An-19 Las fronteras del cuerpo y las del deseo

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento METAMORFOSIS

Las categorías de género con las que hemos convivido durante los siglos de civilización judeocristiana están siendo discutidas. No solo teóricamente, sino por la experiencia de los sujetos que no se sienten identificados con ellas e incluso que no se sienten identificados con el sistema de categorías que nos clasifica desde el punto de vista sexual, de nuestros deseos y de nuestro cuerpo.

Este es el tema relevante: desde qué instancias políticas o mentales el cuerpo y todo lo relativo a él es controlado en sus manifestaciones e identidad. La apropiación de nuestros cuerpos y de nuestros deseos por el Estado se ha llamado, desde la obra de Foucault, biopolítica. Y la biopolítica, en sentido amplio, y la identidad de los cuerpos y lo “queer” es lo que ocupará esta sesión donde también se hablará de fronteras, de umbrales y de los viajes correspondientes.

Paul B. Preciado
Paul B. Preciado

Lectura

Metamorfosis Ovidio

Resumen

Filósofo y comisario de arte, Paul B Preciado relata su transformación sexual en su libro de crónicas Un apartamento en Urano: crónicas del cruce. Lo mejor para resumir este texto es mostrar un fragmento:

No soy un hombre. No soy una mujer. No soy heterosexual. No soy homosexual. No soy tampoco bisexual. Soy un disidente del sistema sexo-género. Soy la multiplicidad del cosmos encerrada en un régimen epistemológico y político binario, gritando delante de ustedes. Soy un uranista en los confines del capitalismo tecnocientífico.

ESTHER. –Paul B. Preciado se define como cruce y usa mucho esa palabra. Un cruce es un lugar y un tiempo que no tienen un lenguaje claro, que se revela con palabras sensibles. Un cruce no es exactamente un umbral, pero ambos son un malestar y una oportunidad, un tiempo ciego y un tiempo en el que se ven mejor las cosas a la vez.

Aquí hemos hablado bastante de eso, de la frontera, de ver en lo oscuro, de ese ir y venir la vida buena para los hijos de Apolo, algo positivo para el lenguaje que manejamos en este seminario porque no nos valía el de afuera. Lo que ocurre es que siempre lo hemos enfocado al intelecto, a estar en la frontera con el pensamiento, un cruce / umbral intelectual. Nos parece que hay ventajas en ese desajuste fuera de la norma: flexibilidad, agilidad, descubrimiento, oscuridad y lucidez, cierto grado de rebeldía, comunidad, pero nunca hemos hablado del cruce / umbral del cuerpo.

¿Qué sucede cuando la materia con la que nos presentamos al mundo no casa con nuestra identidad / carácter, sino que crea un cortocircuito? Es muy desasosegante y no solo por lo obvio, por lo trans, que sería el extremo. Cansancio, ansiedad, problemas con la comida, embarazos, vejez. En esos cruces del cuerpo hacemos ajustes frente al espejo. El espejo somos nosotros y el otro, lo de afuera y lo de dentro a la vez. Un ajuste. Y hay ahí un sentimiento de amenaza, un monstruo escondido que siempre está magnificado cuando no se ve y te lo imaginas.

Esto me ha llevado a pensar en el dolor. El dolor es un desajuste entre el cuerpo y el intelecto donde los otros sin embargo desaparecen y te quedas muy solo, un desajuste del cuerpo que crea sufrimiento psíquico.  Paul B., e insisto en la B de Beatriz, tiene todos los cruces todos los días, al máximo. Cuenta cómo con la testosterona, que empezó justo en la época en la que más viajó, tenía que hacer performances en los aeropuertos para que sus documentos y su cuerpo no tuviesen disonancia: ponerse pañuelos, poner voz más aguda, disimular… los guardias eran el espejo, los otros. Y esas disonancias en lo social no son solo son molestias, los cruces del cuerpo son muy complicados, pueden hacerte daño, un daño como no poder coger un avión. Que tu máscara esté monitorizada no parece fácil. Todo esto le permite a Paul B. ver muy bien las cajas de género y sexo. Ha estado perdido en la selva y ha palpado las cajas templo del sexo y del género con las manos y con el cuerpo entero, y luego ha subido a la colina y ha señalado abajo para describir el valle y las cajas y la maleza, porque sabe dónde están, puede señalarlas y decir qué forma tienen porque las ha tocado con el cuerpo y con el intelecto, y eso le hace a la vez estar desubicado. Solo los desubicados ven los detalles del territorio.

Su extrañeza por ser cruce ante las convenciones en sexo y género le permiten describir muy bien la artificialidad de las cajas. El término heterosexual se inventó hace apenas siglo y medio, también el término homosexual. Son convenciones, acuerdos de la mayoría, y eso es importante, porque quiere decir que es un modelo y que ese modelo puede cambiar. Su mayor propósito es cargarse todo ese sistema binario y explicar el mal que hacen a todos, no solo a los trans o a los maricas, sino también a los heterosexuales; y fuerza el lenguaje para que los no desubicados vean las cajas templo. Pero pensar una realidad diferente hace que esa realidad sea diferente y eso se hace con palabras, y aquí empiezan sus problemas.

Ve que se necesitan nuevos nombres para las naves, un nuevo modelo no binario con nuevas palabras no binarias. Pero, ¿cuáles? Y se obceca en crear palabras lúcidas, quirúrgicas, cero ambiguas, para hacer muy claro para todo el mundo el nuevo mapa con las nuevas palabras y los nuevos templos. Tira solo de intelecto y quiere que entendamos todo: quiere ser claro y se pone opaco, quiere ser chamán y se queda en estadista.

Y tras el lenguaje viene otro problema: la contradicción. Es imposible estar en ese nivel de disonancia corporal e intelectual a la vez mucho tiempo porque hace muy difícil la identidad y la comunicación con los otros. Paul B. pasó una racha en la que estaba literalmente diluyéndose, no encontraba un nombre diferente, su madre no le reconocía la voz por teléfono, no le veía y él se preguntaba que a quién veía su madre antes si ahora no le reconocía… Dice: Nunca pensé que fuera un hombre, nunca pensé que fuera una mujer, era muchos. Nunca me consideré transexual, quise experimentar con la testosterona y su capacidad. Si las inyecciones son capaces de hacer desaparecer la identidad, de hacer emerger estratos orgánicos del cuerpo que de otro modo habrían permanecido invisibles.

Ese malestar sideral lo calma posicionándose frente al espejo como un hombre, un hombre trans, y ahí vuelve a lo binario que quiere destruir. Antes no era ni una cosa ni la otra, sino fluido, cruce, umbral, antes incluso se definió como lesbiana masculina o king queer. O sea, es cruce del cruce, del cruce. Ahora solo quiere un lenguaje donde poder colocar el cuerpo delante de los otros. Paradójicamente, en él, lo trans no es un cruce sino lo estático. Y dice: Deshice la máscara de la feminidad que la sociedad había dibujado en mi cara hasta que mis documentos de identidad se volvieron ridículos, obsoletos. Y después, sin escapatoria, acepté identificarme como transexual y enfermo mental para que el sistema médico legal pudiera reconocerme como cuerpo vivo humano. He pagado con mi cuerpo el nombre que llevo. Pero no se olvida del todo, se deja el nombre que vio en un sueño: Paul. Y se deja la B. para no olvidarse de que es un viajero que ha vuelto a Ítaca, aunque ahora esté encerrado en las murallas. La B es de Beatriz, en realidad se coloca socialmente en un sitio.

Podríamos decir que cambia la estrategia, deja el cuerpo fuera de los cruces del lenguaje y pone toda la carne en lo intelectual, en la lucha por un lenguaje nuevo que cree una realidad nueva no binaria que a su vez destruiría su nuevo yo de hombre trans, si lo consigue. En vez de poner la bomba desde fuera del sistema, se deja absorber para ponerla desde dentro.

Una de las cosas que me han resultado más curiosas es que de lo último que se desprende Paul B. es del amor romántico. Habla de su ruptura con Despentes en varios artículos hasta que ve que el amor romántico no es otra cosa sino otra caja, y que la belleza del amor no cabe ahí. El ser que ve las cajas no ve, sin embargo, la caja del amor romántico, lo que da cuenta del poder de ese tipo de amor para enganchar con según qué resorte. Y ese descubrimiento es dolorosísimo para él, más que el dolor del cuerpo o del intelecto, porque ese amor era el único consuelo entre tanto cruce de cuerpo y alma, el último reducto de calma, lo único que se bastaba a sí mismo hasta que empezó a haber disonancias y no pudieron ser absorbidas. Por eso se va a Urano, es lo único que le queda, un lugar horrible, congelado, algo así como un hogar hipotético. Echa de menos un lugar que consuele el dolor.

DAMIÁN. –Estoy de acuerdo contigo en que el cruce y la palabra sensible no lo maneja como Gloria Anzaldúa, que era una maestra. Yo creo que en este sentido tenemos que empezar a considerar que esta cultura en la que vivimos, ya no es una cultura de la exposición, es una cultura de la representación, ya no se trata de decir las cosas sino de hacerlas ver. Curiosamente lo hace ver más Peter Handke cuando habla de los umbrales en El chino dolor y ves esa mirada que es umbral, no sabes de qué lado se va a poner, puede matar, puede morir, puede hacer esas cosas… Hablas de umbrales intelectuales, ESTHER, ¿cuáles son los umbrales que tenemos que atravesar?

ESTHER. –La intuición es un umbral.

DAMIÁN. –¿Y en qué territorio lo manejarías?

ESTHER. –En territorios que no tienen definición, que no tienen palabras.

DAMIÁN. –¿Por ejemplo?

ESTHER. –El amor y el dolor. Ahí hay unos umbrales muy poderosos.

DAMIÁN. –Paul B. expone muy bien lo que está pasando: todo lo normativo legal y político proyectado sobre el cuerpo y la mente, es una sustracción de la subjetividad. A nosotros mismos, por lo general, nos pensamos con lo que hacemos, con lo que nos ganamos la vida y con el reconocimiento de los otros, por ahí van casi todas las energías intelectuales y espirituales que dedicamos a nosotros mismos. Y nos vamos contando nuestra vida en torno a las acciones, a esos hitos que tienen que ver con lo normativo legal; es decir, con la forma en que nos identifican los demás, que también ha pasado a ser la forma en que nosotros nos identificamos a nosotros mismos.

Lo que falta ahí es el término entero de la subjetividad, en el que, entre otras cosas, la intuición es clave. Pero también es clave el hecho de ser un desconocido para ti mismo, es decir, el territorio verdadero de la subjetividad que te roba el Estado es el desconocimiento de ti mismo. Para el Estado eres alguien que tiene que encajar en alguna de las categorías que están establecidas en tu carnet de identidad, en tu trabajo y en todas las leyes y normativas que acompañan a ese tipo de acciones y de sucesos. En cambio, lo que tú eres, es lo desconocido para ti mismo. Pero ese sitio no es nada, no tiene ni palabras. Lo que dice Paul Preciado es que el Estado ha robado esa subjetividad y que la apropiación del cuerpo es la apropiación de esa subjetividad, y ahí está la verdadera explotación de los individuos, en la biopolítica, en cómo se han apoderado de ti en todos los aspectos. Hasta tu propio cuerpo cuando va a un hospital tiene que seguir una serie de pautas. Y de hecho entras en lo normativo nada más atravesar la puerta del hospital.

Por tanto, subjetividad es aquello que somos para nosotros mismos. Y si no tenemos otro relato ni otra identidad que la normativa –legal o política–, es que entonces nos han robado nuestra subjetividad. Eso que él llama yo quiero ser un desconocido para poder vivir, para poder estar de acuerdo conmigo.

¿Qué es la armonía con uno mismo? Poder estar dentro de él, poder sentir qué es, como decía Aristóteles. El Estado trata continuamente de apropiarse de todo, hasta del acto del amor, del sexo y del género, de la vida, de la muerte…. Pero el objeto es robarte la subjetividad, y una vez que te la ha robado ya solamente piensas de forma legal.

ESTHER. –La subjetividad no nos la puede quitar nadie, ni la pareja, ni la familia, ni el trabajo, ni el Estado, ni Hacienda. Y si no la has conservado, estás perdido, porque vas a pensar según las reglas que te han dado y de las que dispones.

DAMIÁN. –Todas las palabras que él deja caer tiene que explicarlas, no podemos estar hablando todo el rato de sexo, de género, de identidad, de pertenencia…. ¿Qué entendéis por identidad?

CHUS. –Él no lo define, se pierde ahí... Pero creo que hay un valor muy grande al ser trans, porque abre posibilidades donde uno puede ver lo que es la identidad. Para empezar, él piensa que la identidad es la desidentidad. Es decir, a mí lo que más me ha interesado son las cosas que él ha escrito que no se referían a su problema de género. Por ejemplo, cuando habla de Cataluña habla de la desidentidad.

ESTHER. –Y de Atenas.

DAMIÁN. –Lo habla como territorios de cruce.

ESTHER. –Yo creo que el hecho de ser trans le da una perspectiva muy poderosa. No me refiero al trans de género, sino a estar en una frontera. De hecho, él se aleja de la frontera muchas veces y eso es uno de sus errores. Me ha encantado el elogio a la fragilidad que tiene que ver con la identidad, esa idea de valentía que tenemos casi todos, ese considerar que tenemos que ser valientes sobre todo cuando hemos estado en fronteras, o cuando ya estamos instalados ahí. En uno de sus artículos más bonitos –escrito precisamente tras recibir la invitación a dar una conferencia sobre lo valiente que ha sido, cuando él habla de todo lo contrario– nos pide que no seamos valientes. Es decir, el no habla de la identidad, pero en cambio marca un camino que es muy interesante para definir lo que es la identidad, que es la desidentidad. La identidad está basada en la subjetividad, pero es frontera porque si no estás en la frontera, si no eres trans, no tienes identidad.

DAMIÁN. –A mí me resulta insuficiente lo que dice de la identidad.

ESTHER. –Es que señala malestares en torno a la identidad, pero no acaba de definirla.

DAMIÁN. –Solo hay dos maneras de entender la identidad, una es la que te dan, que es muy persuasiva porque tiene que ver con el reconocimiento de los otros y con cómo estás entre los otros, en familia, en el trabajo... y más que convencernos, nos pesa. A algunos también les convence. Y otra identidad que es la de Ulises, que se define por a dónde vuelves.

El otro día una compañera de otro grupo de la escuela que tiene que ver con la pertenencia. Y yo le pregunté: ¿a dónde se pertenece?; y me respondió: a los sitios a los que se vuelve. ¿Y a qué sitios se vuelve?, y me respondió: a los sitios que no son sitios. Es decir, a esos sitios a donde volvemos con el pensamiento recurrentemente: mamá, papá…. Para crear identidad tiene que ser un sitio al que vuelves, y eso es subjetivo porque no sabes por qué vuelves, es lo que le pasa a Ulises. Ulises tuvo un viaje horroroso porque no lo hizo con las tretas y las armas que él podía utilizar en el asedio de Troya, sino que utilizó otras que tienen que ver con que se le aparecieran ninfas y diosas y fuera al Hades e hiciera cosas inverosímiles que no tendrían relato.

Preciado dice que los sueños son muy importantes. Y efectivamente, cuando estás en esos sitios, eres tú, por un lado, y por el otro lado eres un otro que tiene una autonomía muy fuerte respecto de tu conciencia.

ESTHER. –Preciado plantea que la identidad no es algo fijo, es algo que se mueve de un lado a otro, que tiene que estar transitando todo el rato.

DAMIÁN. –Es que la identidad es móvil por definición. Lo único que es fijo es la gramática, y en la medida que no hay palabras, esa identidad se convierte en otra cosa. Pero hay que distinguir la identidad subjetiva, donde no puede haber juicio de los otros, de la identidad que está dentro de los otros y que es permanentemente juzgada.

Lo que dice Preciado –siguiendo a Foucault, porque esa es su tesis– es que lo político, entendido como un sistema legal - administrativo ajeno a los ciudadanos, se ha ido apoderando de ese espacio de la persona en los últimos 200 años. Tienes que esforzarte mucho porque si no lo haces tu pensamiento y tus emociones acaban ocupadas por cualquier otra cosa menos por el espacio en el que puedes estar contigo y sentirte ser. Y ser un ser desconocido es muy importante y un aporte de Preciado básico: yo tengo derecho a ser un desconocido para mí mismo y no tengo por qué aguantar las taxonomías que me vienen de fuera. Aceptaré algunos roles, pero no en cuanto a mi identidad, eso es cruel y por ahí entran todas las fuerzas explotadoras

PILAR. –En el tema de la identidad de género, esa identidad inamovible se empieza a construir desde el embarazo. ¿Vas a tener un niño o una niña?, ¿qué nombre le vas a poner?... y es muy difícil salirse de esa construcción.

ESTHER. –Sería bueno poner la comunidad en la frontera. Es decir, la idea de comunidad y de identidad normativa nos dan una idea de comunidad diferente, porque si yo estoy en una comunidad muy pequeña, donde tengo mi propia identidad, ese embarazo no tiene ningún problema. En el planteamiento de Preciado sobre la comunidad que hemos venido reclamando siempre, me parece que esa comunidad desaparece absolutamente. Pero no hace falta irse a Urano... No puede haber comunidad teniendo una identidad subjetiva y volátil, sino movible.

DAMIÁN. –Yo creo la identidad no es volátil ni movible.

ESTHER. –Pretende que esa sea la comunidad, la que no está en lo binario.

IRENE. –Él no habla de eso como comunidad.

DAMIÁN. –Pero subyace en todo lo que hace.

IRENE. –Lo habla como algo individual, de hecho, se va a Urano.

CHUS. –Todos sus esfuerzos son para crear un lenguaje y un modelo fuera de lo binario, que es dificilísimo porque hasta cuerpo y mente es binario.

DAMIÁN. –Todo es una construcción cultural. Decía Lévi Strauss que el sexo es el lugar donde se encuentran la naturaleza y la cultura.

PILAR. –Judith Butler también considera que el sexo es cultura, no solo género.

DAMIÁN. –Es muy difícil escapar de una construcción cultural, hay que pensar que todo lo que nosotros llamamos humano es el encuentro de naturaleza y cultura. Todo es una construcción social. También cuando él dice: en el cruce no hay dogma… ¿Que en el cruce no hay dogma? Es un dogma. El lenguaje se lo come. Gloria Anzaldúa también está en ese sitio, pero lo hace de otra manera.

ESTHER. –Pero Gloria Anzaldúa no tiene amenazas de muerte y este señor, según el prólogo, de Despentes las tiene continuamente.

DAMIÁN. –Esta identificación de que siempre hay una cosa que está muy mal, hetero patriarcal o burguesía, ya no sabes ni lo que es. Igual que cuando dicen que el machismo es el producto de una educación. El hecho es que no están solucionando nada, por ejemplo, la violencia de género cada vez va a peor. Este estilo marxista es muy persuasivo, sobre todo porque es muy fascinante; de pronto, como en el caso de Marx, te muestra una complejidad enorme a través de un microscopio donde ves cómo se comportan cada una de las células, pero el sistema es complejo y es peligroso hablar así.

ESTHER. –Pero no propone ninguna solución, no es como El capital.

DAMIÁN. –El discurso, al ser de tono marxista, implica que si tomamos conciencia de eso que está pasando nos convertiremos en otros.

JESÚS. –Es verdad que tiene un sistema para pensar el mundo que es súper eficaz y maravilloso y abre muchas ventanas, y ese sistema puede ser como el marxismo, como el feminismo o como la frontera de Gloria Anzaldúa. Para mí, ahí hay una diferencia importante, y es que ni el feminismo ni el marxismo ni la frontera de todos los pueblos que están en tránsito, que ahora mismo son el 4% de la humanidad, son elitistas. Este es el primer modelo marxista elitista, porque en realidad no todo el mundo es trans, de hecho, transexual, que es exactamente lo que es Paul B Preciado. Abre muchos caminos, pero los abre desde un lugar muy concreto que es el de una élite. Él quiere cambiar un sistema porque le oprime, pero siempre queremos cambiar sistemas que oprimen. Están las mujeres que son el 50% de la población, o los pobres, que son la mayoría. Una vez que tienes un sistema con el que luchar, la subjetividad se convierte en eso. El marxismo no es una subjetividad, es una lucha política.

PILAR. –Él no hace todo esto para hablar de lo trans, incluso habla de lo hetero. No hay que reducirlo a lo queer ni a lo trans.

JESÚS. –Parte del mismo lugar, un lugar que ahora aplica a lo trans… él lo hace desde ese lugar, igual que yo puedo ser marxista siendo pobre, o feminista siendo mujer. Es verdad que abre muchas ventanas a partir de una particularidad y que con eso se construye una subjetividad súper concreta que yo me pregunto a veces si no es una cárcel para esas personas.

DAMIÁN. –Pero tiene otras formas. Lo que dice Virginie Despentes, es que está aludiendo a un género utópico. Esta mujer introduce todo lo invisible, es como si el sexo, nuestro género, no estuviera en el terreno de lo normativo, sino en el del terreno de lo no visible. Lo de que el sexo y el género no tengan espacio está en el prólogo que le hace Despentes.

ESTHER. –Hay tantas cosas que habría que sacar de la normativa … y ahí lo plantea muy bien.

PILAR. –Acaba siendo dogmático.

CHUS. –A mí no me parece tan dogmático.

ESTHER. –En cualquier artículo de opinión aparece la opinión, que acaba siendo un dogma.

JESÚS. –Su obra es una cárcel para su pensamiento. Puede ser que abra todas las puertas de mi subjetividad y encierre un poquito las suyas, porque entra en ese no-dogma que vuelve a ser un dogma. Sobre todo, para él…

DAMIÁN. –Es peligroso despreciar lo binario. Lo binario, que es tan malo y que ha producido aberraciones, también ha servido para algo. Hemos llegado hasta aquí con algunas deficiencias muy severas y con algunos problemas muy graves, pero ojo con los sistemas que se han elegido para el cuento entre naturaleza y cultura, porque no se han hecho de forma arbitraria. Lo que sí hay que saber es a qué tipo de poder político servían y qué tipo de normas para la vida estaban imponiendo. El género fluido y lo queer surgen en una sociedad determinada que es esta y en una cultura política que es esta. Y quién sabe si las nuevas tecnologías, lo virtual, lo digital… no han empezado a influir, no han sido una construcción cultural que se ha empezado a imponer también sobre la propia naturaleza. O entendemos qué es naturaleza más cultura o vamos a tener problemas. Lo queer surge aquí también, en este sistema binario que ha producido otras cosas.

IRENE. –Queer es una palabra que no existía para nombrar una frontera, un umbral fuera de lo binario… y Preciado dice que el problema está en que ninguno encaja en todas las cajas. Entonces, ¿por qué no vamos a pensar que el problema está en las cajas?

DAMIÁN. –Pero esa crítica surge en una cultura determinada, que es la binaria.

IRENE. –La que ha hecho las cajas. Es que quizás en otra no tiene lugar.

DAMIÁN. –No, en otros lugares te matan directamente. Esta cultura binaria también ha hecho otras cosas. Siempre que pensemos en un sistema de este tipo, hay que pensar qué es lo que ha hecho el sistema, ¿qué es lo binario?, ¿por qué lo hemos aceptado tan fácilmente? Si lo que quieres realmente es cambiar el sistema tienes que saber cómo funciona, no puedes hablar de un sistema en abstracto. Lo binario ha producido cosas, y esas cosas han producido el género fluido, por ejemplo.

PILAR. –El género fluido ha salido a borbotones de la desubicación.

CHUS. –No encaja en las cajas que esta sociedad ha creado.

DAMIÁN. –¿Pero de dónde ha salido el género fluido?

ESTHER. –Es una condición humana, una subjetividad que no encaja en las cajas.

CHUS. –La biología ha creado dos cajas y el ser humano no encaja en ellas.

DAMIÁN. –Porque tenemos medios para poder expresarlo, libros, podemos publicar artículos de periódico… Es posible hablar de lo queer porque hay libros, blogs, cómics… que se publican sobre lo queer. En otra cultura se ha acabado.

PILAR. –Pero en esta cultura aparece lo queer porque ha habido siempre dos cajas y un grupo de gente que se queda en medio, que no tiene definición. Por eso se podría imaginar un lugar en el que ni siquiera tuviera que resurgir lo queer. Solo en pensar que ahora tenga esta gente que reivindicarse un nombre … el libro dice que ninguno estamos metido en ninguna caja, que es todo mentira.

DAMIÁN. –Eso está claro.

PILAR. –Tú ves un perro por la calle y no le puedes asignar un género, ¿vale? Esto lo discutí contigo y me dijiste: es un invento lo de ser hombre y mujer. Y yo te dije, es una clasificación biológica, la ciencia no se discute. En esta sociedad aparece el género fluido, las palabras queer, trans… y todas las clasificaciones, porque estamos enfermos de clasificaciones.

ESTHER. –Ser hembra y ser macho es lo biológico.

IRENE. –En otro lugar –donde se pensara más en imágenes, de forma menos taxonómica, de forma menos algorítmica– no habría surgido el término queer porque no sería necesario.

DAMIÁN. –Pero aquí puede surgir porque no cortan la cabeza a los queer.

PILAR. –Después de haber cortado muchas y haber causado mucho dolor.

DAMIÁN. –Que tú puedas expresar eso, que puedas convencernos, que podamos hablar de ello… es lo que Marx llama contradicciones culturales.

JESÚS. –Yo creo que hay una contradicción grandísima. Lo transexual funciona muy bien, es tan binario creer que uno puede nacer en un cuerpo equivocado, que ha sido una lucha de mucho tiempo.

ESTHER. –Las nuevas teorías se cargan eso.

JESÚS. –Por eso digo que es absolutamente binario. Las nuevas teorías dicen: no hombre no, no hay cuerpos equivocados. Vale, ya está, cerremos.

DAMIÁN. –Ha habido una objeción muy seria a Preciado por el cambio de sexo.

JESÚS. –Le encuentro preso de un sistema para mirar el mundo y con una gramática tan exigente como la que él propone. Desde donde él está, solo hay una cosa que defender: por favor quítenme el sexo del carné de identidad, esto no aporta nada. ¿Pero qué sucede?, que eres siempre él más listo y tienes el pensamiento más original porque tienes una lupa para mirar el mundo desde otro lugar.

DAMIÁN. –Que no sería raro.

JESÚS. –Desde el lugar que él defiende, lo puede hacer sin demasiada acritud.

IRENE. –Pero después de un viajazo, ¿eh?…

JESÚS. –Un viajazo por el binarismo tan absoluto… tiene que estar todo muy mal, ser muy binario y haber perdido para que uno quiera ser lo otro.

CHUS. –Después de tantas clases hablando de viajes y de atravesar el mar, me parece mentira que nos quedemos en tierra, que no lo aceptemos cuando lo traemos a un texto que no tiene nada que ver con los griegos. Nos hemos liado cuando hemos traído esto que es contemporáneo. Estábamos encantados con que la gente cogía barcos y se iba a otros sitios… todo nos parecía bien. Y ahora Preciado nos lo trae aquí ahora y nos parece fatal. Suena reaccionario. A mí la idea de lo trans me parece genial.

DAMIÁN. –Pero su idea no es que tengamos que cambiar todos de sexo, sino que hay un género utópico en el que todos podemos habitar sin necesidad de tener que ser una cosa u otra.

CHUS. –Si en los griegos estamos pensando en el héroe, que es aquel que hace el viaje y luego habita entre dos mundos, ¿no es lo mismo o parecido?, ¿los trans no habitan entre dos mundos? El que tiene que compartir su subjetividad con una identidad…

ESTHER. –Todos habitamos entre dos mundos, como poco.

IRENE. –Hay una historia muy interesante, que es su visión política; obviamente es marxista y es la visión política de lo queer, que es acción y no teoría; y otra, la visión del arte; también ahí hay una historia importantísima en su forma y en lo queer.

PILAR. –Me ha parecido interesante cuando empieza a tomar hormonas y no le reconocen en los aeropuertos. Ahí está más en el umbral, pero en el momento en que decide hacer el cambio, no tanto. No entiendo por qué siente esa necesidad de identificarse legalmente como hombre cuando lo que está haciendo es una especie de auto experimentación con el género a partir de la hormonación y de crearse algo menos binario, pero está eligiendo una opción bastante binaria cuando podía haberse identificado como género fluido o escoger una expresión de género más masculina o femenina. Le veo muy elitista y meramente teórico. El movimiento LGTB empezó con revueltas, pero luego se convirtió en algo teórico para una minoría muy selecta y yo no le veo un futuro más allá de un marco teórico intelectual. Toda esta autoexploración que hace del género la hace porque puede, porque tiene dinero y puede pagarse todo esto.

IRENE. –¿Cuál es el problema? Él puede y lo hace. Ulises también porque era el rey de Ítaca.

ESTHER. –Pero proponerlo como un nuevo sistema no tiene potencial como cambio social. Puede hacerlo el que tiene acceso a esos servicios médicos. Es un sistema muy reducido. 

DAMIÁN. –Hablando de Ulises, se fue primero a Ítaca y después a Troya. Primero regresa a Ítaca porque la echa de menos y después se va a Troya. El cambio de sexo, que es la objeción que le han hecho a Preciado, es que se ha ido a una zona muy binaria de pronto. El viaje sí, pero un poco al revés.

ESTHER. –Él dice en el libro que no es trans, sino que de todas las cajas.

IRENE. –Dice que hay una parte de la identidad que no vamos a poder definir con palabras, que no hay ningún calificativo con la identidad sexual que no venga en el DNI…

IRENE. –El problema viene en el día a día cuando tienes que ir al súper, al aeropuerto…

DAMIÁN. –Tú ya eres trans cuando estás en un cuerpo determinado y sientes otras cosas, según Preciado el sistema binario habitual. ¿Qué necesidad hay de hacer una operación quirúrgica?

ESTHER. –La social. Si aceptas que tienes una subjetividad inclasificable para ti mismo, es mucho más funcional la lógica binaria: yo me identifico con un DNI de mujer o de hombre y lo divido en partes cada vez más pequeñas. Virginie le hace mejor a él. Dice género utópico, escribes desde el cruce, haces querer lo imposible como posible, pero no concreta.

ESTHER. –Parece que él mismo se da miedo, que salta al abismo y vuelve para atrás, y lo dibuja, pero desde arriba. Es un viajazo…

PILAR. –La frontera es su cuerpo. Ha cruzado y ahora está en el otro lado.

IRENE. –También tiene problemas con el sistema binario: le ha producido un problema. Entre eso y que no hay cuerpo equivocado, está en un terreno intermedio. 

PILAR. –Paul B. cree que, desde las instituciones, se puede realizar un cambio… y yo no estoy del todo de acuerdo. Por ejemplo, colabora con varios museos que son instituciones y, aunque puedas generar un cambio a nivel individual, no dejan de ser instituciones que dejan atrás el barrio en el que se inscriben, no les interesa nada. El problema que veo es que genera cambios en un entorno muy concreto y muy pequeño únicamente.

DAMIÁN. –Tenemos todavía que avanzar mucho en la discusión y el diálogo porque no sabemos a dónde vamos, no sabemos quiénes somos…

CHUS. –En su artículo Ciudadanía en la transición se compara con los migrantes. Me parece muy bien esta historia que hace de la frontera, pero hay que escoger el sistema donde tengo que ponerme para poder sobrevivir, que es algo que tiene que hacer todo migrante y todo trans. Escribe libros sobre la teoría queer para trata de salirse de ese sistema hetero patriarcal, pero sobre todo de la norma que implica. Toma una actitud política muy clara. Pero si yo quiero tener la pensión de mi marido o quiero tener menos problemas, tengo que entrar por el aro… cambio mi género, me caso, entro en la familia y en todas estas instituciones porque me resulta cómodo… Pienso que se ha hecho mayor o que no hay otra salida, pero esto es una renuncia a la teoría de que se reconozca el tercer sexo, el quinto…

ESTHER. –Se compara con los migrantes, y es muy fácil compararse cuando él es un privilegiado… A mi empleada de hogar, que es migrante brasileña con carrera, la pago en negro. Ya sé que son fronteras muy parecidas y que en todas te han robado la identidad. Y por supuesto, a él también se la han robado.

DAMIÁN. –Actúa en un sentido metafórico y si metemos literalidad, lo machacamos.

ESTHER. –Lo de que te roben la identidad es terrible. Yo no critico que en un momento determinado tenga que decidirse por un género establecido, porque si no entras dentro del sistema, no puedes vivir.

PILAR. –Donna Haraway, una conocida feminista bióloga, autora de Cyborg Manifesto, de 1985, no quiere distinguir ni entre humanos, ni entre animales, ni entre ciborgs… Está revolucionando las redes sociales y el mundo virtual, porque en ese mundo no haya género. Se imagina cómo vamos a vivir en este siglo, y acierta porque el ciberfeminismo y el ciborg –medio máquina, medio humano–, ya está aquí. Lo escribió en clave de humor, además.

IRENE. –En la sociedad hay una comunidad bastante importante para la que no hay cuerpo equivocado. Ya no son cuatro raros, los raros empiezan a ser los otros.

PILAR. –Ciborg es el smartphone, el smartphone lleva seis años en nuestro país, no me refiero al teléfono móvil. Y todo el mundo lo maneja, hasta la gente mayor maneja y manda mensajes por WhatsApp... y este es un cambio importantísimo. No digo que vaya a producir cambios estructurales ni políticos ni ideológicos…

JESÚS. –Esto en la identidad ya ha pasado. Los motores de recomendación, por ejemplo, antes era para chicas y para chicos, ahora es para según tu consumo con el poder del Big Data. Esto es también importantísimo, la publicidad que se asocia a ti ya no es igual … tus gustos te generan lo que quieres, tu tendencia.

CHUS. –Por eso dicen que puede disolver el género.

DAMIÁN. –Estas cosas no pasan así, para que te funcione una cosa hetero u homo tiene que haber habido unas ventajas sociales, culturales y científicas enormes. Solo cuando este sistema empiece a generar ventajas y beneficios muy altos en el terreno de la subjetividad, el que ha abandonado el Estado, entonces se puede producir un cambio. Un ensayo de Rosa Chacel, Saturnal, cuenta que para que la mujer haya sido explotada, le ha tenido que gustar.

ESTHER. –Lo sabemos todas porque hemos tenido madres.

DAMIÁN. –Lo que dice Rosa Chacel es muy interesante, y lo dice en 1940, hasta ese momento la mujer entraba en el mundo del hombre porque necesitaba herramientas y tal… y hay un momento en el que el hombre entra en el mundo de la mujer, y según ella empieza a interesarse por ese mundo. Al final dice que se están cruzando los géneros. Tiene que haber muchas ventajas y beneficios obtenidos individual o socialmente, para que esto se invierta, si no, es muy difícil que una sociedad cambie, porque lo binario lo tenemos todos dentro.

IRENE. –Y no solo binaria, clasificatoria también. Es necesario que sean blanco y negro… para poder pensar necesitamos clasificarnos.

DAMIÁN. –Ahí es donde está el peligro, es que lo quieren robar todo y ya el último escalón es apropiarse de la subjetividad... Tiene que haber una ventaja muy perceptible para que dejemos de pensar en los términos en los que pensamos.

CHUS. –La ventaja es evidente en el sentido en que la invasión de la parte subjetiva, que es donde está la identidad, es asfixiante, mata la alegría, lo mata todo. También vemos gente que ha perdido su identidad, y esa gente está muerta porque está dentro y ya no hay más salida que buscar tu propia identidad en lo subjetivo.

DAMIÁN. –Son muy peligrosos.

CHUS. –Ocupan mucho, hacen mucho ruido, aplastan…

JESÚS. –En todo lo que se mezcla con los anhelos, deseos, amor, intimidad… entra lo heterosexual, lo homosexual, lo binario… donde se suponía que ibas a encontrar tu subjetividad.

DAMIÁN. –¿Para qué queremos los deseos?, ¿cómo deseamos? La estructura del deseo, cómo se mueve, nos diría mucho acerca de lo que va a pasar.

PILAR. –Os voy a poner un vídeo de Judith Butler sobre la persistencia del cuerpo, ella es, junto con Foucault, la creadora de la teoría queer.

              Judith Butler: La persistencia del cuerpo

DAMIÁN. –¿Tú crees que somos construcciones culturales puras?

PILAR. –Casi puras. El género es cultural. Hay una corriente que piensa que el sexo no está definido en hombre o mujer, sino que es como la lógica difusa.

DAMIÁN. –Que no esté definido biológicamente no quiere decir que no se tengan unas inclinaciones determinadas.

PILAR. –La asignación es cultural, el sexo está más o menos definido. Yo por ejemplo desde que nací tengo pluma y con 11 años me corté el pelo y todo el mundo me decía si era un chico. Sin embargo, mi atracción sexual es la masculina, aunque he tenido atracción sexual con alguna mujer, pero no me considero ni bisexual, ni heterosexual, ni lesbiana, creo que la atracción sexual tiene que ver con otras cosas más allá de la identidad de género.

JESÚS. –El sexo es cultural al 100% porque las personas que nazcan con ese tercer sexo son tantas como los pelirrojos. Ese estudio ya está hecho.

DAMIÁN. –No me refería a los órganos visibles.

CHUS. –El sexo desde el punto de vista biológico es varón o hembra.

DAMIÁN. –Si el sexo es varón y hembra, ¿cuál sería el género?

PILAR. –El sexo que divide en varón y hembra es biológico, pero el género es cultural, es lo que aprendes, lo que te han enseñado desde pequeña.

ESTHER. –Lo que cuestiona este libro es que también el sexo es una invención, como la categoría biológica y el género.

PILAR. –Os leo la propuesta queer, que tiene que ver con Preciado.

Frente a la definición de la hetero-normatividad que encumbra al varón, blanco, heterosexual, burgués en la hegemonía del mundo, subordinado al resto de personas, géneros, seres humanos y no humanos, quizás el pensamiento queer pueda hacernos ver qué otras formas de vivir son posibles, la no-normatividad, el no-binarismo, la asexualidad, la no-asignación sexual, no solo como identidades teórico-políticas, sino como formas de vivir y existir. Si la diferenciación sexual jerarquizada, sustenta al hetero patriarcado, asaltar ese binarismo puede tener un rol importante en las luchas feministas.

La teoría Queer 
La teoría “queer” es una teoría postmoderna, flexible, fluida, líquida que surge a partir de una relectura desde la teoría feminista de autores como Michael Foucault, el filósofo francés 1926-1984, y también es destacable la influencia de una de las referentes en cuanto a la cuestión del lesbofeminismo, Monique Wittig 1935-2003.
La teoría “queer” postula que no solamente el género es una construcción social, sino también cultural. Aquí, sexo se refiere a lo que en la teoría feminista se conocería como sexo biológico, al considerar que no existe un ente físico sexual per se antes del conocimiento mediado por la cultura. 
Como ejemplo de lo que se considera que no se debe hacer a la hora de abordar los casos de personas con variaciones sexuales o de género, el caso del investigador John Money es paradigmático dentro de la teoría “queer”, este doctor utilizó al bebé David Reimer, que había sufrido una circuncisión mal practicada. Su experimento consistió en asignarle una identidad femenina y someterlo a una operación de adecuación de sexo. A continuación, fue criado como una niña. El experimento fracasó y se informó al paciente de lo ocurrido; tras esto, el paciente decidió realizarse una nueva intervención quirúrgica de reasignación de sexo, esta vez una faloplastia: terminó suicidándose con apenas cuarenta años. Su caso ha sido debatido intensamente dentro de la teoría “queer” para demostrar cómo los intentos de acomodar los genitales de una persona a la idea considerada normal de cómo deberían ser conduce a resultados desastrosos. 
Pero sin duda, el mayor referente a nivel internacional que escribe sobre teoría “queer” es la doctora en filosofía Judith Butler. En su libro más popular, “Gender trouble”, 1990, que en castellano se ha traducido como “El género en disputa”, Butler presenta y defiende varios conceptos novedosos como por ejemplo la performatividad de género, que explica cómo se construye el género.
La teoría “queer” surge en EEUU sobre todo a raíz de la crisis de SIDA y a partir de un movimiento de lesbianas, gays, anticapitalistas y transexuales que se oponían a los protocolos médicos. La teoría “queer” propugnaba la disolución de la identidad sexual en una multiplicidad de prácticas y la invención de nuevas sensibilidades y nuevas formas de vida. 
Una parte del activismo homosexual durante los años noventa reaccionó contra las demandas de gays y lesbianas de integración en la sociedad heterosexual dominante, matrimonio, adopción, poder económico, etc. Se trataba de grupos que se consideraban fuera del modelo de homosexualidad capitalista y guapa (dólar rosa) que se estaba difundiendo. Tomaron la palabra “queer” (raro) con la que se les insultaba y el grupo activista se reapropió del término. El movimiento “queer” quiere ser la voz de las personas que han sido invisibilizadas o marginadas incluso dentro del mundo homosexual: las lesbianas, los gays pasivos –hacen suyo el término marica–), las personas trans, los intersexuales y bisexuales.
La teoría “queer” también surge de una crítica al feminismo. En los años ochenta Teresa de Lauretis (1938) llega a la conclusión de que el feminismo funciona como un instrumento de control cuando reduce su sujeto a las mujeres porque la neutralidad del término mujer oculta muchos aspectos de la subjetividad como la raza, la clase, la sexualidad, la edad, etc.
La teoría no comparte la dicotomía hombres opresores y mujeres oprimidas que traza el feminismo tradicional, no considera que el sujeto del feminismo deba ser la mujer y manifiesta incomodidad ante el papel de víctima que, como señala Preciado, el feminismo atribuye a las mujeres.
El feminismo de Judith Butler o Teresa de Lauretis no habla de la mujer blanca, heterosexual, sumisa y de clase media. La teoría “queer” es un feminismo de los monstruos, de las personas excluidas y marginadas. Virginie Despentes (1969) llama a esto el despertar crítico del proletariado del feminismo protagonizado por las prostitutas, las lesbianas, las violadas, los hombres disidentes, los marimachos, las personas transexuales, las mujeres que no son blancas… Hay varios hitos teóricos en la teoría queer. 
Un primer hito es el protagonizado por teóricos como Foucault y Wittig, que señalan que el heterosexual es un régimen de control en la diferencia entre hombre y mujer, que transforma la resistencia a la normalización en patología.
Un segundo hito es la teorización sobre los procesos culturales y de modificación del cuerpo que inciden sobre la normalización de las diferencias entre los géneros. Preciado dice que el género condiciona la manera en la que percibimos las emociones, los deseos y la identidad y nos hace sentir como verdades evidentes del tipo soy mujer, soy homosexual.
Un tercer hito de la teoría “queer” es el cuestionamiento de la existencia de solo dos sexos como unidades biológicas. Esto fue cuestionado por Anne Fausto-Sterling (1944), en su libro “Cuerpos sexuados”: la autora analiza la construcción social de la identidad de género, rechazando la dualidad masculina / femenino.
Un cuarto y un quinto hito son, respectivamente, las reflexiones de la teoría decolonial de Angela Davis (1944), los feminismos negros y chicanos pusieron en cuestión el hecho de que se nombrara la opresión de las mujeres como si ésta fuera igual para todas.
¿Cómo podemos subvertir el sistema sexo-género?
En opinión de Preciado, hay que crear imágenes disidentes que se alejen de la sexualidad y del amor romántico como instrumentos de dominación de un género sobre otro. No hay que negar el sexo, sino subvertirlo.
En este sentido, como forma de identidad sexual disidente, cabe entender la apuesta de Preciado por chutarse testosterona para hacer de ella algo distinto a una mujer. La testosterona aumenta su deseo sexual y su potencia física, pero no la toma por eso, sino para sentir que está transgrediendo los límites de sexo y género impuestos. Camina entre dos estados (hombre y mujer), y alcanza una nueva forma afectiva que no es masculina ni femenina.
Preciado, medio en broma, nos dice que no entiende por qué no hay hoy una masa de mujeres consumiendo testosterona para acceder a la posición hegemónica de poder. Llega a señalar: “quizá las mujeres no quieren el poder y prefieren seguir teniendo excusas para no triunfar, para no ganar dinero, para no tomar decisiones por sí mismas, para no tomar decisiones en los países en los que habitan, para no ser las únicas responsables de su placer sexual, de su mediocridad o de su éxito. Por supuesto, la masculinización hormonal no es el único modo de acceder al poder político, pero es un modo rápido, que genera gran confusión social, un modo de dinamitar para siempre la hegemonía natural de los brazos peludos”.
Y formula una provocadora utopía: “estas bio-mujeres camufladas en cuerpos masculinos serían capaces de engendrar y dar a luz (…). Poder, chicas, orgasmos, adrenalina, lujo, reconocimiento social, éxito, potencia, camaradería, ascenso económico. En un plazo de seis meses, esta es la plusvalía social que procura a una bio-mujer la ingestión de testosterona. Es una plataforma abstracta de producción de poder”. Eso nos conduciría hacia “la especie de los que vienen después de esta esquizosexualidad de ser hetero u homosexual, de ser tío o tía”.
Tal vez la más sugerente de las formas de crear identidades disidentes que plantea Preciado sea la metodología “Drag King”. La idea de la que parte esta técnica es la formulada por Judith Butler en “El género en disputa (Gender Trouble)”, la de que la masculinidad y la feminidad es una performance, una forma de estilo corporal y de teatralización ante las demás personas. 
La masculinidad es un lugar de dominación que permite hacer creer al otro que el poder lo tienes tú, y que tú puedes darle a otro el estatuto de masculinidad que necesita para pertenecer a la clase de los dominantes.
La técnica “Drag King” consiste en modificar la marcha, el habla, sentarse, fumar, la mirada, comer, sonreír, la distancia entre las piernas, la velocidad de los brazos, que son examinadas como signos culturales de la construcción del género. 
Pero además de ello, se realizan narraciones personales que no se basan en expresar cómo los hombres dominan a las mujeres, sino en los episodios de resistencia ante esa dominación.
Preciado denomina a esta metodología “queer análisis” al considerarla una cura psicológica contra los patrones de sumisión femenina. Afirma que, cuando asistía a talleres para la transición y se sentía un hombre, le daba un subidón sexual y una inmensa sensación de poder.
En síntesis, Preciado propone, como estrategia contra el sistema sexo-género, realizar métodos de reprogramación del género y modificar los esquemas de deseo y del placer. Considera que la aplicación colectiva por parte de las mujeres de estos ejercicios podría modificar el orden social. El objetivo último es dejar de hacer aquello que el género promueve, abandonar los espacios de victimización, del cuidado, de la dulzura, la seducción, la disponibilidad y la escucha.
Como hemos dicho antes, Preciado afirma “no tomo testosterona para convertirme en un hombre, ni siquiera para transexualizar mi cuerpo, simplemente para traicionar lo que la sociedad ha querido hacer de mí”.    

Referencias externas

Soy un disidente del sistema sexo-género. Entrevista a Paul B. Preciado por Anna Pérez Pagès. Canal betevé de Youtube. – HD

Judith Butler: La persistencia del cuerpo. Dirigido por Diego Lizarazo Arias, 2017.

Entrevista a Judith Butler. Mónica Rincón. Chile, 2019.

Monique Wittig. Escritora y feminista francesa -Biografía

Monique Witting. - Vídeo corto

John Money. Psicólogo (sexólogo) neozelandés.

Género y Teoría Queer.Conferencia de Teresa de Lauretis. Argentina, 2014.

Teresa de Lauretis. Filósofa y feminista italiana.

Bibliografía

Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce. Paul B. Preciado. 2019.

El chino del dolor (The Painful Chinese). Peter Handke. 1983.

El manifiesto cyborg. Donna Haraway. EEUU, 1983.

El género en disputa (Gender Trouble). Judith Butler. 1990.

Cuerpos sexuados (Sexing the Body). Anne Fausto-Sterling. 2000.

Saturnal. Rosa Chacel. Barcelona, 1972.

El tráfico de mujeres: notas sobre la economía política del sexo. Gayle Rubin, 1975 - Texto

El pensamiento heterosexual. Monique Wittig, 1980

Un semblante. Rosa Chacel por Clara Janés

Estudio de María del Carmen Expósito Montes. Univ. de Jaén, enero 2013.

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