An-14 Cuerpo, placer y angustia. El mapa del mundo en la propia piel

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento AMOR

Ni el mundo visto a través del objeto amado, ni el conocimiento ni el autoconocimiento están presentes en esta novela visceral y canónica del periodo de entreguerras del siglo xx. El amor es el correlato de un cierto nihilismo alimentado por el sentimiento de amenaza que circula por ese periodo de la historia política, social y económica de Occidente. Existe el cuerpo, existe el placer y existe el objeto, pero más allá de la conquista y de un éxtasis temporal, poco nos ofrece el amor. Parece incluso que aquel sentimiento que ampliaba el mundo y que nos metamorfoseaba en seres mejores es solo un caldo de cultivo de la angustia, del terror a perderse, del terror a la pérdida en último término. Hasta el deseo parece haber desaparecido y es sustituido por el mero apetito de los cuerpos. El amor es libertad y adquiere mil formas, pero no alcanza a convertirse en búsqueda, en deseo, en sentido.

Trópico de Cáncer- Henry Miller


Lectura

Trópico de Cáncer - Henry Miller

Resumen

Este diálogo aprovecha la lectura de Trópico de Cáncer para analizar la diferencia entre los principios masculino y femenino de los antiguos y el siglo xx, comparando el Cantar de los cantares y El banquete de Platón con la lectura de Miller. Querremos saber cómo varía la visión del mundo a través del amado en ambos periodos; los conceptos de eros vinculante y de posesión; la aparición de la autodestrucción como principio de placer; el descubrimiento del infierno en vida; la diferencia sustancial entre amar y ser amado. Haremos hincapié de igual forma en los conceptos de búsqueda y posesión en el amor del siglo xx a ojos Henry Miller.

CARLOS. –En el Cantar de los Cantares decíamos que la mujer no quiere ser simplemente de él. Que había una especie de velo, a través del que él la veía.

DAMIÁN. –No, dijimos que ambos amantes se ven a través del mundo, a través de la naturaleza, que cada uno es el objeto interpuesto entre uno mismo y el mundo, de manera que el otro se convierte en el modo en que uno ve el mundo. Sin embargo, en Henry Miller, a través del otro no se ve nada.

CARLOS. –En los antiguos vimos que la mujer pretendía hilvanar palabras y el hombre buscaba el gozo… O eso dijimos…

DAMIÁN. –No es tan exactamente así. Hablábamos de dos principios: uno masculino y otro femenino. La posesión, el logos, la autoridad y el dominio del medio, propios del principio masculino, producen una atracción sobre el principio femenino. Al hombre, cuando está con una mujer, lo que le produce gozo y placer es la posesión, mientras que lo que la mujer espera de esa relación es la posibilidad de vincular sus sensaciones con el universo, de ahí la frase: nunca están más lejos un hombre y una mujer que cuando hacen el amor.

CARLOS. –En el Cantar siempre están hablando de las maravillas del otro, en cambio, Miller no habla de su mujer ni cuando está con ella.

DAMIÁN. –Eso es, en el libro de Miller el otro no existe, es simplemente una criatura. El principio masculino está exacerbado, no es más que mera posesión sin conocimiento del otro. Toda esa corporalidad que tiene la sexualidad en el siglo xx no es nada más que la exaltación del acto de posesión por parte del principio masculino que ha hecho desaparecer el eros vinculante. Se goza con la posesión… y la posesión es un movimiento mediante el que provocamos la desaparición del objeto que poseemos.

CARLOS. –Cuando habla de ella es como si hablara de un objeto, es todo corporeidad, no se ve el amor. Dice que cuando ella le habla no la escucha porque es tan hermosa que muere de gozo, sin que le importe lo que ella dice.

DAMIÁN. –Cuando él dice que es hermosa lo que está diciendo es que está poseyendo una cosa hermosa, pero no está viendo a la mujer, ni al alma, ni a la persona. Lo que quiere es poseer la belleza y enaltecer su propio acto de posesión. ¿Se puede querer a alguien porque sea guapo?

CARLOS. –La forma de hablar del amor es totalmente distinta en un libro que en el otro. En Miller no hay la espiritualidad que hay en el Cantar. Percibes que él no está sintiendo nada.

DAMIÁN. –Sí, lo está sintiendo, pero de forma muy violenta.

CARLOS. –Pero está sintiendo sobre él mismo, no hacia la otra persona.

DAMIÁN. –Ya, pero esos sentimientos pueden ser tan violentos o más que los otros que os parecen mejores. Como decía Oscar Wilde la diferencia entre un capricho y un deseo es que el capricho es para toda la vida. Ese deseo de posesión puede ser tan exaltado, tan radical, tan fuerte que no sólo se confunda con el amor, sino que se confunda con la pasión amorosa más desatada. Para distinguir entre amor y posesión tenemos que hacer un ejercicio bastante sutil, porque solo se diferencian en si se ve al otro o no. Muchas veces lo que nos fascina es la violencia de los sentimientos del otro, a pesar de que no nos estén viendo. Casi toda la literatura exalta mucho la pasión, el pathos, el ser arrebatado, el ser desbordado por otro ser, y eso no nos habla nada de sentimientos diferentes acerca de las relaciones con los otros.

Visión del mundo a través del objeto amado

CARLOS. –En el Cantar se ve el mundo a través del ser amado y en Miller no se ve nada más que el objeto.

DAMIÁN. –¿Qué diferencia hay entre ver el mundo a través del objeto amoroso, como en el Cantar y ver el objeto amoroso como objeto de posesión? ¿Qué es ver el mundo a través de otra persona?

EVA. –Te transforma, se obra una metamorfosis en ti, te conviertes en el otro y tu visión del mundo cambia. Te ayuda a ser más sabio… sabes más…

DAMIÁN. –¿Por qué?

EVA. –Porque en el amor de Eros se persigue una belleza mayor y distinta de la física, se trataría de una belleza invisible, la belleza del alma.

DAMIÁN. –Eso estaría más de acuerdo con Platón y sería una búsqueda de algo gracias al otro. El mundo cambia porque se amplía, porque aparecen cosas nuevas, porque podemos buscar lo que antes no buscábamos cuando estábamos solos. Todo sentimiento amoroso se estructura en torno a la búsqueda, y al haber encontrado al otro, puedes iniciar esa búsqueda. El otro no es una estación de llegada, como en Miller, sino que te permite estar en el mundo, buscar en el mundo.

MARTA. –Con el otro intensificamos nuestra experiencia y nuestra existencia, vemos cosas que antes no veíamos.

DAMIÁN. –Eso es. Nos fijamos en el otro, nos enamoramos porque buscamos sin encontrar. Es la misma estructura que sugiere Platón para la búsqueda del conocimiento, cuando, de pronto, nuestra mirada descansa sobre algo que se convierte en el inicio de una búsqueda efectiva. Recordáis que hablábamos del anhelo, de la eterna búsqueda, pues busquemos aquí el significado del amor. La condición humana se estructura en torno a la búsqueda y cuando aparece el amor se exacerba porque se busca mejor entre dos que entre uno. Pero esa no es una búsqueda explícita del amor, porque entonces sí habría una dependencia del hecho de encontrarlo. Cuanto más intensa es la búsqueda personal, más fácil es que aparezca el amor y que se convierta en una prolongación de esa búsqueda de la belleza, la felicidad, la verdad y el bien que es bueno para cada uno. Aristóteles decía que la única felicidad que encontramos en esta vida es la del sentirse ser… y lo que está por encima de sentirse ser es sentirse ser con otro: es lo más perfecto y lo más completo que hay.

CARLOS. –Miller se mueve por deseos generadores, por deseos que nunca se satisfacen.

DAMIÁN. –Los del Cantar tampoco se satisfacen. ¿Cuál sería la diferencia entre la búsqueda que nunca encuentra y la posesión que nunca se satisface?

MARTA. –Hay una frase de Trópico de Cáncer que me gusta mucho: el cáncer del tiempo nos está devorando, nuestros héroes se han matado o están matándose, así que el héroe no es el tiempo, sino la temporalidad. Claro que está buscando, dice cosas muy profundas; otra cosa es dónde busca.

DAMIÁN. –Está buscando donde no hay.

JUAN. –Otra frase que pienso que es demostrativa de uno de los mensajes del libros es: solo hay una cosa que me interesa vitalmente, y es consignar todo lo que se omite en los libros. Que yo sepa nadie está usando los elementos del aire que dan dirección y motivación a nuestras vidas, solo los asesinos logran extraer de la vida lo satisfactorio que esta les aporta.

DAMIÁN. –¿Y eso qué significa?, ¿hay alguna clase de amor que sea un asesinato?

JUAN. –En el que él tiene con algunas mujeres, sí.

DAMIÁN. –Amar como matar, o cómo…

JUAN. –Sí, como si quisiera extraerles la vida, no la vida física, sino lo que las humaniza.

EVA. –¿Y la petite mort? Ese momento trascendente, melancólico, de desvanecimiento después de hacer el amor… Desde este punto de vista, el amor tiene que ver con la muerte. El acto carnal y ese desvanecimiento son, quizá, lo único importante o de interés en Miller…

DAMIÁN. –De acuerdo, sí, pero cuidado: hay una forma de amor que borra a las personas y las somete, las hace desaparecer… eso no es thanatos es un asesinato.

AYUSO. –Más que búsqueda es como si estuviera huyendo todo el tiempo. Después de eliminar a una, elimina a otra, y a otra…

DAMIÁN. –Pero  ¿por qué no huye de ese esquema? Ahí no encuentra nada, y vuelve a ello una y otra vez… Es como si no lo pudiera evitar, ¿no?

CARLOS. –Sí, y además lo acepta de buen grado.

AYUSO. –Creo que hay una pulsión destructiva y autodestructiva que busca en el sentido equivocado. Quizá también es una estética muy de la época y una forma de vida derivada de los poetas malditos, del malditismo…

DAMIÁN. –Y, ¿por qué surge eso?

AYUSO. –Porque el momento histórico era muy confuso, acababan de salir de un tiempo de guerras, de 1914 a 1945.

DAMIÁN. –Afirmas que surge por causas externas, puede ser, pero en la Edad Media pasaban cosas mucho peores. Deberíamos olvidar que el pasado provoca que ocurran otras cosas, porque no es exactamente así: los sentimientos autodestructivos rara vez se producen en las guerras.

AYUSO. –Este individuo no ha sufrido ni las guerras ni las penalidades, pero es de los que piensan que la creación se consigue en ese ambiente sórdido. Además, él hace alarde del yo, de la cosificación de los demás, del salvajismo con las mujeres, con los judíos…

DAMIÁN. –¿Por qué uno se vuelve autodestructivo? En relación con los textos antiguos tenemos una tendencia autodestructiva y tendemos a la negación de todo. Pero, aun así… ¿por qué esa autodestrucción?, ¿por qué nos tratamos mal?, ¿por qué bajamos la pendiente hacia el abismo? Hago estas preguntas porque parece que Arthur Miller esté encantado de contemplar su propia autodestrucción, como si ese destrozarse estuviese ligado al principio del placer.

La primera persona que empieza a investigar el hecho de que los instintos de vida y de muerte vayan juntos fue Sabina Spielrein –psiquiatra y psicoanalista rusa que aportó por primera vez el concepto de pulsión destructiva y sádica, basándose en dicho concepto, Freud desarrollaría la pulsión de muerte–; es Sabina Spielrein la que afirma que encontrar el placer es nuestra forma de compensar nuestro instinto de muerte, la manera de equilibrar el juego de Eros y Thanatos. Por eso los griegos estaban tan empeñados en encontrar deseos que durasen toda la vida: deseos de conocimiento, de belleza, de verdad, del bien y del amor. En Miller, en cambio, hay un dominio de thanatos porque es un placer sin sentido y sin sentirse ser, como decía Aristóteles… y, por lo tanto, se trata de un placer destructivo o autodestructivo. Una sociedad que se dedica a los deseos parciales está amenaza por thanatos cada vez que un deseo se cumple, porque no son deseos estructurales; para los antiguos, serían únicamente el deseo de conocimiento y el amor.

JUAN. – Miller podría estar buscando la inmortalidad a través de su legado, haciendo lo que nadie había hecho y escribiendo lo que nadie había escrito. Quizá conociese los trabajos de Spielrein y Freud… Bueno, seguro que los conocía.

DAMIÁN. –Puede ser, pero se le ve muy desdichado. Toda la base del libro es el resentimiento. Una percepción del mundo como un lugar oscuro, perverso y sin salida que uno aguanta durante un tiempo nada más. Este libro se publicó tres años después del Viaje a fin de la noche de Céline, un texto que no deja de ser un estudio sobre el resentimiento. Lo que Miller añade a Céline es carnalidad, cuerpo… y lo que lo hace sugerente es cómo el amor se estrella contra el cuerpo.

CARLOS. –Otra diferencia es que antes la mujer estaba como en un plano celeste y Miller la baja a la Tierra de una manera brutal. De hecho, creo que destroza el principio femenino y se centra más en el género que en los principios.

DAMIÁN. –Solo ve el objeto de posesión.

CARLOS. –Luego llega al amor del tipo Afrodita, aunque también hay algo sobre que se puede avanzar sin el otro. Por eso, quizá Miller hace una mínima diferenciación de su mujer con el resto y parece que avance un poco… no está del todo sin nada.

DAMIÁN. –Sí, hay en él una especie de desvalimiento porque la necesita, aunque la necesita materialmente también.

JUAN. –Me parece una novela francamente violenta, desde el lenguaje, a las acciones y los pensamientos. Admito que haya relaciones de este tipo si son consentidas, pero no deja de ser algo como el apetito sin freno, más bien creo que es un tipo de adicción.

DAMIÁN. –No es una conducta humana, en cualquier caso, sino una representación de una conducta humana.

JUAN. –Sí, por supuesto. Miller vive en el infierno creado por el mismo, en el puro infierno.

DAMIÁN. –¿De qué está hecho ese infierno?, ¿cuál es el sentimiento que hace que todo sea un infierno?

MARTA. –Que no se soporta a sí mismo y que vive en la soledad más extrema.

DAMIÁN. –¿Cuál sería la soledad más extrema? ¿Cuál es la soledad más extrema que habéis vivido?

JUAN. –La de estar fuera de mi ser.

DAMIÁN. –¿Qué hacías fuera de tu ser?, ¿cómo sentías eso?, ¿como un desbordamiento?

JUAN. –Sí.

DAMIÁN. –¿Y cómo volviste a tu ser?

JUAN. –No me acuerdo, fue en la adolescencia. Imagino que todo el mundo habrá pasado por eso: perderse, volver, perderte en el otro, reconocerte en otro.

DAMIÁN. –¿Y por qué se produce eso? ¿Y en ti?

JUAN. –Porque en las relaciones con los demás vas conociéndote: el otro está mostrando siempre algo de ti.

DAMIÁN. –¿Y qué te devolvían los otros?, ¿reflejos negativos?

JUAN. –Pues sí, la verdad, casi todo negativo.

DAMIÁN. –Eso es el infierno: ni me soportan ni los soporto.

MARTA. –Pero creo que el infierno es no ver al otro y que el otro no te vea.

DAMIÁN. –¿Y por qué es un infierno, si no te ven ni les ves tú?

MARTA. –La más extrema de las soledades se da cuando no te sientes amado por nadie y tampoco consigues amar a nadie. Es lo más parecido al infierno. En la obra de Miller se mezclan esas dos sensaciones… cuando ocurre esto, la soledad deriva del abandono, cuando sientes que no eres elegida y que hay algo malo en ti que ha hecho que el otro se vaya. Es entonces cuando eliges esa soledad destructiva como defensa e intentas enorgullecerte de ese sentimiento de abandono.

DAMIÁN. –La segunda vertiente de la historia es la psicología biográfica, lo que me hicieron, lo que me dejaron de hacer. Estoy convencido de que es uno mismo el que elige, puede que no conscientemente, pero elige y así es.

JUAN. –Pero es comprensible que suceda, y justifiques el no querer por el abandono sufrido.

DAMIÁN. –Eso se refiere a las experiencias traumáticas, cuando el dolor se ha convertido en falta. A partir de ese momento el sujeto no es capaz de salir de ahí y hablamos de estrés postraumático. Pero el infierno del que hablábamos antes es el verdadero terror, porque uno está ausente en presencia del otro. Es necesario que uno esté verdaderamente enamorado del otro y no del amor que el otro pueda sentir por ti. ¿Por qué? porque si tienes carencias afectivas, el hecho de que alguien te quiera, hace que te inclines hacia esa persona y confundas ese sentimiento con el amor; por eso es tan confusa la diferencia entre amar y ser amado. Uno tiene que tener claro que su crecimiento, su construcción como persona está en amar, no en ser amado; para sentir la necesidad de iniciar la búsqueda tienes que amar tú.

JUAN. –Me pregunto si alguien amó a Miller alguna vez. Seguro que sí, a pesar de que él no se percatara.

MARTA. –Lo que parece claro es que parte de un dolor.

DAMIÁN. –¿De un dolor o del daño?

MARTA. –De un daño. No creo que huya de algo… simplemente ha elegido no amar y solo le queda ese deseo animal que nunca se sacia. Por eso habla tanto de sexo y de hambre.

DAMIÁN. –Porque funcionan igual, aunque no sea un deseo sino un apetito. Si tienes hambre, comes y te quedas saciado, y durante un rato odias el hambre… que luego vuelve, y vuelve siempre. Si nos fijamos un poco, esta es la secuencia de Miller con el sexo. Una vez que has llegado al orgasmo, regresas a ese estado en el que no hay deseo, esperas y vuelves a empezar. La diferencia entre apetito y deseo es que el apetito a veces se sacia, y el deseo no; y si se sacia, aparece thanatos. La correspondencia que hace Miller entre hambre y sexo es perfecta, pero ¿qué pasa entre esas dos saciedades?

Para entendernos, el deseo no es deseo de algo en concreto, es más bien de tipo estructural, una búsqueda indefinida que construye nuestro carácter, que nos guiará toda la vida y que nunca cesa.

MARTA. –Miller sabe que hay una falta, una ausencia, pero ha elegido el daño como forma de enfocarla. Por eso se entiende tan bien con las prostitutas, comparte con ellas ese enfoque del amor como hambre que debe ser saciada. Cuando habla de Cloe y dice eso de quién va a querer una puta delicada, aparece el daño porque él sabe lo que es el amor y lo rechaza abiertamente. De todas formas, lo tremendo es que, como los apetitos son mini deseos susceptibles de ser saciados, en la novela se pretende que dichos mini deseos –hambre y sexo– son el Deseo en mayúsculas, el anhelo, que no tiene objeto y, por tanto, nada lo sacia…

DAMIÁN. –Lo sabe, pero no lo ha aprendido. Podemos decir que sabemos lo que son la lealtad, el honor, el amor, pero si no actuamos con lealtad, honor y amor es que no lo hemos aprendido, no nos ha atravesado. Lo que nos atraviesa es lo que somos y si no, da igual saberlo que no.

MARTA. –No, no da igual, porque en Miller, saberlo y no haberlo aprendido, es lo que produce el daño. También hay daño cuando habla del amigo al que pone como ejemplo del amor: le caricaturiza hasta un extremo sin sentido, a no ser que lo que le duela profundamente sea no ser él mismo así.

DAMIÁN. –Da igual lo que sepa, si no lo ha aprendido. La escritura ofrece un buen subterfugio para disimularlo: empieza por un saber no aprendido, aunque si se comienza a escribir es porque se quiere aprender.

MARTA. –Pero también puedes escribir sobre lo que te ha atravesado ¿no?

DAMIÁN. –No, porque no hay nada de lo que escribir.

MARTA. –No sé, ¿eh? Lo que pasa de uno a otro lado, lo que atraviesa, yo creo que se puede escribir y, es más, se debe escribir: para mí, ahí es uno de los lugares donde la literatura, la escritura, produce imaginación y empatía…

DAMIÁN. –Podemos escribir de la búsqueda, del camino y del movimiento, pero es difícil hacerlo de algo que ya somos porque no existe distancia ni precisión. Un buen punto de partida sería escribir de aquello que sabes que no has aprendido.

MARTA. –Volviendo a la burla que hace de su amigo y su relación con el daño… parece que Miller intenta decirle que el amor es una tontería, una comedia y que todo el mundo busca el amor como forma de llenar el vacío, pero que él sabe que el amor es como el hambre, que por mucho que comas, volverás a sentir esa falta. Por eso lo único posible es el sexo, porque es mucho más sencillo buscar un trozo de pan o el sexo, que pasarte la vida buscando el gran banquete, el amor, porque al final vas a saciarte tanto con lo uno como con lo otro y vas a sentir hambre de nuevo.

Creo que Miller es una criatura sin anhelo, sin deseo con mayúsculas. El hecho de que se defina como un optimista indica claramente lo mal que está, y cuando asimila el acto de comer algo con una erección, no establece diferencia alguna entre el hambre de comida y de sexo, ¿por qué? Porque ambos son apetitos y nada más profundo. Él sabe lo que es el amor, pero no lo ha aprendido… necesita decirse que todo el mundo es idiota como forma de apaciguar su dolor y el enorme vacío que produce no desear sin objeto.

DAMIÁN. –¿Os dais cuenta de que dice no a todo, y todo el tiempo? Es cierto que no acepta nada. Este sí que es un sentimiento muy contemporáneo que no podemos encontrar en el Mundo Antiguo, ni en el Renacimiento, ni siquiera en el siglo xix... Miller es un no contemporáneo, es un no producto de una cultura de la negación, no es un no psicológico, es un no aprendido.

Referencias externas

Henry Miller is not dead. Documental dirigido por Joe Kishton, con música de Laurie Anderson.

The Happiest Man Alive - Big Sur & The Henry Miller Library. Documental. Magnus y The Henry Miller Library

Te doy mi alma (Soul keeper). Dirigida por Roberto Faenza. 2003.

Un método peligroso (A dangerous method). Dirigida por David Cronenberg. 2011.

La grande bouffe (La gran comilona). Dirigida por Marco Ferreri, 1973. Francia.

Saló o los 120 días de Sodoma. Dirigida por Pier Paolo Pasolini, 1976.

Bibliografía

Trópico de Cáncer. Henry Miller. 1934, Francia. 1961, EEUU.

A Most Dangerous Method. Ensayo e investigación. John Kerr. 1993.

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