An-16 Dioses humanos y humanos como dioses. Seres superiores y seres intermedios

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento METAMORFOSIS

Con la lectura de la Ilíada aprendemos que los dioses son la forma en que se metamorfosea el desbordamiento humano, que los griegos están en un sistema en el que colocan fuera todo lo que les desborda y que un griego nunca aceptaría que las cosas que ha hecho bajo ese desbordamiento le hacen responsable a él, por eso se suele decir que, la griega, no es una cultura de la culpa. A lo largo de este diálogo descubriremos la relación del hombre con los dioses, qué significan los dioses en la vida del griego homérico, cómo se forma el individuo que se describe a través del sentimiento de cólera y cómo se crea a través del carácter (ethos). Intentaremos también hallar la diferencia entre deseos y apetitos, tanto en los hombres de La Ilíada como en los dioses, y dónde aparecen los sentimientos de culpa, dolor, consuelo... así mismo veremos cuál es el papel de la muerte en el griego homérico y haremos un viaje por el sentimiento religioso hasta las profundidades del destino del Hombre.

Héctor y Andrómaca - Giorgo de Chirico

Lectura

La Ilíada - Homero

Resumen

La Ilíada es una epopeya griega –compuesta en hexámetros dactílicos– de 15.693 versos divididos en 24 cantos o rapsodias. Este texto no nos cuenta la Guerra de Troya, sino uno de sus episodios, en concreto el ocurrido hacia el final de la contienda: La cólera de Aquiles. Es, por tanto, la ira –y la vanidad herida de Aquiles– lo que impulsa la historia. No es gratuito que la obra comience con la frase Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles. La Ilíada narra los acontecimientos ocurridos durante unos cincuenta días en el décimo y último año de la Guerra de Troya. El título deriva del nombre griego de Troya, Ιlión.

Tanto la Ilíada como la Odisea han sido consideradas por los griegos de la época clásica y por las generaciones posteriores como las composiciones más importantes en la literatura de la Antigua Grecia, siendo lo más importante que ambas obras eran fundamentos de la pedagogía griega: a los niños se les enseñaba lo que eran la gloria, el honor, el deseo de regreso y el respeto a los héroes y los dioses.

DAMIÁN. –Hemos leído La Ilíada para sentir cómo los griegos entendían la muerte, el dolor y el consuelo. Si os parece, empezaremos hablando sobre dioses y hombres y qué sentido tiene la cólera en este texto.

ESTHER. –En La Ilíada hay dos planos muy marcados que se entrecruzan y sin los cuales no se entendería: las guerras de los hombres y las guerras de los dioses. ¿Qué es lo que diferencia al dios del hombre? la inmortalidad y el poder. En todo lo demás se parecen mucho, en sus pasiones y deseos.

DAMIÁN. –Pero los dioses pueden morir a manos de otro dios, por ejemplo, Zeus mata a su padre.

ESTHER. –Sí, pero los dioses tienen sus atributos y no son perfectos ni modélicos, hacen alianzas, se pelean entre ellos intentando demostrar quién es más poderoso… Se mueven básicamente en dos planos, el deseo y el poder, son bastante inmutables y están muy definidos, mientras que los hombres se mueven mucho más en el mundo del deber ser, tienen un recorrido mayor que se explica a través de la intervención de los dioses. Es una epopeya llena de individualidades, todos tiene un epíteto que permite individualizarlos.

DAMIÁN. –¿A qué llamamos individuo? El gran aporte de La Ilíada en la historia de la literatura es que hay una épica individual, no es una epopeya. ¿Cómo se detecta en la vida, cómo se sabe que alguien es individual, singular?

ESTHER. –A través de sus conflictos y sus dramas, de sus luchas particulares, de sus nombres.

NURIA. –Porque ese alguien se distingue entre la multitud, tiene voluntad propia.

DAMIÁN. –Lo que es singular en el Individuo es el carácter: el ethos. El carácter es un principio de individuación en La Ilíada. Además de este principio fundamental, hay otro que es la cólera. El individuo toma relieve, llama la atención ante los demás cuando se desborda, como los niños, que lloran, gritan y patalean para que los mires.

La cólera, como principio de desbordamiento, es muy importante en La Ilíada. La cólera, o la ira, es sobre lo que se basa la construcción de un individuo al que no hay forma de catalogar. Un individuo encolerizado no responde a nada, es el principio de individuación por excelencia y es algo que desde niño construye el carácter: aprendiendo a contenerla, a desviarla o a utilizarla en determinados casos. La Ilíada se acaba cuando se acaba la cólera de Aquiles.

IRENE. –Entonces el carácter se construye cuando hay desbordamiento emocional.

DAMIÁN. –Sí, eso es. ¿Cómo educan Tetis y Minerva a Aquiles?, ¿qué le dicen? Le dicen: contente. Sobre eso construimos el carácter, es lo que nos lleva a pensar que la cólera es necesaria y que el desbordamiento también lo es porque si no es así el carácter se establece sobre una contención ya aceptada por alguien servil que no es individuo.

NURIA. –Yo veo que la individuación de Aquiles se completa cuando acaba la cólera y que construye su ethos cuando llega a la contención, cuando entiende la tristeza de Príamo como él la sintió por la pérdida de Patroclo.

DAMIÁN. –Ahí se construye el carácter, pero no la individuación.

NURIA. –Entonces, si no hay desbordamiento ¿toda la vida sería infancia?

DAMIÁN. –El ethos de Aquiles se ha construido sobre la cólera, sobre la pura rabia y el odio contra todo… no le importan aquellos a los que mata, es amoral. Para construir el carácter, uno debe controlar las partes de su desbordamiento, y si no es así, no hay carácter que valga: sin carácter uno es solamente un siervo.

Un principio de individuación, y no de carácter, es que uno se vea a sí mismo desbordado; otro, el enamoramiento apasionado, la ambición desmedida… es decir, cuando no podemos controlar esos impulsos de ninguna manera. Es también el principio de las religiones. Tenemos que sentir en nuestras vidas la experiencia de algo que nos desborde. Es imposible que alguien construya un carácter si no ha tenido esta experiencia: obedecerá siempre las leyes y respetará cualquier norma... Eso no es carácter. es la propia vida la que debe darte la oportunidad de experimentar el sentimiento de estar fuera de ti con todo su significado.

IRENE. –Pero no puedes estar fuera de ti de manera sostenida… por ejemplo, cuando te enfadas con alguien que quieres.

DAMIÁN. –Eso es una emoción, no un principio de individuación. Se puede sostener ese desbordamiento durante años, como suele suceder en la adolescencia, hasta que se va conteniendo –modulado por la familia, los afectos y el principio de placer que señalaba Freud–, hasta alcanzar cierto equilibrio. Pero no basta con desbordarse, hay que tener conciencia del desbordamiento como Aquiles en la Ilíada, inmerso en una comunidad que le muestra que se está desbordando. Tienen que existir esas referencias para que el principio de individuación sea consistente.

ESTHER. –El desbordamiento de Aquiles está todo el tiempo presente en La Ilíada, un texto en el que además hay mucho deber ser hacia los antepasados, el linaje, la comunidad. Durante la cólera de Aquiles se desordena el mundo y se vuelve a ordenar… Las cosas se redefinen.

DAMIÁN. –Pero lo importante es que el individuo tiene que aguantar, como hace Aquiles, persistiendo y aguantando frente al hundimiento de su mundo. La mayoría de la gente pliega velas en el momento en el que ve desorden, pero Aquiles navega y profundiza en él, y llega hasta el final.

ESTHER. –Hay algo que me desconcierta y es su condición de semidiós.

DAMIÁN. –El hijo de un mortal y de un dios no es un semidiós, es un héroe. Se es un semidiós, digamos, cuando ya se accede a la inmortalidad.

ESTHER. –Hay mucho diálogo entre los dioses y los hombres, aunque Zeus siempre tenga la última palabra. En un momento dado se dice que el hombre es el ser más infeliz de la creación, pero yo creo que es al revés. El ser más infeliz es el dios, porque los dioses solo tienen deseos, mientras que el hombre tiene la posibilidad de la felicidad y de ser infeliz, pudiendo enfrentarse a la muerte y al sufrimiento de una forma mucho más sólida, al ser capaz de valorar esa felicidad cuando la tiene. En La Ilíada hay pasajes de felicidad, pero es un fenómeno humano, nunca divino.

Otro elemento muy llamativo es la importancia que tiene el engaño para los dioses: hacia los hombres y entre ellos. El engaño no es una característica importante en la realidad de los hombres, como se ve en las argucias de Patroclo cuando se hace pasar por Aquiles y es descubierto por los dioses…

DAMIÁN. –En La Ilíada no podemos pensar en los dioses como pensamos el Dios cristiano. Aquí la experiencia de los dioses hay que verla en cada contexto. No son dioses omniscientes, sino muy entrecruzados con el destino humano, hasta el punto de que es difícil distinguirlos.

ESTHER. –Sí, sí. Los dioses tienen entre ellos una relación de afirmación y cada uno ocupa su parcela dentro del Olimpo, pero no hay ninguno que sea omnipotente. Hasta Zeus tiene que buscar el equilibrio con el resto de los dioses, es más. puede con ellos de dos en dos, pero cuando son varios tiene que tener cuidado…

DAMIÁN. –Depende de qué esfera divina se trate. Son tres hermanos y los tres muy poderosos: Zeus, Poseidón y Hefestos, y se han repartido el mundo. Reina Zeus, pero reina entre iguales, ¿lo veis? De hecho, Hefestos tiene el poder, como Hades, de liberar a los titanes y desencadenar otra vez la guerra. La amenaza latente en el mundo de los dioses griegos es que vuelvan los titanes y que vuelva el orden de la naturaleza que vulneró Zeus para imponer un cierto orden civil.

CHUS. –Otra de las cosas que mueve a los dioses son los deseos y el hecho de satisfacerlos, lo que les motiva a mezclarse con los hombres.

DAMIÁN. –Quizás aquí debamos preguntarnos si son deseos o quizá apetitos ¿Los deseos están hechos para que se satisfagan?, porque en La Ilíada los apetitos sí se satisfacen. ¿De qué deseos está hablando la Ilíada?

IRENE. –Hay un gran deseo de venganza por parte de Hera y    Atenea, pero este es negativo. Como deseo positivo no veo que haya tantos.

DAMIÁN. –¿Qué habéis visto los demás?

CHUS. –En los hombres he visto el deseo de alcanzar la gloria.

NURIA. –Yo creo que los dioses necesitan el teatro de la batalla de los hombres mientras ellos dirimen la suya, hasta que Zeus decide dejarlos en paz para ver hasta dónde llegan. Hasta ese momento los hombres han sido el instrumento de su batalla particular.

DAMIÁN. –Es verdad, pero pregunto por los deseos: ¿qué deseos hay en los hombres? Porque si no los hay, quizá nos estarían diciendo que los deseos hay que tenerlos, pero no hay por qué cumplirlos. De hecho, en La Ilíada nadie cumple su deseo. Es un teatro humano donde por un lado está la cólera, por otro está todo lo divino y por otro están los deseos, que dan mucha energía, pero no llegan a ninguna parte.

Para entender mejor a los griegos hay que considerar que la pasión los posee a ellos, pero el deseo todavía lo tienen ellos, es suyo. Lo pueden explicar: quiero conquistar Troya, quiero ser el más memorable de los mortales, quiero ser el más valiente en la batalla… Pero ese deseo no parece tener una estructura que permita ser cumplido, sino más bien una forma de organizar la energía. La pregunta sería: ¿en nuestra vida, los deseos tienen esa función o están destinados a su cumplimiento?

IRENE. –Cuando un deseo se cumple pierde su razón de ser, y en La Ilíada ese deseo que les mueve es precisamente el de enfrentarse a la muerte de una manera triunfal para ser héroes, alcanzar la inmortalidad y convertirse en dioses.

DAMIÁN. –Hay un intercambio entre deseo y muerte, no entre deseo y satisfacción.

IRENE. –Sí, ese deseo les aboca a la muerte y les convierte en superhombres; en algunos casos, incluso, les hace superiores a los dioses.

DAMIÁN. –Entonces, es un deseo que les permite transitar por la vida.

IRENE. –Es lo que da sentido a la vida.

DAMIÁN. –Así es, pero no es algo que necesite cumplirse porque no se cumple nunca ¿Quién cumple algún deseo en La Ilíada?

CHUS. –Ulises.

DAMIÁN. –El deseo de Ulises es regresar a casa, pero no se cumple en La Ilíada. Tenemos que distinguir entre pasiones y deseo.

Las pasiones nos poseen y los deseos son la forma de organizar la energía, no nuestras satisfacciones. Por ejemplo, el conocimiento tiene estructura de deseo.

Por otro lado, y separados de estos dos, estarían los apetitos, que sí exigen satisfacción. Estas diferencias tan importantes deberían distinguirse no solamente a lo largo de la vida de los héroes homéricos sino de las nuestras, y teniendo en cuenta que cuando un apetito se convierte en pasión acaba en catástrofe. En La Ilíada está muy bien organizada la energía de los personajes, pero ninguna llega a término y todo es una mezcla de deseos, pasiones y apetitos. El deseo de un héroe griego es ser inmortal en la memoria de los hombres y el intercambio con la muerte es lo propio de ese deseo, porque si el héroe lo consigue está muerto. Por ejemplo, Néstor está considerado el más sabio por que ha visto la muerte, la propia desaparición… aquí hay un vínculo entre sabiduría por la experiencia y conocimiento de la muerte, y a su vez una paradoja propia de todo el escenario homérico: se desean cosas que solo la muerte puede conceder.

DAMIÁN. –Heráclito lo dejó bien claro: nuestro carácter es nuestro destino. No es que haya un destino escrito en algún sitio…

ESTHER. –Entonces los dioses no determinan el destino, sino que son instrumentos para su cumplimiento.

DAMIÁN. –Sí, y es ahí cuando los dioses empiezan a tener otro papel, pongamos por caso cuando Minerva se le aparece a Aquiles y le dice sofrosine, contente.

ESTHER. –Otro tema importante es cómo se relacionan los hombres con los dioses. El dios baja a la esfera humana, se inmiscuye, actúa, sugiere, toma forma humana, habla en sueños… sin embargo, para ascender a la esfera divina el hombre está más limitado, está expuesto a la actuación de los dioses y solo le queda confiar en hacer bien las cosas, en seguir el rito, en orar y hacer hecatombes… sabiendo que siempre está expuesto al arbitrio de los dioses haga lo que haga.

DAMIÁN. –Si los dioses son instrumentos para cumplir el destino, hay muy pocas cosas en sus manos. El griego homérico de verdad pensaba que los dioses eran imperfectos porque hay algo que él puede hacer y los dioses no: morir. Desde su punto de vista, la memoria de lo que eras y el recuerdo tus hazañas lo es todo, y eso los dioses no lo tienen; es una idea anclada en la forma de pensar, y de ver la vida y la muerte como una continuidad absoluta.

ESTHER. –La contradicción que planteas no lo es tanto si el griego es religioso y tiene que respetar a los dioses; salvo que se rebele conscientemente, tiene que intentar estar a bien con ellos.

DAMIÁN. –Para entender el texto es necesario determinar qué son los dioses para los griegos homéricos. Si pensáis que están en un plano distinto, que no pueden saber si existen o no, o qué tipo de alma les corresponde a los hombres y a los dioses, porque yo creo que estamos muy contaminados por la idea de concebir a los dioses como una esencia que está más allá de nosotros.

IRENE. –Piensan que existen y que son parte de su vida. No podrían explicar su vida sin ellos.

DAMIÁN. –Pero, ¿qué es un dios para un griego?

CHUS. –Ves la muerte en los demás y el sentimiento religioso aparece por el miedo a la muerte.

DAMIÁN. –Pero si veo morir a alguien puedo dejar de creer en Dios, ¿no?

ESTHER. –Yo creo que es el no entender por qué estamos aquí, y sentir que es por algo, o pensarlo.

DAMIÁN. –Las cosas más grandes que nosotros son las que salen de nuestro cuerpo y que no controlamos: la pasión, los sueños, la cólera, la risa, el llanto... Fijaos que la única diferencia clara entre la especie humana y el resto de los animales son dos gestos de desbordamiento: la risa y el llanto. Los únicos animales que ríen y lloran son los humanos, y las dos son experiencias de desbordamiento.

El hombre antiguo percibe que esas experiencias se salen del orden legal que él se ha dado para sí mismo, o para la sociedad en la que vive, y que la rebasan claramente. Ante eso solo puede hacer dos cosas, interpretarlas, que no puede porque son un misterio, o invocar las fuerzas divinas que están interviniendo. Necesariamente están fuera de él porque no pueden ser suyas. Así, el hombre antiguo empieza a construir todo un sistema de fuerzas, de sentimientos, de deseos, de contradicciones… pero no para aclarar el misterio, ni para crearse normas. Por eso estamos ante una religión no dogmática sino ante algo para poder hacerse una imagen de lo que le desborda, de algo que es más fuerte que él y de lo que tiene una experiencia directa. Sin embargo, nosotros, lo hemos racionalizado todo, creemos saberlo todo de nuestros desbordamientos y qué lugar que ocupan.

NURIA. –Hay otros elementos que implican también ese desbordamiento, que es la explicación del mundo… ¿por qué hay una tormenta, una sequía, por qué el sol sale todos los días?

DAMIÁN. –Para todo eso hay explicación, pero ese no es el mundo homérico. En el mundo de Homero se tocan las pasiones, los sueños, los deseos…

NURIA. –Yo creo que el hombre se enfrenta al misterio de la generación de la vida, y como hombres y mujeres nos lo planteamos porque somos capaces de generar imágenes…

DAMIÁN. –Esa es otra escuela, la escuela que explica la religión en los términos basados en una discontinuidad y parte de unos supuestos discutibles: que el hombre percibe una discontinuidad en la muerte entre él y todo lo demás porque percibe que él es el único capaz de pensar en su propia muerte. Esta es una explicación fenomenológica de la religión, es decir, como ocurre esto, hay que darle una respuesta.

Yo estoy hablando de un periodo mucho más elemental y transparente… se trata del proceso griego, mediante el que todo sentimiento de desbordamiento es elevado a la materia del universo o de una imagen del universo que tiene que estar presente y que tiene que influir.

En este sentido la llegada de la peste o de la enfermedad es lo primero que se identifica como llegado de un lugar externo. Hasta que no aparece el microbio casi ninguna cultura identifica la enfermedad como algo interno. Esto cambió mucho la vida: pensar que llevas la enfermedad dentro puede dar pánico. Sin embargo, en La Ilíada, el principio de peste que aparece entre las naves aqueas es inmediatamente adjudicado al dios. Son cosas que sobrepasan la capacidad de entender, que apuntan a un misterio.

Para seguir con el concepto de sentimiento religioso es muy importante que distingamos entre secreto y misterio. El secreto es algo que no sabes, pero que puedes llegar a saber. Por ejemplo, ¿por qué se desencadena una tormenta? Si fue un misterio, probablemente estuvo dentro de las cosas que podían ser secreto. Sin embargo, hay otras cosas que apuntan al misterio. Uno no puede concebir como se originó el universo, cuando terminará y qué quedará después. Todas las cosas que apuntan a un misterio son las que van directamente al núcleo del sentimiento religioso. La otra visión es una descripción más o menos fenomenológica de lo que pudo haber pasado y cómo se pudo ir construyendo. Pero la base era un sentimiento muy fundamental de que hay algo que desborda la propia vida. Ese sentimiento –para que sea sentimiento religioso y no creencia– tiene que haber sido sentido como la propia palabra dice.

Ante la falta de sentimiento religioso y como sustituto puede aparecer la religión dogmática, la que dice lo que tienes que creer o qué misterios son insondables. Y aunque la humanidad ha dado diferentes respuestas a lo largo de la historia, cuando sueñas no te preguntas sobre el significado del sueño, sino por qué sueñas.

La memoria y el sueño son lo que traen el religare y nos convierten en seres religiosos. Por eso en La Ilíada hay tantos adivinos e intérpretes de sueños, porque estos dos elementos son la arquitectura de lo religioso.

ESTHER. –Lo curioso es que siendo unos dioses tan pasionales…

DAMIÁN. –Desbordados como los hombres…

ESTHER. –Pero están en equilibrio, hay cierto orden en ellos…

DAMIÁN. –También hay un equilibrio en el mundo humano, pero en todo desbordamiento aparece un dios. En La Ilíada todos los desbordamientos de los hombres aparecen representados y simbolizados por una fuerza divina.

IRENE. –La intuición se puede incluir aquí, ¿no?

DAMIÁN. –Por supuesto que sí, siempre que aparece el desbordamiento, aparecen los dioses contemplando, interviniendo, opinando… y si quitamos eso, no hay ningún plano divino. Todo se puede explicar en el plano humano y después transportarlo a la representación, porque para un griego representación y símbolo es lo mismo. En el momento en que algo se representa y permanece en la memoria, se convierte en verdadero; por eso se escribe La Ilíada, porque ya es una imagen perdurable y el griego lo considera como verdad.

CHUS. –Se trata la muerte desde varias perspectivas. En los hombres, en los dioses y en la propia Helena, como causa de todo…

DAMIÁN. –¿Por qué?

CHUS. –Porque los atributos femeninos de Helena, que conducen a Paris a sentir pasión y secuestrarla, acaban siendo un vehículo de muerte y desgracia… es una figura más de Afrodita que de Eros vinculada a las muertes que vienen después.  Dentro de los hombres, para cada uno la muerte tiene un significado; para Aquiles uno y para Héctor otro, por ejemplo. No temen la muerte, es algo natural, un designio de los dioses que incluso alguno hasta ve con un cierto placer, siempre y cuando se muera en la batalla y eso le reporte gloria y memoria futuras.

Es muy simbólico que cojan el escudo o la espada de algunos como objeto de recuerdo y a otros se les deje en el campo de batalla para que se los coman las alimañas. Cuando la muerte se lleva a los más valerosos guerreros, da más honor al pueblo al que perteneció y ese pueblo será recordado como un pueblo glorioso. La muerte va completamente unida al concepto de honor de una manera genérica.

Por otra parte, analizando las muertes individuales, en la de Patroclo no se ve nada que lo haga especial. Parece que solo sirve para que Aquiles se implique en la batalla y cambie el rumbo de la guerra. En cambio, tiene sentido para otros personajes. Por un lado, está Ulises, para quién la muerte sería un incordio; él mismo dice que no le importa nada renunciar a la muerte gloriosa con tal de marcharse a su casa, que eso es lo que quiere. Para Héctor, sin embargo, es lo que le permite llegar al cumplimiento de su deber como defensor de Troya…

DAMIÁN. –Héctor es el menos individuo de todos… sin embargo, para nosotros es muy reconocible.

CHUS. –Quizá porque le vemos menos apasionado y más racional: no crítica, no juzga a Paris, simplemente defiende lo que su hermano ha hecho porque ese es su deber como hijo del rey.

DAMIÁN. –No se puede defender a la familia y destruir la polis, que es lo que pasa en La Ilíada. La polis quiere que el honor y la pasión puedan llevarse por delante pueblos enteros: uno pertenece primero a la polis y después a su familia. Por eso es tan difícil de entender. Cuando uno se acerca por primera vez a La Ilíada trata de entender cómo es posible que esa historia haya desatado una guerra… de ahí lo familiar que nos resulta Héctor y que choca con el soldado puro que es. Él quiere otra cosa, pero acepta su responsabilidad. Por otro lado, está la actitud totalmente distinta de Aquiles: él es un individuo puro.

CHUS. –Es decir, para Ulises la muerte es algo que no quiere y para Héctor es la polis frente a la familia, digamos. En el caso de Aquiles, su posición es una paradoja porque, por un lado, él, que como guerrero conoce su destino –su Moira– no puede sino querer morir joven en la batalla, y obtener la gloria y la inmortalidad por ello, pero luego deja todo eso atrás por un sentimiento de desbordamiento emocional más potente: la cólera. Aquiles, como individuo, se siente agraviado, injustamente tratado, y se desentiende de todo y todo le da igual, incluso el sufrimiento que pueda causar.

DAMIÁN. –¿Tú crees que cuando Aquiles deja a los otros abandonados, no encaja con el sentimiento de individuación? A veces sabes que vas a hacer daño a los demás y aun así lo haces porque el impulso es más fuerte que tú, pero sabes que la finalidad última de todo es convertirte en alguien.

IRENE. –Es verdad, lo que llamamos malo nos construye más en la esfera individual, mientras que el bien construye más lo común.

DAMIÁN. –Si no estamos construidos como individuos, vamos a estar haciendo el mal a lo largo de nuestra vida, aunque la gente necesita individuarse en ocasiones de invisibilidad o marginalidad social. La individuación se busca allí donde uno se vuelve invisible, y a esa individuación la llamamos mal.

CHUS. –Se dan más paradojas en Aquiles… ¿qué se produce en él después de esa cólera, de la muerte de tantos?...

DAMIÁN. –¿Qué le podría haber ayudado a contener su cólera?, pues tan claro como que Patroclo acaba muriendo por no contenerse, que muere por su culpa.

CHUS. –Él permite a Patroclo que vaya en su lugar.

DAMIÁN. –Ya tenemos dos cóleras distintas, primero la del agravio y la de la venganza después. Fijaos en la poca distancia que hay entre cólera y culpa: la cólera tiene consecuencias, pero como el encolerizado está desbordado y no quiere cargar con las consecuencias de ese estado, se vuelve a encolerizar otra vez.

NURIA. –Casi todas las cóleras son contra uno mismo.

IRENE. –También está la muerte de los otros… lo que significa la muerte de Héctor para su mujer o su padre, Príamo, la de Patroclo para Aquiles…

DAMIÁN. –Homero existe porque existe la polis, si no, habría desaparecido de la historia. Existe la polis y el referente, el espejo que es este mundo y que no quieren para nada.

CHUS. –Por la venganza de la muerte de Patroclo, de la que Aquiles se siente culpable y por lo que se vuelve particularmente cruel, vendrán la muerte de Héctor y la pena de Príamo. Creo que es en ese momento en el que los sentimientos de Aquiles cambian.

DAMIÁN. –Es empatía, porque lo que es con el principio de placer, no se resuelve la cólera.

CHUS. –Todo ese cambio en Aquiles se produce porque se encuentra con Príamo. Sabe que una vez que se implique, su destino es la muerte, lo que quiere, por otra parte, para conseguir la gloria. De alguna manera se crea una especie de vínculo entre ellos hasta el punto de que son capaces de llorar juntos.

DAMIÁN. –En La Ilíada es donde más se llora en la historia de la literatura. Nunca ha habido más llanto, más desbordamiento… hay como cuatrocientos llantos. Para nuestro mundo, que es mucho más constreñido, el llanto se ve de forma ambigua, en cambio en La Ilíada los hombres luchan y lloran.

CHUS. –Qué supone la muerte para la comunidad, qué importancia los funerales y rendir un tributo…

DAMIÁN. –Los hebreos, los griegos y los romanos tenían muy claro que el único recuerdo queda en la memoria; de hecho, no hubo monumentos funerarios ni epitafios como los entendemos ahora hasta que no llegaron los cristianos. Es un proceso en el que se pierde la memoria de la gente.

IRENE. –Para mí la muerte de Patroclo y la rabia de Aquiles, su pena, definen a un personaje que sufre por la muerte de un amigo. Me parece que lo característico de la cólera de Aquiles es la desmesura… Todos somos desmesurados cuando estamos encolerizados, pero no somos tan tenaces de permanecer en ella.

DAMIÁN. –No olvidéis para qué están los dioses: son la forma en que se metamorfosea el desbordamiento humano. Nosotros, en cambio, llevamos cualquier forma de desbordamiento a nuestro carácter, a nuestra biografía, lo volcamos sobre nosotros. Los griegos están en un sistema en el que lo que les desborda lo colocan fuera. Un griego nunca aceptaría que las cosas que hubiera podido hacer cuando estaba desbordado le hagan responsable, por eso se suele decir que no es una cultura de la culpa.

Zeus te enviaba un destino, una até que los mortales llamaban Erinias –diosas menores de la energía–, para que enloquecieras, pero, en el caso de los dioses, el vehículo que transmitía la até era la Moira. Nosotros estamos en un sistema que coloca cualquier desbordamiento dentro con un efecto perjudicial, es como algo más fuerte que nosotros, sucumbimos a ello.Eloísta.

Referencias externas

Troya. Dirigida por Wolfgang Petersen, 2004 – Alquiler en HD

Women and goddesses of the Trojan War. British Museum. Exposición 2020.

Who was Homer? British Museum. Exposición 2020.

Who was Achilles? British Museum. Exposición 2020.

The myth of the Trojan War. British Museum. Exposición 2020.

Troy: myth and reality. Vídeo explicativo de la exposición en el British Museum

Troy: myth and reality. Vídeo resumen de la exposición en el British Museum

La Ilíada. La guerra de todos nosotros. Artículo de Guillermo Altares para El País. 14 agosto, 2015.

Mitos y Leyendas. Aquiles y la Guerra de Troya. Vídeo RTVE

Bibliografía

La Ilíada. Homero.

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