An-17 Todo cambia en la naturaleza, todo cambia en el alma

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento METAMORFOSIS

Vivir es cambiar, y ser hombre o mujer es casi decir metamorfosis. El poeta Ovidio, para iluminar este asunto tan determinante, se sirvió del mito, esa figura e imagen poética tan potente de la antigüedad, esa narración maravillosa situada fuera del tiempo protagonizada por héroes o dioses. Cómo se compone el mito y cuáles son sus características; cómo adquirimos una verdad que no es verificable, pero sí experimental. Revisaremos los mitos de Calisto, Narciso, Faetón, Dafne, Orfeo, Ío y Argos y Perséfone: incidiremos sobre de qué y de quién se enamora Narciso, en qué se transforma Faetón y quién quiere ser, sobre Calisto y la belleza inaccesible, en qué se transforma el amor de Apolo por Dafne, en Orfeo y la búsqueda de sí mismo, la importancia del concepto de ambigüedad en el mito de Ío y Argos, la dualidad y la doblez en el de Perséfone y, finalmente, Eros, esa enorme fuerza transformadora. Insistiremos en que la verdadera transformación es la que opera en uno mismo, que los dioses serían una forma ampliada del yo, la importancia del concepto de ambigüedad en el mito de Ío y Argos, la dualidad y la doblez en el de Perséfone... finalmente, veremos que Eros es la gran fuerza transformadora.

 La metamorfosis de Narciso - Salvador Dalí
La metamorfosis de Narciso - Salvador Dalí

Lectura

Las metamorfosis - Ovidio

Resumen

Las metamorfosis, en griego transformación, es un poema en quince libros que narra la historia del mundo –desde su creación hasta la transformación en estrella del alma de Julio César– que combina mitología e historia. Ovidio terminó este libro en el año 8 d.C.; desde entonces, esta obra literaria considerada como una obra maestra de la literatura latina, es uno de los textos clásicas más leídos durante la Edad Media y el Renacimiento, e inspiró a artistas como Tiziano, Velázquez, Rubens, y continúa ejerciendo una profunda influencia en la cultura occidental.

Entre la épica y la didáctica, Ovidio escribió Las metamorfosis en hexámetros; consta de más de doscientas narraciones, historias, mitos, leyendas, que cuentan los cambios físicos que experimentan las distintas divinidades para conseguir diferentes fines. Si no el mejor, sí es uno de los trabajos sobre mitología más importantes: una joya de la literatura universal. Como fuente de inspiración de poetas, humanistas y artistas de todas las épocas, Las metamorfosis es la creación literaria más fecunda de la antigüedad.

Las Metamorfosis describen lo maravilloso, lo prodigioso y las más increíbles transformaciones en un estilo único y elegante. Su carácter narrativo se enmarca tanto dentro de lo poético como de lo didáctico, y compendia varios géneros literarios: desde el himno y la tragedia, a la elegía amorosa y la poesía pastoril. Por su poesía, sus imágenes y su arte para reflejar las pasiones humanas, esta narración es uno de los mejores clásicos de todas las épocas.

Tras la lectura del importantísimo texto Metamorfosis de Ovidio, cada uno de los participantes ha elegido un mito del libro y explicará por qué fue la elección y con qué se ha quedado.

Calisto

Quinto relato del Libro II de las Metamorfosis de Ovidio
Calisto, hermosa ninfa consagrada a Artemisa, vivía entregada a la caza y a la vida salvaje. Un día, mientras Zeus paseaba por las tierras de Arcadia, se encontró casualmente con ella enamorándose al instante. En un primer momento, Zeus se disfraza de Artemisa para acercarse y Calisto, engañada, le recibe con alegría y le cuenta sus hazañas de caza. Pero Zeus, que ya no resiste más la pasión que le causa su presencia, adopta de nuevo su apariencia verdadera y la besa. Calisto intenta huir, pero acaba por sucumbir a la influencia y deseos del dios, y queda embarazada. Poco tiempo después, Artemisa la invita a bañarse en su compañía y la de otras ninfas, y a pesar de que Calisto intenta por todos los medios evitar desnudarse para el baño, cuando la fin lo hace todas se dan cuenta de embarazo. Artemisa expulsa a Calisto, que se ve obligada a huir y alejarse. Mientras tanto, Hera, la celosa esposa de Zeus, se entera de lo sucedido y de que además Calisto ha dado luz a un niño llamado Arcas. Para vengarse decide acabar con la belleza de Calisto transformándola en una osa muda, privada del habla. Quince años después, cuando Arcas ya es un joven cazador se cruza en el bosque con su madre, que le reconoce, pero él, sin saber quién era, intenta atravesarla con su lanza. Zeus decide intervenir en ese instante enviando un torbellino que arrebata a ambos de la Tierra y los envía al firmamento, en donde se convierten en dos brillantes constelaciones: Osa Mayor y Osa Menor.

DAMIÁN. –¿Qué es un mito?

ANTONIO. –Una imagen.

DAMIÁN. –Mito es la palabra griega para cuento, pero en el caso griego tiene la consideración de algo que no necesariamente tiene que haber ocurrido. Los griegos no distinguen muy bien entre lo que ha pasado y lo que no, no tienen historia.

El mito es la forma con la que, a través de las acciones concretas, llegamos a una verdad abstracta que nunca es verificable, sino de carácter sensible. En el caso de Calisto, tenemos que ver qué es lo que nos están contando sus acciones, pegarnos a ellas y cuestionarlas: cuál es la acción, cómo se encadena con la siguiente, cómo se va moviendo... En este caso la primera pregunta sería: ¿por qué Calisto va con Artemisa?, y también ¿por qué Zeus se enamora de Calisto?

CARLOS. –Zeus se enamora de muchas diosas, es un impulso de poseer la belleza.

DAMIÁN. –¿Y eso qué nos dice?

CARLOS. –Nos dice que Zeus tiene un comportamiento repetitivo: persigue la belleza continuamente, tiene el poder y lo ejerce, es arbitrario, tiene ese impulso y lo sigue.

DAMIÁN. –¿De qué tipo de belleza exactamente se enamora Zeus?

CARLOS. –De la belleza inaccesible casi siempre, la belleza de la pureza, la que no se deja tocar. Zeus trata de seducir, y cuando consigue su meta, hace uso de su poder y amenaza y engaña.

Narciso

Quinto relato del libro III de las Metamorfosis de Ovidio.
Narciso, hijo del dios Cefiso y de la ninfa Liriope, fue advertido por Tiresias –el adivino ciego de la ciudad de Tebas– de que sería muy feliz y viviría muchos años, siempre y cuando nunca mirara su imagen reflejada en ningún sitio. Extremadamente hermoso, Narciso era capaz de enamorar a hombres y mujeres con su sola presencia. Esto le volvió tremendamente vanidoso hasta el punto de que despreciaba a quien se enamorase de él, siendo incapaz de valorar otra belleza que no fuese la suya, incluso la de la naturaleza que le rodeaba. Un día, mientras estaba de caza fue visto por una ninfa llamada Eco, de la que se decía que había poseído la voz más hermosa del mundo hasta que Hera –celosa y temiendo que Zeus se sintiese atraído por ella– la había castigado a no ser capaz de decir más que las últimas palabras escuchadas de la persona con la que hablase. Esto le había provocado una gran timidez y cuando vio a Narciso se enamoró de él, pero dudó en acercarse. Cuando por fin se decidió e intentó abrazarle, Narciso la rechazó y Eco huyó desconsolada. Este acto de crueldad llamó la atención de los dioses y Némesis, diosa de la venganza, decidió castigar al joven. Némesis usó todos sus trucos para conseguir que Narciso se acercase a un arroyo y viese su imagen reflejada, provocando que no pudiese dejar de mirarse a sí mismo ni un solo instante. Puesto que no podía apropiarse materialmente de su propia imagen, Narciso se tira finalmente al agua y muere ahogado, surgiendo de su cuerpo la hermosa flor que lleva su nombre.


DAMIÁN. –¿Quién es Narciso? Para saber quién es Narciso tenemos que tener en cuenta que los protagonistas son seres intermedios puros que conectan la divinidad con lo humano y que forman parte del mundo natural, son seres feéricos. Haciendo una clasificación rápida, diría que están los seres intermedios, los seres naturales, las náyades y ondinas en los ríos, las sílfides en el viento, las dríades en los bosques, los dáimones en el alma humana… y ¿de quién se enamora Narciso?

TODOS. –De sí mismo… De su imagen.

DAMIÁN. –No es lo mismo. Narciso se enamora del eco de su voz y de su imagen reflejada en el agua… Y eso que Narciso ve en el agua ¿es lo mismo que su verdadero reflejo o es algo que se ha distorsionado con la realidad?

El que decide que tal es su imagen es la persona misma. En realidad, Narciso está viendo el ideal de su propia cabeza, que es el verdadero. Solamente podemos compararnos con nuestro ideal, con ese ideal que nosotros mismos nos forjamos. Nos enamoremos de los ideales que crea nuestra cabeza, de esa imagen del espejo deformador.

CARLOS. –Narciso tenía una imagen idealizada de sí mismo, por eso, cuando se ve reflejado y aunque no sabe que es él mismo, considera que esa imagen es digna de su amor.

DAMIÁN. –Sí. Él ha proyectado su ideal y eso es lo que ama. El ideal de la belleza, la pureza, la fuerza… vienen del deber ser, es decir, de fuera. Los ideales son lo que compartimos entre todos y hay muy pocos ideales que sean de uno mismo de principio a fin. El deber ser hay que entenderlo como lo que compartimos para estar juntos.

Faetón

Ultimo relato del Libro I de las Metamorfosis de Ovidio
Hijo de Helios, el Sol, y de la ninfa marina Climene, Faetón es criado por su madre en Egipto. Durante su juventud tiene dudas de su origen, y en un momento determinado decide salir en busca de su padre. Finalmente lo consigue y llega al palacio de Helios, donde es recibido calurosamente. Como prueba de su afecto, Faetón exige a su padre que le permita conducir su cuadriga para recorrer los cielos durante el día. Helios accede, no sin antes advertir a Faetón del peligro que acarrea hacer eso para sí mismo y para el mundo, ya que Helios es el único que sabía dirigir correctamente el tiro de caballos. Pero Faetón, entusiasmado, desoye las advertencias y parte hacia el cielo. Poco después pierde el control y causa un gran trastorno entre las constelaciones: abrasa la tierra, sus campos y ciudades al descender demasiado. Ante semejante desastre, Zeus decide intervenir derribando al auriga con uno de sus rayos. Faetón cae en el río Erídano y se mata… La tristeza de Helios por la muerte del hijo fue tal que dejó a la Tierra en penumbra durante un día entero. Las hermanas de Faetón acudieron a velar al cadáver y, debido al dolor, se transformaron en árboles productores de ámbar.


La caída de Faetón. Van Eyck. 1638. Museo del Prado. Madrid.

DAMIÁN. –¿Qué relación hay entre la metamorfosis y los deseos? Este es un mundo de deseos. Faetón desea saber quién es. La metamorfosis está pensada como una forma de hacer el deseo y dentro del deseo el amor. ¿Los deseos son una necesidad de transformación o los sentimos de forma espontánea?

PILAR. –Creo que los deseos nos llevan al cambio, de un estado a otro, pero en el fondo no tenemos el deseo de transformarnos.

DAMIÁN. –Pero, ¿los deseos están previstos para el cambio o es una fuerza que nos empuja en una dirección para que cambiemos? Las ganas de ser otro es lo que empuja al deseo, ¿no?, ¿qué otra energía puede tener el deseo si no es esa? Ejemplos: yo quiero ser escritor, yo enamorarme, yo tener una familia, yo ser rico, etc. Todo eso es ser otro.

PILAR. –Y ese deseo de Zeus por la belleza, ¿Cómo encaja en esto? ¿Qué otro quiere ser Zeus? DAMIÁN. –Los deseos de Zeus no dan un poco igual porque es un dios. Tengamos en cuenta que la belleza, la pureza, son cualidades que él no parece tener y que, además, y puesto que es un dios, se mueve en un terreno metafórico… como representación de las propias pasiones humanas, pero en realidad se transforma continuamente para conseguir lo que quiere. Su deseo es la transformación y lo dice todo el tiempo. Una vez que entra la fuerza del deseo, entra también la fuerza de la transformación y el dios es siempre nuestro yo ampliado. En el mundo griego es la proyección del individuo sobre el mundo, la proyección de sus deseos que a la vez adquieren autonomía. Cuando proyectamos deseos en las cosas, les damos autonomía y vuelven a nosotros con más fuerza.


Apolo y Dafne

Décimo relato del Libro I de las Metamorfosis de Ovidio, se estructura en tres partes.
En la primera parte, Apolo se mofa de Eros diciéndole, en tono burlón, que, ya que no era más que un niño, no debería jugar con flechas puesto que son armas que solo deberían usar los guerreros… por ejemplo, él mismo… Apolo le dice que debería contentarse con jugar a desencadenar el amor en vez de competir con él.
En la segunda parte, Eros, muy enfadado, dispara dos flechas: una de oro contra Apolo, que le desata un gran amor hacia Dafne desde el mismo momento en que la ve, y otra flecha de plomo para Dafne, que provoca que ella sienta un fuerte rechazo a todos sus pretendientes, especialmente por el propio Apolo.
En la tercera parte, cuando Apolo persigue a Dafne y esta se da cuenta de que los dioses le favorecen, pide ayuda a su padre, Peneo. Y Peneo, para esconderla, la transforma en laurel. Cuando Apolo se aproxima y siente que en el árbol palpita el corazón de Dafne, ya fuera de su alcance, decide que el laurel sea desde entonces su planta consagrada.

Apolo persiguiendo a Dafne. Tintoretto. 1541. Galería Estense, Módena.

DAMIÁN. –Cuando se persigue el amor, ¿en qué se convierte?, ¿en qué se convierte Apolo cuando persigue a Dafne?

ANTONIO. –En un cazador puro y duro.

DAMIÁN. –Cuando decimos que los dioses nos convierten, tenemos que entender que son emanaciones de uno mismo, ¿de acuerdo?

ANTONIO. –Sí, pero, ¿influye en esa emanación el dios que interviene?

DAMIÁN. –Influye cuál es la proyección de la psique. Tenemos que entender que nosotros no creamos a los dioses, proyectamos dioses porque de alguna manera existen aparte de nosotros… igual que las matemáticas existen, aunque también sean proyecciones de nuestra propia mente.

PILAR. –Con respecto a esto, en el mito de Er, Platón dice que la forma en la que queremos reencarnarnos tiene mucho que ver con aquello que no hemos conseguido en la vida anterior, que por lo tanto nos metemos en una rueda inconsciente repitiendo patrones una y otra vez; y aquí, en los mitos de Ovidio, son los dioses los que materializan las metamorfosis y en lo que se transforma cada cual.

DAMIÁN. –Lo que dices es que aquellas cosas que no conseguimos, pero que deseamos, forman parte de nuestro carácter. Si queda en el alma, es porque queda impreso de alguna manera, ¿no?, porque en el ciclo de la vida, lo que no hemos conseguido ya no lo vamos a conseguir. En el ciclo de las almas… no lo sabemos. Pensemos cómo se queda en la mente un deseo no obtenido.

Orfeo

Primer relato del Libro X de las Metamorfosis de Ovidio
Tras un tiempo de felicidad, Eurídice, ninfa y esposa de Orfeo, sufre un intento de rapto por parte de Aristeo. Aunque Eurídice consigue escapar, durante la huida le muerde una víbora y muere. Orfeo se retira a las orillas del rio Estrimón y canta a su amada las canciones más tristes que se puedan concebir. Esta tristeza y este dolor de Orfeo desata la piedad de dioses y ninfas que le recomiendan bajar al inframundo para buscar a su esposa. Orfeo decide hacerlo y, con su música, es capaz hasta de convencer a Caronte para que le permita el paso; lo mismo ocurre con Cerbero, de manera que Orfeo llega a presencia de los mismísimos Hades y Perséfone, dioses ambos que serán convencidos para que le permitan rescatar a Eurídice: acceden, pero con la condición de que Orfeo camine delante de Eurídice sin girarse a mirarla hasta que abandonen por completo el inframundo y los rayos de la luz del día bañado por entero el cuerpo de Eurídice. Orfeo cumple la promesa dada a Hades, a pesar de saber que debe enfrentarse a muchos peligros y monstruos del infierno. Al fin, supera todos los obstáculos, pero, una vez en la superficie, se gira para ver a su amada sin darse cuenta de que ella aún tiene uno de sus pies en la sombra… Orfeo no puede cumplir exactamente y por ello Eurídice se desvanece ante sus ojos.

Orfeo y Eurídice. Pedro Pablo Rubens. 1638. Museo del Prado. Madrid.

IRENE. –En este mito se enfrentan tres fuerzas: música y poesía, amor y muerte. La muerte, que parece que tiene la última palabra, al final es vencida por el amor y la poesía. Orfeo rompe el condicionamiento humano de tener que morir y sale del Hades con vida… y ese poder para entrar y salir del Hades lo consigue a través de la música, cantando al amor. Orfeo no pide nada para sí mismo, pide para Eurídice y baja al Hades para interceder por otro. Baja por amor, y al buscar a Eurídice se busca a sí mismo, porque sin su amor él no es nadie, y se encuentra a sí mismo en el Hades.

DAMIÁN. –Eso es muy griego… uno se transforma en uno mismo y se convierte en uno mismo cuando algo le es concedido o algo le es arrebatado.

IRENE. –En algún momento se dice que el alma de Orfeo se elevó, pero en otros se dice que se convierte en cisne. Ahí es donde veo que uno se reconoce en sus errores y repite una y otra vez lo mismo.

DAMIÁN. –Sí, de todas formas, deseo, Hades, metamorfosis, es todo el mismo juego. Para llegar a morir hay que morir muchas veces y hay que prestar atención a esos procesos.

IRENE. –Sin embargo, como Orfeo no consigue a Eurídice se transforma en la propia muerte, es un héroe que carece de los atributos de los héroes porque no es un guerreo, es lo contrario.

PILAR. –Pero tiene más valor que muchos guerreros.

IRENE. –Pero no cumple el canon para ser un héroe.

PILAR. –Tal vez no en Ovidio, pero en otros autores aparece como un ser que engaña a través de la música. No es tan diáfano, está buscándose a sí mismo y su deseo.

CHUS. –¿Qué relación hay entre la música y el sueño en ese camino de tránsito entre dos mundos?, porque Orfeo entra al Hades no solo por su amor a Eurídice sino también por la música.

DAMIÁN. –Entra con la música porque música viene de musa y todo lo que tiene que ver con musas llega hasta Apolo, que es el dios del límite entre dos mundos, el Hades y el nuestro. Parménides, que baja al Hades, es sacerdote de Apolo. Lo que hace Orfeo no es un sistema para entrar en el Hades.

CHUS. –Los sueños pueden ser un camino de tránsito entre los dos mundos.

DAMIÁN. –Sí, el sueño es el canal de comunicación de los dioses con los hombres.

CHUS. –Pero en Orfeo se unen la música y el sueño.

DAMIÁN. –Orfeo es de los ritos más antiguos. Los Ritos Órficos son del siglo viii a.C., pero toda la mitología es muy anterior. Homero escribió sobre en lo que se convierte el deseo cuando no se cumple.

ESTHER. –Yo creo que el deseo que no se cumple se convierte en muerte, que es lo que le pasa a Orfeo. Porque, ¿cuál es la metamorfosis de Orfeo? En realidad, nadie le convierte en nada.

DAMIÁN. –La transformación de Orfeo es convertirse en sí mismo. Lo normal es morirnos sin saber quiénes somos, por eso, con Orfeo, estamos en lo más alto de la filosofía y de la liturgia griega. Lo máximo a lo que podemos aspirar es a saber quiénes somos: el tan repetido conócete a ti mismo.

Ío y Argos

Duodécimo relato del Libro I de las Metamorfosis de Ovidio
Ío, doncella de la Ciudad de Argos, hija de Ínaco y Melia, era también sacerdotisa de la diosa Hera. Encaprichado con ella, Zeus se le aparece en sueños incitándola a que cediese a sus deseos. Cuando Ío acude a su padre para pedir ayuda, Ínaco consulta al oráculo, que le aconseja expulsarla de su casa para evitar que Zeus, despechado, aniquilase con su rayo a todo su familia. Inicialmente, Ínaco obedece, pero pronto se arrepiente y envía a buscarla, sin que nadie fuese capaz de encontrarla. Mientras la buscan, Ío se había entregado a Zeus, pero fueron descubiertos por Hera.'
Zeus, temeroso de la venganza de Hera y con la esperanza de ocultar a Ío de ella, la convirtió en una ternera blanca. Pero Hera le exigió que se la entregase y la puso bajo vigilancia del gigante de cien ojos Argos Panoptes. Aun así, Zeus no se resignó y envió a Hermes que la rescatase, guiándole y transformado en pájaro, hasta el árbol en el que Argos la tenía atada y vigilada. Hermes consigue dormir al guardián con la música de su flauta, y una vez que el gigante hubo cerrado todos sus ojos, lo mata con una piedra afilada. Para vengarse, Hera ató a los cuernos de la ternera blanca un tábano que la picaba sin cesar y la obligó a recorrer el mundo sin detenerse. Finalmente, Ío recaló en Egipto donde pudo descansar gracias a las caricias de Zeus, que le devolvió su condición de mujer.

El mito de Ío. Bartolomeo di Giovani. 1490. Walters Art Museum. Baltimore.

DAMIÁN. –Este mito está lleno de belleza y crueldad, ¿por qué, creéis? Hay otro igualmente bello y brutal a la vez: el de Medusa y Perseo. Son mitos inquietantes… es como si la belleza no redimiera de nada.

PILAR. –Está en la propia naturaleza, que es cruel y bella a la vez.

DAMIÁN. –En el mito ambas cosas están juntas, es el mismo acto que adquiere dos rostros muy diferentes. Es como si nos quisiera decir que todos los actos, los bellos y los horribles, van a tener siempre dos rostros. Es la ambigüedad de todo acto humano, de ella siempre están hablando los griegos. Insisto en que el mito siempre nos da las dos cosas: horror y belleza. Y lo inquietante es que ellos dicen que no pueden estar la una sin el otro: donde hay belleza, la crueldad está servida. Más inquietante todavía es que la crueldad tenga un fondo de belleza. Es algo que nos hace girar el pensamiento para que aceptemos el curso de la vida, que es básicamente ambiguo.

PILAR. –Estamos expuestos a nuestros deseos y a los deseos de los demás. A veces creemos que cumplir un deseo va a ser lo mejor y resulta un horror, y al revés, que un deseo no se cumpla puede ser lo mejor.

Pigmalión

Octavo relato del Libro X de la Metamorfosis de Ovidio
Pigmalión, rey de Chipre, buscó durante mucho tiempo a una mujer con la que casarse. La condición era que fuese perfecta, pero al no conseguirlo decidió abandonar la búsqueda y dedicar su vida a crear esculturas de mujer para superar el sentimiento de ausencia. Una de esas estatuas era tan bella que le puso de nombre Galatea y llegó a enamorarse de ella. Mediante la intervención de Afrodita, Pigmalión creyó que Galatea cobraba vida. Pero era un sueño, y al despertar, tan grande continuaba siendo la intensidad del deseo, que Afrodita se apiadó de él y convirtió la escultura de Galatea en una mujer viva.

Pigmalión y Galatea. Jean-Léon Gerôme. 1890. Museo Metropolitano de Nueva York.

DAMIÁN. –¿Creéis que Pigmalión se parece un poco al mito de Narciso?

PILAR. –No es igual, porque Narciso construía un ideal que le proporcionaba la felicidad, aunque no fuese consciente de que su reflejo era su ideal.

DAMIÁN. –Tiene muchos paralelismos con Narciso, son mitos muy intertextuales que se van cruzando y van mandando mensajes unos a otros.

Perséfone

Séptimo relato del libro V de las Metamorfosis de Ovidio
Mientras recoge flores en el campo, Perséfone, Hija de Deméter y Zeus, es raptada por Hades y llevada al inframundo. Su madre, desesperada, abandona sus labores de diosa de los campos y la Tierra se marchita. Cuando por fin averigua el destino de su hija, Deméter pide ayuda a Zeus, que intenta convencer a Hades para que la deje volver. Hades finge acceder, pero, antes permitir el regreso de Perséfone, le da de comer seis semillas de granada –que representaban la fidelidad dentro del matrimonio–. El mito termina con que Zeus se ve obligado a aceptar que durante seis meses al año Perséfone permanezca junto a Hades y los otros seis regrese al mundo de los vivos, en los que Deméter puebla la Tierra de flores y auspicia las cosechas.

El rapto de Proserpina. Juan Bautista Martínez del Mazo (copia de Rubens). 1601. Museo del Prado. Madrid.

DAMIÁN. –Has llegado a una conclusión de dualidad.

IRENE. –Sí, he visto el cambio de que hay seres no complejos que pasan a ser muy complejos. Hades significa literalmente el que no ve, pero las flechas de Eros le permiten ver más allá y enfrentarse con el deseo y la belleza, como cuando ve a Perséfone, que pasa a ser la señora y reina del Hades.

DAMIÁN. –Entonces, Eros es la gran fuerza transformadora.

IRENE. –Sin duda lo es.

Referencias externas

Prometeo trayendo el fuego. Jan Cossiers (colaborador del estudio de Rubens), 1636. Museo del Prado, Madrid.

Apolo y la serpiente pitón. Cornelis de Bos, 1636. Museo del Prado, Madrid (no expuesto).

Mercurio y Argos. Diego de Velázquez y Silva, 1659. Museo del Prado, Madrid.

Andrómeda y el dragón. Luca Giordano, 1688. Museo del Prado. Madrid.

El rapto de Europa. Tiziano, 1562. Museo Isabella Stewart Gardner. Boston. EEUU.

El rapto de Europa (copia de Tiziano). Pedro Pablo Rubens, 1629. Museo del Prado. Madrid

Perseo con la cabeza de Medusa. Benvenuto Cellini, 1554. Piazza della Signoria. Florencia. Italia.

Detalle de la cabeza de Medusa.

Detalle de la cabeza de Perseo

Detalle de la base de la escultura

La metamorfosis de Narciso. Salvador Dalí, 1937. Tate Modern. Londres.

Narciso. Jan Cossiers (ayudante de Rubens), 1638. Museo del Prado. Madrid.

Metamorfosis para 23 cuerdas. Richard Strauss, 12 abril 1945. Orquesta de Cámara de Noruega.

La metamorfosis de Franz Kafka. Dirigida por Valeri Fokin, 2002. Moscú. Rusia.

Narciso Caravaggio

Narciso John William Waterhouse

Eco y Narciso

La caída de Faetón. Van Eyck. 1638. Museo del Prado. Madrid.

Apolo persiguiendo a Dafne. Tintoretto. 1541. Galería Estense, Módena.

Orfeo y Eurídice. Pedro Pablo Rubens. 1638. Museo del Prado. Madrid.

El mito de Ío. Bartolomeo di Giovani. 1490. Walters Art Museum. Baltimore.

Pigmalión y Galatea. Jean-Léon Gerôme. 1890. Museo Metropolitano de Nueva York.

El rapto de Proserpina. Juan Bautista Martínez del Mazo (copia de Rubens). 1601. Museo del Prado. Madrid.

Bibliografía

Las metamorfosis – Texto de lectura libre. Biblioteca virtual Miguel de Cervantes

Las metamorfosis, Ovidio – Texto completo. Traducción Ana Pérez Vega. Prof. Dpto. Filología Griega y Latina. Universidad de Sevilla. Donación de la autora. Sevilla, 2008.
La metamorfosis. Franz Kafka, 1915. Texto gratuito. Ciudad Seva.

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