An-13 El amor de lo que falta, el amor como aprendizaje

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento AMOR

El amor es un aprendizaje, el amor nos cambia, el amor nos hace crecer. Pero ante todo es experiencia, una experiencia que nosotros podemos orientar y enriquecer. El amor es amor de lo que nos falta, de lo que sentimos que nos falta a cada cual, aunque en muchas ocasiones no sepamos qué es. Amamos para llenar el hueco que deja en nosotros el sentimiento de estar incompletos tan difícil de borrar. Ahora bien, esa falta puede referirse a algo material –físico, sensible–, o a algo perteneciente a la esfera del alma –la virtud, el bien, la belleza–. Son dos amores distintos, el primero presidido por Afrodita y el segundo por Eros. El que ama la belleza física o los bienes materiales está condenado a ver destruido su amor, pues todo lo sensible es perecedero. En cambio, el que ama la belleza espiritual, ama lo que de eterno hay en nosotros y lo que de eterno hay en la vida. Si en el Cantar de los cantares la naturaleza aparecía a través del cristal del amado, en El banquete la iluminación es más íntima y el amor se reviste de conocimiento, y al tiempo de autoconocimiento. Este texto es inagotable y enlaza con temas muy contemporáneos, El banquete nos invita a indagar en la naturaleza del sexo y del género, de la palabra creadora en el amor, de la estructura del deseo y de sus modalidades… y, por último, del aspecto creador y generador que rige la vida humana, y cuya síntesis es el amor. Según Platón, nuestro mayor deseo –trasmutado en otros por ignorancia y por maldad– es el generar cosas, crearlas, producirlas y que permanezcan en el tiempo: cuando algo dura y permanece está vinculado, de una forma u otra, con la divinidad y por tanto con lo eterno.

Eros y Psique - Antonio Cánova



Lectura

El banquete - Platón

Resumen

Después de ver en el diálogo anterior el éxtasis amoroso y el amor como concepción del mundo que nos trajo la lectura de el Cantar de los Cantares, en esta ocasión es Plantón quien nos habla de su manera de ver el amor a través de su texto El Banquete.

En el transcurso de este diálogo, los participantes tienen la oportunidad de discutir sobre la importancia del diálogo –frente al del discurso– como elemento fundamental de la paideia griega. En esta conversación sobre El banquete se trata también el ritmo –qué se modifica con el uso de la estructura de diálogo–, esa conexión con los otros y con el objeto de nuestro conocimiento; la diferencia entre sabiduría y conocimiento; los principios femeninos y masculinos que se representan; las puertas de la entrada en el amor: eros y afrodita, lo que permanece o lo que es fugaz. Todo hasta comprender cómo es el amor que Platón nos revela: el amor que busca constantemente algo que falta.

El diálogo continuará con el tema del amor en El Banquete de Platón. Los principios femenino y masculino y la diferencia de estos con el concepto de género, vuelven a ocupar parte del diálogo; el logos y la vinculación como elementos fundamentales de los principios masculino y femenino; se insiste en la idea fundamental de amor como el amor de lo que falta; la idea básica de Platón de que el amor nos hace mejores; la de que el amor es una de las capacidades de generar y vincular; el concepto de belleza en el amor; la diferencia entre la idea de carencia y falta; la mujer como símbolo materno.

DAMIÁN. –En El banquete encontramos varias cosas importantes. Una: el preludio de Apolodoro, típicamente socrático, orientado hacia la paideia y a lo que quiere enseñar. Otra: por qué Sócrates rechaza el discurso y por qué defiende el diálogo. Platón es más un trágico en sus diálogos que un filósofo, plantea escenas que tienen significado por sí mismas, más allá de lo que se diga en ellas, porque lo que se dice no es muy difícil de desarmar.

Su planteamiento dramático es impresionante, en las últimas diez o veinte páginas, acaba en un debate de celos, cuando se suponía que se estaba hablando del bien, la verdad y la belleza, de las que nadie quiere dar una definición en todo el diálogo a pesar de que no se habla de otra cosa. Esto que hace Platón de lo que no quiero decir es lo que voy a decir es tremendo, porque todo gira en torno a estos tres puntos y a la forma en que oculta lo que quiere contar. En el fondo es un texto hermético.

En Fedro o Fedón, los diálogos están hechos con la misma intención: en apariencia son filosofía, pero por su estructura interna son tragedia. Por eso cuando apareció la Carta vii no querían atribuírsela a Platón porque habían hecho una lectura filosófica y literal de los diálogos. En Platón lo que se puede decir y lo que no se puede decir tienen que estar juntos, si no, nada se puede entender. Lo que no se puede decir es: todo esto es un discurso sobre el amor, porque si preguntas qué es el amor, eso es lo que no se puede decir. Gracias a las palabras vamos a llegar a un sitio donde podremos percibir qué es eso que no se dice con palabras. Esta es la estructura básica de todo lo que escribe Platón.

El amor es un camino de principios, y los principios no tienen nada que ver con los géneros, tienen que ver con los opuestos; y el género tampoco tiene que ver con las personas ni con el amor. La cultura propicia que lo femenino crezca en la mujer y lo masculino en el hombre, pero todos tenemos un principio masculino y femenino.

MARTA. –¿Por qué Sócrates prefiere el diálogo?, ¿por qué no le gustan los discursos?

EVA. –Porque el pensamiento está en los diálogos… no en los discursos: el diálogo es estimulante porque cuando hablas para otros, sales de ti y dejas de pensar solo.

DAMIÁN. –¿Entonces, ¿qué sale del diálogo, según Sócrates?

EVA. –Creo que algo similar a lo que produce el teatro. En esa contraposición de puntos de vista, es en la se crean imágenes que son más potentes que en un discurso. En todos los diálogos de Platón hay una experiencia teatral.

DAMIÁN. –Pero no acabo de entender por qué funciona mejor el diálogo que el discurso.

JUAN. –El discurso es concluyente, cerrado, hasta que llega alguien que no está de acuerdo y hay que empezar de nuevo, mientras que el diálogo es una ida y vuelta permanente, en él hay movimiento y cada aportación nos lleva a un nivel superior.

DAMIÁN. –El discurso por naturaleza es persuasivo, mientras que el diálogo no. Pero si no sabemos qué es el diálogo, si es un simple encontronazo entre puntos de vista, es solo una discusión.

AYUSO. –Un diálogo crea cosas, un discurso no. En un diálogo no sabes de qué vas a terminar hablando y en un discurso sí, en un diálogo surge algo distinto a las personas que hablan.

CARLOS. –Se convierte en una actividad creadora. Cuando escuchas, readaptas tu punto de vista.

AYUSO. –Vas teniendo ideas nuevas.

DAMIÁN. –Cuando tenemos una idea, y hablamos con otro, tenemos que adaptarla y por tanto nos movemos.

CARLOS. –Incorporamos algo de conocimiento que no teníamos.

DAMIÁN. – Vamos al conocimiento, a los objetos finales… pero no son esto.

AYUSO. –Pero el que dialoga también cambia…

DAMIÁN. –Y, ¿qué es lo que cambias? Yo creo que es el ritmo. El pensamiento no es algo que tengas que ir a buscar fuera, es algo que se produce cuando estamos en sintonía con los otros o con los objetos de nuestro conocimiento. Podemos aprender de un árbol con solo mirarlo un tiempo, eso sí, con una condición, que por un momento seamos el árbol. Eso se llama ritmo. Es como el que toca la guitarra solo y no sabe tocar en grupo. Si queremos tener ritmo –pensar– tenemos que saber que tocamos, tenemos que pensar con los otros. Por eso es tan importante estar con los otros: no sabemos nada solos.

CARLOS. –Yo diría que él quiere sabiduría, que es entender.

DAMIÁN. –Sabiduría es entender lo que te pongan delante y conocimiento es entender cuando sabes sobre el asunto que te ponen delante, pero si no sabes de esa cosa, no entiendes. Un sabio es el que no sabe de nada, solo de la belleza en sí. Parménides lo llama el noein. Por eso los griegos hablan de si van hacia la sabiduría o el conocimiento, hacia la filosofía o la episteme. Por ejemplo, la ciencia actual maneja episteme.

Esto es importante: la idea de la felicidad consiste en no dejar nunca de buscar; la felicidad se trunca en el momento que no hay búsqueda.

JUAN. –Excepto los dioses.

DAMIÁN. –Esa es una idea de muy interesante de Sócrates, que viene a decir que los dioses no son felices porque todo les salga bien, sino porque tienen algo que les diferencia de los humanos: son capaces de ver la vida entera ante sí. Un dios puede ver lo bueno y lo malo a la vez y entender que eso forma parte de la vida, mientras que nosotros solo contemplamos la felicidad desde lo bueno. Los dioses griegos no están exentos de culpa, de errores, de dolor, pero tienen la capacidad de ver el conjunto, eso es lo que los convierte en dioses.

DAMIÁN. –¿Qué es el amor en el texto que hemos leído? ¿Qué permanece y qué no? ¿Afrodita o Eros? Ellos establecen una diferencia muy importante: el amor, ¿está hecho para durar o para conocerlo? ¿Cómo sabemos que es mejor elegir lo que permanece que lo que no permanece? E lo que no cabe duda es que hay que elegir, porque son incompatibles entre sí a causa de su distinta naturaleza. Lo que se dice en El banquete es que cuando hay amor por lo que permanece, lo físico se transforma. Entonces, ¿qué es lo que eliges?: ¿el alma, lo que permanece, o que el otro sea atractivo?

EVA. –Ahí los conceptos de Jung me parece que encajan, el impulso erótico a muy corto plazo lleva a grandes equivocaciones. Creo que es poderosísimo porque es un apetito, porque pertenece al mundo sensible y este mundo suele ser urgente. El otro es la búsqueda y el encuentro del alma del otro en la mirada, que pueden ser perfectamente incompatibles

DAMIÁN. –¿De qué os enamoráis?, ¿Afrodita?, ¿Eros?, ¿ambos? Afrodita es enamorarse de algo que se va a marchitar; Eros, sin embargo, de algo que permanece. Puede que en algún momento las dos cosas se den juntas, pero sabiendo que una de las dos se va a marchitar.

MARTA. –El apetito carnal, lo sensible, se lo atribuyo a la diosa, pero a mí me enamora lo que permanece.

DAMIÁN. –¿Por qué?... Estas son preguntas del Banquete.

JUAN. –Yo me enamoro del cuerpo y de la comunicación; para mí son los dos factores importantes. El cuerpo es Afrodita y se marchita, sí, aunque la comunicación también lo hace.

DAMIÁN. –¿Tienes más mirada para lo que permanece o para lo físico? Tenemos que saber dónde está nuestra mirada, es muy importante que la sepamos reconocer.

MARTA. –Yo me enamoro del Eros. Para mí el físico nunca ha sido algo fundamental, pero lo que planteas es muy extremo. Cuando conozco a alguien me fijo en la mirada y en la sonrisa. En las manos también. En mi caso, son cosas que me hablan de la persona.

DAMIÁN. –Hay rasgos primarios y secundarios. Lo primero es cómo se mueve el otro, cómo suena su voz… y te puedes enamorar de eso. Y después están los rasgos estáticos. Por lo tanto, lo que permanece y lo que no permanece está muy bien descrito en los diálogos de Platón: ¿de qué nos enamoramos de los elementos estáticos o de los dinámicos? Los dinámicos son Eros, los estáticos son Afrodita. Mucha gente no es agraciada desde el punto de vista estático, pero si desde el punto de vista dinámico.

EVA. –Yo siempre fui más de Eros, pero en una etapa primera de mi vida, cuando era joven, fui mucho más de Afrodita. Ahora, una de las cosas que me cautivan es la mirada.

DAMIÁN. –La mirada es algo muy dinámico.

AYUSO. –Yo de Eros. Me fijo en la forma de moverse, en la mirada también, aunque no tanto, pero sobre todo en la forma de hablar con el cuerpo.

DAMIÁN. –Hay una suavidad o fluidez que sería lo importante para ti, ¿no?

AYUSO. –Sí, y luego necesito a alguien que no me aburra y eso creo que pertenece a Eros.

JUAN. –Nunca he sido de Afrodita. Siempre, desde joven, he buscado la completitud… al menos en lo relativo a amar, no para ligar…

DAMIÁN. –A veces, la apariencia física del otro es engañosa: en un principio te parece que has entrado por eso, y no ha sido así. Cuando entras en alguien ¿por dónde lo haces?

AYUSO. –Por la mirada, los gestos.

CARLOS. –Yo por Afrodita, y no veo claro que la mirada, la sonrisa, lo dinámico, sea Eros. Me parece algo también de tacto, de sentidos.

DAMIÁN. –Pero la forma de mirar no cambia con los años.

JUAN. –¿Tú crees que no cambia? A los veinte años se puede tener esa chispa porque todavía no ha ocurrido nada malo aún.

DAMIÁN. –Sin duda, los elementos permanentes son los que más duran en la persona. Si eres inteligente, lo vas a seguir siendo, aunque también es posible que te lo trunque un trauma. Tienes que darte cuenta en qué te fijas tú: en lo que permanece o en lo fugaz. Afrodita es la fotografía del ser estática, es lo que sale en las revistas, e influye mucho porque es lo que hace que mires a los otros a través del pantallazo de la instantánea, por decirlo así. Y lo dinámico es justo lo que no es eso, es otra cosa distinta.

JUAN. –Es como eso de que entre el tonto y el sabio hay algo intermedio. Eros es un daimon, un ser intermedio…

DAMIÁN. –Platón dice que, aunque tu mirada entre por Afrodita, eso ya es una prueba de que vas buscando la belleza; partes de ahí en busca de otras bellezas que no son evidentes, pero si te quedas solo ahí, tienes un problema.

MARTA. –Pero es que a mí me puede gustar alguien físicamente y también emocionarme.

DAMIÁN. –Porque has entrado por otro sitio que no es Afrodita y que te lleva a algo físico. El resultado es el mismo: el deseo absoluto de estar con el otro entrando por la puerta que se quiera o que sea; es decir, las puertas pueden ser distintas para entrar, se puede llegar al mismo sitio por los dos caminos.

Platón dice que te enamoras de lo que te falta, pero se contradice cuando afirma que también te enamoras de lo que tú ya eres. Habría que preguntar: ¿cómo sabes qué es lo que te falta?, ¿el amor es o no suficiente por sí mismo? ¿Por qué tiene que estar el amor buscando siempre lo que le falta? Según Platón porque ni somos perfectos ni hemos aprendido todo.

JUAN. –¿Quizá no sea tanto lo que me falta como lo que me hace mejor?, y eso no sé si es amor… reconozco que cuando amo soy mejor.

CARLOS. –Si te hace mejor es porque te falta algo… Platón está en lo cierto.

DAMIÁN. –Es cierto, tienes razón, si eres mejor es porque el otro te da algo que no tienes.

AYUSO. –Yo creo que en el amor buscas lo que te falta, ver eso en otro o en otra, y encontrártelo delante de las narices es fascinante, es sublimación. Además, la mayoría de las veces, justo en ese momento primero no estás buscando nada: es un golpe de realidad invisible... Otra cosa muy importante es la admiración.

DAMIÁN. –Platón dice que la admiración es la prueba de que estas en el camino hacia algo mejor. Por otra parte, cuando ya tienes lo que quieres, cesa el deseo y tienes que buscar algo completamente distinto, que ya no es lo que te falta, sino seguir teniendo lo que ya tienes. Este deseo te lleva a la posesión y vuelves al principio, a enamorarte de lo que ya tienes. El amor es creación. Si una pareja no está creando, no hay amor. De hecho, las parejas se separan porque no están creando.

DAMIÁN. –En el amor platónico, el movimiento va de Eros al futuro, luego, del futuro a la belleza en sí, al final, de la belleza en sí a la idea. Es platónico porque lo que persigues con el otro es la idea, y esa idea tiene que generar algo. Lo más platónico del amor es la generación. Se le llama amor platónico porque es el ideal y profundizar sobre la naturaleza del amor tiene que ver con nuestra relación con el mundo.

DAMIÁN. –Nosotros entendemos por sexo el género y estamos acostumbrados a decir que si una mujer no es femenina tiene un defecto y si un hombre si no es masculino, también. Error grave, claro está. Lo que dice Lisímaco en el diálogo del Banquete es que lo fundamental es la oposición   masculino – femenino. Masculino se refiere a la posesión del logos, entendiendo por logos no solo la palabra creadora, sino también el orden, la autoridad, el poder físico, la valentía física… mientras que lo femenino es la necesidad de vinculación con todo aquello que tenga que ver con el principio masculino y con relacionar todas las cosas que existen. El amor, para el principio masculino, es sobre todo posesión, persuasión y seducción, mientras que para el femenino es la vinculación, de tal forma que el alma del sentido femenino es más universal y simbólica. Estos dos principios forman parte de la persona; así, puede haber una mujer con más principio masculino y lo contrario. Diríamos que no es el género el que produce los principios, sino el principio el que produce los géneros. Es probable que inicialmente ese reparto sea al cincuenta por ciento, pero después, la historia, la cultura o el tiempo particular en que vivimos, hacen que los géneros tengan más que ver con su principio correspondiente.

DAMIÁN. –¿Qué hace el amor? ¿Infunde nobleza y valentía, como dice Fedro? ¿Por qué buscamos el amor?, está claro que lo buscamos incluso antes de tener experiencia de él.

MARTA. –Creo que infunde valentía. Y energía.

CARLOS. –El amor da valentía cuando el amante te está mirando, pero nada da más miedo que ir a hablar con él.

DAMIÁN. –¿En qué nos vuelve audaces el amor? En una relación amorosa te pueden hacer mucho daño, pero nos arriesgamos a que nos lo hagan y es un daño que compromete hasta la propia identidad. El otro, según el diálogo Fedro, funciona, como un espejo: somos valientes porque existe ese otro, por tanto, el otro es el espejo de tu valentía.

El Banquete es un diálogo perfecto en todos los aspectos fundamentales de la discusión sobre el amor, pero de Fedro, Platón señala algo muy importante: que el amor nos hace mejores. ¿Audacia? Si el amor no nos vuelve audaces es que no amamos.

CARLOS. –Creo que hay un evidente deseo físico y que desde ahí es desde donde se arranca, pero una vez que el amor se desencadena y es correspondido, no veo claro en qué consiste la suma de los dos y qué nueva unidad es la que forman. El amor entre dos personas no es el uno más uno, sino que da lugar a otra cosa que es distinta de ti. Esa comunión que se crea es algo que trasciende a las dos personas implicadas, y eso creo que no está aquí.

DAMIÁN. –Sí está en El banquete y muy bien explicado: uno más uno es igual a todo. El amor es un impulso que genera belleza y El banquete lo cuenta todo el tiempo. Cuando nos enamoramos vemos belleza por todas partes, la persona amada no es otra cosa que un objeto para que podamos contemplar la totalidad de un cosmos que está lleno de belleza. Al enamorarnos vemos el cosmos completo a través del amor y vinculamos unas cosas con otras. Cuando no amamos es como si el universo hubiese desaparecido y quedáramos encerrados en lo que nos sucede. Por eso es tan peligroso no amar.

Son lo mismo. Es bien en el sentido de que es bueno para ti. Es bello en el sentido de que no puede ser feo aquello que es bueno para ti. Y es verdadero, no porque sea la respuesta correcta, sino porque no puede ser de otra manera. ¿Nos enamoramos del cuerpo?

JUAN. –Creo que existe el instinto de dejar nuestra huella en lo sano y en lo bello.

DAMIÁN. –Pero tú puedes considerar algo bello y a mí no parecérmelo en absoluto.

JUAN. –Desde luego es algo muy subjetivo. La belleza física es un concepto adolescente, pero es la belleza sin objeto, la interior, la invisible la que te impulsa, se ve en el diálogo cuando Sócrates compite con el otro.

DAMIÁN. –Lo que dice Platón es que esas cualidades ya no forman parte de la belleza física, que son cualidades que ha puesto en marcha el alma. Ese deseo de querer permanecer con el otro responde a otros mecanismos. Es admisible que necesites que sea bello físicamente para que se desencadenen una serie de fuerzas, pero esto no quiere decir que te enamores de la belleza física. Además, cada uno tiene una idea diferente de la belleza. El concepto de belleza es para uno mismo y, claro, necesitamos el objeto físico como desencadenante, pero una vez en marcha, se inicia esa vinculación con el cosmos a la que se refiere Platón.

CARLOS. –Pero la pasión inicial deja de lado todo lo demás. Esa atracción es poderosísima, lo invade todo, lo sumerge todo.

EVA. –Por eso, justo antes de que Sócrates cuente a todos su experiencia de aprendizaje con Diotima, Sócrates explica que Eros es de una manera en la adolescencia y se metamorfosea en la edad adulta… Y quien no sepa hacer esa metamorfosis –que debe de salir espontáneamente, por otra parte– no podrá buscar la sabiduría, que es la finalidad de Eros el daimon, no el dios.

DAMIÁN. –Así es, Eva, pero Carlos, esa fase a la que te refieres es la de revestimiento. El objeto ha sido revestido por nuestros propios sentimientos y tenemos que esperar a que caigan algunos velos… y a que haya suerte ¿Creéis que esto es así siempre entre el amante y el amado sabiendo que somos lo uno y lo otro al mismo tiempo?, ¿creéis que en todas las parejas pasa esto?

MARTA. –Creo que depende del principio que domine en cada uno, si es el masculino o el femenino. Y también, si lo que mueve la relación es el interés o esa mirada amorosa.

DAMIÁN. –Yo diría que la posesión es un principio tanto masculino como femenino, sin embargo, la violencia en la posesión es masculina.

MARTA. –En la mujer se da la posesión como deseo de estar con el otro, mientras que en el hombre puede convertirse en violencia… Esto es una deformación muy peligrosa de los principios masculino y femenino, creo yo: no es muy difícil que el principio masculino se torne en otra cosa cuando uno de los dos amantes tiene un cuerpo con el que puede dominar físicamente al otro sin pestañear.

DAMIÁN. –Esa violencia se produce cuando el principio masculino está exacerbado como en nuestra cultura, en la que hay un intento de aniquilación del principio femenino. Y cuando hablo de femenino hablo de vinculación, filosofía, cosmos, sin confundir los principios con los géneros.

Hablemos ahora del simbolismo en contraste con signo. Un signo es algo que tiene un significado y basta con conocerlo para saber qué signo es: si ves el signo de dirección prohibida, lo conoces porque conoces el significado que tiene, no hay más.

Símbolo es exactamente lo contrario. En apariencia es muy difuso y carece de significado, pero está lleno de alusiones. Por ejemplo, vemos dos maderos cruzados y vemos la cruz de los cristianos… que a la vez es muchas cosas: la divinidad, los puntos cardinales del cielo, el cruce de caminos, el sacrificio, las víctimas, la fe, etc. El símbolo se abre siempre hacia muchas posibilidades. ¿Por qué decimos que la mujer es un símbolo? La mujer es un símbolo porque no tiene un significado como tiene una señal de prohibido, sino porque al ver una mujer ves la procreación, el amor, el hogar, la trascendencia, el cuidado de los valores, la trasmisión, la educación –en la Grecia clásica eran las mujeres las que educaban a los que iban a ser ciudadanos; y los que trasmitían las valores eran las mujeres dentro del oikos, hogar–. La mujer es el símbolo materno.

Las metáforas, por ejemplo, casi todas son símbolos; y lo más importante es que un símbolo es sobre todo una imagen, literaria o iconográfica, pero una imagen.

EVA. –El símbolo es una explosión de imágenes, algo repleto de contenido, y el signo es el fruto de una convención, un acuerdo para que todos podamos movernos sin necesidad de palabras, textos, idiomas… Los símbolos, como este de la mujer que tú pones, como si dijéramos, nos abren la mirada, nos llevan a otros lugares, hacemos uniones mentales hasta el punto de que muchas veces se disfruta con ellos, por lo menos yo.

DAMIÁN. –Eso es. Y la mujer es un símbolo del principio femenino. Para nosotros todo opuesto es contradictorio, sin embargo, para los griegos todo opuesto es complementario. Para mí, esa separación de los principios fue una idea consciente que tardó cientos de años en crear lo masculino asociado al hombre y lo femenino asociado a la mujer. Se decidió que unas cosas representaban el cielo y otras la tierra, de esa forma cielo y Tierra se juntaban y se daba sentido a lo que sucedía en ambos lugares. Se decidió que la mujer simbolizara las cosas del cielo y el hombre las de la Tierra, y en la medida que la cultura reforzó todo esto, en la medida que la historia se dio la vuelta y aparecieron otros movimientos igualitarios, homogeneizadores, industriales etc., el papel simbólico de la mujer se complicó.

Siguiendo con los símbolos y volviendo al Banquete, insisto en que Platón dice que el amor es amor de lo que falta. Esto es muy importante, ¿creéis que el amor es eso? Y, ¿qué es lo que falta?

AYUSO. –Si aporta algo nuevo no tiene por qué significar que falte algo, sino que completa.

DAMIÁN. –¿Completa conscientemente?

AYUSO. –No, completa inconscientemente; sino, es que te falta o que crees que te falta.

DAMIÁN. –Si el amor es algo que te pone en contacto con todo tu ser, con lo que sabes de ti y con lo que no sabes, no puedes decir de pronto: ¡ah, me faltaba esto! Todos tenemos carencias, y el amor siempre va en busca de otro con el sentimiento de que a uno mismo le falta algo. La dificultad estribaría –por discutir un poco a Platón– en cómo sabe uno lo que le falta. A todos nos gustaría saber qué es bueno para nosotros, pero eso tardaremos en saberlo toda la vida. Vamos al encuentro del otro con un sentimiento de falta, no de algo en concreto, sino de que encontrar al otro nos permite nombrar o dar forma a eso que falta.

EVA. –El sentimiento de falta es necesario para buscar o encontrar el amor. Si no crees que te falta algo y que hay alguien que te lo puede dar, estás cerrado al mundo y a la comprensión de cosas como el anhelo: el deseo en mayúsculas, ese deseo que no tiene objeto…

DAMIÁN. –Por lo tanto, sería ya innecesaria la segunda argumentación de Platón: que cuando conseguimos lo que nos falta, ya solo queremos conservarlo y generar. Como no sabemos qué es, toda la vida seguirá siendo un descubrimiento, y para eso serviría el amor, para ir dando forma a eso que nos falta. Carencia es cuando hemos identificado lo que no tenemos, y falta, no.

EVA. –La falta, entonces, como el deseo, tampoco tiene objeto.

DAMIÁN. –Eso es.

Referencias externas

Tierras de penumbra (Shadowlands). Dirigida por Richard Attenborough (1993). Calidad media -VE

C.R.A.Z.Y. (CRAZY). Dirigida por Jean-Marc Vallée. Canadá, 2005.– FILMIN: HD, VE, VOSE.

Café de Flore. Dirigida por Jean-Marc Vallée. Canadá, 2011.– FILMIN: HD, VE, VOSE.

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