An-25 Cuando el mito se convirtió en historia

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento GUERRA

Muchos de los llamados Libros Históricos del Antiguo Testamento no son más que leyendas reelaboradas una y otra vez a través de los siglos, hasta que, llegado un punto, intentan hacerse pasar por Historia. Pero no son Historia. Son mito. La travesía del desierto de Moisés y los israelitas es un mito. Y la entrada de Josué en la así llamada Tierra Prometida, también lo es.

Lo sabemos porque responden a las características del mito en el pensamiento antiguo. Hay hechos extraordinarios, héroes, viajes iniciáticos, dioses que se ponen al frente de los ejércitos, enemigos monstruosos y mandatos que proceden de la conciencia colectiva o de las divinidades del panteón en cuestión. En el caso del Libro de Josué, el mito que hay detrás, con sus correspondientes mitemas, es el de la Tierra Prometida. Un mito de larga trayectoria histórica y que alumbró el viaje de los grandes descubridores y colonizadores de todas las épocas.

Los aspectos fundamentales que deben ser considerados en esta lectura tienen que ver con las formas en que los mitos acaban por convertirse en Historia. Pero también con la manera en que la escritura deforma el mito, y lo vuelve abstracto y utilizable por otras culturas, otros lugares y otros tiempos.

Regreso de los espías de la Tierra Prometida. Gustave Doré.
Regreso de los espías de la Tierra Prometida. Gustave Doré.


Lectura

Libro de Josué - Antiguo testamento, Biblia de Jerusalén

Resumen

El Libro de Josué (en hebreo, salvación) recibe su nombre por el héroe israelita al que Yahvé designó para ser el continuador de la misión de Moisés, que organizó al pueblo para la conquista de la Tierra Prometida. Al comienzo del libro, Josué promete a los israelitas que conquistarán la tierra de Caná y se apoderarán de dicho territorio si eran fieles a la Alianza. Ellos respondieron con entusiasmo que, igual que obedecieron en todo a Moisés, le obedecerían. Bajo su guía tomaron posesión de la Tierra Prometida, se establecieron con sus familias y sus ganados, y trataron de seguir su alianza con Yahvé, que intervino en circunstancias como el cruce del río Jordán, la conquista de Jericó y Hai, y la derrota de los amorreos… Josué pertenece a los libros históricos del AT y es el primero de los seis escritos que integran la serie de los Profetas anteriores (Nevi'im en hebreo).

ANTONIO. –El mito es un relato contado con palabras, quiere decir que hay unas palabras y no otras, encaja en la poesía, en los lugares de culto, en la tradición oral, no es lo que uno se inventa o se imagina. Para ser mito –relato en griego– tiene que estar contado con unas fórmulas canónicas que no se pueden modificar. Lo segundo que hace el mito es atender a las raíces sagradas, esos aspectos de la realidad que no son los literales, sino que se remontan a otra esfera de lo real: en el caso de los griegos, a los dioses o a lo que fuera. El mito no se toca. Nuestra historia está contada con mitos que hay que acatar. Nada es como lo han contado: no hubo invasión árabe, ni descubrimiento de América, esos relatos no son más que una fantasía colectiva.

En la medida en que el relato se impone es muy difícil decir a la gente que no hubo una reconquista, sino una pelea de señores feudales a largo plazo. Tampoco hubo árabes: los árabes llegaron muy tardíamente, prácticamente hasta las revueltas bereberes del 740 no hay una aportación árabe significativa. Durante todo ese tiempo los bereberes se expanden por toda la península y se mimetizan con otros pobladores sin dificultad, porque, además, son gente escasamente islamizada en esos primeros años.

La dificultad de saber qué pasó exactamente radica en que todas las fuentes escritas datan de doscientos o trescientos años después, tanto las cristianas como las árabes. Hay un momento hacia 1100 en que ni unos ni otros saben por qué están ahí. De repente, se dicen a sí mismos: somos árabes, adoramos a Alá y pertenecemos a una comunidad que se extiende hasta cinco mil kilómetros de aquí, pero nadie sabe nada a ciencia cierta: se ha perdido la memoria histórica. En realidad, son los historiadores árabes los que empiezan a concretar el relato de una invasión que luego asumirán los cristianos como propio.

CHUS. –Se encuentran con ese vacío y lo rellenan como pueden o quieren.

DAMIÁN. –Es una solución elemental que lleva a cabo cualquier historiador cuando tiene que enfrentarse a un problema sobre el que apenas hay fuentes escritas.

En relación con lo que hoy nos trae aquí, nos topamos con el mito por excelencia, con uno fijado con palabras y metido en un libro sagrado. Esto es lo más importante, la existencia de las motivaciones de raíz sagrada. Es un caso típico de cómo se construye un mito sobre hechos que supuestamente sucedieron, en este caso en el año 1400 a.C.

El texto que hemos leído es de la escuela yavhista del siglo VIII –es decir seis siglos después de los acontecimientos que relata–, y tiene un toque elohísta, hasta me atrevería a decir que han metido mano los tres narradores fundamentales y es una pieza desgajada del Éxodo. Como sabéis, el Pentateuco –la Torá, según lo llaman los hebreos– llega justo hasta que los israelitas alcanzan los llanos de Moab: aquí se interrumpe el texto sagrado que nos ha contado la creación del mundo, los pecados del hombre y la creación del pueblo de Israel.

Cuando nos dicen que Dios creó el mundo en siete días, nos están colocando dentro de un mito que remite a ideas universales, abstractas, para que intentemos entender el mundo y adquiramos una identidad dentro del grupo en el que vivimos. Al principio, el relato está claramente en el terreno de la fábula mitológica, pero, después, a medida que se van aproximando a Egipto, aparece el primer intento de organización de Israel en torno a las doce tribus que se corresponden con los doce hijos de Jacob que acaban asentados en Egipto sin que sepamos el porqué. Repentinamente se corre un tupido velo y se detecta un cambio en el tono del relato, que tendrá continuidad y persistencia a partir de ese momento. Esto se ve claramente en la manera de contar la huida de Egipto que, aunque sigue en el terreno de lo mítico, empieza ya a conformar un relato histórico, a pesar de que el componente elohísta mantenga todavía una gran carga mágica, por ejemplo con esa imagen del Mar Rojo abriéndose para dejarles paso.

El Éxodo termina con la maldición de Yahvé sobre todos aquellos que en algún momento habían sucumbido al sacrilegio durante el camino: ninguno de ellos verá la Tierra Prometida... la verán únicamente los nacidos durante el trayecto, esos que nunca conocieron Egipto. Moisés muere cuando alcanzan las montañas de Moab, y tras él todos los patriarcas que le acompañaban (como mucho se les permite ver a lo lejos el oasis de Jericó), y allí se quedan esperando un tiempo indefinido que termina cuando todos desaparecen. Hasta aquí, todavía, se mantiene el tono original del principio del relato, pero en el Libro de Josué ya se empiezan a relatar hechos encadenados uno tras otro. Se parece mucho a La Ilíada, que ya no es un libro mitológico, sino un libro de imaginación mítica no fabulística y ligeramente histórico. En Josué se hace un relato secuencial de los acontecimientos: se nos cuenta cómo fueron las campañas, cómo se movieron los ejércitos y el porqué de las barbaridades que se vieron obligados a cometer, pero el tono ya ha cambiado. Del mito fábula hemos llegado al mito en un plano histórico, aunque siga siendo mito.

Los dos grandes cambios en el mundo antiguo son: el que va de la poesía a la filosofía racional de Parménides y Aristóteles, y el que va de mito a historia. No es un tránsito absoluto ni radical porque quedan restos y, al fin y al cabo, todo sigue siendo lenguaje, y el mito que deriva de la historia sigue con su carga mítica. La Historia, tal como nosotros la entendemos, no se practica en el mundo antiguo. Tucídides quiere contar una cosa detrás de otra, sí, pero no porque piense que en la historia haya un conocimiento esencial.

JESÚS. –Tucídides no mete valoraciones, es muy moderno.

DAMIÁN. –Inventa una historia, aunque no introduce valoraciones, es cierto.

JESÚS. –Puede que el discurso fúnebre de Pericles sea una transcripción.

DAMIÁN. –Podría ser, pero no podemos asegurarlo: que cada uno piense lo que quiera… La historia es un género de investigación basado en datos o hechos que siguen una secuencia temporal con la intención de que el resultado tenga algún sentido. Para un griego, lo esencial no residía en ese relato de hechos, sino en la poesía o en la tragedia, en la esencia de las cosas. Los griegos distinguían con claridad las cosas que ocurren, que surgen, de las cosas que son: eso es Platón. Y con la filosofía les pasa igual: lo esencial no está en el discurso racional. Es imposible que Tucídides hiciese una historia como la que hacemos nosotros… como mucho, lo que movería su interés sería la crónica.

PILAR. –Podría estar reflejando una tradición oral. El problema es que ahora creemos que solo se puede hacer historia a partir de documentos escritos.

DAMIÁN. –Las crónicas son muy antiguas y se escriben para dejar registrados acontecimientos de la historia de un país o de la historia de sus héroes, y de alguna manera sirven al mito. Jenofonte nos cuenta que estuvo en una campaña cerca de Irán y que tuvo que hacer un camino de vuelta de miles de kilómetros junto a diez mil compañeros y correr toda una serie de avatares, pero de ahí a considerarlo un texto histórico hay demasiado trecho. Es como el Cantar de Mio Cid: Rodrigo Díaz de Vivar vivió en el siglo XI y el poema original pudo escribirse a finales de ese siglo; el problema es que el manuscrito encontrado es de cien años después y Menéndez Pidal pensó que podría reconstruirlo a base de introducir arcaísmos para que pareciese un texto contemporáneo al personaje. En realidad, los textos que contaban hechos contemporáneos no aparecerán hasta el siglo xv. Nadie en su sano juicio puede usar un texto literario como fuente histórica y menos aún los españoles. Nosotros podemos coger un texto literario de 1830 y afirmar temerariamente que eso es historia, o mirar Los fusilamientos de Goya y hacer lo mismo. Ni los fusilaron por lo que dicen los historiadores españoles, ni Goya vio nada de todo eso mientras estaba retirado en su quinta. Siempre que se está en presencia de la creación hay un problema, por eso el mito es más fiable.

JESÚS. –Es en Roma cuando la historia se convierte en un género. Estudiar los hechos del pasado, aprender de ellos y aplicar ese conocimiento a tu propia biografía.

DAMIÁN. –Eso es mater lectionis y hay que colocarlo dentro un conjunto de aprendizajes y lecciones cuyo fin es moral. Si lees a César con atención te das cuenta de las barbaridades que se pueden llegar a decir y de la cantidad de hipocresía que subyace en el texto: cuando habla de venerar lo antiguo está simplemente mintiendo. La historia, en su camino hasta llegar a lo que hoy pretende ser, ha tenido muchos problemas de credibilidad, y la ausencia de fuentes fiables y directas es la norma hasta prácticamente el siglo XIX. Como español, tú puedes decidir que la gran tragedia de tu país fue la invasión musulmana del año 711 y que la Reconquista es la secuencia lógica y la respuesta justa a tal agravio. Por lo tanto, qué más da si el Cantar de Mio Cid es de 1090, 1120 o 1200. Aquí lo que nos viene bien es la historia de Don Pelayo como inicio fantástico de todo ese proceso. El mito de la Reconquista no aparece hasta el siglo XVIII, y lo hace por influencia cultural del romanticismo, que se dedicó a todo tipo de recuperaciones del pasado y, de paso, a simplificarlo todo. Por ejemplo, la historia del Descubrimiento de América es hermosa y compleja, pero cuántos escolares españoles han leído las Crónicas de Indias de Bernal Díaz del Castillo, lo digo como ejemplo de tergiversación. En ese texto se cuenta cómo fue el famoso episodio de la quema de las naves por Hernán Cortés como símbolo de un retorno imposible. En realidad, y como Bernal cuenta, se limitaron a embarrancarlas, pero cuando Hernán escribe su crónica opta por emparentarse mitológicamente con Alejandro Magno cuando hizo algo parecido en su primer desembarco en las costas de Asia.

JESÚS. –Los historiadores de entonces estaban muy influidos por el mundo clásico e iban cargados de leyendas como la de la Atlántida, y lo interpretaban todo desde este punto de vista. El concepto de Reconquista se remonta a la Edad Media, y los reyes cristianos afirmaban ser descendientes de los reyes godos porque les daba legitimidad para atacar a los musulmanes y recuperar lo que se suponía era nuestro y se nos había arrebatado.

CHUS. –¿Esto no es lo mismo que hace Josué cuando busca legitimidad para la conquista de la Tierra Prometida?

PILAR. –¿Acaso los israelitas tienen derecho a la tierra por concesión divina y esto incluye masacrar a los que la habitan y ocupan ese espacio?

DAMIÁN. –Este mito de la Tierra Prometida, que es el fundacional de los hebreos de entonces y del estado de Israel de hoy, es también el que da forma y justificación a la Conquista del Oeste norteamericana. Hay un cuadro muy famoso del siglo XIX en el que se ve a Colón clavando un estandarte en la playa junto a un fraile con la cruz bien visible, los soldados detrás, el barco al fondo, el viento ondeando los pendones… Con seguridad os digo que eso jamás pasó, pero la escena reúne en sí misma todos los mitemas del mito de la Tierra Prometida. Cuando un mito funciona es porque está muy bien articulado en todos sus mitemas, el relato no falla, cada uno de sus elementos tiene capacidad persuasiva desde el punto vista de la imaginación y golpea nuestra conciencia incluso cuando se coloca en lugares incómodos por su brutalidad.

PILAR. –He analizado el concepto de mito y creo que podría definirse como una recreación de la imaginación colectiva que se asienta en la memoria individual. Funciona sin necesitar razonamiento ni comprobación, y está hecho de imágenes, de sueños, de sucesos, de ritos, de recuerdos a los que siempre se asocia un elemento alquímico como la tierra o el agua que les da consistencia. La intención del mito es transmitir un modelo y ser el vehículo educador para un pueblo: para mover a la gente, lo mejor es proporcionarle imágenes. El mito no razona, actúa. El narrador no suele aparecer. Los mitos transmiten un mensaje que todo el pueblo es capaz de reconocer.

Los judíos estaban empeñados en creer en un dios tan poco amable como Yahvé. Su conflicto interno es cómo desobedecer sin perecer en el intento, desobedeciendo el mandato, asumiendo la culpa y el castigo, y redimiéndose. Hay que entender que eran nómadas y lo único que podían hacer era cantar y contar. Usan la palabra y cuando la ponen por escrito están perdidos. El libro pasa a ser su vida, su territorio místico en el que nadie les puede derrotar o destruir, pero mientras llega este momento tienen que bregar con el mundo, con los grandes imperios de alrededor, con las estructuras urbanas, la escritura, la metalurgia, la ganadería y la agricultura, la ciencia… Cuando quieren entrar en la Tierra Prometida se encuentran una muralla que hay que derribar... para hacer esto, Josué necesita seguir el mandato divino, la palabra escrita.

DAMIÁN. –Pero entonces todavía no hay libro, no hay escritura.

PILAR. –Las tablas de Moisés.

DAMIÁN. –Pero eso se escribe mucho después. El libro de Josué es una especie de registro fósil que nos permite identificar el momento en el que el mito se convierte en historia y se define la identidad de Israel. Hacen una traslación del mito, lo territorializan, algo que muy pocos pueblos han conseguido hacer. Pero los hebreos tienen los recursos documentales propios del año 800 a.C. y una fuerte tradición oral propia –inventada o copiada– que además cuenta historias de seiscientos años atrás como mínimo.

Lo más importante que hacen los hebreos es deslizar el mito a la historia con tal sutileza que llega un momento en que no se distingue uno de la otra, mientras que un griego se ve obligado a convivir con las dos imágenes. La tradición rabínica insiste mucho en que los libros de Josué, Jueces, Samuel, Crónicas y Reyes no son libros proféticos en sentido estricto, es decir, que no son Nevi’im, aunque sí cuentan una historia que va a suceder en el futuro… porque todo lo que dicen, las batallas ganadas o las ciudades conquistadas, ocurrirá más adelante y no en ese momento ni de esa manera. Sabemos  que en esa época Jericó ya no tenía murallas y carecía de la importancia que tuvo durante el periodo final del neolítico, aunque es posible que su recuerdo perdurase en forma mito ancestral... no será hasta mucho después –ya en los siglos VII y VI a.C., y a raíz de la recopilación del Deuteronomio que hace Josías y con un pueblo hebreo predominante en la zona– cuando los verdaderos profetas de la Biblia concluyan que las ciudades que ahora poseen se han convertido en lugares malditos que merecen ser denostados: por eso se construye el relato de su conquista en la forma terrible que se hace.

PILAR. –Del siglo xv al x a.C. hay muchas lagunas en la historia. Explota la isla de Santorini y a partir de aquí todo es caos. Las civilizaciones aparecen y desaparecen de la nada, surgen pueblos con culturas consolidadas, aparecen los pueblos del Mar y todo se desmorona, los filisteos se asientan en Palestina, Egipto se colapsa, Micenas es destruida…

DAMIÁN. –Y en Centroeuropa aparece la cultura celta, que tampoco sabemos ni cómo ni de dónde vino.

JESÚS. –¿Qué puedes contarnos de Akenatón?, porque en el siglo XIV a.C. surge este personaje del que se dice que fue el primer monoteísta... ¿hay algún tipo de vínculo?

DAMIÁN. –Relacionar la herejía de Akenatón con la presencia de Israel en territorio egipcio es una especulación que no creo que tenga fundamento. Por otra parte, si estaban, qué hacían allí, si apenas tres páginas antes en la Biblia ni siquiera existen como pueblo sino como comunidades nómadas sin entidad política. ¿Los llevaron a la fuerza, o eran egipcios con alguna característica diferencial?

JESÚS. –Es el judaísmo el que los convierte en judíos, no son un grupo étnico previo.

DAMIÁN. –Pero eso será siete siglos después. Imaginaos que asumimos la hipótesis de que Moisés es en realidad un sacerdote egipcio que por alguna razón los saca de allí, se inventa el relato de la Alianza y la Promesa, y de paso les escribe cinco libros para dar cohesión. No suena del todo bien, ¿no?, pero suena peor si adoptamos un punto de vista de historia comparada y vemos que toda la primera parte de la Biblia tiene un fortísimo componente mesopotámico.

ANTONIO. –¿Os acordáis de que en la Ilíada de Homero había escenas ambivalentes? Paris es el caso paradigmático en su enfrentamiento con Aquiles. Es el que, desde su cobardía, acaba finalmente con la vida del héroe, acaba con el más valiente de los mortales. En el caso de Josué, al principio del episodio del enfrentamiento con la ciudad de Ai, son castigados con una derrota por los pecados cometidos. Es decir, siempre está superpuesta la imagen de Dios juzgando y purgando los actos de los hombres. Esto tendría algo de griego salvo por el hecho de que es un dios único, pero no se aleja tanto en su concepción de la presencia divina: un dios armado con la espada o Apolo lanzando sus flechas contra los aqueos... aunque esa presencia, en el caso de Israel, sea mucho más fuerte y directa.

PILAR. –Me llamó mucho la atención la idea de guerra santa y cómo Yahvé justifica la matanza.

DAMIÁN. –Además, es la Primera Guerra Santa documentada. En el Israel contemporáneo, el 50% de la población se declara no creyente, pero casi nadie se cuestiona el derecho de ocupación del territorio; es decir, los mitos trascienden la fe religiosa y este es un buen ejemplo. Un mito puede estar conectado con la fe, pero luego se separa de ella y se vuelve autónomo. La idea de librar una guerra sin fin porque esta tierra es mía es compartida por cualquier israelí actual –sea o no religioso–, se sale del sitio al deber estar conectado, se abstrae y deja de lado el territorio y la fe, se convierte en una idea colectiva y circula como un relato autónomo.

PILAR. –Está fuera del tiempo y del espacio. Esta es la gran creación del pueblo hebreo, iniciar la conversión del mito en historia y quedarse instalado en medio de ese proceso.

Lo que he percibido cuando he leído el texto de Josué es la existencia de una serie de anomalías y comportamientos que se repiten. Por ejemplo, esa confusión de identidades entre Yahvé, Moisés y Josué. Josué habla a menudo bajo el nombre de Moisés y otras veces da órdenes a Yahvé… por ejemplo, cuando le pide que pare el sol y Dios lo hace, como si fuera él mismo... Nunca se había visto antes que Dios hiciera caso, u obedeciera, a un hombre. Los hebreos se remiten todo el tiempo a la tradición, sometidos a ese deber ser de tener que comportarse como sus antepasados, por eso si Josué quiere llevar a cabo la misión de Moisés, tiene que ser Moisés mismo.

Esto me ha recordado al poema de Parménides: lo que es, siempre será. Y el episodio de las trompetas también me remite a Parménides: cuando hay un cambio de estado se oye un ruido muy fuerte y violento, que en el poema se describe como chirrido... en el texto de Josué hay un grito violento, justo antes de que las murallas caigan, que ha estado precedido de siete días de silencio. Todo esto me sugiere un cambio, una transición del nomadismo a la ciudad, incluso de una bajada al Hades.

La promesa de la conquista de la Tierra Prometida me hace pensar en la existencia de un camino que debe ser transitado inexorablemente porque este Dios promete y cumple su promesa: tienen ante sí a un Dios que recompensa. Y no sé qué refuerza más: la obediencia, la certeza de la recompensa o el miedo al castigo. En Josué se les da el poder de conquistar y esto incluye el derecho de matar a todos cuantos se les opongan, a la estirpe completa, porque tú no eres sólo tú, eres tu hermano, tu padre, tus hijos y hasta el recuerdo de tus antepasados.

Y la utilización que hace de los números me recuerda a la Cábala. Usa tres números, el tres, el siete y el doce, y no me parece que sea casual. En el Timeo de Platón, el concepto del tercer elemento lo abarca todo; también sus doce apóstoles, los doce signos del zodiaco; y las siete vueltas que tienen que dar a Jericó, las siete veces que tienen que tocar la trompeta. Incluso el mundo se crea en siete días.

ANTONIO. –En siete días se crea el mundo y en siete días Israel pasa de ser nómada a ocupar la ciudad, es verdad. Hay un cierto paralelismo con el relato de la creación. Los mitos tienen que ver con la explicación de la naturaleza, el sol y la deidad, los siete días, el tiempo... Y puso un altar y desde entonces hasta hoy.

DAMIÁN. – Así es, una de las funciones principales del mito es decirnos dónde hay que situar los lugares de culto. Lo que nos dice este relato es que los hebreos no son un pueblo unido, sino que tienen tendencia a dispersarse... acaba por imponerse un único Dios y una organización para todos: la ley. Esta es una guerra por la unidad mientras van creando una memoria de la que carecían: la memoria del pueblo de Israel cuando se establece en Caná.

PILAR. –No me parece que en los griegos haya algo parecido a esto.

DAMIÁN. –Los griegos son gente de ciudad: esta es la diferencia entre la máxima hebrea, creced y multiplicaos, y la griega, conoced... la diferencia entre unos que no quieren tierra y otros que sí. La gran cuestión en los hebreos es la posesión de la tierra y por eso crean un libro que acaba siendo su territorio místico que nadie les puede arrebatar. Los griegos, sin embargo, no tienen un libro sagrado, a pesar de que surgen dioses hasta debajo de las piedras. No tienen el mismo sentimiento religioso cuando unos van a Troya y los otros a Caná, pero sí tienen algo en común: la frontera, que es lo que les integra, un objetivo de conquista de una tierra desconocida que les ha sido dada por Dios.

JESÚS. –El destino manifiesto.

DAMIÁN. –El primer mitema es que la tierra que te dan es desconocida y misteriosa, a la que vas en compañía de otros que no son estrictamente los tuyos, pero a los que te une una amenaza exterior indefinida, pero real.

JESÚS. –Subyace una idea de pureza que hace intolerable la presencia de los otros.

DAMIÁN. –Desde un punto de vista mítico, es un genocidio espiritual y así ha de interpretarse. Lo que dice el mitema es que tiene que desaparecer todo rastro que no sea propio... y cuando consiguen expulsarlos o acabar con ellos y obtienen frutos de la tierra por su trabajo, hacen ese territorio definitivamente suyo. La idea de la eliminación del otro es consustancial al mito de la Tierra Prometida.

PILAR. –Cuando Josué muere, lo hace con la gloria de haber cumplido las ordenes de Yahvé sin que recaiga sobre él el peso de la culpa por las atrocidades cometidas porque ese peso recae sobre Yahvé, que es el único responsable de lo sucedido, y así la culpa pertenece a otro, se queda fuera.

DAMIÁN. –Recordad que un mito es la forma en que el pensamiento imaginario se transforma en logos. Convertimos la imagen en palabras y las dotamos de la misma fuerza. Si la imagen tenía gran fuerza persuasiva, las palabras han de captar poderosamente nuestra atención para que el mito funcione en el mismo registro, creando una imagen igual de poderosa o más, si es posible. Las características de los mitemas son inviolables. En este relato de Josué que hemos leído, la idea de una tierra desconocida por conquistar y la idea de un jefe único es igualmente fácil de rastrear en cualquier western o en cualquiera de las epopeyas de la conquista española de América. Ese jefe único es el mediador, el que cumpliría el papel de chamán, de brujo entre dos estancias, entre el mandato de Yahvé y el paraíso de la Tierra Prometida: vas allí porque te ha mandado Dios, no porque quieras echar o matar a los cananeos o a los indios. Así funciona el mito y así se cumple, así funciona la imaginación y así se altera cuando introducimos todos esos elementos dentro del relato; y así sigue funcionando hoy en día; y así lo hacen los medios de comunicación de masas, con la misma capacidad persuasiva y dejando el mismo tipo de impresiones en el inconsciente que marcaba a los antiguos. No deja de ser un tipo de pensamiento, otra forma de pensar analógica y asociativa.

Ante ciertas cosas que no puedes enfrentar directamente, el mito te propone una visión no lógica de la vida y te permite tratar con ella para alcanzar algún tipo de pacto. Por ejemplo, las tragedias griegas te permiten tratar con algo que está más allá de la ciudad, como la religión natural, porque si no lo hicieses y negases la posibilidad de una explicación estarías propiciando que se desencadenase la violencia. 

El mito es la primera forma de representación en palabras. Todavía perdura en algunos pueblos y nosotros disponemos de bastante caudal de ese tipo. Nos permite tratar con cosas que desconocemos. Los hebreos, para poder tratar con su propia religión y su propio pasado, recrean una memoria frágil o inexistente y crean un relato lleno de intencionalidad, un mitema capaz de causar una impresión en la imaginación. 

PILAR. –Pero esos relatos no pueden ser históricos, tienen que llevar fantasía, imaginación, sustentarse en algún tipo de verdad sin que sea la verdad, porque si no, no quedaría lugar para el mito. 

DAMIÁN. –Todo lo que tiene que ver con las manifestaciones divinas que nos crean la imagen de un Dios siempre delante, encabezando la lucha, es un mitema. Tenéis que acostumbraros a distinguir los diferentes materiales narrativos que subyacen dentro del texto bíblico, el yahvista del siglo VIII a.C. en la época de Salomón que escribe de una forma plana y en clave de cuento como el relato de Caín y Abel, el elohísta, de cien años posterior, que gusta de contar milagros como la zarza ardiendo, las aguas que se separan, la escalera de Jacob… y, finalmente, el sacerdotal, el más abstracto, al que le gusta enumerar, repartir, el del relato del Génesis. Si pensamos por qué se cierra la Torá con el Éxodo, podríamos decir que, seguramente, debido a que se inicia la historia del estado.

Siguiendo con los mitemas, por ejemplo, hay otro conjunto de manifestaciones en relación con el anatema entendido como destrucción espiritual. Está claro que no tienen problema alguno con el hecho de matar con ansias genocidas, incluidos niños. Aparentemente resulta todo muy frío, salvo que entiendas que tanto el mito, como cada uno de los mitemas, necesita imponerse... si no fuera de esta manera, carecerían de eficacia. Da igual que unas veces ganen y otras pierdan, el caso es que por donde pasen no quede nadie vivo. por qué: porque Dios asume toda la culpa con tal de que cumplan su objetivo, en este caso conquistar una tierra desconocida. Esto es una creación de imágenes de un grandísimo poder persuasivo. 

PILAR. –muy persuasivas, pero muy violentas…

DAMIÁN. –De acuerdo, sí... El territorio desconocido es fascinante para la imaginación humana. Luego queda la recreación de una memoria que aspira a recordarlo todo: los muertos, los héroes, las ciudades conquistadas, el porqué la Tierra se repartió de una manera y no de otra.

Por otra parte, también tenemos que distinguir para qué sirve y con qué está hecho. Esta gente todavía está creando a Dios, y el mito es una herramienta de persuasión sobre lo que es mejor para ellos: tener una única ley, un único culto, un único Dios y un único pueblo. En ese momento del relato de Josué todavía están lejos de todo esto y no será hasta Jueces cuando se planteen cómo hacerlo. En Josué se limitan a introducir el mito de la historia.

En el AT tenemos dos grandes grupos de mitos: los de la creación del mundo y los del cumplimiento de la promesa. Son muy diferentes aunque tengan una cierta correspondencia en cuanto al hilo narrativo, no en vano la Biblia es uno de los libros más importantes de la humanidad. En un caso Dios promete a los hombres y en el otro Dios concede a los hombres. En principio es un mito colosal, hay que reconocer, pero lo que más nos interesa es cómo la imaginación lo construye y lo vuelve eficaz a partir de cosas tan concretas y específicas como el hecho de que un grupo se reúna en torno a una idea de Dios y decida que así no puede seguir viviendo, que necesitan asentarse y dotarse de herramientas para la supervivencia.

PILAR. –Cuando estuvimos en el Mar Muerto, recuerdo aquella imagen del desierto blanco hasta donde alcanza la vista, el sol abrasador que no permite ninguna distracción, recuerdo cómo entendí la necesidad de tener un Dios para explicar esa dureza, ese imperativo del monoteísmo. Se ve que hay un desierto y de pronto, a los lejos se divisa la mancha verde que es el oasis de Jericó, lo primero que vieron al llegar cuando se asomaron desde las colinas de alrededor. El monoteísmo como oasis, como alivio, como tegumento protector contra el desconsuelo. ¿Cómo se llama el lugar donde muere Moisés? Eso es lo que hay entre ellos y el oasis de Jericó.

DAMIÁN. –Moab, y detrás de Moab se ve Jericó. Tras el desastre de las invasiones de los Pueblos del Mar, en torno al 1200 a.C., vino un momento de reconstrucción de los poderes estatales de la zona Palestina. En especial la pentápolis Filistea como heredera de aquel desastre. Cada vez había menos espacio para los nómadas, que veían cómo su espacio se reducía y sus rutas se cortaban... tal vez se dijeron a sí mismos que el mundo estaba cambiando y decidieron participar de ese cambio… y es probable que Israel –una horda de nómadas– fuese el único capaz de conseguirlo. Visto así, es probable que la historia coincida bastante con lo que nos cuentan los relatos.

PILAR. –Incluida la hipótesis de una agrupación de doce tribus... esta unión multiplicaba sus posibilidades de éxito. 

CHUS. –Sí... Recordad cómo se origina el Islam. En la Península Arábica aparece Mahoma en un contexto de enfrentamiento entre diferentes tribus, y Mahoma unifica sus creencias, crea un monoteísmo aglutinador y convierte a esa multitud de fuerzas dispersas y enfrentadas en un grupo cohesionado capaz de conquistar medio mundo. Se parece mucho, ¿no?

PILAR. –Para mí, sí. ¿Pensáis que los actuales nacionalismos se basan en mitos para funcionar como lo hacen? Eso me parece a mí.

DAMIÁN. –Están inmersos en una búsqueda que intenta convencer a su gente de que poseen una historia mítica, pero solo lo pueden hacer mediante mecanismos de negación que aseveran la existencia de alguien que está sistemáticamente contra ellos. Lo malo, para ellos, es que primero tienen que saber quiénes son ellos para poder construir luego a los malos. Los mitos fundacionales no necesitan de una amenaza exterior desconocida o imprecisa, ni juzgan a los demás, ni moral ni políticamente, no entran en ese juego.

JESÚS. –Pero fueron realmente de Egipto…

DAMIÁN. –En realidad, coincide con la ruta de los nómadas desde los bordes del Sinaí hasta el Líbano, en la periferia oriental de lo que hoy es Israel. Un carril de libre circulación en el que nadie se metía con ellos mientras no pretendiesen descender hacia el llano fértil de la costa. Cuando lo hicieron, fue cuando surgieron los problemas.

Es curioso que incluso hoy, los enfrentamientos con Hamás en la franja de Gaza coincidan geográficamente con las guerras con los filisteos del relato bíblico… se consolidarán y fundarán un estado bastante importante en la época de Salomón que luego se dividirá en dos, Israel y Judá, hasta que la Babilonia de Nabucodonosor los destruya y los lleve al exilio. No volverán a ser un estado nunca más.

Referencias externos

Fresco de Josué representado entre el sol y la luna. Sinagoga de Dura Europos. 244-256 d.C.

Joshua and the Promised Land. Dirigida por James L. Conway. - VO

Joshua The Conqueror. Dirigida por Edward Dew. - VP

Primer desembarco de Cristóbal Colón en América. Dióscoro T. Puebla y Tolín, 1862.

Discurso fúnebre de Pericles . Historia de la Guerra del Peloponeso. Tucídides -texto libre

Poema de Parménides - Texto libre. Cervantes virtual.

Bibliografía

Libro de Josué. Sexto libro del Antiguo Testamento. Biblia de Jerusalén.

Timeo. Platón. 360 a.C.

La Ilíada. Homero, siglo VIII a.C.

Historia de la Guerra del Peloponeso. Tucídides, siglo V a.C.

Anábasis o Expedición de los Diez Mil. Jenofonte, siglo V a.C.

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