An-22 La religión familiar y la religión civil. Conciencia personal contra leyes colectivas

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento DILEMAS

La tragedia es la confrontación entre la ley natural, heredada por las instituciones y tradiciones que emanan del origen mismo de la Grecia antigua, y la ley civil, la ley que los hombres se han dado a sí mismos en el contexto de la creación de la polis. La polis es un artefacto completamente nuevo, un nuevo sistema de relaciones humanas, políticas y con el medio, que aspira a separarse de la naturaleza, de los héroes míticos y de las sombrías enseñanzas que procedían de ellos. En consecuencia, quiere separarse de la ley natural.

Pero la ley natural no desaparece del todo, sigue impresa en algunas intuiciones y en algunos instintos sociales, por ejemplo, no matarás. En Antígona, el dilema es nítido: ¿acaso no tiene derecho a enterrar a su hermano porque ha sido un traidor a la ciudad? Tiene derecho con arreglo a la vieja religión familiar y de los dioses, pero no lo tiene si ha de atenerse a las de la ciudad.

La tragedia encumbra, aquí, la ambigüedad de los actos humanos y de las instituciones que creamos en sociedad, y no resuelve porque no puede resolver: su apuesta es otra.

 Antígona - Sófocles
Antígona - Sófocles

Lecturas

Antígona. Sófocles.

Antígona. Jean Anouilh.

Resumen

Polinices, Eteocles, Ismene y Antígona son hijos de Edipo. Polinices y Eteocles, los hermanos varones, acordaron turnarse el trono de Tebas cada año, pero después del primer año Eteocles no quiso ceder el turno a Polinices, y los hermanos se mataron en una lucha. Este fue el motivo por el que Creonte, tío de los hijos e hijas de Edipo, fuese nombrado rey de Tebas.

Antígona le cuenta a su hermana Ismene que Creonte ha impuesto la nueva prohibición de hacer ritos fúnebres a los traidores y que no se enterrará a Polinices. Antígona cree injusta la medida y pide ayuda a Ismene para enterrar juntas a su hermano, pero Ismene se niega por temor a las consecuencias.

Un guardián anuncia que Polinices ha sido enterrado, pero Creonte cree que alguien le ha sobornado, hasta que se descubre que Antígona era quien había enterrado al cuerpo. Creonte ordena desenterrarlo y, al poco, Antígona lo vuelve a intentar, aunque esta vez es capturada y llevada ante él. Creonte sospecha que Ismene también está implicada y condena a muerte a sus dos sobrinas.

Ismene, por amor a su hermano y hermana, se confiesa también culpable, pero únicamente Antígona será encerrada viva en una tumba de una roca. Hemón, hijo de Creonte, se ve perjudicado por la decisión porque Antígona es su prometida, y pide a su padre que la perdone. Creonte se niega y manda traer a Antígona para que muera en presencia de su hijo, pero Hemón se marcha. Es entonces cuando Antígona pierde un poco su altivez y siente miedo a morir.

Aparece Tiresias el adivino ciego de Tebas y le dice a Creonte que las aves y los perros están arrancando trozos del cadáver de Polinices para dejarlos en los altares, y que tal cosa ocurre porque los dioses muestran señales de cólera. Tiresias acusa a Creonte de imprudente y vaticina que alguien de su sangre pagará con su muerte: tras escuchar esto y por miedo, Creonte se dispone a rectificar sus faltas.

Un mensajero explica a Eurídice, esposa de Creonte, que este ha suplicado perdón a los dioses y ha honrado el cadáver de Polinices erigiéndole un túmulo funerario, y que a continuación quiso liberar a Antígona del sepulcro, pero la halló ahorcada y abrazada a su hijo Hemón, que se había suicidado clavándose una espada tras encontrar a Antígona muerta.

Creonte vuelve al palacio con su hijo muerto en brazos y los guardias le cuentan que Eurídice, su esposa, también se ha suicidado al conocer las noticias.

MARTA. –Las diferencias entre los personajes de las dos obras es que en la de Sófocles son planos, con una única manera de ver el mundo, ya sea natural o cívica y en la tragedia de Anouilh, que son contradictorios. En Sófocles no hay transformaciones y en Antígona de Anouilh, sí.

DAMIÁN. –¿Por qué dices que en Sófocles los personajes son planos?

MARTA. –Porque son iguales de principio a fin de la obra.

DAMIÁN. –Creo que eso no es cierto.

MARTA. –Yo hablaba de Antígona, ella es así, cree en los dioses y por ello su destino ya está escrito.

DAMIÁN. –¿Por qué piensas que los dioses son el destino?

MARTA. –Me fijo en Aquiles para determinar la fuerza de su destino… como los griegos creen en los dioses, sus acciones no están condicionadas a cómo las realicen y no tienen que asumir el riesgo por su muerte; es decir, si tienen que morir, mueren. Aparte de esto, está la negociación con la muerte: dejan los dioses a un lado y empiezan a negociar. Antígona lo único que quiere es enterrar a su hermano y le da igual si muere por ello: aparta un poco a los dioses.

DAMIÁN. –Yo creo que no se quitan a los dioses en ese momento; la tragedia es anterior a la polis y ahí sí están los dioses. En la polis, que es democrática, hay leyes civiles y los dioses están bajo la proyección de la ley natural en forma de fuerzas del cosmos.

MARTA. –¿Entonces se podría decir que las leyes naturales están en un segundo plano frente a las civiles?

DAMIÁN. –No, empiezan a actuar las dos en el mismo campo y por ello comienzan los problemas: hay que enterrar a los muertos y castigar a los traidores, y en el resto de las tragedias pasa lo mismo, siempre aparecen dos actitudes que no se pueden hacer a la vez; ahí es donde choca la ley civil con la ley natural religiosa, en la que también están los dioses interpretados por Antígona, que es el mito. Lo que la tragedia está mostrándonos es que hay una ambigüedad muy profunda en toda la realidad humana que no tiene solución y la única posibilidad de afrontarlas es entender qué pasa. Por lo tanto, entre otras cosas, la tragedia es pedagogía política pura.

MARTA. –La determinación de Antígona no puede ser de otra manera.

DAMIÁN. –Eso lo hace el carácter, el ethos, lo que ocurre –decía Heráclito– es que nuestro carácter es nuestro destino. En el mundo griego no hay un destino que esté escrito por los dioses, ellos no manejan los hilos de la vida; Aquiles es Aquiles más allá de dioses; los dioses hacen sus jugadas. Desde este punto de vista, ¿por qué dices que Antígona es un personaje plano?

MARTA. –Porque el hecho de creer en la ley natural o en la civil hace que no pueda moverse de ahí. No se puede pasar de una ley a otra. La que se elige es la que se debe seguir. A eso me refería y no a que sea un personaje plano en sí.

DAMIÁN. –Un personaje plano es el que tiene un carácter único y no evoluciona, no cambia. Antígona no es plana porque tiene muchos movimientos, y no es un personaje fácil, y tampoco es fácil saber por qué sufre Antígona, por qué rechaza la vida futura... Es decir, en Antígona hay hybris y, aunque solo fuera por eso, el personaje no es plano.

MARTA. –De acuerdo con eso, Antígona no es plano en el sentido de personaje de relleno, pero si está en hybris… estaremos de acuerdo en que ya no puede tener otra cosa.

DAMIÁN. –Sí, pero hay varios planos: uno en el que quiere realizar una acción piadosa, otro en el que es fiel a su familia y otro en el que defiende la ley natural y es capaz de entregar la vida por cumplir una ley natural en medio de un contexto civil. Antígona es todo eso, y al igual que Edipo son personajes con muchas facetas ellos mismos en sí. Ese carácter está compuesto de esa amalgama, por eso, no se puede decir que sean personajes planos.

PABLO. –¿Pero decir plano no sería decir que el personaje está siempre en el mismo punto, que no se transforma al final de la historia?

DAMIÁN. –Aquí es un personaje que está mostrando hybris.

MARTA. –Pero desde el principio al final está mostrando esa hybris

DAMIÁN. –Yo creo que no, el esplendor de Antígona surge cuando vemos que ya no le importa el mundo y ella provoca la muerte de otros, la de su futuro, la de su hermano, la de sus hijos… la evolución del personaje se puede producir de muchas maneras y una de ella es por iluminación, es decir, vamos sabiendo cosas del personaje que antes no sabíamos. Otra forma de evolución del personaje es la evolución moral: empieza la obra siendo algo y acaba siendo otro algo distinto. La Antígona de Sófocles tiene una hybris mucho más dura que la que plantea la Antígona de Anouilh, y esto se debe a que hay que buscar en un fondo muy oscuro. Ella cambia y eres tú el que tiene que ver el pozo oscuro. No hay ningún argumento ni civil ni lógico para explicar por qué Antígona, ante hermanos que le han sido hostiles según la propia tradición de la tragedia griega, decide entregar su vida por enterrar a un cretino.

Una cosa es la diáspora del mal que se transmite y otra es una concepción de la vida en la que hay un destino que prende en las acciones de los hombres. Eso es contrario a la tradición griega, aunque también hay que decir que esa tradición lo utiliza muchas veces para plantear al público la misma tragedia. Lo oscuro es preguntarse por qué lo hace. Antígona es una tragedia griega y nada más presenta los hechos, somos nosotros los que hurgaremos en ellos, imaginaremos qué es lo que nos puede haber pasado a nosotros, a las cosas de la naturaleza, a ese alma que tenemos tan escondida y que nunca reconocemos… para que nosotros demos la vida por algo, que ni nos va ni nos viene, casi nos tienen que obligar.

Anouilh intenta aclarar un poco eso y le quita la oscuridad. Antígona es ella misma de principio a fin, lo que pasa es que su hybris comienza a desvelarse y crecer durante la discusión con Creonte. Desde aquí, sí hay una transformación del personaje, del carácter. Un personaje con carácter tiene muchos niveles, capas, y no todos juntos. Cuando leemos una tragedia griega sabemos lo que va a pasar, y en el texto de Anouilh, como sabemos de antemano la historia de Antígona, lo sospechamos, aunque nos quedarían algunas dudas si no fuera por eso.

MARÍA. –En Sófocles cada personaje únicamente reflexiona consigo mismo.

DAMIÁN. –Sófocles nos está dando los argumentos que corresponden a cada uno de los mundos: el civil y el natural.

MARÍA. –Pero no hay diálogo porque no hay posibilidad de que uno convenza al otro.

DAMIÁN. –Es inviable porque es una tragedia, sin embargo, el diálogo sí se da en el territorio del espectador: está abierto para que se pueda deliberar sobre ello, por eso la tragedia es tan deliberativa. Son dos mundos lógicos que se enfrentan y el espectador está en presencia del desarrollo argumental que se presenta en el discurso. Nosotros tenemos la información, pero no la asunción de las cosas colectivamente, y así no se asume individualmente. Hablar, discutir de las cosas que tienen sentido para la vida, o se hace con otros o no se hace.

MARTA. –Otro de los puntos que se tocan es el de la decisión. En Sófocles no hay posibilidad de cambiar de decisión, se dice que es así y no se discute: no hay decisión que valga. Sin embargo, en Anouilh se negocia, se intenta cambiar, se trata de comprar al otro, las decisiones no son estrictas…

PABLO. –Tampoco hay ese diálogo que podemos tener entre nosotros, es como si hubiera un lenguaje de la soledad.

DAMIÁN. –No existe ningún lenguaje de la soledad. En el lenguaje de la comunicación humana nosotros pertenecemos al nomos, a la palabra, pero en Anouilh qué tiene: la naturaleza de la opinión, la doxa, y la opinión no pertenece al nomos ni a la realidad.

JUAN. – El personaje de Anouilh no está hecho de una pieza, no tiene ethos, no tiene carácter, es un personaje manipulador.

DAMIÁN. –Lo que sí hay en Anouilh es el enfrentamiento de dos opiniones muy claras que no tienen nada que ver con ninguna ley. Luego vamos a ver si esas opiniones son verdaderas o falsas, y si las aceptamos o no, pero en principio van a la opinión y su objetivo último es persuadir.

MARTA. –Pero en ese diálogo cada uno se descubre a sí mismo quién es. Tanto Antígona como Creonte descubren quiénes son a través de ese diálogo y es entonces cuando entronca con la tragedia de Sófocles.

DAMIÁN. –Sí, hay un movimiento último donde intenta enlazarlo.

MARTA. –Otra de las diferencias que yo he encontrado tiene que ver con los conflictos. En una, todo lo que ocurre entre los personajes es irresoluble, y en la otra todo lo que hace es crear problemas, hasta los ritos son ridiculizados.

DAMIÁN. –Háblame de los mensajeros y los guardias.

MARTA. –En Sófocles los guardias son importantes, tienen una entidad, y en Anouilh pasan de ser los guardianes de la ciudad a ser unos funcionarios.

DAMIÁN. –Es decir, que se han ausentado de la polis, ya no están en el papel clásico, ya no son los guardianes de Platón.

MARTA. –Eso es. Otro punto distinto es que en la tragedia de Sófocles las batallas se ganan o se pierden, hay vencedores y vencidos, y en Anouilh hay mayorías y minorías, que se pueden unir a la mayoría o no.

DAMIÁN. –La hybris en la Antígona de Sófocles está clara, y en Anouilh, más o menos. Pero, qué diferencias hay entre un Creonte y otro. El resultado es que ambos son castigados porque Antígona provoca la muerte de las personas que también quiere Creonte. Hay una especie de castigo compartido. Es castigo, sí, pero, dónde está su hybris en Sófocles. El discurso de Creonte en Antígona es un discurso honrado. Creonte gobierna la ciudad, ha dado unas leyes y se tienen que cumplir, y Antígona va a lo suyo... en ella hay algo más oscuro.

MARTA. –En Sófocles vemos que Creonte es castigado… ¿ha hecho algo para tal cosa? Sí, creo, algo en lo que no nos hemos fijado y que sería una paradoja de Creonte: él dicta una ley civil contra una natural que es muy importante: enterrar a los muertos; es muy importante porque afecta también a la lealtad de la familia, que está obligada a celebrar las exequias a los suyos. Es una ley civil contra una natural, ahí está su hybris. Y en los dos casos, tanto en Sófocles como en Anouilh, se ve de la misma manera. No es Edipo. En Edipo está muy claro, la naturaleza y los dioses han jugado y han hecho una trastada, y la ley civil ante esto se abstiene: no vamos a condenar a Edipo por una cosa por la que él no ha hecho conscientemente mal a nadie. Sin embargo, en el caso de Antígona, Creonte está trabajando con una ley civil que no es una que rija la ciudad, sino un mandato particular que prohíbe enterrar a los traidores de la ciudad.

MARÍA. –Pero él dice en un momento determinado: tengo que hacer esto porque es lo que me ha tocado.

DAMIÁN. –Todo lo que Creonte dice de sí mismo es estupendo, pero eso es el discurso de la doxa que decía Parménides, de la opinión… Creonte piensa que tiene que hacer eso, pero él no lo hace. Nadie en la ciudad está seguro de que no se deba enterrar a los traidores. Entonces, surge la pregunta: ¿por qué es castigado Creonte?, ¿y por qué no también Eurídice, su mujer?

JUAN. –Y su hijo... Quizá el mismo Creonte pensó que su edicto era exagerado.

MARÍA. –Sí, es más, lo dice...

DAMIÁN. –No estamos ante un nomos de la ciudad, sino ante uno que ha interpretado que hay que castigar a los traidores, pero este es especial.

MARÍA. –Quizá por algún interés personal.

MARTA. –Es que es un personaje necio.

DAMIÁN. –¿Por qué?

MARTA. –Porque se empeña en algo y no da marcha atrás. Y visto desde aquí, Antígona también es una necia.

DAMIÁN. –Si Antígona va a defender la ley natural y se topa con Creonte –que se está metiendo en un jardín dictando una ley civil que desoye la ley natural–, solo podemos esperar que Antígona se envenene de rabia. Y al revés, Antígona coge el edicto de Creonte y se lo arroja a la cara. Hay un envenenamiento mutuo del que no salen. Pero la hybris de Creonte viene de que no está manejando los edictos y las leyes de una forma limpia, lo está haciendo por algo. Lo digo porque no mucha gente se ha fijado en este problema que tiene Antígona, que las fuerzas son antagónicas y no muy claras, por eso luego Anouilh lo interpreta.

MARTA. –También he observado cómo trata cada uno la felicidad y la esperanza, pero sobre todo cómo hablan de la idea de ser adulto. En Sófocles, uno es adulto solo por las fases de la edad, mientras que, como se veía también en Edipo, Antígona, siendo niña, ya era una persona con responsabilidades y con un sentido adulto de la vida. En Anouilh se habla de una edad madura y una edad infantil, y se pasa de una a otra al asumir el sistema. Hay una parte que dice que en el momento en que miras a tu padre a la cara y ves lo que hay y no al héroe que creaste, o te hicieron creer, pasas a ser un adulto, a formar parte del sistema porque has asumido que la vida es eso exactamente... que la felicidad es sentarte en una mecedora a contemplar el mar y dejarte de ideas de cambiar el mundo.

DAMIÁN. –Ese es el discurso de Creonte, ¿no? En la tragedia griega, lo que mueve a la imaginación es encontrar dos fuerzas contrapuestas chocando en un escenario pequeño. Ley natural, religiosa, contra la ley civil. Son momentos de la imaginación y de las fuentes literarias. Nos preguntamos qué es lo que fascina a los griegos: lo fascinante para ellos es ver en el mismo escenario a los dioses y a los hombres peleando.

Hay un elemento que llama especialmente la atención: esa identificación que hace el siglo xx entre pensamiento y lenguaje. Al empezar a leer a Anouilh, ya escuchamos un texto en otro nivel, incluso parece que todo se resuelve, de hecho, empieza con un metalenguaje, con una forma de pensar el lenguaje la propia tragedia, y sentimos fascinación por ese discurso, nos fascinamos porque pensamos. Y como ya no tenemos casi pensamiento en imágenes, lo que en realidad pensamos es que el lenguaje puede ocuparlo todo, de hecho, tantas veces lo ocupa... Delante de un texto nosotros experimentamos una fascinación muy semejante, digamos, a la que podía experimentar el mundo antiguo con las imágenes. ¿Cuál es la diferencia entre Anouilh y Sófocles? Pues que Anouilh nos agarra con el lenguaje desde el primer momento.

JUAN. –Lo primero que hace Anouilh es meter un prólogo –inexistente en Sófocles, claro– y con eso ya nos está dirigiendo hacia cómo tenemos que leer.

DAMIÁN. –Eso es. En Shakespeare, para que llegues a un momento alto, has tenido que pasar tu desierto, leer a Dante, etc... Las tragedias consisten fundamentalmente en leer acciones. Desde ese punto de vista, nosotros estamos fascinados permanentemente con un discurso que parece que lo representa todo, por qué, porque no tenemos imágenes.

¿Cómo tenemos que leer la Divina Comedia?, tenemos que leerla en clave de que el público de Dante pensaba en imágenes: lo que les estaban contando con palabras, ellos se lo representaban. Nosotros representamos todo con las palabras, con el lenguaje: pensamiento igual a lenguaje, esa es la equivalencia.

MARTA. –Pero con los ordenadores, las pantallas, todo son imágenes…

DAMIÁN. –Eso son iconos, las imágenes son lo que tú creas en la cabeza tú solo.

MARTA. –O sea, que ya no creamos imágenes, sino que nos vienen dadas desde fuera, ¿o cómo?

DAMIÁN. –No, no… Yo te leo el Génesis y ese texto contiene palabras que te harán crear una imagen mental. Las palabras que crean imaginación hacen que saques algo que tienes tú, por eso decían los griegos que hay una imaginación que es individual. Hay que superar el pensamiento lingüístico y ponerlo en imágenes. Nos cuesta mucho leer incluso a los que leemos mucho.

JUAN. –Yo he visto que tenemos por un lado a Sófocles, por otro a la Antígona de Anouilh y que son dos historias paralelas. Tengo la sensación de que en Sófocles hay atemporalidad: lo que cuenta es lo que ocurre siempre, lo que no pasa nunca, el mito está ocurriendo ahora. Y el negativo, como en una foto, puede ser la historia de Anouilh. Por eso una de las diferencias es que en Sófocles hay atemporalidad y Anouilh, tiempo. Y Anouilh lo hace quitando a los dioses y los mitos e introduciendo el mundo cotidiano. Las escenas de Anouilh están pasando continuamente, son reales y los personajes resultan cercanos.

DAMIÁN. –Está bien vista esta diferencia.

MARTA. –Creo que los mitos se repiten continuamente y en cada siglo y época se pueden traducir y adaptar de diferente manera.

DAMIÁN. –Cuando metes el tiempo, la tragedia se convierte en drama: ya estás ante una peripecia, algo que puede cambiar por su propia naturaleza, mientras que algo universal y eterno no cambia nunca.

JUAN. –Sí, pero cuando metes el tiempo, entra la esperanza y la esperanza es futuro. Creo que eso es el drama. Otra cosa es que Anouilh avisa al público con el prólogo, le dice te voy a hablar de prototipos, que no de mitos.

MARÍA. –Es que cuando sale el mito entra la historia.

DAMIÁN. –Esto es como Las manos sucias de Sartre: hay un tipo al que le gustaría estar haciendo otra cosa, pero es el que tiene que hacer lo que hay que hacer. Antígona es negar y morir, y a la de Anouilh la descubren, se le pierde la justificación de que iba a salvar a alguien. ¿Y qué pasa con los que están haciendo cosas? Creonte: nunca acepté nada. El existencialismo de izquierda comprometida está con Creonte claramente, las manos sucias, la frase de Sartre hay que matar a gente, hay que hacer la guerra… había otros que estaban en sus luchas individuales y otros que preferían inmolarse antes que hacer algo... porque lo de Antígona es claramente una inmolación.

MARTA. –Para creer a un político te tiene que dar un discurso convincente, y Creonte no convence de ninguna manera a Antígona.

DAMIÁN. –Si la barca hace aguas, qué haces. Antígona se suicida, se inmola.

JUAN. –Con un punto de arrogancia, como los primeros cristianos que se sentían bien siendo mártires, ¿no?

DAMIÁN. –Antígona es la arrogancia pura, y una embaucadora también. De todas formas, eso que dice a Creonte de yo te comprendo, comprendo tus leyes… ya, pero no las obedeces. Hay algo de tener que obedecer cuando se comprende, ¿no?

MARTA. –Ahí, Antígona para mí es libertad y nosotros entendemos la libertad como poder. Ella habla de felicidad y Creonte le plantea la felicidad como seguridad. Creo que ella sí está con la ley más natural.

DAMIÁN. –Unas veces sí y otras no.

MARTA. –Ella se reafirma con las cuestiones que van surgiendo por el miedo que le produce Creonte, tiene que seguir avanzando en lo que es.

DAMIÁN. –Antígona rechaza aquello con lo que no puede tratar: no puede tratar ni con el matrimonio, ni con no poder dejar a su hermana sola, ni con ese hijo que se inventa en el futuro, ni con la vida en general… lo que quiere ganarse es su inmolación, su sacrificio.

¿Cuál es la única acción de verdad de alguien que no puede tratar con nada? Matarse. Es un sacrificio ritual de sí misma.

MARÍA. –Pero el texto de Anouilh es una tragedia también… Antígona no puede elegir, no tiene solución, como en la tragedia clásica griega. Ninguna tragedia tiene solución porque si la tuviera, no serviría como enseñanza, como paideia para que los espectadores tomen parte y tengan su catarsis.

DAMIÁN. –Esto sí la tiene, el espectador es capaz de ver la solución. En el caso de Sófocles o estás aquí o estás ahí. En el otro, son dos órdenes de cosas con las que tienes que vivir y es más una obcecación.

JUAN. –En Anouilh parece que Antígona es valiente y Creonte cobarde.

DAMIÁN. –Puede ser, sí, pero ese es otro tema. Cada uno sabe lo que tiene que hacer. ¿Lo hacen? En el caso de Anouilh, no; en el caso de Sófocles, sí. En Anouilh los dos saben que lo que están haciendo está mal, y en Sófocles los dos saben que lo que están haciendo está bien. Y en Anouilh están los principios existencialistas que están vulnerando ambos; es decir, todo el mundo sabe lo que está bien. Y en Sófocles, los dos están convencidos de que lo están haciendo bien, es la inversión total.

JUAN. –En la Antígona de Sófocles la lucha entre la ley natural y la ley civil no tiene solución porque cada parte está convencida de que hace lo correcto, como en todas las tragedias clásicas griegas.

Referencias externas

Antígona. Representación de la obra de teatro de Jean Anouil. Estudio 1. RTVE España, 1978 - VO

Antígona. Dirigida por Yorgos Javellas. Grecia, 1961 – VOSE

Antígona. (Escena 1) (Escena 2) (Escena 3) (Fragmento). Fragmentos de la ópera de Mikis Theodorakis. Grecia.

Antígona de Sófocles. Pherseu teatro. Universidad de Cádiz. Teatro de Puerto Real, 2019.

Monólogo de Antígona. Interpretado por Paloma Alma, 2016.

Antígona. Pintura de Frederic Leighton. Reino Unido, 1830-1896

Antígona frente a Polinices muerto. Pintura de Nikiforos Lytras. Grecia, 1865

Bibliografía

Antígona. Sófocles. Siglo IV a.C.

Antígona. Jean Anouilh. 1944, durante la ocupación alemana.

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