An-23 Servir a lo humano y a lo divino

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento DILEMAS

Si la Antígona de Sófocles muestra una colisión clara entre dos órdenes de ley, en Prometeo, siendo el tema el mismo, es mucho más oscuro. Ciertamente, hay una pugna entre Themis (vagamente, las leyes de la naturaleza) y Diké, su hija (las leyes de la justicia terrena). Es decir, el combate se libra entre Zeus, señor de los Cielos y de las leyes que rigen el universo, y Prometeo, el titán que le ayudó a convertirse en emperador de los dioses, que defiende los derechos de los hombres. En medio se encuentra Hermes el mensajero, que intenta convencer a Prometeo de que se retracte de sus acciones si no quiere seguir durante la eternidad en la roca en la que un águila devora su hígado.

Zeus quiere imponer su voluntad sin más explicación: que lo ha ordenado así y que su poder es absoluto. Prometeo aboga por la industria humana y defiende sus aspiraciones. Además, alega que Zeus no cumple sus promesas. El enfrentamiento es oscuro porque Prometeo también tiene voluntad, la de no ceder. No acabamos de saberlo todo sobre el litigio: lo que sí sabemos es que las dos voluntades chocan y que ambas apelan a un derecho que creen inviolable. Prometeo cree que hay una justicia de las cosas, de los actos humanos. Zeus solo cree en la suya.

 Prometeo encadenado
Prometeo encadenado

Lectura

Prometeo encadenado. Esquilo.

Resumen

Esta tragedia se basa en el mito del titán Prometeo y su guerra contra los dioses olímpicos. Prometeo, como parte de su enfrentamiento con Zeus, roba el fuego de la morada de Helios para entregárselo a los humanos, desafiando así las decisiones de los dioses y recibiendo por ello un castigo eterno: ser encadenado en lo alto de una montaña a la que cada día acudirá un águila –símbolo de Zeus– a comerse el hígado del titán. El castigo se repetiría eternamente, ya que Prometeo, como inmortal, regeneraría el órgano cada día. La tragedia es una representación del enfrentamiento entre los titanes y los dioses olímpicos, entre el caos, el desenfreno y la desmesura contra los límites y el equilibrio... en última instancia, representa la eterna lucha entre el pensamiento oscuro y literal, y el luminoso e imaginable que resulta ser el pensamiento en imágenes.

DAMIÁN. ¿Habéis visto algo nuevo al releer este texto?, ¿qué hay de la curación?

JESÚS. –Yo sí, Prometeo dice que con las palabras no le van a convencer y creo que esto es bastante definitivo.

DAMIÁN. –Lo tienen atado, efectivamente, con palabras no lo van a desencadenar.

JESÚS. –Pero no es solo eso, también les dice: tened cuidado porque las palabras pueden hacer mucho daño… no es tanto lo que haces como lo que dices.

DAMIÁN. –¿Cómo te parece que habla Prometeo en comparación con Hermes o con el coro?

JESÚS. –Prometeo es muy soberbio, por un lado, y por el otro quiere liberar a los hombres, les da el fuego, les quita la desesperanza… hace un boicot absoluto a Zeus.

DAMIÁN. –¿Veis normal la forma de hablar de Prometeo? ¿Quiénes son los seres que están como Prometeo en el sufrimiento continuo?

JESÚS. –Los mortales, ¿no? Por eso quiere darles el fuego.

DAMIÁN. –Pero a los mortales no les gusta mucho el sufrimiento, lo sienten como algo contrario a ellos, como lo que tratan todo el tiempo de evitar y por eso están siempre muy pendientes de sí mismos. No ocurre lo mismo con Prometeo, no está pendiente de él por algo…

JESÚS. –Yo creo que no se ama.

DAMIÁN. –Por qué no se ama… ¿qué se necesita para amar?, ¿qué es eso de lo que carece Prometeo? Será algo que tiene que ver con la literalidad, con el lenguaje… Prometeo ha dado el fuego a los mortales y a cambio ha sido castigado al sufrimiento continuo y eterno. Teniendo esto presente, ¿no os llama la atención algo en su trato con los mortales, en cómo se relaciona con ellos? Prometeo es muy frío con respecto a la gente a la que ha ayudado.

JESÚS. –Entonces por qué les ha ayudado, porque está claro que no los ama.

DAMIÁN. –No les ha ayudado porque amor, sino para fastidiar a Zeus, y es a través del lenguaje de Prometeo como nos damos cuenta de esto. Todos los discursos que hay en Prometeo son ambiguos: no pueden entenderse de una sola manera, tienen muchas caras e interpretaciones, todos los discursos aquí lo son. Todos, menos uno...

La tragedia habla sobre cómo se están manejando los símbolos. Eso es lo importante porque en griego todas las palabras significan algo y además otras cosas, en griego las palabras son símbolos, las palabras para los griegos son creadoras. En todos los textos menos en Prometeo las palabras significan lo que significan; es en Prometeo donde por primera vez no es así. Cuando le preguntan ¿y qué hiciste para merecer este castigo?, Prometeo responde: insuflé en sus almas ciegas esperanzas… A nosotros nos suena muy bien, nos parece poético, pero el asunto es que en Prometeo no es poético, es literal, es exactamente lo que hizo, parece que más que una ayuda hacia los hombres sea una condena.

AYUSO. –No tiene nada que ver con ayudar a los hombres.

DAMIÁN. –Claro. Prometeo forma parte de una trilogía famosa que ya ha desaparecido llamada la titanomaquia, la pelea de los titanes contra los dioses olímpicos, hijos de Cronos. Habréis oído mil veces eso de una lucha titánica o lucha de titanes… Prometeo no es condenado por ayudar a los humanos, sino por pelear contra Zeus, a quien se llevaba enfrentando mucho tiempo. La trilogía finaliza con Prometeo liberado: Heracles lo libera y lo saca de donde está.

JESÚS. –Es decir, que en ningún momento se está hablando del amor.

DAMIÁN. –Exactamente. No hay amor por ninguna parte, esto es la guerra de Prometeo contra Zeus. Para empezar, los humanos no tenían fuego porque Zeus se lo había quitado precisamente para castigar a Prometeo. Esto no tiene nada que ver con los mortales, tiene que ver con saltarse el castigo que le ha impuesto Zeus., con pelear con Zeus. Lo que tenemos que preguntarnos con respecto al lenguaje es por qué se cuenta esta historia. No me refiero a cuando la cuenta Hesíodo sino por qué la retoma Esquilo, por qué quiere contar esta historia.

Para entender esto hay que situarse en la época de Esquilo, entonces había bastante tensión entre Themis y Diké. Themis es la justicia del orden de la naturaleza y su hija Diké es el derecho de cada uno a ejercer su propia justicia, la justicia subjetiva. Ambas son diosas de la justicia, pero justicias muy diferentes que tienen que articularse y ensamblarse. En la época de Esquilo, ya digo, están conviviendo muy extrañamente.

Se supone que Themis es la ley de la naturaleza, el orden natural, y premia y castiga por ello de acuerdo a dicha ley. Se supone que la ley natural sí tiene un principio de retribución, lo que pasa es que no sabemos con certeza qué es la naturaleza, así que el principio de retribución queda un poco difuso. Si son las pasiones, los instintos, la parte oscura, sí es posible que haya algo parecido a la retribución. Diké es una justicia muy distinta. Tened en cuenta que es descendiente de la justicia natural, pero es una justicia dedicada a los asuntos humanos. Si trasladamos esto a la tragedia es la gran pelea entre las dos diosas: el orden natural contra la ley civil de los hombres. La tragedia no va a salir de ahí, se queda anclada a la lucha entre esos dos órdenes.

MARÍA. –Tragedia pura, según todos los cánones y estudios, la de Esquilo: una lucha entre dos órdenes del mundo.

DAMIÁN. –Es lo que está contando. Es en la época de Esquilo cuando Themis se empieza a alejar… de hecho, no estoy totalmente seguro de si en el siglo v a.C. quedaba ya algún templo dedicado a ella. Seguramente algo quedaba, pero estaba desapareciendo y su lugar lo ocupó Diké, la justicia humana. La ley natural deja de importarle a todo el mundo y los asuntos humanos empiezan a ocupar prácticamente todo. De hecho, se deja ya de hablar de la justicia en el sentido cósmico para hablar de ella en el sentido civil. Estas dos justicias creo que tienen mucho que ver con Prometeo. Hay una justicia que puedes identificar con asuntos humanos, un quid pro quo: yo te doy, tú me das, tú me haces, yo te hago. Puedes estar de acuerdo o no, pero lo entiendes. A quien no entendemos es a Prometeo. Parece que él ha hecho algo porque quería hacerlo, sin pensar en las consecuencias que tiene ese acto, el instinto y el deseo oscuro proceden de su necesidad de atacar a Zeus. Tiene un hermano que se llama Epimeteo, que se supone no era previsor… Prometeo significa el que previene, y prevenir consiste en pensar en las consecuencias que pueden tener tus actos, ver con anticipación, cosa que Prometeo parece que no hace en ningún momento porque, repito, la única voluntad que hay en su cabeza es fastidiar a Zeus.

AYUSO. –Y Zeus o los olímpicos, qué están representando., qué es lo que se opone a Prometeo, a ese no prevenir.

DAMIÁN. –Los dioses olímpicos fundan la historia de Grecia. Parece que tienen la cabeza llena de leyes… veis que, en La Ilíada, los héroes, los guerreros, todos, imploran permanentemente a los dioses que impartan justicia y que esta tenga que ver con la guerra, con las cosas que se están haciendo en el mundo de los humanos. El universo olímpico es un universo de orden, de reglas, y es eso lo que se entiende por justicia.

Hay una relación de esos dioses con los hombres, de hecho, pueden sustituir a los hombres en cualquier momento, estos dioses se comunican con los hombres, se preocupan de que les comprendan. Hay un lenguaje común. Digamos que esos dioses proceden de un tipo de justicia razonable por los hombres, mientras que la justicia de Prometeo no se puede entender, parece no proceder de unas leyes, sino de una voluntad que no tiene expresión lingüística y que es incomprensible de todo punto.

PILAR. –Prometeo es a quien peor se entiende, tienes razón, pero yo creo que también es porque lleva a cabo una lucha personal, no colectiva.

DAMIÁN. –Eso es. Curiosamente, aunque aquí parezca que la víctima es Prometeo, a quien entendemos es a Hermes porque obra desde la justicia natural y, desde el punto de vista del castigo y de la ley, representa el orden que está por encima. A quien podemos entender es a los dioses, y curiosamente al quien no podemos es a los más cercanos, a Prometeo en este mito, puesto que es quien se supone que ha ayudado a los hombres. ¿Qué justicia está guiando los actos de Prometeo? Porque el orden natural es de otra índole, ¿el orden natural es comprensible, en términos de lenguaje? ¿Quién es más comprensible, Hermes o Prometeo?

MARÍA. –Hermes porque Prometeo opera conforme a sus leyes, no a las de todos.

DAMIÁN. –Para nosotros, sí, porque ese plano de la justicia desde el que piensa Hermes está como traducido a un nivel de comprensión humano en el que podemos entender lo que está sucediendo en el orden civil: hay unas leyes que rigen a todos y que hay que cumplir… y si no, te castigan. En cambio, Prometeo es incomprensible. Podríamos preguntarnos, ¿y si el sufrimiento para Prometeo no fuera un castigo? Porque… Prometeo está convencido de lo que ha hecho. Y si lo llamamos locura desde el punto de vista humano, de nuevo estamos aplicando la lógica de las leyes humanas. Y si no está loco y simplemente está en otro nivel de comprensión.

PILAR. –Tampoco ha hecho algo tan malo, dar un poco de fuego a los humanos… ser un titán no es tanta, tanta ventaja: ni es hombre ni es dios…

DAMIÁN. –Bueno, sí son dioses, e incluso anteriores a los del Olimpo. Han perdido la guerra, pero son más antiguos en el tiempo.

PILAR. –A mí me parece bien Prometeo y lo entiendo perfectamente. Una vez castigado y encadenado, ya no da su brazo a torcer ni por cuanto hay.

MARÍA. –Pues a mí me parece un sinsentido. Cuando Hermes va a negociar con él, no le está pidiendo que se arrepienta, tampoco le menciona que no debería haber hecho lo que hizo, lo que le pide es que revele lo que va a pasar, le está colocando en una posición generosa.

PILAR. –No, porque eso es doblegarse.

DAMIÁN. –¿Por qué no se es capaz de amar? ¿Dónde hay una falta de amor?, porque estáis diciendo que en Prometeo hay falta de amor. ¿Qué es lo que se necesita para amar desde el punto de vista del lenguaje?

MARÍA. –Imágenes.

DAMIÁN. –Exacto, se necesitan imágenes. Los titanes no tienen imágenes. Es una tragedia muy interesante porque en el fondo, la pelea fundamental que se está viviendo es una guerra entre órdenes para el mundo. Y estos dos representan un orden comprensible y otro incomprensible.

LIS. –Pero, ¿los órdenes son compresibles per se? O más bien serán comprensibles o no según la persona, ¿no?

DAMIÁN. –Son comprensibles o no por sí mismos. Para que lo sean tienen que cumplirse dos condiciones: una es que se pueda entender su estructura, que se pueda imaginar, que sea visible… y la otra que esa visibilidad se traduzca en una idea, una imagen concreta. Y la imagen del orden de los dioses es simplemente que hay un cosmos armónico, hay una armonía entre las partes y por eso el orden de los dioses y el de los titanes es absolutamente contrario.

Cuando los olímpicos ganan la guerra contra los titanes y Zeus comienza a gobernar la Tierra, lo primero que hacen todos esos dioses es repartirse el cosmos. Cada uno emplea sus energías en un territorio, de manera que, así, cada uno de los humanos sabe a quién dirigirse. Ellos imponen un orden comprensible y, por tanto, al tiempo que hacen lo visible hacen la idea, la imagen que hay que tener.

JESÚS. –Los titanes son el caos, ¿no?

DAMIÁN. –No, son anteriores, lo anterior al orden. El titán es el que no tiene la idea, no le interesa; le interesan la voluntad, el exceso, la pura Hybris, y como la pura hybris produce un sufrimiento continuo, odian a los dioses.

LIS. –Pero los dioses a ellos no.

DAMIÁN. – Claro, eso empeora la situación: los dioses no les odian a ellos, el odio es de Prometeo hacia Zeus, de la hybris hacia el orden. Y es aún peor para los titanes porque desde el otro lado no responde nada que ellos puedan entender. Zeus solo castiga con arreglo a la ley, él está por detrás de la ley. Prometeo sufre por esta indiferencia –como sufren los titanes– porque no entienden por qué son castigados. Si tú vives en el exceso y en la falta de ley, el sufrimiento está asegurado porque, desde el punto de vista humano, continuamente estás chocando con la realidad. Si tú vives en ese sitio donde no hay límites, donde no hay consecuencias de tus actos, donde el principio y el fin son indiferentes y el deseo más oscuro tiene que hacerse realidad por la fuerza de tu conciencia, estás chocando todo el tiempo con la realidad. El titán choca todo el tiempo contra eso y está acostumbrado al castigo, a que todo duela, por eso le es indiferente. Y por supuesto, jamás se va a preguntar si eso tiene razón de ser, si eso es justo o injusto. Él se mueve en el campo de la hybris, de la emoción, de la voluntad… qué justicia va a haber ahí.

MARÍA. –Y como no tienen ideas, tampoco tienen imágenes.

DAMIÁN. –Este pensamiento es sin imágenes, sí, mientras que lo que introducen los dioses olímpicos son las imágenes, las ideas que tenemos que tener para poder conducirnos en la vida, siempre y cuando veamos el universo como lo ven los dioses y aceptemos que tiene que estar ordenado. Si la tragedia es la pelea entre el orden civil y el natural, está claro que esta tragedia de Esquilo es la pelea entre el pensamiento en imágenes y el pensamiento literal. Es la forma en la que Esquilo se acerca a una tragedia donde nada se mueve.

LIS. –Pero al ser Prometeo lo previo al orden, su pensamiento debería ser menos literal que el de Zeus.

DAMIÁN. –Yo lo llamo literal en el sentido en que las cosas son lo que son. Os pongo un ejemplo, desde lo literal un león es un león, pero en el pensamiento en imágenes un león es poder. Y cuando pasas de león a poder, has dado un salto. En el caso de Zeus, Zeus es el cielo, no es solo el dios que manda, es también el cielo, y el rayo... Pero Prometeo solo entiende que Zeus es el que le ha castigado y de ahí no puede pasar ni puede salir. El verdadero enfrentamiento en esta tragedia –que lleva a pensar mucho en las otras– es este enfrentamiento entre ley civil, o humana, y ley natural. En realidad, es el enfrentamiento entre pensamiento en imágenes y el pensamiento literal, y es como si Esquilo nos estuviese contando la historia de la transición entre la voluntad y el orden. Eso es la titanomaquia. Y que entre la voluntad y el orden pasó algo por en medio: el pensamiento en imágenes. Eso cambió la historia de la tragedia y la de la humanidad. De hecho, ahora, pensando en otras tragedias, hay mucho enfrentamiento entre literalidad y pensamiento en imágenes. Por ejemplo, ¿qué es el enfrentamiento entre Antígona y Creonte?

LIS. –Es lo mismo. Literalidad e imágenes.

DAMIÁN. –Pero esta tragedia es distinta a otras porque no sabemos si nos sentimos aliados de Prometeo o de Hermes, no sabemos qué es lo mejor y lo peor. ¿Quién es el malo en Prometeo? No queda claro si Hermes y, por tanto, los deseos y la voluntad son lo mejor para nosotros; o si el malo es Prometeo y tenemos que priorizar las fuerzas del orden y de la ley. Y por eso todo en esta historia está plagado de ambigüedad… En los diálogos se ve muy bien de dónde surge esta ambigüedad: de los enfrentamientos. No solo del que hay entre ley civil y ley natural, también entre lo literal y el pensamiento en imágenes. De hecho, no hay ciudad en esta tragedia, no se enfrentan la ley de una ciudad con la ley de la naturaleza: se enfrentan dos pensamientos, dos fuerzas de la conciencia.

AYUSO. –La Orestíada sí es más ley civil contra ley natural.

DAMIÁN. –Sí, aquí son simplemente dos fuerzas enfrentándose. De hecho, ves que son fuerzas de la conciencia porque no hay casi espacio físico, lo han borrado. En otras tragedias como Antígona, Electra o la Orestíada, los espacios físicos están por todas partes. Y no solo están, sino que se utilizan simbólicamente, están y además significan algo: los espacios físicos, los bosques, las ciudades y la historia que tienen detrás, todo eso está y tiene mucho peso. En Prometeo no hay nada de eso, no hay memoria de ninguna especie, únicamente el choque de dos fuerzas en estado puro.

PILAR. –Y una de ellas es la fuerza de los límites.

DAMIÁN. –Del orden, sí. En cambio, el titán es la pura fuerza de la voluntad, donde no hay límites. Una forma contemporánea de titanismo –el ejemplo no es mío, es de López Pedraza– sería esa gente que necesita pasar todas las experiencias por el intelecto. La necesidad de racionalizar todo lo que les ocurre es una forma de exceso, una cosa oscura, toda experiencia la intelectualizan, todo lo que les pasa se lo tienen que explicar... Esa obsesión, ese exceso, también es una forma de titanismo. Siempre pensamos que tiene que ver con los instintos, con las fuerzas desatadas, con el placer… y es verdad que hay un titanismo que es una hybris, una desmesura y una falta de control, pero la necesidad, el afán de interpretar y explicar cada acontecimiento… que todo lo que te sucede quieras entenderlo en la forma literal, es también una falta de límites y una desmesura: y eso es Prometeo.

JESÚS. –Entonces lo que diferencia a los dioses de los titanes no son solo los órdenes, sino más bien que unos lo tienen y los otros carecen de él, que unos son pura voluntad y deseo y los otros la ley.

DAMIÁN. –Lo que les diferencia de fondo es la hybris. Los dioses representan por sí mismos ese equilibrio que hacen cumplir, son parte de él. Mientras Zeus aspira a ser justo siempre y está en el cielo, Poseidón está en el mar, Hades en el infierno y Hefesto en la fragua. Entre ellos mismos se equilibran, tú ves ese mundo olímpico y ves cómo se están contrapesando. No quiero decir que cumplan o no leyes, sino que entre sí se equilibran, aunque ellos estén locos y hagan locuras. Pero el titanismo sería justo lo contrario, que Zeus decidiera por sí mismo que él solo va a ordenar el mundo, que no tuviera una Hera, un Hefesto, un Poseidón, que no tuviera a nadie más que su propia voluntad –por muy justa que fuera– es un titanismo, sería un Prometeo desaforado porque lo que cumple es su propia ley, no un orden del que él es parte. La generación de los dioses olímpicos creó el equilibrio, estableció una relación de pesos y contrapesos en el universo y los titanes lo que hacen es ir cada uno por su lado, cada uno a su voluntad.

PILAR. –Entonces los titanes representan la voluntad individual por encima de cualquier norma, de cualquier ley.

AYUSO. –Job entonces era un titán. Aparta a los amigos porque descubre que es un titán y quiere hablar con Dios, os recuerdo que dice soy yo contra Dios.

DAMIÁN. –Es muy interesante tu conclusión, pero quién es el titán ¿Job o Dios?

AYUSO. –Yo creo que el titán es Job, y Dios es como Zeus, le envía un castigo a ver si las leyes lo someten. Admite que le está cayendo una buena, pero no le sirve hablar con los amigos que son como él, los que le equilibrarían, él quiere saltarse todo el equilibrio e ir a hablar con el de arriba.

PILAR. –Pero el Dios bíblico es diferente.

DAMIÁN. –Lo único que diferencia al Dios bíblico de otros es que ha hecho una promesa, y las promesas las cumple. Aunque con respecto a Job hay una promesa muy general que sería tendrás la tierra y procrearás. Pero no se entiende por qué el hombre se siente tan vinculado por esa promesa, por qué le parece tan importante siendo un mortal. Hay una disonancia entre Dios y el hombre: a qué género pertenece Dios. Es una pregunta muy relevante para hacérsela con el Prometeo de Esquilo, a qué género pertenece cada uno de los que hablan, quiénes son. Y no sólo eso, también quiénes son respecto de nosotros y quiénes eran respecto de los griegos que estaban escuchando.

PILAR. –Yo creo que eran representaciones de distintos tipos de órdenes, tanto para unos como para otros.

DAMIÁN. –No sé, yo creo que no es tan fácil, Esquilo es muy misterioso. Desde el punto de vista de la curación, lo más definitivo que se ve en Prometeo es ese acostumbrarse al sufrimiento, por otra parte, toda una forma de estar en el mundo… Prometeo no quiere ni oír hablar de curación. Y eso lleva también a la comparación que hacían entre sufrimiento continuo y tedio. Para establecer esa asociación tienes que renunciar a la curación y que el sufrimiento sea una forma continua de estar en el mundo, entonces deja de ser sufrimiento para transformarse en tedio. Eso nos lleva a preguntarnos si cada vez que sentimos tedio no estaremos sufriendo sin darnos cuenta. Si estamos sintiendo un sufrimiento que no queremos considerar sufrimiento, en ese caso ya no sería sufrimiento. Para que una cosa sea sufrimiento se tiene que distinguir de otras, porque si siempre hay sufrimiento, deja de serlo y se convierte en tedio, ¿no?

PILAR. –¿Aburrirse como una ostra sufriendo es una forma de curación?

DAMIÁN. –El tedio no es aburrimiento, es una caída, un decaimiento, no aburrirse.

PILAR. –Pero Prometeo demuestra una resistencia frente al sufrimiento…

DAMIÁN. –Claro, por eso resiste tan bien. El tedio, como la depresión, es un ethos. No es un estado, es una forma de estar en el mundo, es un carácter hecho. En el caso de la mitología griega, los que lo hacen son los primeros dioses, los que no tienen todavía contacto con el mundo humano que no quieren hacer del cosmos un lugar habitable sino un lugar donde ellos puedan llevar a cabo todas sus cosas. Y hay gente así, que se va construyendo sin límites, como titanes… allí donde ves el exceso, la literalidad y la incapacidad de pensar en imágenes estás ante uno de ellos.

LIS. –¿No es un arquetipo?

DAMIÁN. –Yo creo que sí, de hecho, López Pedraza dice que el titán es el que no puede pensar en arquetipos, como ocurre también en la producción postmoderna. En la producción moderna, cuando tú hacías una cosa, la vendías, pero en la producción posmoderna hay tantos intermediarios que no existe ninguna imagen de las cosas, no se sabe por qué haces lo que haces, no hay ninguna relación. Lo posmoderno sería el titanismo, porque no dispone de ningún arquetipo. Por ejemplo, un señor con barba blanca y gafas es un prototipo que se corresponde con el arquetipo de viejo sabio. Pensad en algún icono de la posmodernidad, Steve Jobs, por ejemplo, no respondía a ningún arquetipo… lo intentaba, pero no lo conseguía, en el fondo era un ecléctico, y una imagen arquetípica nunca es ecléctica: el viejo sabio, el niño eterno…

LIS. –¿Visionario?

DAMIÁN. –Tampoco, el visionario es un tío que mira hacia adelante, y Jobs tan pronto era empresario como budista, iba cambiando constantemente de una figura a otra, por lo tanto, carecía de un arquetipo en el que se pudiera representar, de una imagen que le cuadrase. Esto es lo propio de la posmodernidad, no tener arquetipo, ni imagen, mientras que Freud y Jung son arquetipos de arriba abajo, lo supieran o no.

Referencias externas

Prometeo. Mitos y leyendas. RTVE. España, 2012 - HD

El mito de Prometeo. TEDed. Iseult Gillespie. Abril, 2020.

Prometheus. Dirigida por Ridley Scott. EEUU, 2012 – HD en alquiler o compra

Prometeo. Dirigida por Aleksandra Snezhko-Blotskaya. Soyuzmultfilm. URSS, 1974 - VOSE

Frankenstein o el moderno Prometeo. Texto original de Mary Shelly en inglés

Blade Runner. Dirigida por Ridley Scott. EEUU, 1982 – HD en alquiler o compra

Las criaturas de Prometeo (Die Geschöpfe des Prometheus) op. 43. Ludwig van Beethoven, 1801. Representada en Concertgebouw Amsterdam, 2014 - HD

Prometeo. Escultura de Paul Howard Manship. Rockefeller Center, Nueva York.

Prometeo. Pintura de José de Ribera, 1630.

Bibliografía

Prometeo encadenado. Esquilo. Siglo IV a.C.

Teogonía. Hesíodo. Siglo VIII o VII a.C.

Ansiedad cultural: cuatro ensayos de psicología de los arquetipos. Rafael López-Pedraza. Ed. Psicología Arquetipal, 1987.

La Orestíada. Esquilo. Siglo v a.C.

Antígona. Sófocles. Siglo v a.C.

Electra. Sófocles. Siglo v a.C.

Electra. Eurípides. Siglo v a.C.

Libro de Job. Antiguo Testamento. Biblia de Jerusalén. 

Frankenstein o el moderno Prometeo. Mary Shelley. Londres, 1818. ==Etiquetas==