta a corto plazo para intentar cumplirla, vas por el camino de los significados. Si buscas una justificación a las cosas, tienes que buscar el significado, la gente quiere cosas concretas y busca significados concretos, hacer cosas concretas como educar a sus hijos de una determinada manera, pero la búsqueda de un sentido es saber lo que son ellos en realidad, porque no lo saben. Lo que estamos viendo en el Eclesiastés es que sin significado se puede vivir y sin sentido es más complicado.

PILAR. –Cada uno es único, tendrá sus matices. Y encontrar el sentido tiene que ver con la pregunta del Eclesiastés.

DAMIÁN. –Según tu opinión, a cada uno le pasan cosas distintas… ¿Cómo lo sabes?

PILAR. –Porque cada ser humano es diferente.

DAMIÁN. –Si la pregunta es si hay algo nuevo bajo el sol y me decís que eso depende de la percepción individual, según vosotros, la gente es diferente… ¿ por qué todos decís lo mismo?

PILAR. –En ese que se te muere un hijo, ¿hay algo nuevo? No lo hay, se han muerto muchos, pero a ti no se te ha muerto un hijo.

DAMIÁN. –Ya, pero el dolor de padre es viejo.

PILAR. –Sí, el dolor de padre en general, pero mi dolor es mío y eso es nuevo para mí.

DAMIÁN. –Pero todos los padres están muy dolidos cuando se les muere un hijo.

PABLO. –La vida es dolor y muerte, como en La Ilíada, pero se nos olvida, lo estamos negando todo el tiempo. Si entendemos que la vida es muerte y dolor, y encontramos algo que cuando muramos enlace con todo lo anterior, encontramos el sentido, ¿no?

PILAR. –Y el sentido que le has dado a tu hijo, educarlo de una manera determinada te diferencia.

DAMIÁN. –¿De verdad crees que eres la única persona que ha intentado educar a su hijo de una manera determinada?

PABLO. –De partida hay los mismos elementos para todos: todos morimos. Lo que haces durante ese tiempo de vida son variaciones de un mismo elemento, educar a un hijo, pero el hecho de educarlo de la forma que a ti te parece mejor, no es tan diferente a como lo hacen los demás.

DAMIÁN. –La frase no hay nada nuevo bajo el sol no está diciendo todos somos iguales, son dos frases distintas.

PILAR. –Pero la forma de pensar sí puede ser individual, cómo te piensas a ti mismo.

DAMIÁN. –Lo que hay de fondo en esta frase es que cambian las formas, pero no las sustancias. El Eclesiastés es un libro escrito claramente bajo influencia helenística, tiene una desnudez muy característica del mundo griego. El griego cuando representa la muerte, da igual que sea en La Ilíada o en la tragedia, lo hace de forma descarnada, nunca hay lamentos ni penas, siempre es brutal. Si os fijáis, en La Ilíada hay dos momentos en que la lírica se sube de tono, cuando habla de la familia y del amor, y momentos en que parece que cesa, cuando se describe una batalla o un combate. Es como si estuviera contraponiendo dos mundos: el mundo en el que los seres son importantes, que es en la familia donde cada uno de nosotros nos sentimos importantes, y ahí ocupas un lugar que nadie te quita; y el mundo exterior.

PILAR. –Pero puede haber un significado.

DAMIÁN. –No hay ningún significado, lo que hay es que te sientes vivo. El mundo exterior y la guerra es un epígono, no vales nada. Puedes hacer cualquier cosa, morir o matar, pero la violencia te convierte en cosa. Si tu vida depende del arma de otro o de la clemencia del otro, no eres nada. Si lo que puedes hacer en el trabajo depende de otro, tu vida no vale nada. De pronto el alma se encuentra en un cuerpo que en realidad es una cosa. Estos dos elementos son muy importantes para nosotros, porque enfrentan dos mundos que tratamos de distinguir continuamente. Uno es el mundo exterior, en el que no valemos nada, y otro es el mundo de los afectos, el mundo donde somos importantes. En tu casa ocupas un lugar que ningún otro puede ocupar y eres mirado de una forma en que no es mirado en el exterior, por lo tanto no hay nada nuevo bajo el sol se refiere sobre todo al mundo exterior. A pesar de ser un libro muy nihilista, expresa dos cosas que son no hay significado y no hay nada nuevo bajo el sol.

Para llegar a la conclusión de que no hay nada nuevo bajo el sol se necesita cierta clase de pensamiento, la mayoría de la gente piensa que todo cambia continuamente, ¿pero de dónde sale la necesidad de que las cosas tengan significado y de que tenga que haber siempre algo nuevo bajo el sol?, ¿por qué nos parece más consolador?

DAMIÁN. –La otra particularidad que indica el Eclesiastés es que no hay nada que hacer, que todo lo que hagas va a dar igual. Da igual que seas sabio o tonto, no vas a recibir por ello ni más ni menos. Merece la pena hacer cosas, esforzarse, por la satisfacción que produce hacerlas, pero está la forma en que eres constituido por las cosas, ya que hay cosas que no producen satisfacción. Puedes hacerlas o no, pero tienes que saber que eso no vale nada desde el punto de vista del reconocimiento de los demás. Si lo haces bien, pasa muy a menudo que no se reconozca. Lo que dice es que te pongas hacerlas, aunque te suman en el dolor. Es un buen libro el Eclesiastés, pero nada merece la pena… quiere crear este ambiente por algo.

MARTA. –Hay una parte en la que dice que hay cosas buenas.

PILAR. –¿Qué pasa entonces si nada tiene sentido?

DAMIÁN. –Sentido sí, hemos dicho significado. Lo que produce dolor es dar un significado a las cosas que no tiene. Es decir, que lo que a ti te produce dolor es pensar que el amor dura para toda la vida y después ver que no. El amor, como sentido, es la búsqueda del amor en sí mismo. Cuando le pones significado, la vida te enseña que te equivocas.

En realidad, el Eclesiastés es un libro sobre el consuelo: el dolor está en donde tú adjudicas un significado que no tiene per se. Puede ser que alguna vez encuentres algo con todo el significado que le des, la unidad gloriosa de Platón, pero esto no suele ser así, así no es.

¿Qué puede dar más angustia que la exigencia de singularidad, de originalidad, de experiencias que no ha tenido nadie, de esos viajes a los que te vas por aventura? La búsqueda de la novedad es una decepción permanente y lo que más atasca la sensibilidad. Así que en el fondo es una protección, porque te está diciendo en qué hay dolor, dónde se nota que hay, es lo que se llama consuelo negativo, es decir el consuelo de que puede que no sea así, que  hagas cosas que tengan un reconocimiento, o que tengas un amor para toda la vida aunque eso sean prebendas que te ha concedido la providencia… pero lo que es la vida, lo que hay que enseñar a los niños, es esto, el Eclesiastés.

PILAR. –Yo no creo que si las cosas no tienen significado, te produzcan menos dolor, porque el dolor está en la propia vida…

DAMIÁN. –El consuelo no es ausencia de dolor, es alivio del dolor. No es lo mismo el dolor del que pensaba que la pareja era para toda la vida, que el del que pensaba que aquello se podía acabar. Son posiciones totalmente distintas, parece que el dolor llega de la misma manera, pero no es verdad. Y dando un paso más allá, cuando piensas que nada tiene sentido, que te vas a morir y que no hay cielo ni infierno ni nada, es cuando te tranquilizas porque no estas esperando; lo que mata es la espera, mientras esperas algo, te vas destruyendo. Esperar se refiere a tres cosas concretas: esperar que haya reconocimiento de las acciones, que seas un ser singular dentro del mundo y que las cosas tengan significado.

Cuando el cristianismo ensalza tanto la esperanza, está creando una religión de esclavos. En el Eclesiastés se ve la diferencia entre el judaísmo y el cristianismo de forma palmaria: en lo que esperas de la vida es donde está el Eclesiastés.

PABLO. –Donde abunda la sabiduría abundan las penas, dice, parece ser que la casa del sabio es la casa del dolor, es mejor ser sabio que necio, ¿no?

MARTA. –Sí, claro, porque el sabio es capaz de tomar decisiones mirando hacia atrás.

DAMIÁN. –Sin ira. Solo hay un momento que dice que en realidad da igual, que todos acaban de la misma manera, pero ser sabio es distinguir entre lo que puedes saber y lo que no puedes llegar siquiera a saber. Aquí dice lo mismo: distinguir el bien del mal. Lo propio del sabio no es saber cosas, acumular conocimientos, sino distinguir. En una cultura libresca como la nuestra, el sabio es el que acumula conocimientos, en el mundo antiguo, donde no hay libros, el sabio es el que distingue, y distingue, repito, entre dos cosas fundamentales: lo que puede llegar a saber y lo que no podrá llegar a saber nunca… El tiempo está considerado de dos maneras, como una maldición y como una bendición... ¿Cuál es la bendición del tiempo?

ESTHER. –Que pasa.

DAMIÁN. –Pero eso es la maldición, que se acaba, hay que estar todo el tiempo contándolo, o sea, la locura del cómputo temporal.

ESTHER. –Pero también sirve para hacer cosas, actuar en una dirección; si haces algo en esa línea, y existe el tiempo, llegará un momento el que hayas aprendido; también sirve para el olvido, el dolor, por ejemplo, puedes acabar olvidando con el tiempo, olvidar qué es lo que te produce el dolor.

DAMIÁN. –El tiempo contra la memoria, ¿quieres decir?

ESTHER. –Si el tiempo no existe, la memoria no tendría sentido.

DAMIÁN. –No funciona así la mente. Lo que dicen los que la estudian es que a nosotros nos separa del pasado un hilo muy fino, y ese hilo es nuestra conciencia y no nuestro cerebro, porque nuestra conciencia no está localizada en el cerebro, está viviendo siempre en el tiempo pasado, no trata con en el tiempo presente salvo en cosas muy mecánicas como comer, beber, vestirse… Como tiene que sobrevivir, debe hacer caso a esas necesidades y correr una cortina sobre ese pasado en el que vive. Si esa cortina se rompe por cualquier razón –por un trauma o simplemente porque te aíslas– aparece todo el pasado como si lo estuvieras viviendo en ese momento, eso es la hipnagogia, un momento entre el sueño y la vigilia que produce algo parecido a eso de que el tiempo hace olvidar, pero no es el tiempo, sino el trabajo que hace nuestra cabeza hasta ir bajando ese telón para que no quede nada.

De hecho, en los estudios que hay sobre la conciencia se dice que, hasta hace 10.000 años, los seres humanos vivían prácticamente sin ese velo, eso, entre otras cosas, hacía que su relación con los dioses y con el pasado fuera tan distinta. Lo que llamamos pensamiento mágico tiene que ver con ese velo que nos separa tan fácil y artificialmente del pasado, porque para que ocurra necesitamos un tipo de sociedad determinada y un tipo de conciencia emocional que separe los acontecimientos visibles de los invisibles. Este estado de conciencia, el de los sueños lúcidos, son los que caracterizarían la conciencia que no es exactamente la nuestra, te sitúan entre el sueño y la vigilia, y entre el pasado y el presente. Es decir, que la nuestra es una conciencia evolucionada históricamente, no es la conciencia que tenía el ser humano después de ser ya Homo sapiens, este evolucionó de determinadas maneras... Por eso, cuidado con el tiempo… el tiempo no borra nada… la conciencia esconde el pasado, pero no quiere decir que no esté. Freud lo metía debajo, pero la imagen de Freud es la del velo que en cualquier momento brota.

Las maldiciones del tiempo están vistas, y las bendiciones son las siguientes: que todo lo que somos, lo que amamos, lo que nos gusta es porque somos mortales, porque estamos en el tiempo y somos tiempo, y ninguna de las cosas que hacemos o queremos seguirían siendo iguales si nos lo quitaran, por eso no tiene mucho sentido temer a la muerte, porque sin ella no seríamos los que somos.

MARTA. –¿Entonces la bendición está en la conciencia de saber que eres tiempo?

DAMIÁN. –Sí, la bendición es que somos tiempo. Si uno se pone simplemente a pensar… si yo fuera a vivir eternamente, ¿para qué me iba a levantar todas las mañanas?, ¿para qué querría estudiar? ¿Dónde está la prisa?, ¿por qué quieres hacer lo que sea? Lo que quieres, lo quieres porque puede que no lo puedas llegar a conseguir, porque tu tiempo es limitado, por eso uno es apasionado, es intenso.

AYUSO. –Pero querrías a los tuyos igualmente.

DAMIÁN. –Los querrías de otra forma, ahora amas a tus hijos o a tu pareja con miedo a que les pase algo, no puedes quitarte ese miedo, es amor con sentimiento de protección y de pérdida, pero si fueras eterno, ¿para qué ibas hacer eso?, no tendría sentido. Solo la mortalidad da valor a las cosas, cuando entregas tu tiempo a otro y el otro reconoce que le estás dando algo, es porque das tu vida por algo, salvas a alguien… pero si nadie muere, ¿para qué vas a hacerlo? Por eso el amor es preocupación, porque es ocupación, te ocupas del otro y el otro valora que le entregues lo que tienes, los demás son muy sensibles al tiempo que les entregas: los niños, las parejas, los padres, los amigos…

AYUSO. –Pero con todo esto da la impresión de que el dolor es mejor que la alegría y la alegría es un acto heroico.

DAMIÁN. –Por eso, si la alegría es una acto heroico, no usarás la alegría para llevar la cuenta de tus días; cuando estás contento, el tiempo ni cuenta ni se cuenta.

AYUSO. –Se contradice un poco.

DAMIÁN. –Sí, a veces. Cuando estás feliz el tiempo no se cuenta, pero cuando estás triste es un pesar; en la tristeza cuentas el tiempo y en la alegría nunca, porque en la alegría hay plenitud y en la tristeza hay contracción.

PILAR. –Pero igualmente son dos estados que te ponen por encima de la existencia…

DAMIÁN. –Sí, es verdad, las dos y cada una de ellas, porque como decían los existencialistas: si hay que morir, morir en el éxtasis. ¿Qué es lo que va a quedar de nosotros en esta tierra?

AYUSO. –Lo que dejemos en alguien en cuanto a educación, conocimiento, sentimientos, pero en el momento en que desaparezcas y los que te recordaban también, no dejas nada.

NURIA. –Según los hebreos se deja el linaje, la ascendencia y la descendencia.

DAMIÁN. –En una parte, al menos, nosotros quedamos en nuestros hijos… pero volvamos al Eclesiastés, ¿qué es mejor para nosotros: ser recordados o no? Si os fijáis, este libro es un prontuario de cómo protegerse de los dolores que tienen que ver con nuestra experiencia vital y con nuestros deseos. Si juntas todo, es muy tranquilizador: no hay singularidad, no hay nada nuevo, sigo las glorias de mis antepasados, no soy nadie especial, no seré recordado, sólo lo serán mi pueblo, mi país o mi estirpe…

Simone Weil –una de los mejores filósofos sobre Grecia– se preguntaba: ¿qué sabemos nosotros de la filosofía griega? Sabemos lo que dice Platón, y cuando le leemos, estamos más o menos en contacto con lo que pensaban los griegos de la época, pero ha desaparecido prácticamente todo excepto él, nosotros hacemos suposiciones de lo que fue la filosofía en Grecia a partir de lo que nos ha quedado. ¿Cuántos trágicos griegos hubo?, ¿cuántos filósofos del estilo de Platón?, porque sus obras, además de divulgativas, están hechas para un público escogido.

Ahora, muchos están descubriendo a un filósofo muy importante de la época helenística: Proclo; gracias a él nos ha llegado el Poema de Parménides y han empezado a aparecer más cosas suyas. El pasado nos lo inventamos a partir de vestigios que nos quedan, pero todo lo que ha desaparecido es inmenso.

La experiencia directa te dice que lo que queda es lo que sobrevive. ¿Cuánto quedará por ejemplo del libro impreso que hemos vivido durante tantos siglos? Pues los que se digitalicen, quizá se salven, pero, ¿quién decidirá este tipo de cosas?

No se puede pensar en el tiempo en términos singulares; en todo caso, hay que pensar en otros términos porque así provoca angustia, nos arroja a un tiempo inexistente, pensamos cosas raras y seguimos con la idea de mortalidad mal enfocada, cuando, en el fondo, lo que quede de nosotros será lo nuestro que quede en todos los que nos han rodeado, en sus pequeños recuerdos o en sus células.

Respecto de la justicia dice lo mismo, no abuses. Siempre está dando la misma pauta de comportamiento: allí donde va haber conflicto o dolor, aléjate, da un paso atrás. Un pensamiento estoico, una doctrina de apartamiento público y personal.

NURIA. –En Kafka uno se retira, pero se lleva todo, aquí te retiras y dejas todo atrás, es mucho más liberador.

DAMIÁN. –Sí, pero aquí la oposición no es Kafka, la oposición es el mundo griego. Un griego se fija en el universo, y lo que el universo produce es eternidad, cuando miras las estrellas, el sol, sabes que esas cosas permanecerán cuando tú hayas muerto, el orden que tiene el universo es el orden de la eternidad… y se dice qué puedo hacer yo para ser en alguna medida eterno, si no como individuo al menos mi alma, mi psique, o aquello a lo que pertenezco… Y si el universo hace lo que es propio, yo tengo que hacer lo que es propio del hombre: hacer aquello que mejor sabe hacer, eso es lo que le convierte realmente en hombre, hacer polis… mientras lo haga –que es la parte más difícil y lo que cuenta Platón en su República– entonces él es igual al universo porque los dos hacen lo mismo: aquello que les es propio. Esta es la posición griega.

La posición hebrea, sin embargo, es que da igual lo que hagas porque los designios del Señor son insondables. Eso ya durante todo el Antiguo Testamento… este ya lo exacerba: no te ocupes de los asuntos que no te conciernen. Y ese no te ocupes tiene dos variantes, la primera, no me ocupo, pero sé que Dios existe así que voy a cumplir con sus mandatos, voy hacer sus sacrificios, voy hacer las liturgias y voy a creer en él; y la segunda, que puede llegar en cualquier momento, es si yo a Dios no le importo, él a mí tampoco.

Como decía Pascal, respecto creer o no creer en Dios, imagínate que existe Dios y no crees, cuando te mueras y llegues allí te vas a la izquierda, entonces, ¿qué te cuesta creer en Dios? Tu ponte a creer en Dios, que en caso de que no haya no vas a perder nada, pero en caso de que haya, ganarás. Esto es lo que dice el Eclesiastés, hay muchos momentos en que está diciendo que no hay Dios.

Y esta es la postura hebrea. Las posturas griega y hebrea son antitéticas, no se pueden mezclar.  El griego está convencido de que va a ser eterno porque va a hacer lo que le es propio, y es por tanto un espíritu convencido de que lo que hace va a quedar para la posteridad, por eso hace polis, está convencido de que eso atraviesa el tiempo de una forma u otra y cambia a la humanidad. Los hebreos están convencidos de que da igual lo que hagas, Dios está en otra esfera. Incluso teniendo este punto de contacto que es el estoicismo, y que es lo que reuniría a ambos, son muy distintos aun cuando más se parecen.

AYUSO. –¿Y dónde estamos nosotros?

DAMIÁN. –Nosotros estamos en los dos sitios.

AYUSO. –Pero eso es una locura…

DAMIÁN. –Claro. La mitad de la semana pensamos que si hacemos lo que nos es propio estaremos bien, y la otra mitad estamos pensando que eso no sirve para nada. Es una oscilación permanente.

MARTA. –Y en el mismo día…

DAMIÁN. –Efectivamente y en una misma hora. Al no asimilar bien la herencia griega y al haberse impuesto de una forma u otra la judeocristiana, nos hemos quedado en un sitio raro… Pero en cuanto a la carga del espíritu: o eres griego o eres hebreo; es decir, en lo que hay que esforzarse es en escoger uno de los dos modelos, no se puede uno dejar llevar unos días por uno y otros por otro, que es lo que hacemos por regla general.

Tenemos ese doble pensamiento que los griegos no tenían. Por un lado, pensamos que está bien que nos retribuyan lo que hacemos, aunque sabemos que eso es malo porque estamos esperando la retribución, y eso te hace pensar que estás haciendo algo bien y te va cambiando. La retribución es mala, pero siempre estamos esperando que nos devuelvan bien por bien.

Hebreos y romanos son dos pueblos que se creen elegidos, pero el griego no se cree mejor que los otros. Los romanos se creen elegidos en un sentido metafísico e histórico, y ambos desprecian a sus rivales. Los romanos han vencido al mundo y son incapaces de reconocer el valor de los otros. Y el hebreo allí donde llega, se aísla, no considera que fundirse con otra cultura tenga ningún valor y eso los ha llevado a tener muchísimos problemas.

Lo que hemos visto en La Ilíada y la Anábasis… Hablan de los persas como de un imperio perfectamente constituido, con su ejército y más, no los insultan como va hacer posteriormente la historia. La película 300 ya es una visión occidental judeocristiana porque los persas aparecen como monstruos y esa no es la visión de los griegos. En La Ilíada combaten contra los troyanos y les tratan con la misma dignidad que a los suyos, y en la Anábasis ocurre exactamente lo mismo.

Este pequeño detalle es lo que abre un abismo entre los griegos y todo lo que viene detrás, que consideraban al enemigo como un enemigo digno y los otros no, porque se consideran pueblos elegidos.

NURIA. –¿Para aprender hay que sufrir?

ESTHER. –Sí, porque se aprende de la experiencia y de la experiencia nos suele marcar el dolor.

DAMIÁN. –Y todo aprendizaje es una transformación, y toda transformación es dolorosa, sí, cursa con dolor. Incide mucho el Eclesiastés en que cuando los dioses te conceden una gracia, te dotan también de la violencia que conlleva toda gracia.

Entre no nacer o haber vivido, ¿qué es mejor? Según el Eclesiastés, no haber nacido. En el mundo antiguo se coincide en esto… El Centauro Quirón dice mejor no haber nacido, pero una vez que se ha nacido, mejor regresar cuanto antes a la morada del abismo. Es un sentimiento muy antiguo y muy curioso que entiende la temporalidad como algo fugaz, un tiempo que cursa con dolor.

El Eclesiastés es claramente un libro de protección que está en el orden epicúreo y estoico: vamos a protegernos bien de todos los peligros… Lo curioso es que los peligros que señala este texto a nosotros nos parecen virtudes: que la vida tenga significado, la originalidad, que haya una retribución… Y lo que nos dice el Eclesiastés es cuáles son los mayores males que pueden pasarnos en la vida, en eso insiste. Así es como hay que leerlo, si no se lee de esta manera, no se entiende.

Referencias externas

Giuseppe venduto dai Fratelli (Traidores a su sangre) (Ficha). Dirigida por Luciano Ricci. Italia, 1962. VE con baja calidad de imagen.

Turn turn turn. Pete Seeger - Canción basada en poema del Eclesiastés, AT.

Turn turn turn. Pete Seeger y Judy Collins.

The Byrds, Turn, turn, turn con letra en inglés.

La Ilíada o el poema de la fuerza. (Texto). Simona Giurgea representa el escrito de Simone Weil. Colgate University. NY. 2014.

El árbol de la vida. Dirigida por Terrence Malick. EEUU, 2011.

300. Dirigida por Zack Snyder. EEUU, 2006

300: El origen de un imperio. Dirigida por Noam Murro. EEUU, 2014.

Bibliografía

Eclesiastés. Antiguo Testamento. Biblia de Jerusalén.

La fuente griega. Simone Weil, 1940. Ed. Trotta, 2005.

La gravedad y la gracia. Antología de textos de Simone Weil. Ed. Trotta, 2007.

La Ilíada. Homero.

Anábasis. Jenofonte.

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