An-10 Pérdida, duelo y consuelo. Estrategias para encajar el golpe

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LOS ANTIGUOS Y NOSOTROS - Sentimiento DOLOR

No hay duelo como el que no habla.

Henry W. Longfellow

En el minuto en que empiezas a poner palabras en papel, eliminas posibilidades. La vida cambia en un instante ordinario. Te sientas a cenar y la vida que conoces termina.

Joan Didion

Este texto contemporáneo entronca con Epicuro: los preparativos para el dolor. En este libro autobiográfico sobre las muertes de su marido y de su hija en un corto periodo de tiempo, Joan Didion explora todas las formas de previsión y de preparación, pero no incluye, como en Epicuro, una ética. Las pérdidas siempre tienden a la catástrofe, el consuelo siempre es difícil de encontrar, el duelo se prolonga en el tiempo y amenaza con ser perenne. Didion es pesimista sobre nuestra capacidad de afrontar la pérdida terrible, de restañar la herida profunda. El propio libro de esta autora se convierte, sin embargo, en una forma de búsqueda que, más allá del logro concreto, nos invita a pensar que el consuelo, como el conocimiento, tiene más una estructura de búsqueda que de encuentro. Pero si lo comparamos con el mundo antiguo, insistimos en que aquí falta una ética.

Ilustración Paula Bonet

Lectura

El año del pensamiento mágico" - Joan Didion

"Las puertas de la noche" - Alejandro Gándara

Resumen

La lectura del texto de Joan Didion nos lleva por diferentes temas que anudan la relación de la Pérdida, el duelo y el consuelo: Nos introducimos en el consuelo, el papel de Eros y Tanatos en la definición del sentido que damos a la vida, en el consuelo del dolor al que llegamos por la separación y la pérdida; el papel del mito en el consuelo, ese contar para consolar, y vemos cómo los griegos y los romanos diferencian sus pérdidas en eternas y temporales; la separación de nuestra visión del mundo de lo que imaginamos que debería ser como separación eterna generadora de un dolor estructural.

PILAR. –Entiendo la separación como una experiencia vital, personal y subjetiva que tiene mucho que ver con el momento de apego de la persona que la experimenta. La separación se vive como una locura transitoria que se siente infinita, como una punzada en el alma, como una sensación de caída al vacío. Para mitigar el dolor hay que entender la vida de otra manera, entender la ruptura como algo natural. La separación ocurrirá más tarde o más temprano. Si podemos entender que casi todo tiene fecha de caducidad, ¿por qué sufrimos? Entender la vida como ilógica e imprevisible hará que podamos vivirla sin más. La separación afecta al que se queda y al que sabe que se va. La única manera de saber si estamos preparados para la separación, es cuando nos ocurre, mientras tanto, lo único que podemos hacer es trabajar con nuestra serenidad; esto no nos evitará el dolor, pero nos permitirá librarnos de la desesperación. Si fuéramos capaces de abrazar la vida y la muerte en un mismo abrazo, entenderíamos los misterios de nuestra existencia.

DAMIÁN. –Abrazar la vida y la muerte. Es fácil decirlo, pero hay que hacerlo. La duda es cómo se hace.

NURIA. –En Las puertas de la noche hay dos personas que ven las cosas de muy distinta manera, una enfadada con el mundo y otra que consigue dar consuelo a los demás.

DAMIÁN. –¿Y cómo se da ese consuelo?

ANTONIO. –El dolor hay que aceptarlo, hay que convivir con él. El dolor está ahí, y cuando nos anticipamos a las reacciones ante el dolor, fracasamos estrepitosamente. Uno puede anticipar la muerte, pero el dolor no. La diferencia entre unas personas y otras está en la capacidad de aceptación de todo, el dolor, la angustia, la enfermedad…

IRENE. –Todos los días estamos experimentando separación, dolor, pérdidas, es algo cotidiano que nos enseña a superar la separación poco a poco. Pero hay que aceptar que eso es así, y si nunca pensamos en ello entonces no estaremos preparados cuando lleguen el dolor y la pérdida.

DAMIÁN. –Nosotros tenemos dos pulsiones principales, una es el eros, que es el deseo, el impulso de vivir, y otra es la muerte, Tánatos, que tiende a querer irse de aquí en cuanto pueda. Sabéis quién es Sabina Spielrein, una psiquiatra y psicoanalista rusa de origen judío, fue una de las primeras mujeres, si no la primera, en la historia del psicoanálisis y su contribución teórica fue la elaboración del concepto pulsión destructiva y sádica. Pues Sabina Spielrein fue la que se lo explicó a Freud, Sabina se cargó el instinto de supervivencia de un plumazo; tras el hallazgo de Sabina sobre la pulsión destructiva y sádica, Freud desarrolló un poco después la pulsión de muerte. Bien. Si nosotros partimos de la idea de que la vida es el bien y la muerte el mal, ya tenemos un método filosófico y de actuación que nos va a hacer pensar las cosas de manera equivocada, en términos de los opuestos. Esto también vale para la separación, esta idea tiene un núcleo muy importante y es que todos nuestros actos tienden a hacernos desaparecer: esa tensión es muy fuerte. Nosotros, a través de la tradición judeocristiana, vemos la vida como el valor supremo a fuerza de no considerar la muerte, lo que quiere decir que la vida no vale nada. Somos la segunda o tercera generación que piensa que no tenemos algo mayor que la vida para poder cambiarlo y consecuentemente pensamos que la vida es todo. Este pensamiento ignora otro pensamiento que procura mucho sosiego y que es volver al origen, volver a lo común… porque la muerte no es otra cosa que volver a lo común; la muerte es volver al lugar donde están todos los que nos precedieron, un sitio de descanso con respecto a la vida, que es una lucha continua, de los deseos, de las conquistas, del control de las cosas.

NURIA. –Entonces, ¿no hay un instinto de supervivencia?

ALEJANDRO. –No, no lo hay. Primero está eros, pero cuando dejamos de desear, nos queremos morir. Esto significa que lo opuesto de thanatos - muerte es eros. Si quitamos el deseo, solo queda la lucha. Y en todas las cosas que hacemos podemos percibir el thanatos: por un lado, existe un deseo grande de conseguir algo y por otro un deseo de que ese algo no se consiga. Porque estamos bien en ambas partes, en eros y en thanatos y sobre todo nos desembarazamos de la individualidad, del carácter con el que hay que cargar toda la vida. Siempre que conseguimos algo hay una fantasía de que desaparezca, la sombra y la luz juegan permanentemente. El llamado derecho a la vida es robarte la posibilidad de morirte cuando quieras. Desde la estructura mental de que la vida es el bien supremo, no hay consuelo posible.

PILAR. –Didion, en algún momento de su libro, dice que eros, la vida, no es buena per se, sino cuando tenemos un deseo, o lo que ahora llamamos un sentido.

DAMIÁN. –Os cuento cómo funcionan eros y thanatos. Sabina Spielrein trabajaba con niños, y después de un tiempo corto acaba descubriendo que los niños aman a sus padres, pero que mientras van amando, se dan cuenta también de que los padres imponen muchas obligaciones y, a su manera, entienden que hay una serie de normas y de leyes que a ellos les resultan insoportables y empiezan a odiarlos. Como no los pueden odiar directamente, empiezan a soñar con monstruos y demás. El monstruo es el deber ser y en realidad lo que quieren en el sueño es matar al monstruo, porque no se atreven a matar a sus padres, y no pueden matar al padre porque al mismo tiempo el padre les protege; en esa oscilación es donde aparecen eros y thanatos: te amo y te mataría, pero como no puedo matarte, me mato. Por favor, no tomemos esto como una doctrina, pero, eso sí, debemos observar que en todos los actos de la vida hay una sombra.

¿Qué es separarse? Nos convertimos en alguien cuando algo nos es concedido y cuando algo nos es arrebatado, pero ¿qué es lo específico de la separación? La pérdida. ¿Cuántos tipos de pérdidas o separaciones hay? ¿En qué cosas las percibimos nosotros?

ANTONIO. –También hay pérdida de la juventud, de la inteligencia, de cosas que añoramos y no van a volver…

IRENE. –Hay una pérdida que se nos olvida y que tiene mucha importancia: la separación del que queríamos ser, cuando las imágenes de lo que queríamos ser no se cumplen. Ese es un primer grupo de imágenes que ya son separaciones. Y hay otras separaciones que son de las puras ideas que tenemos de las cosas, porque las cosas nunca son como las imaginábamos: todo lo que proyecta la imaginación acaba siendo otra cosa. Hay una separación fundamental entre lo que pensamos y el mundo, esa separación nos produce dolor y nos tortura.

Los griegos y los romanos tenían dos tipos de separación, temporarias y eternas. Las temporarias son las que afectan a los asuntos cotidianos: casa, hacienda, hijos, amores, riqueza, deseos… Metían en el grupo de lo eterno la unión con nuestros antepasados, la percepción del todo, la sensación de estar conectado con la vida que nos rodea. Y esto –llevado a lo que uno imaginó y lo que ha resultado ser– es un dolor estructural, una separación que va marcando todas las demás separaciones. Hay una grieta, una ruptura en el individuo por no ser lo que pensaba que iba a ser. Lo que llamamos separación sucede porque la imagen no se parece a la cosa y, además, no tenemos forma de conseguir que se parezca. En cierto sentido, estamos separándonos y perdiendo todo el tiempo.

Otra de las estructuras que funciona en la separación es la culpa. Siempre está, aunque en los hebreos y los griegos, de distinta manera. La culpa tiene en su estructura una pérdida que es la separación. Siempre que ocurre una separación, se siente culpa. El divorcio, una mudanza, independizarse… hay una separación y enseguida se produce la culpa aun cuando hayan sido cosas deseadas. El proceso de separación se origina con la propia vida y nunca cesa. Nos separamos todo el tiempo, y si no reconocemos ese hecho estructural de la vida, nuestro dolor se convertirá en daño, transformando el dolor y la separación en algo extraordinario, en lugar de verlo como algo que nos está ocurriendo continuamente. Este proceso solo puede hacerlo la mente. Sócrates decía que la filosofía sirve para aprender a morir.

DAMIÁN. –Por lo que se sabe, ese dolor tan insoportable también es cultural e histórico. En los estudios que hay sobre el dolor, este no desaparece, pero se puede hacer soportable. Es como el consuelo. Si pensamos que el dolor tiene que desaparecer se convierte en insoportable.

IRENE. –¿Y cómo lo hacemos soportable?

DAMIÁN. –Pensando que el dolor no es algo extraordinario, que forma parte de la vida. Tememos tanto al dolor como a la muerte, y al acercarse el dolor a la muerte, todo se impregna de ese miedo con lo que dicho dolor aumenta.

IRENE. –¿Nos consolamos nosotros o nos consuelan los demás? Creo que nos tenemos que consolar nosotros mismos, la compañía de los otros viene muy bien, pero somos nosotros los que tenemos que hacer el proceso de duelo.

DAMIÁN. –Todos tenemos que consolarnos todo el tiempo; si no, no hay consuelo posible.

ANTONIO. –Pero a veces hay miedo a consolar y miedo a que se nos consuele.

DAMIÁN. –¿No os habéis preguntado alguna vez por qué la pena siempre cursa con miedo? Tenemos que fijarnos en dos artefactos que ocultan el dolor y la pena: uno es el miedo y el otro es la ira. Son realidades absolutas, emociones tan intensas que cuando se desencadenan son muy difíciles de controlar. Con la pena todavía había una relación dialogante, pero si entra cualquiera de estas otras dos realidades nos desbordamos y se acaba anegando su origen. Así que mucha gente está enfadada todo el día y tiene mucho miedo porque se le ha olvidado la pena.

PILAR. –Contar historias, cuentos, funciona muy bien con los niños para consolar.

DAMIÁN. –El mito, ¿no?

PILAR. –El mito es una cosa y el cuento otra.

DAMIÁN. –No, mito y cuento son la misma cosa. La palabra mito significa cuento. En cuanto al cuento le metemos un símbolo de algo, o un arquetipo como la madre o el pasado, ya estamos en el terreno del mito. Siempre hay un paradigma y un símbolo, si no nadie nos escucharía, ni nosotros mismos los contaríamos. Cuando les cuentas a tus hijos un cuento ¿qué crees que estás haciendo?

PILAR. –Intento meter su día en el cuento y devolverles el día de otra manera.

DAMIÁN. –¿Y eso no es consuelo?

PILAR. –Si metes su día, y aceptamos todos que el día está lleno de sombras y de luces, del deseo de muerte y del deseo de vida, y tú les cuentas un cuento por la noche en el que metes el día, no les estás contando un cuento, les estás consolando, que es la tarea de la palabra, la única, la original y la final. Hemos descubierto que contar historias a los otros es una forma muy importante de consuelo.

NURIA. –¿Puede anticiparse el dolor? ¿Puede uno prepararse para el dolor? Pienso que tomar conciencia de que todos somos mortales puede ayudarnos cuando el dolor se presenta.

DAMIÁN. –Sentimos dolor cuando se presenta la pérdida, y el dolor es la separación. El dolor no es lo que va a pasar, es lo que pasa. Si nos entrenamos para lo que va a pasar, lo que luego ocurre es distinto. Si estamos de acuerdo en que el dolor es más que una pérdida, es muy difícil anticipar, porque si lo podemos anticipar es: o porque ya estaba separado antes o porque el dolor no es personal. Madres, hijos, maridos… son símbolos también. A mí me habría gustado mucho que Joan Didion nos dijera en su libro si quería a su marido, y no tiene ni una línea acerca de eso.

NURIA. –En el libro de Didion se pueden seguir los pasos del duelo: shock, rabia, depresión, recuerdos donde todo le habla de lo mismo…

PILAR. –Pero esta cosa suya del yo soy fuerte es la negación del dolor, quizá porque no había una relación amorosa, sino una especie de simbiosis profesional entre ellos; no hay una palabra de amor, es todo yo en el libro… ni con la hija ni con el marido, es como si estuviera pensando que le estaban fastidiado los planes.

DAMIÁN. –Ahí vemos cómo la pérdida y el duelo no tienen que ver con perder, tiene que ver con separarse, y lo que no se ve en El año del pensamiento mágico es cómo se separa ni de qué se separa. La separación es lo que está debajo de la pérdida, hasta que no sepamos de qué se ha separado no sabremos qué clase de duelo tiene. Y eso es lo más difícil. Cuando nos separamos de algo llega la culpa, que significa que somos precarios. La culpa es la traición a algo nuestro que hemos compartido con otros y hemos perdido. Creemos en el amor a nuestra madre –estamos en el plano de las creencias– y de pronto no la queremos, y ya se ha creado la culpa. No es que traicionemos a los otros, estamos traicionando algo que compartíamos con los otros. Por eso al separarnos aparece la culpa, porque nos damos cuenta de que no tenemos tanta fuerza como pensábamos. El miedo llega cuando pensamos que no vamos a poder escapar de la tristeza, de la pena y del dolor.

Referencias externas

Joan Didion: El centro cederá Documental dirigido por Griffin Dunne. EEUU, 2017.

Un método peligroso Dirigida por David Cronenberg. Reino Unido, 2011. – DVD en compra – VO subtitulada inglés.

My name was Sabina Spielrein (Ich hieß Sabina Spielrein) Dirigida por Elisabeth Márton. Suecia, Suiza, Dinamarca, Finlandia, 2002.

Te doy mi alma Dirigida por Roberto Faenza. Italia, 2002 – VOSE calidad media.

THE PSYCHOANALYST Sabina Spielrein Podcast del programa UK What’s her name. – VO inglés

Tierras de penumbra (VE) (VO, VOSE) Dirigida por Norman Stone. Reino Unido, 1985.


BIBLIOGRAFÍA

El año del pensamiento mágico. Joan Didion. 2006.

Las puertas de la noche. Alejandro Gándara. 2013.

Las crónicas del dolor. Melanie Thernstrom. 2012

Noches azules. Joan Didion. Literatura Random House, 2012.

Cómo morimos. Sherwin B. Nuland. Alianza editorial, 1995.

Historia de la muerte en Occidente: desde la Eda Media hasta nuestros días. Philippe Ariès. Acantilado, 1975.

El tratamiento del duelo. J. William Worden. Ed. Paidós, 2004.

Sabina Spielrein: The Woman and the Myth. Angela M. Sells. State University of New York, 2017.

Bibliografía

El año del pensamiento mágico. Joan Didion. 2006.

Las puertas de la noche. Alejandro Gándara. 2013.

Las crónicas del dolor. Melanie Thernstrom. 2012.

Noches azules. Joan Didion. Literatura Random House, 2012.

Cómo morimos. Sherwin B. Nuland. Alianza editorial, 1995.

Historia de la muerte en Occidente: desde la Eda Media hasta nuestros días. Philippe Ariès. Acantilado, 1975.

El tratamiento del duelo. J. William Worden. Ed. Paidós, 2004.

Sabina Spielrein: The Woman and the Myth. Angela M. Sells. State University of New York, 2017.

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